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Entrevistas

Jean-Jaques Annaud cuenta cómo recreó el incendio de la catedral

"Para rodar 'Arde Notre Dame', debes creer en el cine"

Hace tres años, el mundo en general y los católicos y los franceses en particular, quedaron devastados por la tragedia del incendio de la catedral parisina de Notre Dame. Ahora Jean-Jacques Annaud ha dirigido una película que recrea todo de modo minucioso. Nos lo cuenta en esta larga entrevista.

"Para rodar 'Arde Notre Dame', debes creer en el cine"

Para ti, la increíble aventura de Arde Notre Dame comenzaba el 15 de abril de 2019, el día que se declaró el incendio en Notre-Dame de París...

Estaba pasando unos días en Vendée, en una casa donde la televisión no funcionaba. Al encender la radio para escuchar el discurso del presidente Macron me enteré de la tragedia de Notre-Dame. Esa noche no vi imágenes: lo imaginé. Conozco bien la catedral. De niño, rompí mi primera cámara, una Kodak Brownie, fotografiando al demonio de la galería de quimeras.

Unos meses después, una invitación a almorzar te animó a hacer una película sobre esta tragedia...

Jérôme Seydoux, CEO de Pathé y un viejo conocido, me llamó a finales de diciembre para hacerme una oferta que me sorprendió. Tenía en mente una idea espectacular para hacer una película sobre el fuego de Notre-Dame con sonido inmersivo. Aunque temía que no hubiera suficientes imágenes para montar una película de 90 minutos, le escuché. Salí de esa comida con un sobre lleno de documentación. Antes de acostarme, empecé a mirar todo con detenimiento. Pasé horas inmerso en toda la documentación y, ya de madrugada, decidí hacer la película.

arde5¿Qué fue lo que convenció a Jean-Jacques Annaud para dirigir esta película?

Lo que descubrí gracias a esos documentos era inimaginable. Una fascinante e inoportuna serie de contratiempos, obstáculos y errores. Algo completamente inverosímil, pero totalmente cierto. La historia tenía todos los componentes de un guion de ficción. En el papel principal, contábamos con una estrella internacional, Notre-Dame de Paris. Su coprotagonista era un demonio carismático, las llamas y el fuego. Junto a ellos, centenares de jóvenes dispuestos a arriesgar sus vidas para salvar la catedral. La acción era trepidante, algo con lo que cualquier guionista soñaría: acción, suspense, drama, altruismo y comedia. Me parecía una historia muy ambiciosa, grandiosa, y profundamente humana...

Antes de nada, necesitaba comprobar la veracidad de todos los hechos extraordinarios que había descubierto y, una vez verificados, centrarme en lo más importante. Desde el principio supe que tendría que recopilar información y testimonios de quienes vivieron esas horas tan dramáticas...

¿Cómo procediste a partir de ese momento?

Al principio, decidí ceñirme a los hechos y establecer una cronología. No resultó nada fácil crear una línea de tiempo precisa. Al comparar todos los testimonios que había recogido, me percaté de que cada uno tenía su propia versión de cuándo aparecieron el humo y las llamas, y sobre todo en lo referente a la llegada de los primeros bomberos.

Le di a Thomas Bidegain, el guionista de Jacques Audiard, un borrador del guión. "¿Cómo puedo contribuir yo?", me preguntó después de leerlo. Le expliqué que lo que realmente necesitaba era el ojo crítico de un crítico severo y la valiosa perspicacia de un autor talentoso.

Mientras revisabas los acontecimientos del 15 de abril de 2019, ¿descubriste alguna sorpresa?

El incendio se detectó al comienzo de la misa del Lunes Santo, a las 18:17 horas, pero no se puso en conocimiento de los bomberos hasta media hora después, por un amigo del General Gallet que se encontraba de vacaciones en Florencia.

Desde primera hora de la mañana, se sucedieron, uno detrás de otro, diferentes hechos, predestinados a terminar dando lugar a un catastrófico desastre. Ese lunes, era el primer día de trabajo en Notre-Dame del nuevo guardia de seguridad encargado de la prevención de incendios y de controlar los paneles donde saltan las alarmas al detectarse un incendio. El guardia nunca había visitado la catedral y no estaba familiarizado con la terminología técnica de la arquitectura gótica. Al saltar la alarma, apareció un código indescifrable y llamó a su jefe, pero tardó 15 minutos en localizarlo.

El vigilante encargado de comprobar que efectivamente se había producido un incendio, en primera instancia se dirigió al desván de la sacristía y al llegar allí y ver que no había fuego, comprendió, por el chisporroteo que escuchaba a través de su walkie-talkie, que era abajo, en la nave, donde había empezado el fuego.

Esa equivocación era tan solo el comienzo de una serie terrible e increíble de percances.

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¿Cuál fue la causa del incendio?

Hoy, casi tres años después, todavía no tenemos una respuesta oficial. La investigación oficial aún no ha terminado. Arde Notre Dame no fue concebida como una investigación o para reemplazar el trabajo de los fiscales. La película sugiere algunas posibles causas, pero no aporta pruebas. Nos limitamos a presentar los detalles que se conocen y a presentar al público la epopeya que supuso salvar la catedral. Aquí, mostramos cómo se salvó la catedral, pero no el cómo ni el por qué estuvo a punto de ser destruida.

Algunas escenas fueron filmadas dentro de la catedral, pero ¿tuvisteis también que crear una réplica parcial en el estudio?

Tiempo después del incendio, el edificio permanecía cerrado al público debido a la excesiva presencia de plomo y al elevado riesgo de derrumbe. De todas formas, necesitábamos llenar el edificio de humo, cubrir el suelo de ceniza y polvo, tirar toneladas de madera en llamas e inundar los adoquines. Para hacer eso teníamos que construir una maqueta a escala. En nuestra réplica canalizamos las llamas a través de cientos de boquillas ajustables para encender el fuego. Reconstruimos gran parte de la nave, las escaleras de caracol, las galerías exteriores y las vigas del crucero norte, así como el interior del enorme campanario de la escena final. En definitiva, reconstruimos todos aquellos lugares emblemáticos que se vieron más afectados y necesitábamos mostrar antes y durante el incendio.

¿Hay que ser creyente para abordar un tema así?

Debes creer en el cine. Mi familia es atea, laica y republicana. En mi casa, el más allá era una noción abstracta, pero recuerdo que sobre los 10-12 años sentí que me faltaba algo... Lo compensé desarrollando un gran interés por la arquitectura medieval. Gastaba mi dinero comprando discos de música sacra, cánticos gregorianos, cantos tibetanos, canciones salesianas, oratorios de Bach y tocatas de Frescobaldi. En verano, a petición mía, en lugar de ir a la playa, recorríamos las iglesias bretonas o las basílicas románicas de Auvernia. No puedo rezar una sola oración, pero siento un profundo respeto por las formas de adoración y fe de otras personas. Esto explica mi afortunada armonía con los monjes budistas en Siete años en el Tíbet, con los beduinos del desierto en Oro negro y los estrictos monjes benedictinos de El nombre de la rosa. Ya sea dentro de un templo, una mezquita o una iglesia, me gusta sentir el misterio de una fe que no comparto, la serenidad del culto y la oración. Los clérigos que conocí cuando trabajaba en Arde Notre Dame no se sorprendieron de que fuera yo quien dirigía la película. Entre las cosas que considero sagradas están los bomberos… Resulta interesante ver cómo ambas cosas se unen en este proyecto...

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Efectivamente, conviertes a los bomberos que salvan Notre-Dame en los héroes de la historia, y en particular a los seis jóvenes que fueron los primeros en llegar a la catedral para combatir las llamas. 4 jóvenes, dos hombres y dos mujeres, recién salidos de la adolescencia...

Dos de ellos nunca antes habían estado en un incendio. ¡Estos “probies”, como se llama a los bomberos novatos, estaban bajo las órdenes de dos jóvenes oficiales apenas mayores que ellos! Llegaron en un camión pequeño, de 22 pies, un vehículo de primeros auxilios para combatir un incendio de casi 400 pies de altura. Sus herramientas eran una camilla, una escalera y mangueras de pequeño diámetro. Cuando los conocí, durante la preparación de la película, me impresionó su enorme modestia y humildad. Todos dedicaban su vida a los demás, asumiendo riesgos increíbles y, poniendo, diariamente, en riesgo sus vidas, a cambio de nada. Cuando les dije que su actividad diaria era heroica, avergonzados, desestimaron el adjetivo y me recordaron la doctrina de los Bomberos de París, “arriesgar nuestras vidas para salvar otras.”

Les dije que Notre-Dame no era más que un monumento hecho de piedras. Respondieron que sus vidas valían poco comparadas con las piedras milenarias empleadas para levantar uno de los santuarios más emblemáticos del mundo. Continuaron contándome cómo, después de vadear con agua casi hasta las rodillas a través de las galerías que se habían convertido en auténticas pozas, se lamentaron cuando les prohibieron continuar acercándose a las llamas y les obligaron a abandonar la catedral. Sus equipaciones estaban diseñadas para soportar temperaturas de 1300°F. Pero empapadas y expuestas a casi el doble de esa temperatura, el riesgo que corrían era que sus trajes se convirtieran en un estuche de vapor y que terminaran "cociéndose" dentro de ellos. En el foco del incendio la temperatura llegó a superar los 2200°F. Al escucharlos tomé consciencia de lo horrible que fue estar ahí ese día. Tuvieron que soportar un calor extremo, humos asfixiantes, cargar a sus espaldas equipos de 40 kilos, 15 kilos de mangueras, cascos e incómodas máscaras de oxígeno para poder respirar. Y por si todo esto fuera poco, encima debían moverse en un sitio incómodo y hostil. En la parte alta de la catedral, los pasillos eran muy estrechos. ¡No tenían ni 50 centímetros de ancho!

Los testimonios de los bomberos fueron vitales para la película. ¿Cómo lograste llegar a ellos?

La preparación de la película y la labor de documentación, nos pilló en plena pandemia, concretamente, en mitad del primer confinamiento. Sin embargo, a pesar de las dificultades del momento, nuestros esfuerzos para contactar con los principales testigos y actores del desastre fueron recompensados. Para concertar citas con los miembros del BSPP (Bomberos de París), Jean-Yves Asselin, mi jefe de producción, se dirigió a la teniente coronel Claire Boët, jefa de comunicaciones. Lo mismo ocurrió con el Ayuntamiento de París: Anne Hidalgo, desde el primer momento, nos permitió acceder a la catedral Notre-Dame. Florence Parly (ministra de las Fuerzas Armadas), encargada de supervisar a los Bomberos de París, así como el jefe del departamento de Policía Didier Lallement, que colaboró con nosotros abriéndonos las puertas necesarias y cerrando algunas calles para facilitar el rodaje. La ayuda de todos ellos resultó imprescindible.

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Lo que más llama la atención es la belleza de las imágenes del fuego devorando Notre-Dame. ¡Es, al mismo tiempo, aterrador y fascinante!

Totalmente de acuerdo: ¡La arquitectura gótica y las llamas forman una pareja muy fotogénica! Entre los testimonios había relatos de los equipos de primeros auxilios que llegaron primero a las cercanías de Notre-Dame cuando el incendio ya estaba devorando las vigas y derritiendo el techo. Todos describieron una escena apocalíptica. El fuego era tan poderoso que secciones enteras de vigas fueron arrastradas por la corriente ascendente y terminaron cayendo a la plaza de abajo e incluso mucho más lejos. ¡Las cenizas arrastradas por el viento llegaron más allá del Museo d'Orsay! Las gárgolas escupían humo de color azufre y vomitaban plomo fundido del techo... La opinión de los bomberos fue unánime: Lo que más llamó su atención fueron las brasas que caían sobre sus cascos y crepitaban bajo sus pies.

Uno de los aspectos más destacados de la preproducción fue su reunión con el general Georgelin, a quien el presidente francés encargó la supervisión de los trabajos de reconstrucción de Notre-Dame.

Eso fue en mayo de 2020… ¡Menudo personaje! Georgelin era genial para una película. Desde el principio, antes incluso de que le preguntáramos, sugirió que Jérôme Seydoux y yo visitáramos la catedral incendiada y eso hicimos. Nos pusimos equipos de protección contra el plomo (botas de gran tamaño, un traje de varias capas desechables, pantalones y abrigos) y máscaras, y seguimos al general. Nos explicó el estado de la catedral tras el desastre. Una visita conmovedora y fascinante. Al pasear por la nave, el coro y los diferentes espacios del templo pude aclarar las ideas que tenía en mente. Aunque las dos brechas en la bóveda eran enormes, dejaban abierta la posibilidad de la restauración. Los arquitectos de la Edad Media que inventaron la arquitectura gótica ya contaban con las bóvedas y el mortero ignífugo que las recubría para evitar los desastres que habían afectado a las construcciones Carolingias, en las que los muros sostenían directamente la estructura de la cubierta, sin este preciado retardante del fuego. A lo largo de los siglos, desarrollaron una notable protección contra el fuego. El derrumbe de la aguja perforó la bóveda, haciendo que los vapores inflamables que se habían acumulado debajo de la nave provocaran una llamarada de unos 100 pies de altura. Según algunos expertos, eso fue precisamente lo que evitó una explosión mayor y salvó a Notre-Dame...

Más allá de visitar la catedral dañada, tuviste que visitar otros lugares similares, que datan del mismo período.

Sí, en la primavera de 2020, tan pronto como se levantó el confinamiento, emprendí una serie de visitas a catedrales contemporáneas con, o en el mismo estilo, que la de la Île de la Cité. Sens, la primera catedral gótica del mundo, verdadera matriz fundacional de Notre-Dame de París, Saint-Denis, construida con la misma piedra caliza, Amiens y sobre todo Bourges, que también cuenta con un doble pasillo. Necesitaba colocar las cámaras en ejes que tuvieran similitudes importantes con los de Notre-Dame para, que luego encajara todo con los decorados recreados en el estudio. Eso me permitió evitar tener que hacer todo y acercarme lo más posible a la realidad. Puertas, escaleras de caracol, naves laterales, capillas, estatuas, cornisas, galerías y contrafuertes... Elaboré un catálogo enorme de posibles localizaciones de rodaje. Luego tuve que descubrir cómo armar este rompecabezas gótico para que, en la película, diera lugar a una visión general de Notre-Dame. Fue ahí cuando me di cuenta (tras haber subido miles de escalones desde las naves hasta los campanarios de varias catedrales), lo cerca que estuvo el rescate de Notre-Dame de haber sido una misión imposible. Las escaleras de caracol a veces eran tan estrechas que tenían que desvestirse para poder deslizarse a través de estrechos pasillos para llegar al incendio.

También deberíamos hablar del casting. Elegiste a actores profesionales, pero no quisiste contar con estrellas que fueran familiares para el público.

Los salvadores de Notre-Dame son héroes anónimos y desean seguir siéndolo. Habría sido inapropiado que los interpretaran estrellas muy conocidas. Para enfatizar la distancia entre el documental y la ficción, salvo alguna excepción, como el "dibujante de operaciones", decidí no contratar a los verdaderos bomberos, los auténticos héroes del 15 de abril. Quería mantener ese margen de libertad y creatividad.

También se planteó la cuestión de las figuras públicas, políticas y militares, cuyos rostros eran conocidos por el público y que estuvieron presentes: presidente Macron, Anne Hidalgo, el jefe de la policía Lallement, General Gallet, General Gontier, jefe de la Brigada de Bomberos de París, etc. De algunas de estas personalidades, decidí insertar imágenes reales grabadas por turistas, periodistas o por los propios bomberos. Esas imágenes, grabadas en el fragor del momento, aumentaban la credibilidad. Para interpretar a el general Gallet o el general Gontier, que tenían más diálogo, conté con actores con exitosas carreras en televisión y teatro. El público reconocerá a Samuel Labarthe, Chloé Jouannet, Pierre Lottin, Jérémie Laheurte, Jean-Paul Bordes, Ava Baya, Vassili Schneider y Jules Sadoughi.

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Hablemos del diseño y construcción del decorado y de la elección de los estudios. Para un proyecto de esta envergadura, había que encontrar los lugares adecuados.

Necesitábamos espacios lo suficientemente grandes para acomodar decorados de entre entre 80 y 100 pies de altura. Además, ¡la mayoría de estos decorados iban a ser quemados por completo! Queríamos rodar en Francia, pero aquí ningún estudio tenía la infraestructura necesaria para este proyecto. Teníamos dos opciones: la Cité du Cinéma en Saint-Denis y Bry-sur-Marne. En Saint-Denis, filmamos los interiores, y en Bry, en el “patio trasero”, como lo llaman, un gran espacio al aire libre. También necesitábamos talleres de carpintería, forja, escultura, escayola, etc. Confié en la amplia experiencia de los equipos técnicos de la Cité du Cinéma, acostumbrados a este tipo de producciones. También me beneficié del extraordinario saber hacer de Jean Rabasse, magnífico diseñador de producción. Jean ha trabajado en películas de Jean-Pierre Jeunet, de Bernardo Bertolucci o Roman Polanski. Nuestras conversaciones iniciales resultaron inspiradoras y productivas. Más allá de todos estos desafíos, en todo momento tuve presente el espíritu del proyecto: Debía rodarse en el lugar adecuado. Donde Notre-Dame fue concebida, esculpida y construida. Por lo tanto, en Francia…

¿Cómo construisteis los decorados?

Instalamos nuestras oficinas de producción en la Cité du Cinéma. Dibujos, maquetas, modelos 3D: Pedí varias versiones reducidas de réplicas de Notre-Dame y su campanario, similares a los juegos de construcción de cartón o madera. Al hacerse con los planos originales, cada maqueta requería varias semanas de trabajo. Esto me ayudó a establecer los ángulos de la cámara desde el principio, la posición de los actores, las partes a incendiar y cómo encauzar el agua y los dispositivos de seguridad, y situar las salidas de emergencia. Nuestro meticuloso trabajo de preparación nos ahorraba mucho tiempo. Gracias a esa minuciosidad reconstruíamos solo aquello que necesitábamos. Al mismo tiempo, nuestro equipo desarrolló cámaras ignífugas capaces de resistir las temperaturas extremas de las escenas de incendios. Durante la preproducción, al pasar de un taller a otro, me encantaba ver la alegría y el orgullo de los apasionados artesanos: ebanistas, yeseros, herreros, vidrieros, pintores, etc. Aunque eran expertos en su arte no solían tener la oportunidad de construir columnas y bóvedas góticas. Llevé a mis equipos de escenografía a visitar catedrales para que se inspiraran. También hicimos varias pruebas para el plomo fundido que gotea desde el techo al suelo o sobre los cascos de los bomberos. El entusiasmo colectivo me animaba muchísimo.

En Arde Notre Dame, las escenas del incendio que arrasa el techo de la catedral son muy intensas. ¿Cómo las filmaste?

La estructura del techo de Notre-Dame, conocida como el bosque, estaba hecha de vigas de roble (algunas de ellas de más de 900 años), que acabaron completamente convertidas en cenizas. Debíamos replicar esa estructura, única en el mundo y ahora desaparecida, en una escena que tenía lugar en el crucero norte de la catedral, donde intervinieron por primera vez los bomberos. Las escenas son muy dramáticas y espectaculares. Primero modelamos la estructura del techo en 3D y luego construimos la auténtica. Este plató se construyó en Bry-sur-Marne y terminamos prendiéndole fuego. Las campanas estaban hechas de yeso reforzado y podían soportar temperaturas de 750° F durante el rodaje.

El 9 de marzo de 2021 arrancaba el rodaje. ¿Qué recuerdos guardas del primer día?

¡Finalmente! Fue en Bourges, donde pasamos la primera semana rodando las escenas del interior de la catedral del principio de la película y a la multitud de visitantes. Quería mostrar la cacofonía de idiomas durante las visitas grupales y recreé la presencia de turistas de todas las nacionalidades: españoles, italianos, ingleses, alemanes, chinos, japoneses, húngaros, canadienses, rusos, etc. Luego viajamos a Sens para montar las escenas gemelas con Bourges pero vistas desde un ángulo alto. Era especialmente importante aprovechar el pavimento, que es idéntico al de Notre-Dame. En Sens, también grabé las escaleras que conducen al campanario: Sus últimos 50 escalones de los 350 que tiene, están en una espiral extremadamente estrecha. También encontré unas magníficas puertas medievales de roble macizo que sobrevivieron a la Revolución.

Una de las escenas más espectaculares es la del derrumbe de la aguja y la bóveda que rodaste en un estudio de la Cité du Cinéma. Háblanos de ella.

Fue el 5 de abril de 2021, un día muy importante. Tuvimos que hacer una reconstrucción total porque en Notre-Dame no había cámaras de vigilancia que registraran ese momento. Ni los bomberos, cuyo departamento audiovisual ese día no tenía suficiente personal, tenían imágenes de ese momento. La bóveda cayó desde una altura de 40 metros, arrojando, sobre el pavimento de la catedral, 500 toneladas de vigas en llamas, mortero y piedras. En pantalla, la secuencia dura aproximadamente minuto y medio, ¡pero nos llevó semanas prepararla! Aprovecho la ocasión para felicitar al equipo de efectos especiales, sin duda, el mejor con el que he trabajado hasta ahora. Equipamos minuciosamente el estudio más grande de la Cité du Cinéma para tener una altura de caída de al menos 65 pies para 2500 pies cúbicos de materiales en llamas. Construimos seis grandes cestas de metal, provistas de rejillas sobre las que colocamos falsos corchos, mortero y vigas de madera de balsa. Las cestas se abrían con cables accionados por un sistema de palanca similar al de los interruptores ferroviarios. A la hora señalada se prendía fuego a todo y, desde ese momento, teníamos 75 segundos antes de que el calor y el humo se volvieran incontrolables y peligrosos. A los 30 segundos el fuego prendía por completo, lo que nos dejaba solo 40 segundos para filmar la escena. Para no tener que reconstruir nada, grabábamos con una docena de cámaras a la vez. Todas desde diferentes ángulos, algunas de ellas colocadas en medio del incendio, protegidas por “cajas de seguridad”, de acero ultra-resistente a los golpes y al calor, con ventilación. Ni una sola cámara nos falló, pero la intensidad del fuego carbonizó parcialmente el techo del estudio. Afortunadamente, teníamos un buen seguro.

Un mes después, vivías otro momento crucial: Rodabas en la plaza frente a Notre-Dame.

Sí, justo frente a las vallas que delimitaban el área de peligro, y a la que prácticamente nadie tenía acceso. Fue una fase importante de la película. Teníamos extras, vehículos de bomberos, autobuses turísticos, personal, cámaras, contenedores de equipos, ventiladores, máquinas de humo y otras máquinas que lanzaban madera carbonizada, etc. Esto implicaba acordonar las calles aledañas y parte del barrio. También teníamos autorización para rodar dentro de las galerías de Notre-Dame. Accedimos una treintena (en lugar de los 150 habituales) y salimos muy emocionados. De repente, Notre-Dame se volvió real a los ojos de mi equipo. Atravesamos partes de la catedral todavía repletas de brasas carbonizadas, escombros, paredes ennegrecidas, cubiertas con gotas de plomo solidificadas. Era una sensación abrumadora y apasionante. Entre tomas, en esta plaza de Île de la Cité, me sorprendí varias veces mirando embelesado a Notre-Dame. Tiendo a identificarla con un personaje vivo. Ella es mi estrella y la amo profundamente. Aquí cuento las trágicas horas durante las cuales estuvo a punto de morir. Sus rescatistas no pudieron llegar antes debido al tráfico y a los trabajos de reconstrucción que se estaban realizando en ella. La buena noticia es que la catedral sobrevivió a las llamas. Sigue en pie, aunque la acción combinada del fuego y el agua no contribuyeron a mejorar su estado general, que de todos modos necesitaba una importante reforma, ya que las piedras en algunos lugares estaban en muy mal estado. Le debía a mi “amada” contar la verdad sobre lo que realmente ocurrió. Era mi deber hacerlo, con sentimiento y respeto.

Y, finalmente, llegó el gran momento: El rodaje dentro de la propia catedral.

Pensamos que sería imposible. Obviamente, fue con un equipo extremadamente reducido, por un tiempo muy limitado y después de habernos sometido al restrictivo e indispensable protocolo: una vez finalizada la escena tuvimos que quemar nuestros trajes de protección de plomo y los trajes de los actores.

Para recopilar fotos y vídeos de la noche del incendio, en la primavera de 2021, hiciste una convocatoria en redes sociales. ¿La idea era incluirlos en la película?

Recibimos más de 6.000 imágenes... En estas imágenes grabadas con móviles, vi muchos detalles que, afortunadamente, ilustraban exactamente lo que yo había filmado. También obtuve imágenes de la multitud reunida en los puentes cantando himnos. Nos enviaron imágenes de lo que sucedió en otros países al conocerse el desastre, porque todo el mundo estaba asistiendo el incendio en vivo. Desde China y Australia hasta Estados Unidos, Inglaterra e Islandia, el incendio fue la noticia del día.

En mayo de 2021 regresasteis al estudio, esta vez en Bry-sur- Marne, para grabar otro momento dantesco de la película.

Sí, el incendio en la galería del transepto norte. Construimos un decorado a escala real... Ahí fue, donde más de una hora después de detectarse el incendio, llegaron los seis primeros bomberos. Debían combatir un enorme incendio fuera de control con un equipo inadecuado. El decorado tenía varias docenas de pies de altura: una pasarela muy estrecha de unas 20 pulgadas de ancho con un desnivel a un lado y el fuego al otro. Se construyó una réplica exacta en Bry, con el suministro de propano que necesitábamos y bombas para lanzar el agua. Del techo construimos cuatro maquetas que representaban las cuatro fases del incendio hasta su casi destrucción. Los equipos tuvieron que lidiar con limitaciones, como ocultar los conductos que llevarían el humo y el fuego hacia arriba a lo largo de la galería imaginaria. Cada llama era alimentada por una boquilla ajustable que se controlaba de forma remota. El fuego tenía que ser rojo, no azul, por lo que también tenían que gestionar la potencia de los ventiladores que dirigían el humo a la velocidad y en la dirección adecuada. Dependiendo de la etapa en la que se encontraba el fuego, el color del humo iba cambiando de color. Primero era blanco, luego negro y finalmente amarillo.

Ese era un momento muy peligroso para los actores porque los humos, no importa lo que hagas o cómo los prepares, son tóxicos. En este set las llamas alcanzaron temperaturas de hasta 1000° F por lo que, evidentemente, dije a los actores que, cuando el calor se volviera insoportable, retrocedieran y se refugiaran. Por si acaso las cosas se salían de control, teníamos un equipo de bomberos reales. Durante esta escena pude comprobar una vez más hasta qué punto están motivados los actores con este tipo de situaciones, siempre y cuando confíen en ti y sepan que su seguridad está garantizada. Es la esencia de su vocación: Encarnar vidas extraordinarias, y en este caso, desde luego, lo hicieron.

Hablemos ahora de la partitura. Recurriste a Simon Franglen, un compositor británico.

Nuestra alianza se remonta mucho tiempo atrás cuando nos presentó James Horner, el gran compositor y amigo que compuso la música de cuatro de mis películas: El nombre de la rosa, Enemigo a las puertas, Oro negro y El último lobo. Si no hubiera muerto en un accidente aéreo en junio de 2015, continuaríamos con esa maravillosa colaboración y sincera amistad. Simon, a quien James llamaba “el mejor teclista del mundo”, también es un arreglista brillante que cuenta con sonidos de todos los instrumentos que puedas imaginar en un archivo y puede tocarlos en un teclado. Actualmente está trabajando con James Cameron en la secuela de Avatar. Componer la música de mis películas es, desde hace tiempo, uno de mis momentos más temidos, por el miedo a perder el control. Si bien la idea inicial, el guion, los diálogos, el casting, la escenografía, la filmación, el montaje, el etalonaje y la mezcla están en mis manos, de la partitura siempre se ocupa otra persona. Básicamente, el bebé es mío, pero no soy yo quien lo viste. Puedo inspirarlo, pero no estoy al mando. Obviamente (y así fue con Simon), dedico mucho tiempo para decidir, plano a plano, lo que debe expresarse. Grabamos en Inglaterra. Primero en Abbey Road, el mítico estudio de los Beatles, y uno de los templos de la grabación de bandas sonoras del séptimo arte. Grabamos el coro con los 35 cantantes del coro de Tenebrae, de fama internacional, que colaboraron en la partitura original de Star Wars. Al terminar la sesión de grabación, los miembros del coro aplaudieron a Simon. La orquesta (70 músicos) la grabamos en Air Studios, también en Londres.

Con respecto a la postproducción, ¿qué parte de la película necesitó de los efectos especiales?

La empresa francesa Mikros, bajo la supervisión de nuestro coordinador y supervisor de efectos visuales, Laurens Ehrmann se encargó de este trabajo. En una cuarta parte de los planos de la película, es decir, alrededor de 400 de los 1500 - 1600 planos, hubo que añadir algún tipo de efecto. En la mitad de ellos, el trabajo consistía en borrar los cables de seguridad que sujetaban a los actores o las tuberías de agua y gas que utilizábamos en el plató. La otra mitad del trabajo era más compleja. Había que añadir humo o llamas cuando era imposible o demasiado peligroso en el set.

Con la llegada de Arde Notre Dame a los cines, esta apasionante aventura llegará a su fin ¿Cómo recuerdas esta odisea cinematográfica que comenzaba, sin tú saberlo, aquella noche de abril de 2019?

Para mi han sido unos meses increíbles. Esto me reafirma en la actitud que he aplicado desde el inicio de mi carrera: Escuchar siempre a mi vocecita interior. Si no suena cuando estoy considerando un nuevo proyecto, lo dejo. Únicamente me mueve el entusiasmo. Desde que empecé a leer los documentos que me entregó Jérôme Seydoux, me emocioné, me sentía cautivado, fascinado y totalmente sorprendido por la historia. Durante todo el proceso, desde el primer día, me despertaba con ganas de levantarme y meterme de lleno en el nuevo día. Lo que es a la vez divertido y conmovedor es que paso por Notre-Dame casi todos los días. No tengo más que salir al balcón de mi apartamento para verla al otro lado de la orilla del Sena. ¡Sigo hablando con ella y llamándola "mi amor"! Le pregunto: "¿Cómo estás hoy?" De todas las grandes actrices a las que he tenido la suerte de dirigir, Notre-Dame es sin duda la más digna, pero también la más frágil. Está tan hermosa como siempre, a pesar de que aún necesitará mucho tiempo de rehabilitación. Semana tras semana veo como avanzan los trabajos. Ya ha recorrido un largo camino y su historia vivirá mucho después que la de cualquiera de nosotros. Estoy feliz de haber creído, por un corto periodo de tiempo, que yo era su amante.

Arde Notre Dame tiene todos los ingredientes de un thriller. Sabes cuál es la amenaza, la ves, escuchas, imaginas... Sabes que daño causará, pero al principio no ves ese peligro.

Así funciona el tiempo suspendido: Tienes al público en ascuas y alargas su placer el mayor tiempo posible manteniendo el suspense que rodea al fuego, quería retrasarlo al máximo. Iba dejando una serie de pistas, mostrando imágenes de las horas y minutos previos al estallido del incendio. De hecho, fue eso lo que me fascinó desde que empecé a leer la documentación inicial: La acumulación de errores es increíble. Antes de empezar a documentarme, no era consciente ni de una décima parte de la verdad. Al descubrir cómo fue todo realmente te preguntas cómo se las arreglaron para salvar Notre-Dame. Para ser sincero, la noche del incendio estaba convencido de que la catedral terminaría derrumbándose. Y, hace unos meses, el general Gonthier me reconoció que él temía lo mismo. Había planeado sacrificar, por así decirlo, Notre-Dame para asegurar los edificios de los alrededores y evitar así que el fuego se extendiera a toda la Île de la Cité cuando cayera la catedral.

La atención prestada al sonido en Arde Notre Dame es excepcional. Crepitaciones, chisporroteos, llamas, agua, el sonido ambiente y los diálogos. Aquí, cada sonido destaca.

Realmente fue un trabajo titánico que arrancó en el verano de 2021 y nos mantuvo ocupados durante más de seis meses.

La banda sonora fue diseñada para ser inmersiva y que resultara aún más poderosa en los cines con sistemas Imax, Dolby Vison, Atmos 4K, 7.1 y 5.1. Desde que empezamos a trabajar en la película he estado convencido que el 50% de la emoción provendría del sonido. Todos vieron imágenes de la catedral en llamas, pero pocos escucharon ese sonido, especialmente desde dentro. Mi objetivo era que el público sintiera lo mismo que los bomberos que estaban allí, que escucharan el gemido de las vigas al romperse, sintieran la furia del “fuego” al devorarlo todo, que respiraran el humo que se colaba por todos los rincones de la catedral, que el agua chisporroteando sobre los tubos al rojo vivo de los andamios les diera la sensación de que eran ellos quienes empuñaban la manguera. Con la tecnología Atmos experimentábamos esto a través de los más de 70 altavoces que había en el auditorio. De este modo, cada detalle sonoro se convertía en un elemento más dentro de la narración. El incendio provocó un estruendo ensordecedor en un perímetro bastante amplio. Quería que los sonidos fueran mucho más precisos de lo que pudimos grabar durante la conmoción del rodaje. Fueron retocados en postproducción: La salpicadura de una gota enorme de plomo fundido al caer sobre el casco de un bombero o sobre el viejo suelo de roble, el ruido de las sillas al ser arrastradas por el derrumbe de la bóveda, el crujido de las puertas medievales al golpear contra sus marcos, el repiqueteo del agua de las mangueras al caer, los muros de piedra, las vigas en llamas, los andamios tubulares, las campanas de bronce. Una ingente tarea, a la que se sumó el trabajo de los equipos encargados de los diferentes ambientes (sonidos de la ciudad, sirenas, atascos, bocinas, el clamor y el barullo de la multitud, etc.), efectos sonoros (chirridos de bisagras, cierres de cerraduras, el repiqueteo de las llaves, el estrépito de las piedras rompiéndose, etc.), los efectos especiales sonoros (todo debía estar perfectamente sincronizado: el impacto de las botas en los escalones de piedra, el roce de los uniformes contra las paredes, los cristales rotos). Además, en torno a un tercio de los diálogos de los actores tuvieron que ser retocados en post sincronización, diálogos que a menudo se tapaban durante el rodaje, bien por el ruido de los sopladores de humo, de las máquinas para impulsar las brasas, las bocas de las mangueras, etc. Y, como punto final del complicado proceso sonoro, la partitura que Simon Franglen desarrolló durante meses para acompañar los giros narrativos que había cada medio segundo, subrayar la tensión y extraer hasta la última emoción. Antes de sentarse a componer, Simon y yo pasamos muchas horas decidiendo que queríamos hacer. Luego, pasamos decenas de horas ajustando la maqueta a las versiones preliminares, decenas de horas grabando miles de pistas de sonido que mezclamos en Londres y luego las ajustamos a la imagen con Dick Bernstein, que vino desde Estados Unidos para ocuparse de esto. Pocas personas pueden imaginar la enorme cantidad de trabajo que implica todo esto. El fascinante trabajo de postproducción es fundamental y, a día de hoy, sigue siendo un campo tan mágico como misterioso.

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