Me recibe en su rincón de trabajo, situado en un lugar de Madrid omnipresente en sus películas. En “Volveréis”, Jonás Trueba explora las peripecias de una pareja que decide romper, pero se enfrenta al inquebrantable optimismo de todos a su alrededor, pues sus conocidos insisten en que acabarán retomando la relación. Su película nos reconcilia con el buen cine.
He leído que Volveréis forma una trilogía con La virgen de agosto y con Tenéis que venir a verla. ¿Es cierto?
Es algo que se ha ido comentando, lo han ido diciendo periodistas, pero en realidad jamás las he pensado como una trilogía. Se genera esa confusión en parte porque en las tres están Itsaso Arana y Vito Sanz haciendo de pareja. En realidad, creo que las tres películas dialogan entre sí, sin formar parte de la misma saga. Tienen un aire de familiaridad porque se repiten los actores y los escenarios. Pero son películas distintas que obedecen a deseos diferentes. Los personajes son distintos.
Esa continuidad, literalmente, no la tienen.
Lo que pasa es que yo creo que hay personas que perciben la familiaridad entre ellas, y eso sí existe, pero es una familiaridad construida a base de que están hechas por las mismas personas, por el mismo equipo, a veces por los mismos actores, en espacios muy parecidos.
Es usted el último romántico. Su optimismo en las relaciones de pareja y en el amor va contra corriente, hoy en día sería considerado usted un punk.
Es interesante todavía en el mundo de hoy, en una película, en las películas, confiar en el amor, en la pareja. Es verdad que de pronto puede haber estado un poco más denostado. Últimamente se ha cuestionado mucho la idea del amor romántico y todo eso, en parte con razón, pero al mismo tiempo seguimos necesitando el amor y seguimos necesitando vivir en pareja.
Y las parejas siguen existiendo y sospecho que seguirán existiendo porque es una forma de compañía, de encontrar a alguien que te comprende, con el que convives.
Me gusta seguir hablando de las parejas hoy, incluso aunque pueda parecer algo casi pasado de moda, pero en realidad creo que las modas son lo que suele pasarse de moda. En cambio las parejas creo que es algo que va a existir siempre, más allá de las modas, porque al final una pareja consiste en dos personas queriéndose ayudar habitualmente, queriéndose acompañar. A mí me interesa la pareja, también vivo en pareja, con todas sus complejidades, con sus dificultades, con sus cosas buenas, menos buenas si quieres, pero que está ahí, nos sale de manera natural.
Pero sí, somos conscientes de que hoy hoy en día puede parecer casi extraño hacer una película con un hombre y una mujer que llevan 14 años juntos. Casi tiene algo provocador.
Tiene usted valentía al dar una visión personal, sin obedecer a los dictados de la corrección política.
No quiero hacer una película que toque exactamente los temas de los que toca hablar en cada momento. Nada de eso. Se trata de seguir hablando de lo que me afecta y lo que me interesa.
Cita a autores como Kierkegaard, pero con humor, de hecho un personaje dice "qué va, qué va, yo leo a Kierkegaard”, una frase de los cómicos Faemino y Cansado.
También se puede hacer humor con eso. Creo que es importante... Claro, tenemos a veces como una idea, una imagen de Kierkegaard, sin tampoco haberlo leído, como de algo muy denso, muy pesado y tal. Luego te pones a leerlo un poco y también en Kierkegaard encuentras humor. En el fondo no dejas de ser un personaje angustiado que intenta comprenderse y comprender el mundo. Y ya está. Y al mismo tiempo puede haber un humor con eso, igual que lo puede haber con Ingmar Bergman, que es como otro cliché casi de lo solemne.
Sí, tiene gracia el tarot de Bergman, que aparece en el film.
Se quita algo de solemnidad, es verdad. Yo creo que está bien eso, coger nombres que asociamos normalmente a la seriedad y reírnos con ellos también. Creo que ellos lo agradecerían. Pienso que tanto Kierkegaard como Bergman en realidad tenían sentido del humor. No me cabe duda.
Hablar del libro de Kierkegaard le sirve para reflexionar sobre el reencuentro amoroso.
Si se volviera a repetir una historia de amor habría problemas que desaparecerían. Por ejemplo, los prejuicios... Ya se habría superado la etapa de idealizar a la pareja, porque ya la conoces.
La película no habla del amor romántico, sino de un amor más verdadero, si pudiéramos decirlo así. Precisamente por eso que dices. La idea es que en esa segunda oportunidad, es decir, cuando sobreviene una crisis, como le ocurre a esta pareja, puede llegar la separación, reconocer la crisis y de alguna manera superarla. En esa superación hay también una nueva sabiduría. Y probablemente esas parejas que vuelven en realidad son parejas que ahora tienen un pacto casi más fuerte que la primera vez, porque ya existen certezas.
La primera vez tienes una intuición pero cuando empiezas con alguien no sabes cómo es esa persona en realidad. En cambio, si decides volver con alguien, ya vuelves con toda una mochila, con toda una experiencia vivida. Entonces, el pacto podríamos decir que ahí sí que es más fuerte. Incluso conoces sus errores, los defectos que puede tener tu pareja, pero aún así los asumes.
Eso es lo que aporta esta película que no cuentan otras películas.
Sí, eso curiosamente estaba en muchas de esas películas clásicas que me gustan, como Historias de Filadelfia. No sé si la recuerda, si la ha visto. Pero es una película que habla de esto. Cary Grant y Katharine Hepburn se han divorciado y supuestamente se odian al principio de la película. Tienen un rencor enorme, pero se van reenamorando a lo largo de la película, se van reconociendo y eso es muy emocionante cuando ves ese título. Y hay muchas comedias románticas que han contado eso. Y siempre me ha gustado este género.
En Volveréis cita también La pícara puritana y los personajes hablan también de “La búsqueda de la felicidad”, el ensayo de Stanley Cavell sobre este tipo de películas.
Maravilloso libro. La pícara puritana es también una película alucinante, como cuenta Cavell precisamente. Es quizás la película a la que más se parece esquemáticamente la nuestra. Porque en la primera secuencia, los protagonistas deciden separarse y toda la película es la gestión de esa separación y cómo en el fondo se van reenamorando otra vez.
Lo que más valoro de su cine es que es muy fresco. A usted no le da miedo experimentar, y que por ejemplo los protagonistas comenten en off un flashback que les muestra años atrás. Veo a la semana muchas películas y son todas sota, caballo, rey, pero las suyas rompen el saque, son libres.
También a mí como espectador, me pasa lo mismo, que siento que el cine está demasiadas veces acartonado. Un poco parapetado sobre sí mismo, porque hay mucho miedo y los autores temen equivocarse. Muchas veces quieren ser infalibles, también cundo ruedan series de televisión ahora mismo, así que deben acertar con todos los resortes narrativos, y recurrir a fórmulas probadas. Y creo que eso al final lo pagan, porque son películas que están a veces demasiado pensadas, demasiado manoseadas, demasiado manipuladas, falseadas, y al final resultan forzadas y por el camino han perdido la vida. Ésa es una sensación que yo tengo como espectador.
Creo que nosotros intentamos luchar contra eso a nuestra manera, haciendo películas donde nos zarandeamos a nosotros mismos, donde nos permitimos que haya un espacio para el error, para la equivocación, para la incertidumbre, y compartimos eso con el espectador como una forma de confianza. A mí me gusta que el espectador sienta la artesanía. En cambio creo que el cine ahora intenta parecer, no sé cómo decir, está muy posproducido. Pierde la artesanía, ya no la ves. Es un poco industrial. Está muy manufacturado. A todo el mundo le enseñan cómo escribir guiones en la escuela y hace eso siempre. Entonces creo que hay gente que agradece de pronto volver a sentir la artesanía. Yo creo que tiene que ver con eso. Que no sientas que lo has visto muchas veces y que sientas una vivacidad.
Con el tratamiento de la imagen pasa lo mismo. La mayoría de las series ahora se parecen, también porque las propias plataformas obligan a cumplir unos parámetros, unos estándares visuales y también del sonido y todo eso, entonces van uniformizando el cine. Todas iguales. Es una pena.
Basta simplemente con plantar el trípode y mirar un poquito el sol, la luz, y filmar esos cambios, cómo puede haber un sol y una nube que pasa y tal. Como eso se ha perdido en el cine, cuando alguien lo vuelve a hacer, sorprende. Pero en realidad lo sorprendente es que hayamos perdido eso.
Me está recordando a John Ford. Eso mismo que usted dice, él lo hacía. Se desata una tormenta en una famosa secuencia de La legión invencible, así que el público le preguntaba que cómo lo había hecho. Pues muy fácil, empezó a llover y lo aprovechó. No cortó y dejó que la la lluvia llegara. Está usted recuperando lo que hacían los grandes maestros del cine clásico.
El cine debe ser así. Los maestros estaban abiertos. Efectivamente, es que el cine originalmente tenía mucho que ver con esa sorpresa, con ser permeable a las cosas de la vida que suceden mientras estás rodando. No estaba tan acartonado.
Cuesta encontrar más directores jóvenes con esa mentalidad.
Bueno, porque nos meten mucha presión. Tiene que ver con esta cosa de no fallar. Eso al final es un problema. Y efectivamente, las películas antiguas estaban llenas de vida. Ahí se colaban las cosas. Sucedían cosas. Y está en John Ford, y está en Renoir, y están esos cineastas que siguen siendo modernos hoy en día. Precisamente por eso.
Esta vez firma el guión con los dos protagonistas, Itsaso Arana y Vito Sanz. ¿Cómo escribieron el guión entre los tres?
Lo que hay es como un dominio por parte de ellos de la película porque la han estado pensando conmigo desde el principio. Le hemos dado vueltas a cada escena, a cada situación. Hemos descartado muchas cosas. Nos hemos quedado con otras. Han estado pensando la estructura, el ritmo, el tono, la forma de dialogar, la forma de moverse, de colocar el cuerpo, etc. Entonces eso hace que cuando llegan a rodaje ellos tienen la película muy metida dentro. Ahí nos podemos permitir todo tipo de ajustes y reajustes y variaciones y cambios en función de cosas que van pasando, y de las que nos vamos dando cuenta, y tenemos que estar abiertos y despiertos para cazarlas y no estar empeñados en respetar nuestro guión.
Tenemos que estar más bien empeñados en contradecir nuestro propio guión. Me parece interesante. O sea, no tomarnos en serio, no pensar en nuestro guión como si fuera la Biblia, como si no se pudiera mover. Truffaut decía eso tan bonito de que había que rodar contra el guión. Aunque a él le gustaba mucho la escritura también. Pero decía luego que hay que rodar contra el guión. Hay que montar contra el rodaje. Me parece un muy buen consejo para un cineasta. Creo que ahí resume muy bien algo que tiene que ver con estar vivo, no dar las cosas por hecho, entender que filmar es un proceso de creación abierto y largo donde no te tienes que dormir, no te tienes que confiar nunca del todo. Tienes que estar vivo.
Vito Sanz se ha convertido en su alter ego en la pantalla.
A la vez somos muy diferentes Vito y yo. También he trabajado mucho con Francesco Carril. Me gusta tener diferentes actores que me dan diferentes colores, que son muy distintos entre sí, así que les llamo según la película que tengo en mente. Y aquí pensaba que Vito siempre me da registros muy humanos y resulta muy tierno. Es un actor que tiene una capacidad empática con el espectador increíble. Es como un actor popular de toda la vida. Conecta con el público. Es como un colega tuyo, no sé cómo decirlo. Me facilita que la película sea creíble, cuando arriesgo mucho, en una película como ésta, al borde de la frivolidad. Vito siempre baja a tierra las cosas. Otros actores pueden ser tan buenos como él, pero no tienen esa capacidad.
Itsaso Arana es diferente. Quizás más sofisticada.
Tiene más glamour.
Sí, tiene algo más de actriz clásica sofisticada, pero Vito más de actor popular. Esa combinación es muy buena para mí. Para mí era muy clara en la peli. Y de hecho volvíamos a ver las comedias clásicas de las que habla Stanley Cavell, algunas de ellas protagonizadas por Cary Grant y Katharine Hepburn. Pero Vito se enganchó mucho más cuando volvimos a ver La costilla de Adán. Precisamente porque Vito es un actor más del estilo de Spencer Tracy, más parecido a las personas normales. Francesco Carril iría más en la línea de Cary Grant, pero Vito Sanz en la de Spencer Tracy. Es alguien más de la calle. Un hombre común. Cary Grant no dirías que representa al hombre común. Es otra cosa. Es el que quisiéramos ser todos. Un poco un marciano. Que me encanta. Pero en esta película necesitaba compensar una cosa con la otra y creo que Vito e Itsaso se compensan muy bien.
Ha sacado como actor a su padre. Da vida al padre del personaje de Itsaso Arana.
Era un reto. Era una gran incógnita para mí. Al final, vino al rodaje con toda su experiencia de tantos años en el cine, de haber trabajado con tantos actores distintos. Entiende rápidamente el ritmo de una película y sabe estar dentro del plano. Era un privilegio tenerle. Y al mismo tiempo era un actor primerizo, apenas ha hecho algún cameo, claro. Esa combinación también ha sido bonita. Estaba muy feliz de participar en una película nuestra porque también se daba cuenta que es diferente cómo trabajamos nosotros, por ejemplo, a cómo trabaja él. Y yo creo que le ha divertido eso, ¿no? Ha aprendido con nosotros una nueva manera de rodar... Sí, es una nueva generación, que no tiene nada que ver... Es otra cosa completamente.
Es un realizador importante para el cine español.
Mi padre ha sido un cineasta muy pionero para el cine español en muchas cosas, porque es de los primeros cineastas que se ha atrevido a rodar en inglés, a rodar fuera, etc. Ha sido muy dado a reinventarse, a tratar casi todos los géneros. Se ha atrevido a a adaptar una obra de teatro comercial, Sé infiel y no mires con quién, a hacer un cine más intimista, a hacer ficción, a hacer documental. Se podía haber quedado en la comedia, pero no, ha rodado hasta animación. Es alguien que está en constante búsqueda. Necesita divertirse y probar cosas. En ese sentido es muy diferente a mí, ¿no?
Con Volveréis ha logrado el premio gordo en la Quincena de Realizadores de Cannes. ¿Esto le ayuda a seguir creciendo como cineasta?
A seguir creciendo como cineasta no lo tengo tan claro. A la película, desde luego, le ha ayudado mucho a crecer, digamos que desde el punto de vista de la exhibición. Ese premio y esa presencia en Cannes le ha dado mucha más visibilidad a Volveréis y le ha abierto puertas hasta el punto de que se ha vendido a un montón de países en gran parte gracias a estar ahí. En España es mi película que va a llegar a más salas.
Al mismo tiempo yo me pongo siempre ahí una alerta de que esto no significa nada, es una película y con la siguiente hay que empezar de cero otra vez y no dar por hecho nada. No se me va a subir a la cabeza. Casi siempre suelo estar en guardia.
