Heredó de su padre, escenógrafo teatral, la pasión por el espectáculo, y asegura que su madre le cuida “desde arriba”, pues falleció cuando él tenía sólo dos años. Desde muy joven, Diego Luna empezó a trabajar en telenovelas mexicanas. Por aquel entonces ni soñaba con ir a Hollywood, pero ahora ha sido elegido por directores como Kevin Costner y Steven Spielberg. Y es que la carrera de Diego Luna avanza a buen ritmo, como los bailes de Dirty Dancing 2, continuación de uno de los mayores éxitos de los 80. El actor nos atiende con su característico deje mexicano.
¿Cómo llegó a Dirty Dancing 2?
Estaba rodando Open Range, en Canadá, cuando un productor me llamó para comentar que tenía en marcha un proyecto, Havana Nights. Cuando me dijo que se trataba de la segunda parte de Dirty Dancing, me negué en rotundo y colgué el teléfono.
Pero después me llamó Lawrence Bender, y mi agente se ocupó de aclararme quién era: nada menos que el productor de las películas de Tarantino. Así que pensé que si este tipo la estaba haciendo, algo debía tener. En efecto, así fue. Tuvimos una conversación de una hora, y me puso música de la película. Me empezó a hablar de la actriz principal y del argumento. Así que me di cuenta de que era "una chance", una oportunidad de rodar una película muy comercial, pero que arriesgaba un poquito, porque se situaba en Cuba, antes de la revolución. La verdad es que no había visto Dirty Dancing. Tomé la decisión de hacer esta película por el proyecto en sí.
¿Y después no ha tenido curiosidad por ver el primer Dirty Dancing?
Como todo el mundo me hablaba de ella, tuve que verla. Entendí por qué tuvo tanto éxito, pero no es mi tipo de película. Cuando era niño y la cinta arrasaba en los cines, no tuve ninguna curiosidad por verla. Más bien estaba enamorado de la princesa Leia. A los ocho años, los pechos sudorosos bailando no era lo mío, lo siento.
Dirty Dancing 2 ha pasado sin pena ni gloria por las carteleras. ¿Te arrepientes de haberla rodado?
No, porque estoy acostumbrado a valorar el éxito como se hace en México, que es donde más he trabajado. Mido el éxito de forma diferente. Ahí valoramos más el mérito artístico, el proceso creativo, en lo que puedes aprender y el encuentro con las personas. No nos guiamos únicamente por las cifras de taquilla, como en Hollywood. Lo único que me interesa es poder enseñarla a mis seres queridos y estar orgulloso de mi trabajo. Me preocupa más eso que hacer una película comercial.
Además, creo que es una buena película para los "chavos", la gente joven. En Hollywood a veces se creen que los "chavos" son tontos, y normalmente les ridiculizan en las películas y hacen personajes muy vacíos, pero ésta es una película bien construida, con personajes inteligentes. Tenía ganas de hacer una película con jóvenes activos, críticos, que tomaran el control de su vida, como yo quiero que sea la juventud hoy en día, en este mundo en el que a veces es tan difícil vivir. Para superar eso, hay que involucrarse más. El personaje tomará sus decisiones pensando en los cambios políticos de su país. Es un tipo maduro, a pesar de su corta edad. Ése fue mi mayor reto, pero también reflejar el amor que los cubanos tienen por su isla, que creo que es muy importante.
Se trata premeditamente de una película muy ligera, de consumo rápido. Y eso que la historia transcurre en Cuba, antes de la revolución, y hay críticas a la violencia que conlleva una revolución.
Es cierto, pero al menos te hace pensar sobre el tema. Abre preguntas. Eso es "padre", está muy bien que una película te dé "la chance", la opción de pensar si quieres. Puede tener varias lecturas. Algunos verán sólo la belleza de los bailes, pero otros reflexionarán sobre lo que pasó en Cuba en esa época. También se puede comparar lo que pretendían los revolucionarios y lo que tristemente tenemos hoy en Cuba. No se profundiza en el tema, es cierto, pero no todas las películas comerciales se preocupan por cosas. American Pie no habla de las relaciones entre clases sociales y es un tipo de cine que se hace para jóvenes absolutamente patéticos.
Además, los personajes de mi película luchan por su familia. Así que se puede entresacar que los grandes cambios empiezan en la vida familiar y personal. La juventud debe preocuparse por ciertas cosas, porque nosotros vamos a heredar este mundo, y si queremos cambiar algo hay que empezar ya.
Sobre todo, da qué pensar sobre Cuba.
Me interesa mucho el tema, porque aunque no filmamos en Cuba, he ido allí tres veces. Es un sitio lleno de contradicciones. La gente es maravillosa. El nivel educativo es muy alto. Esto se opone a la crudeza de la realidad. Me parece genial que el que limpia la calle sea dentista, que haya acabado la carrera de odontología, pero también me da cierta tristeza que no esté trabajando de dentista por problemas políticos. Los escritores cubanos son impresionantes. Qué pena que vivan en una dictadura. Tanto la gente que está dentro como los exiliados tienen un tema en común: Cuba. No hablan de otra cosa. Tienen un gran amor a su patria. La revolución, como todas las revoluciones, se produjo porque la gente quería un cambio. Pero está claro que lo que querían tiene poco que ver con lo que tienen hoy. Es una pena.
¿Fueron fáciles de rodar las secuencias de baile?
No, porque yo tengo dos pies izquierdos. Me fui a vivir dos meses a Puerto Rico, donde estuve trabajando con bailarines profesionales, y con la coreógrafa de la película. Aprendí a moverme un poco y lo que significa bailar. Una cosa es emborracharse en una fiesta y moverse un poco, y otra es llevar a alguien. Es una forma de comunicación. Lo recomiendo como terapia de pareja. Es buenísimo. Si estás buscando novia para casarte es mejor que ir a conocer a los papás, o que ir a cenar. Si bailas bien, se puede dar todo.
En la versión original se ha preparado mucho el acento cubano. ¿Le preocupa que no se valore su esfuerzo en España por el doblaje?
Me lo trabajé tanto que me da mucha tristeza que en España no se vaya a apreciar el esfuerzo, porque me han doblado. La mitad de mi trabajo es eso. No conozco a la persona que me dobló. Él no sabe por qué tomé las decisiones que tomé. Está muy bien hecho su trabajo, normalmente, no lo pongo en duda. Pero es un crimen. Y más en mi caso, porque yo hablo español, y a mí nadie me avisó. Lo que pasa es que lo quieren hacer todo muy rápido. En México, Alfonso Cuarón se preocupó mucho del doblaje de Harry Potter. Contrató actores del cine mexicano buenísimos y trabajaron semanas en eso. Ahí pienso que hicieron un trabajo muy bien hecho, pero normalmente no es así. Para mí, Javier Bardem es uno de los mejores actores del mundo, y si en Los lunes al sol le ponen la voz del gato Félix, la película estará lejos de ser de mis favoritas. De todas formas, todavía no he visto lo que han hecho conmigo. Igual el doblador lo ha hecho mejor que yo. Si está mejor, igual le pido que a partir de ahora doble todas mis películas.
¿Qué destacaría de su trabajo en La terminal?
Creo sinceramente que es una gran película. Aunque está basada en una historia real, se inventaron algo totalmente diferente. El protagonista auténtivo se volvió loco. Creo que lo más interesante fue trabajar con Tom Hanks. Una muy buena persona, que trabaja muy duro y conserva toda la dulzura. Se nota que disfruta con lo que hace. Viéndole trabajar se aprende muchísimo, con sólo fijarte cómo ensaya o lleva un personaje. Me gusta mirar. Es la mejor lección que puedo tener.
En los últimos años ha habido un aluvión de mexicanos que triunfan en todo el mundo, como los directores Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, o el actor Gael García Bernal.
Es una pena que en mi país no se pueda vivir del cine. El problema básico es que en México no hay una política cultural decente. La cultura le importa poco al gobierno. No hay apoyos, ni una iniciativa que proteja el talento mexicano. Por eso, la gente sale de México cuando tiene éxito. Es triste, porque a pesar de todo el cine mexicano sigue triunfando en todo el mundo. Hemos hecho pocas películas, pero nos han salido algunas muy buenas. Además, si a los gobernantes les interesara la cultura, si ellos fueran al cine y escucharan música, sería increíble. No entienden que si se conoce a México en el mundo es por la cultura: la comida, la música y los escritores. Les seguimos haciendo el trabajo nosotros. Brasil tiene una ley de apoyo al cine muy buena, porque las grandes empresas se benefician de desgravaciones fiscales si apoyan la cultura. En México ni siquiera se ve que vaya a haber algo así en poco tiempo. Se hacen pocas películas. En los "multiplexes", cines de muchas salas, hay normalmente catorce salas, y ponen trece películas estadounidenses y una europea. Muy de vez en cuando hay también una mexicana. Debería haber una siempre. ¿Qué menos?
¿Por qué se preocupan los políticos?
Eso quisiera saber yo. El problema es que hace falta que algún político deje de pensar en sí mismo y empiece a pensar en México. Tenemos un país con una riqueza cultural impresionante. Pero no saben aprovecharlo. Las intrigas que se traen a veces son patéticas.
Aún así, la cultura mexicana está de moda últimamente en Estados Unidos, según proclaman algunas revistas.
Cierto, hace poco salimos en portada en CQ, algunos representantes de la cultura mexicana, todos juntos. Uno hace esas cosas para promocionar las películas. Yo quería darle publicidad a La terminal y a Nicotina, que se ha estrenado allí. No es que me emocione hacer ese tipo de portadas, pero ese estuvo "padre", o sea que estuvo muy bien, porque me dijeron que invitara a amigos Traje un fotógrafo (Rodrigo Prieto), un escritor (Carlos Cuarón), y a alguno que otro más, para demostrar que México no sólo somos dos actores y dos directores que hacen películas grandotas. En México hay mucho talento. Todos los que salían conmigo están haciendo cosas, por ejemplo el fotógrafo ha hecho la película de Oliver Stone, y Carlos Cuarón es el coescritor de Y tu mama también.
