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Entrevistas

El cineasta de la amistad

El realizador escocés Kevin MacDonald lleva el cine en la sangre. Nieto del gran Emeric Pressburger, logró el Oscar al mejor documental, en 1999, por One Day in September. Desde que debutó en el campo de la ficción con El último rey de Escocia, MacDonald se ha convertido en un punto de referencia para los cinéfilos. Ahora se interna en el cine de romanos con La legión del águila.

El cineasta de la amistad

Aunque esta película es una coproducción con Estados Unidos, nace en Gran Bretaña. ¿Cómo se atrevió a involucrarse en un proyecto tan ambicioso para el cine europeo?

Las películas de romanos no son comunes en ningún sitio. He intentado recuperar el género de aventuras históricas al estilo de las viejas producciones de Hollywood, ya que los europeos no lo hemos hecho tradicionalmente, con excepciones como Ágora. Ojalá sigamos haciendo cosas así en los próximos años. Ya es hora de que Europa pida a Estados Unidos que nos devuelva nuestro mundo.

Sorprende que en su película los romanos están interpretados por actores estadounidenses, mientras que los bárbaros son británicos.

El principal interés de rodar películas que cuenten cosas del pasado es lo que arrojan sobre nuestro presente. Cuando hablo del imperio romano, que era la potencia más importante de la época, me gustaría reflexionar sobre el país más poderoso de la actualidad, Estados Unidos. Por eso no es casual la elección de actores, pues he querido que se puedan sacar en cierta medida paralelismos entre las relaciones entre americanos y europeos.

Retrata dos mundos opuestos, el de los romanos y el de los bárbaros. ¿Cuál fue más difícil de recrear?

El de los romanos me resultó más sencillo porque existen muchos más datos arqueológicos. Nos han quedado textos escritos, escudos, cascos, etc. y sabemos muy bien cómo era todo. Lo podía reproducir a la perfección.

Sin embargo, la cultura celta fue más complicada. No se conocen tan bien. Sabemos que eran agrícolas, y que se pintaban la cara, pero no mucho más. En principio, además, eran más interesantes para mí los celtas. Salen en menos películas y además yo soy celta, pues soy escocés. Era para mí un reto.

Existen algunas pistas en testimonios históricos, como algún libro de Tácito, que contaba que se rapaban la cabeza, y que rendían culto a las focas. El resto lo hemos tenido que inventar. Pero como celta estoy satisfecho del esfuerzo que hemos realizado.

Todas sus películas versan sobre la amistad. ¿Por qué ocurre esto?

Es algo que me interesa intelectualmente. No puedo explicar por qué, y tampoco es algo que busque intencionadamente, pero el caso es que la amistad está muy presente en mi filmografía, y siempre trato sobre relaciones en las que uno de los implicados es moralmente ambiguo. Además, me gusta mostrar que uno siempre piensa que es bueno, y que su comportamiento es heroico, aunque desde el punto de vista de los demás, esto no esté tan claro. Lo único que puedo decir es que lo interesante de rodar una película es tener la oportunidad de contar algo, y reflexionar sobre la amistad es lo que se me da bien.

A pesar de este rasgo de unidad, sus películas no podrían ser más distintas, ya que ha hecho un drama, un thriller y ahora un film de romanos. ¿Busca la diversidad?

Definitivamente, busco cambiar todo lo posible. Provengo del documental, un género que tiene como finalidad introducir a la audiencia en un mundo muy diferente y desconocido. Busco sorprender y me aburre hacer siempre lo mismo. Si rodara tres thrillers seguidos en Estados Unidos me sentiría estancado. También, como buen documentalista, busco mostrar la verdad.

¿Es la película fiel al libro de Rosemary Sutcliff en que se basa?

El libro es todo un clásico de la literatura de aventuras en Gran Bretaña. Yo lo leí a finales de los 70, cuando era un niño, y recuerdo que me hacía soñar. Me impactó, porque hablaba del final del Imperio Romano, y de un romano que se interna en Escocia, lo que por entonces era el final del mundo conocido. Puedo entender lo que se siente, pues todos los que hemos crecido en Escocia tienen la sensación de que no hay nada más allá.

Volví a leer la novela, ahora de adulto, antes de hacer la película. Mi perspectiva ha cambiado. Ya no quería hacer la misma película que hubiera querido ver a los doce años, sino una más centrada en los personajes. Y ahora, los personajes me parecían demasiado lineales, por lo que los cambiamos. La relación entre amo y esclavo en el libro era demasiado esquemática para mi gusto. En el libro el esclavo ha jurado servir a su amo y ya no se plantea nada más, se olvida de que los romanos mataron a su familia. Yo he intentado contar esto de forma más realista, y con personajes con dudas, más tridimensionales.

¿Fue difícil la elección de los actores principales?

Fue muy difícil. No tenía en mente jóvenes intérpretes que se ajustaran a lo que necesitábamos, y que gustaran a los productores, que insistían en que tenían que ser conocidos, para asegurar el éxito de un proyecto que iba a ser caro. Finalmente, de todos los que entrevisté me quede con Channing Tatum, por su porte atlético y porque es muy americano, que es lo que quería. Por contra, Jamie Bell es pequeño y muy europeo. Les contraté por su contraste, pues el espectador les tenía que diferenciar psíquica y físicamente.

Su película tiene mucho de Gladiator, el mayor éxito del cine romanos de los últimos años, sobre todo en las secuencias de acción. ¿Cree que ha sido una influencia importante?

Me halaga que se compare mi cinta con Gladiator, ya que me parece estupenda, y además Ridley Scott rueda muy bien. Pero aunque él sea también británico, su película es heredera de la épica tradicional de Hollywood. Yo buscaba rodar algo muy distinto, que tuviera también acción, pero que contara una historia de interés, marcada por personajes interesantes.

¿Ha tenido en mente otras películas de romanos? ¿Cuáles son sus favoritas?

Sobre todo he tenido en cuenta Espartaco, de Stanley Kubrick, que me parece la mejor. El director se lució en muchos terrenos, por ejemplo en la forma de fotografiar a los extras, que parecen completamente reales. Pero también he tenido en mente muchas otras películas que no son de romanos. Por ejemplo, me han inspirado mucho para esta película los westerns de John Ford y El último mohicano, de Michael Mann. Creo que mi película está concebida como un western en Escocia.

¿Tiene también en mente el cine de su prestigioso abuelo, el legendario Emeric Pressburger? ¿Cuáles son sus películas favoritas de su filmografía?

Siempre. En esta ocasión me fui a rodar a Hungría, su país natal, que me ha servido de localización para todo lo que transcurre en Inglaterra. Resulta que en Inglaterra resulta difícil encontrar parajes naturales vírgenes cerca de una gran ciudad que nos sirva de campamento, por lo que había que irse fuera. Recordé que nos venía al pelo el paisaje de Hungría, donde rodé The Making of an Englishman, uno de mis primeros documentales, sobre la figura de mi abuelo. Allí había bosques impresionantes a poca distancia de Budapest. También había gente que trabaja el cuero y otros artesanos que nos han venido muy bien para el vestuario y los objetos que salen en el film.

De las películas de mi abuelo me quedo con Vida y muerte del coronel Blimp, su segunda película rodada con Michael Powell, porque me parece que retrata muy bien el carácter británico, y porque está muy bien rodada. Y también con Sé a dónde voy, una comedia romántica, mucho menos conocida pero que a mí me parece irrepetible.

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