Verdaderamente es un honor estar con una leyenda viviente del cine como Robert Duvall, a quien le encantaba el olor del napalm por la mañana en "Apocalypse Now", era consigliere de los Corleone en "El padrino", cantante de country venido a menos en "Gracias y favores" -que le dio el Oscar- o vaquero sabio en "Open Range". Ahora nos ha vuelto a regalar un gran papel, el de tipo hosco con un secreto del pasado en "Get Low", de Aaron Schneider, que acaba de presentar a concurso en San Sebastián. Si hay justicia, debería ganar la Concha de Plata a la mejora actor, pero nunca se sabe...
Gracias por estar este rato con nosotros, cuando lo que apetece es una siesta
Robert Duvall: (En español) ¡Una siesta! (Vuelve al inglés) Pero sí me la he echado. Veinte minutos. Logro descansar en todas partes.
En un Hollywood que se dirige a un público adolescente, su personaje protagonista en Get Low parece casi un milagro...
R.D.: Hoy en día Hollywood sólo busca el éxito, y eso significa público joven, adolescentes. Y un papel como éste es poco ordinario. Pero yo tengo la suerte de que siempre me ofrecen papeles interesantes.
Pero en este caso es además un papel principal...
R.D.: Si, bueno, es verdad que los papeles de gente mayor suelen ser más secundarios. Pero depende, no me importa hacer roles secundarios sin son interesantes. En este caso tiene mucho peso, pero a lo largo de cuarenta años como actor he hecho ese tipo de papeles y otros más pequeños.
Su personaje tiene elementos muy interesantes como el secreto que encierra, la culpa y la terquedad. ¿Qué elemento le ha interesado más?
R.D.: Bueno lo más atractivo, y que me sedujo, es la idea de alguien que acude vivo a su propio funeral. ¿Quién sabe las razones que tiene para actuar así?
En los últimos tiempos, interpreta papeles de gente que parece haber alcanzado cierto grado de sabiduría, y que parecen desear ponerse en paz con el mundo. ¿Le interesa este tema especialmente?
R.D.: Puede ser, es verdad que he hecho un par de westerns con este planteamiento. Quizá como adolescente uno anhela esa sabiduría, y que se alcanza con el paso de los años. Es verdad, quizá tiene razón.
A veces le confían papeles complejos, atormentados. ¿Por qué cree que es así?
R.D.: Bueno, en el fondo cualquier papel tiene ese elemento de complejidad, todos tenemos aspectos que nos atormentan. Piense en Shakespeare. En el ser humano siempre se dan esos elementos oscuros. Yo tengo que saber trasladar mi propia complejidad a los papeles que interpreto.
Hay pocas comedias en su carrera...
R.D.: ¿Y qué es una comedia? (pone cara de pillo) ¿Qué sería una comedia? ¿Una película de Peter Sellers? Yo creo que el mejor humor sale del comportamiento del ser humano. Hay mucho humor en Get Low, o en la interpretación que hice en La paloma solitaria. Pero no buscaba el humor, sino que yo traté de entender a mi personaje, y su humor salió solo.
Algunas veces veo películas que se autodenominan comedias, y no me río. Me río más cuando conozco a un tipo interesante, cuando veo una película con una trama interesante, y el humor sale de uno u otra, de donde está. Me gusta más reírme con la persona que con la situación en que el director parece decirte 'aquí toca reírse'. Prefiero sacar el humor de quien es la persona.
Tras una trayectoria tan dilatada como actor, ¿aún descubre nuevos modos de interpretar?
R.D.: Espero que sí. Así lo creo. Siempre tienes que verte a ti mismo en estado potencial, abierto a nuevas cosas que pueden surgir. Es curioso descubrir cosas nuevas en cada personaje, y de modo especial sus contradicciones. Siempre lo busco. Por ejemplo, cuando hice de Stalin, también trato de encontrar esa humanidad.
¿Y qué ha descubierto en Felix Bush, su personaje de Get Low?
(en este momento tercia el director del film, Aaron Schneider, que acaba de reunirse con nosotros)
A.S.: Recuerdo, Bobby, un día, la escena en que Charlie va a la cabaña, en que el personaje pide medicinas en una farmacia, y a la vez quiere fumar. Es un ejemplo de esas contradicciones.
R.D.: Sí, son cosas que ocurren un poco por accidente, que no se pueden planificar. Tiene que ocurrir.
Ha trabajado con Bill Murray, que tiene fama de cambiar de registro en cada toma, una forma de trabajar muy distinta a la suya. ¿Ha sido difícil?
R.D.: Bueno, yo trabajo con lo que me dan. No supone para mí ningún problema que el otro actor entregue una cosa nueva, yo la acepto y doy mi réplica.
Esta película cuenta una historia sureña, localista, basada en el folclore. A la vez los temas son de resonancias universales: amor, perdón, redención... ¿Cómo conjugaron ambos extremos? ¿Les preocupaba que el film no se entendiera fuera de Estados Unidos?
A.S.: Cuando tratábamos de lograr la financiación, detecté en efecto ese miedo de que una película de época no se entendiera. Por eso todo mi empeño era mostrar que la historia era un gran drama, que puede entender cualquiera. En las proyecciones con público fuera de Estados Unidos he constatado que la gente reía donde debía reír, en ese sentido estoy tranquilo.
R.D.: No obstante, a la hora de actuar no puede actuar pensando en lo universal. Cuando actúas, piensas en lo específico, en lo concreto. Opino que cuanto más vas al grano, más universal llegas a ser. Tú y por tanto la obra artística en la que participas.
A.S.: Me gustan las películas de época, de los años 30. Nunca he entendido que alguien vea un problema, a la hora de llegar al público, en el hecho de ambientar una película en el pasado, en el espacio, o donde sea. Si es buena, la gente entenderá lo que significa, la universalidad viene de la capacidad de atrapar la realidad.
R.D.: Cuando ves a algunos actores en películas de época, ves claramente que están intentando imitar las formas de hacer, de hablar, del pasado. Y eso muchas veces no funciona, resulta artificial. Lo que hay que hacer es mantenerse fiel a la historia.
Robert Duvall tiene crédito como productor ejecutivo, eso ayudaría a la financiación
A.S.: Sí, pero ambientar en el pasado muchos lo rechazan enseguida.
A estas alturas, ¿piensa en otro Oscar, en nuevos premios, o está un poco por encima de esto?
R.D.: Bueno, ¿por qué no? (risas) Lo principal es trabajar en algo de lo que puedas enorgullecerte, en tal sentido los premios son secundarios. Si has intentado hacer una obra de arte, una buena historia, entonces parece que viene como corolario, sería lo justo, la posibilidad de recibir algún premio.
Después de tantos años, ¿cómo ha evolucionado su visión de Hollywood?
R.D.: Bueno, ahora hay muchas películas de acción. En cambio en los 70 había películas como Get Low, que se hacían dentro del sistema. Esto cada vez ocurre menos. Los estudios quieren ahora ganar cien millones de dólares con una película, cuanto antaño bastaba con ganar diez. De alguna manera se sienten justificados cuando recaudan esas cifras millonarios. Pero para bien o para mal, Hollywood sigue siendo la meca. Muchos directores importantes, de España y otros países, van a Hollywood, y no acaban de entender todo ese tinglado.
¿Y usted lo entiende?
R.D.: En esta película concreta, sí. Sé adónde puedo llegar. Muchas veces cineastas con mucho talento están preparados para hacer cine en su país, pero en Hollywood se pierden.
Después de diez años de ausencia como director, Francis Ford Coppola ha vuelto con películas pequeñas, dice que quiere hacer el cine que hacía al principio de su carrera. Usted ha trabajado con Coppola en sus filmes pequeños, como Llueve sobre mi corazón, y en los grandes, como El padrino. Si volviera a trabajar con él, ¿en qué tipo de películas se ve?
R.D.: (se ríe) Depende del papel. Si la historia es buena, si el papel me interesa, yo me apunto, no importa lo demás. Me han medio ofrecido una película sobre tres personas que regresan a Cuba tras cuarenta años de ausencia, que podría contar con Al Pacino... Suena muy bien, pero depende de quién sea el director. Estoy convencido de que la historia es interesante. La verdad es que tengo una lista larga de proyectos.
En su país el presidente Obama está tratando de acometer una reforma sanitaria, donde parece estar tropezando a la hora de salir adelante. Este tema, la falta de cobertura sanitaria universal, estaba de algún modo presente en su película John Q., con Denzel Washington.
R.D.: Nunca llegué a ver esa película. Bueno, puedo dar mi opinión sobre este tema. Yo soy partidario de que en los estados haya clínicas gratis, que con libertad atienden a la gente con voluntarios, médicos, cirujanos, personal sanitario. Son partidario de que cada Estado regule, y haya un sistema de voluntarios que atienda a la gente, por ejemplo dos veces a la semana. Esto existe ya en la actualidad en 35 estados, y yo sería partidario de extenderlo al resto de los estados, más que implantar un sistema más complicado, que puede suponer una cierta socialización de la medicina.
¿Le gusta trabajar con directores debutantes, como en este caso?
R.D.: ¿Debutante? (se ríe, pues Aaron Schneider tiene una carrera detrás como director de fotografía, series y cortos?) La respuesta está en el resultado de la película que es bueno. Si me inspiran confianza, estoy encantado. Tengo un guión precisamente que quiero mandarle a Aaron, un western, situado en Oklahoma, con el mismo guionista. Por otro lado, no veo distinción entre tele y cine. Una película puede que la vean seis personas, y una serie treinta millones de personas. A mí no me importa que sea una cosa u otra, de hecho estoy muy orgulloso de La paloma solitaria, que era una miniserie. Tengo unos papeles clave, como el de Stalin, que era en televisión. Es cierto que en tele se trabaja muy rápido, pero eso a veces es bueno para el resultado final.
