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Entrevistas

Francis Ford Coppola, premio especial en el Festival de San Sebastián

Ganó la Concha de Oro en San Sebastián en 1969 por Llueve sobre mi corazón. Ahora suma otro galardón donostiarra: el Premio 50 Aniversario del Festival. Coppola habló durante casi dos horas de sus proyectos y su visión del cine del futuro.

Francis Ford Coppola, premio especial en el Festival de San Sebastián

¿Cómo fue su primera visita a San Sebastián?

No tenía ni 30 años. Era algo nuevo. Tenía dos hijos pequeños, y a ellos y a mi mujer les encantaba subir por la escalera bajo las espadas. Todo el mundo fue muy amable. Era otro mundo. Yo crecí en un barrio pobre y me encantaba esa ciudad europea maravillosa, con comida exquisita. La Concha de Oro fue un reconocimiento y supuso un impulso personal. A mis hijos les encantaba porque era de oro de verdad. Yo les decía que la iba a fundir para comprar un Porsche con el dinero.

¿Nos puede hablar de Megalópolis?

Cuando era joven escribía los guiones de mis películas, historias originales. Quería ser un cineasta con un enfoque literario y reflexionar sobre temas de nuestra época. Después de El padrino mi carrera cambió. Pasé a ser un director estrella, y con ese estatus tienes poco tiempo para escribir. Fue una de las grandes trampas del éxito. Ahora que tengo cierta edad e independencia económica después de muchas dificultades, quiero volver a autofinanciar proyectos basados en ideas propias. Llevo mucho tiempo trabajando en Megalópolis. Trata la relación entre pasado y futuro. El tiempo es un elemento extraño. Determina las cosas que hacemos a diario. He intentado reflexionar sobre ello en mi obra, y estudiar cómo se comporta. Pero mi película es una historia humana, pues yo no sabría hacer otra cosa. Guerra y paz habla del paso del tiempo, y de grandes acontecimientos históricos, como la campaña napoleónica en Rusia; pero sobre todo es la historia de Natasha.

Mi guión comenzará en la II Guerra Mundial, llega a la actualidad, y se adentra 10 ó 20 años en el futuro. Cubre la vida media de un ser humano. Habla de cómo será el mundo dentro de unos años. Mi visión, aparte de los graves sucesos que están ocurriendo ahora, es positiva. Tengo mucha fe en el talento y capacidad de innovación del ser humano, que puede crear un mundo hermoso donde se pueda vivir bien. La película reflexiona sobre la utopía, el lugar que no puede existir, pero al que debemos aspirar.

¿Escribe su nuevo guión imaginando con qué actores podría rodar?

He tardado tanto que los que eran jóvenes cuando empecé tienen ya 50 años. Es una gran producción y tengo cierto poder para financiarlo, pero yo solo no puedo reunir 120 millones de dólares. Y conforme pasa el tiempo sube el caché de estos jóvenes de talento. Hace tiempo me entrevisté con uno en París. Le expliqué el proyecto y le encantó. Era muy joven, y aún tenía dinero para contratarle, pero ahora... Se llamaba Russell Crowe.

¿En su opinión cómo está actuando el gobierno tras los sucesos del 11-S?

En Megalópolis  ha de suceder un acontecimiento trágico que destruya Nueva York, como la caída de una estación espacial, para desembocar en la reconstrucción de NY. Entonces los hombres de negocios querrían hacer una ciudad funcional, y los artistas una ciudad del futuro. Luego vino el 11-S, y me  hizo pensar que el cine suele predecir la realidad.

Sobre la actuación del gobierno, creo que no puede haber paz sin justicia. La justicia es un ideal profundo y para todos. Parece que EE.UU apoya sólo a una parte del conflicto en Oriente Medio, y crea reacciones desfavorables. La historia no es como se suele contar. Palestina era parte de Siria y no había muchos judíos ahí al principio. Israel aspiraba a crear su propio estado, y traían gente y reclamaban la tierra para sí. Los ingleses también tenían aspiraciones territoriales y cuando quisieron frenar a los israelíes, estos se hicieron terroristas. Luego la ONU reconoció Israel y se expulsó a los palestinos. Sacaron a la gente de sus casas. Y no fueron a Egipto, ni a Siria, ni a Irak. Los dejaron en campos de concentración. Ahora, tanto israelíes como palestinos son responsables del futuro. Hay que crear un territorio propio de los palestinos para aliviar su sufrimiento. No habrá paz sin justicia para los palestinos. No quiero ver más madres israelíes o palestinas llorando la pérdida de su marido o su hijo. El problema es que, a veces, los que tienen responsabilidad de garantizar la paz, basan su poder en que no haya paz. Lo lógico sería reunir 12 intelectuales de ambos lados y llevarlos a Granada u otro sitio tranquilo. Seguro que sacarían una solución maravillosa, que permitiría a sus pueblos vivir en paz. Mientras haya gente que no desee la paz, se alimentan los odios.

¿Qué opina del formato digital? 

Me considero pionero. Hay que usar la tecnología disponible. Lo importante no es la tecnología, pero tal como está, me extrañaría que en el futuro no se ruede casi por completo en digital. El celuloide ha muerto, pero espero que el cine dure. En la guerra antes se utilizaban arcos y flechas y ahora aviones, pero los objetivos son los mismos.

La familia está muy presente en su cine

Yo tenía la suerte de vivir con la familia en un sitio hermoso, un viñedo, donde venían los niños en verano. Hacíamos obras de teatro de un acto, el formato ideal. Veíamos la reacción de la gente en directo, lo que en cine es más complicado. Era una forma de coger experiencia. Los niños dirigían sus obras e invitaban a vecinos y amigos. Luego bebíamos vino y cenábamos. Al principio no les gustaba, preferían pescar y hacer el vago. Entonces empezaba a hacer mi obra, luego Sofía la suya, y se animaban todos. Los padres transmiten esa inquietud cultural a los hijos. Jason Schwartzman, Bill Murray y Wes Anderson se basaron en esto para la película Academia Rushmore. Nicholas Cage era uno de esos niños. Quería ser actor desde los 7 años, lo tenía claro. En mi propia carrera ha pasado. Mi padre era compositor, así que la tradición pasó de una generación a otra. Es como una familia que se dedique al flamenco, que parece más auténtico y mejora si se involucra toda la familia.

¿Imaginaba que El Padrino se convertiría en un clásico?

Los estudios odiaban a Marlon Brando y Al Pacino, y yo estaba aterrado. Es una ironía que haya tenido tanto éxito. Si lo hubiera sabido, no habría sudado tanto. Llegué a trabajar en una 4ª parte con Mario Puzo, antes de su muerte. No quería otra secuela, pero sabía que Mario no andaba bien de salud, y dije a los productores que le adelantaran dinero. Ahora no hay nada en marcha.

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