Al Pacino y Robert De Niro son dos pedazos de historia del cine vivientes. Viajaron juntos a la capital española para ofrecer una rueda de prensa sobre Asesinato justo, el thriller que han protagonizado. Ambos tienen muchos puntos en común –italoamericanos, son dos grandes actores, los dos dirigen, etc.– pero en persona son polos opuestos. Pacino es locuaz, y parece que disfruta hablando por los codos con los periodistas. Por su parte, De Niro es tímido y reservado. Contesta con frases cortas. Cuando lo comento con una compañera me dice que he tenido suerte. Al parecer, ese día De Niro ha estado más animado que de costumbre, porque estaba con su amiguete Pacino. “Deberías haber venido el día en que le dieron el premio Donostia. Casi ni habló y se fue enseguida”, me explica.