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Su fallecimiento ha causado una conmoción en el mundo artístico en Francia

Provocador nato, dirigió títulos como “À mort l'arbitre!” o “El milagro”. La muerte de Jean-Pierre Mocky, el jueves, 8 de agosto, ha conmocionado al mundo del cine en Francia. Por ejemplo, Gerard Depardieu pidió a sus seguidores que asistieran al funeral en la Iglesia de San Sulpicio en París (aunque después él mismo no estuvo presente) y Jean-Paul Belmondo envió una corona de flores. 

Nacido el 6 de julio de 1933, en Niza, al sur del país, en una familia de origen judío, Jean-Paul Adam Mokiejewski –su nombre completo– estudió Derecho antes de interesarse por el arte dramático. Debuta como actor, primero en la obra de teatro “Les Casse-pieds” (1948) de Jean Dréville, pero después se pasa al cine, con títulos como Orfeo (1950) de Jean Cocteau, Le Gorille vous salue bien (1957) de Bernard Borderie, y Los vencidos, de Michelangelo Antonioni, con la que consigue cierta popularidad, sobre todo en Italia.

Tras ejercer como ayudante de dirección de Luchino Visconti en Senso (1954) y de Federico Fellini en La strada (1954), debuta como guionista con La cabeza contra la pared (1959) que no llegó a dirigir él mismo, porque en contra de sus deseos, el productor decidió reclutar a Georges Franju. Pese a todo, rueda su ópera prima, Les dragueurs, al año siguiente.

Jean-Pierre Mocky logra el éxito en su país con las comedias Un drôle de paroissien y La Grande Lessive. Pero tras mayo del 68 su cine se hace más profundo, con títulos como Solo, donde retrata a jóvenes terroristas de extrema izquierda, Bonsoir, donde una lesbiana finge tener un novio para salvar su herencia de sus parientes homófobos, À mort l'arbitre, sobre la violencia futbolística, y El milagro, que denuncia a estafadores que se aprovechan de quienes peregrinan a Lourdes. En estas dos últimas recluta como protagonista a Michel Serrault, su actor fetiche.

A partir de los 90, su cine apenas tiene repercusión, pero rueda a buen ritmo, a veces cuatro o cinco títulos al año. Continúa ejerciendo como actor en títulos como Mal genio, de 2017. Se hizo habitual de los platós televisivos, como comentarista de izquierda en los coloquios. En 1994 compró Le Brady, su propia sala de cine, donde sobre todo proyectaba sus propios trabajos. En 2010 recibió el prix Henri-Langlois por el conjunto de su carrera y el prix Alphonse-Allais en 2013.

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