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"Theo Angelopoulos", de Manuel Vidal Estévez
Theo Angelopoulos (Manuel Vidal Estévez, Cátedra, Signo e imagen/Cineastas, 364 págs)

Grecia, la eterna Grecia, ha contado, cuenta y contará. Nadie duda de su aportación en la antigüedad, Occidente vive de su gran herencia. Y en la actual coyuntura económica, las miradas están puestas en el ascenso político de Syriza y su posible influencia en el resto de la Unión Europea.

Si la influencia artística del pasado griego es innegable, en la actualidad y en el ámbito cinematográfico un nombre esencial y que no puede ser obviado es el de Theo Angelopoulos, tristemente fallecido en 2012 cuando le atropelló una motocicleta. Dejó inacabado su último film, El otro mar, que precisamente quería ser una reflexión sobre la actualidad griega, la crisis que no cesa, usando como marco el montaje de “La ópera de dos centavos” de Bertol Bretch. Sin duda que algún día veremos las imágenes de lo que rodó, con el protagonismo del italiano Toni Servillo.

Mientras tanto, quien desee profundizar en el cine de Angelopoulos, tiene ocasión de hacerlo con el concienzudo estudio que Manuel Vidal Estévez le dedica en Cátedra, en el libro que resulta ser el número 100 de su colección dedicada a cineastas. Además de las fichas técnicas de la completa filmografía, y los datos de su edición en DVD, más la obligada bibliografía, el libro arranca, tras los preliminares, con una cronología del siglo XX que presta especial atención a los sucesos relativos a Grecia, y su conexión con el autor estudiado, lo que puede ser especialmente útil para el desconocedor de la historia helena reciente.

Vidal entrega las claves para entender el cine de Angelopoulos. Nos habla de los ejes que suponen la Historia y la existencia de los seres humanos, con el recurso a los mitos y el viaje odiseico, del que es representante primordial La mirada de Ulises, aunque no el único. Por supuesto menciona las influencias fílmicas –no puede faltar Antonioni– y la importancia del contexto sociopolítico. Y, en clave estilística, el uso maravilloso de los planos secuencia, y una fotografía que se aleja del tópico mediterráneo luminoso, para optar por los tristes grises, no en balde uno de sus filmes tiene el significativo título de Paisaje en la niebla.

Hay, por supuesto, un atinado análisis del tiempo según Angelopoulos, La eternidad y un día es otro título expresivo, una mirada melancólica, transida de nostalgia, pero que también apela a la sensación de vacío y desolación, en espiral, nos comenta el autor. Y cuando acude a historias de crímenes no estamos ante un thriller ni mucho menos, son razonables excusas, como puede serlo también la condición del exiliado, para documentar la condición humana, sus anhelos y miserias, que a la postre, junto a su infinito talento, configuran hipnóticos filmes, no aptos para el espectador convencionales, sólo los audaces dispuestos a desafiarse personalmente sabrán enamorarse de ellos.

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