"Anthony Mann" (Francisco Javier Urkijo, Cátedra, Signo e imagen / Cineastas, 490 págs)
Anthony Mann pertenece a ese grupo de directores de Hollywood que eran grandes profesionales, y que nunca se creyeron los reyes del mambo. Hacían sus películas, y con frecuencia entregaban algo que si no era una obra maestra se acercaba mucho, títulos como Winchester 73 y El hombre del Oeste, por citar sólo un par de ellos, dan fe de que no se trata la mía de una afirmación banal.
Dando al César lo que es del César, hay que reconocer a Fernando Alonso Barahona la publicación en forma de libro del primer estudio en español de Anthony Mann, salvo error involuntario por mi parte, allá por 1997. Luego ha habido un estupendo libro publicado por el Festival de San Sebastián y Filmoteca Española en 2004, y ahora llega esta exhaustiva obra a la completa colección de Cineastas en Cátedra, servida por Francisco Javier Urkijo.
Una interesante aportación del autor es su descripción de Mann como el “Oteiza de la cinematografía”, interesante conexión al genial escultor donostiarra, porque “en las tensiones dramáticas de sus planos importan más las distancias entre sus personajes, los ambientes en que están envueltos, las coordenadas del vacío como absoluto espacial que las fidelidades argumentales y de acción, algo que NO ocurre con la mayoría de las películas producidas en Occidente”.
Urkijo presenta de un modo general a Anthony Mann y sus claves estilísticas y temáticas, para luego ofrecer un perfil biográfico –incluida su formación como actor y su matrimonio con Sara Montiel–, y, grueso del libro, hacer un análisis pormenorizado de toda su filmografía, título a título. Tiene el mérito de estudiar a fondo no sólo las obras más conocidas, entre ellas las cinco que le unieron con el gran James Stewart, o el trabajo con Samuel Bronston, sino incidir en la magnífica escuela que supuso para él la realización de películas de serie B, tarea donde supo sobreponerse a lo que de entrada era simple producción a destajo, con un calendario apretadísimo. De allí salieron títulos prescindibles, pura escuela de aprendizaje para él, y unos dólares para el estudio correspondiente, pero también otros valiosos como La brigada suicida, cine criminal de indudable calidad.
