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Libros

"Recuerdos y desinformación", de Jim Carrey y Dana Vachon

Recuerdos y desinformación (Jim Carrey y Dana Vachon, Temas de Hoy, 301 págs)

Desparrame. No se me ocurre una palabra mejor para describir esta primera incursión del actor Jim Carrey en la novela, donde fantasea hasta el delirio en una ficción donde él es el protagonista. Ahí aporta algunos elementos autobiográficos, pocos, mientras navega sobre todo en un mar personal y hollywoodiense azotado por las tempestades que conduce al abismo. La suya es una obra apocalíptica –con el último tramo remedando Campo de batalla: La Tierra, la película ciencióloga de John Travolta–, donde él ha tocado fondo en primera persona, pero porque el ambiente que le rodea, profesional y social, es una completa locura.

A Carrey no le importa proyectar en esta bizarra obra una imagen negativa de sí mismo, desde el arranque en la cama con barba de varios días, viendo la tele, encerrado en su mansión con vallas electrificadas de Hollywood. Y soltando ocurrencias disparatadas, o no, como la de que va a ser Juan Bautista en la próxima película de Terrence Malick. En el fondo el libro es eso, mostrar una existencia alucinada, la vida de una estrella de cine ante un espejo deformante que aún la distorsiona más, y saltar de proyecto loco a proyecto loco, ya sea la película sobre Mao que prepara Charlie Kaufman, y de la que habla con Anthony Hopkins, o una basada en un supuesto popular juego para niños, El tragabolas, que prepara un director al que todo el mundo conoce ya como el George Lucas para millennials. Los sensores de rigor para una película de efectos visuales podría captar también su mente, tal vez, y convertirle en un actor para la eternidad.

El actor imagina una vida sexual promiscua con mujeres pintorescas, como la Georgie de serie B a la que Quentin Tarantino quiere dar un papel de asesina del presidente de los Estados Unidos. Pero a veces asoma la lucidez, la añoranza de que al final lo que importa es su familia, su hija, su nieto, e incluso en los momentos de vértigo y miedo ante un final que se acerca, puede asomar el recuerdo de las oraciones de un colegio de monjas, las avemarías.

En fin, es un libro que puede irritar, pienso que sería la reacción de la mayoría de los posibles lectores. Pero también podría suscitar la admiración de esos a los que les gustan las rarezas, los planteamientos iconoclastas, y que perdonarán sus excesos y reiteraciones, en los que descubrirán alusiones a realidades o algo así. Estos aplaudirán algunas gracias, como la de Nicolas Cage blandiendo la espada Excalibur que ha comprando en una casa de subastas mientras lanza su grito de guerra “¡A la mierda los críticos! ¡A la mierda las revistas! ¡Y a la mierda, vosotros, hijos de puta, por acosarme a través del tiempo y del espacio!”.

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