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Conversaciones con Cary Grant

Conversaciones con Cary Grant. Nancy Nelson. Notorius. 341 págs.

Conversaciones con Cary Grant

Pocos actores traslucen tanta clase en la pantalla como Cary Grant. Todos los elogios que se hagan sobre el trabajo de esta auténtica estrella me parecen pocos. Grant ilumina el celuloide de modo especialísimo, y además supo brillar en el género que casi todos sus colegas consideran el más difícil, y al tiempo el que menos consideración recibe. Me refiero a la comedia.


La génesis de este libro es muy interesante. Su autora, Nancy Nelson, contactó con Cary Grant en 1981 para obtener su permiso para utilizar una foto de él con Ginger Rogers, que debía servir para promocionar unas charlas de la actriz con numeroso público. Grant se mostró tan encantador con Nelson, que ella no dudó en proponerle su participación en charlas del mismo tipo. Sin duda el público estaría ansioso de escuchar los recuerdos de un actor que no se prodigaba en este tipo de actos, debido a una inesperada timidez. Con paciencia, sin temer el paso del tiempo, Nelson logró la aparición de Grant en conferencias no una ni dos, sino muchas veces. La condición era nada de grabaciones ni de prensa. Los actos eran una gozada, Grant se encontraba a gusto. La siguiente idea de Nelson fue proponer al actor que escribiera sus memorias, o que al menos le permitiera escribir una biografía autorizada. No dio tiempo, pero Nelson disponía de un material valioso, las intervenciones públicas que había protagonizado Grant. A esto añadiría numerosas conversaciones con amigos y colegas de Grant.


Así las cosas, el libro que nos ocupa es una biografía del actor que presenta un esquema básico, donde la mayor parte del texto lo componen las palabras de Grant y demás adláteres. Aprendemos así que el biografiado se llamaba Archie Leach, o sus orígenes humildes en Inglaterra, que recuerdan mucho a Chaplin. Sin duda que, como dice la autora, dejar hablar al protagonista y a las personas que lo trataron es una forma excelente de acercarse a Grant. Excelente, pero no completa. Hay cantidad de datos, y muy sabrosas y divertidas anécdotas, por ejemplo cuando Grant rodó a la puerta de la ONU Con la muerte en los talones e interrumpió el rodaje una espontánea que ni se dio cuenta de que las cámaras estaban trabajando. Pero, no puede ser de otra manera, domina el tono hagiográfico, donde la admiración por el retratado es primordial. No es que haya que sacar los trapos sucios o imaginar leyendas negras –hay auténticos “especialistas” en remover o inventar basura, y Grant no ha sido ajeno a ellos–, pero es que se diría que todos los pasos de la trayectoria del actor son perfectamente lógicos, y se contemplan con mirada aprobatoria, sobre todo en la vida sentimental (ópticas del tipo “claro, ese matrimonio no funcionaba y tuvo que dejarla”) o del uso por prescripción facultativa del LSD.

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