El cine de Andrzej Munk. César Ballester. 176 págs.
Muchos internautas no habrán oído hablar de Andrzej Munk. Y si pidiéramos que nos dijeran, hala, rapidito, el nombre de un cineasta polaco, sólo los más enterados mencionarían algún nombre, tal vez a Andrzej Wajda o a Krzysztof Kieslowski. Así las cosas, resulta aventurado lanzar al mercado un libro sobre Munk, pero yo digo que se trata de una feliz aventura, a la que deseo el mayor de los éxitos. Es hora de descubrir en Occidente la cultura polaca –ya sea en literatura, filosofía, teatro, música o, claro está, cine–, pues tengo para mí que Polonia está destinada a jugar un papel importante a la hora de preservar la identidad europea, hasta el punto de que me atrevo a vaticinar que la Europa del futuro será, en gran parte, lo que sea Polonia.
Pero vayamos al cine. Munk es un valioso director polaco, nacido en Cracovia en 1921, y que murió trágicamente de accidente de tráfico en 1961, sin llegar a cumplir los cuarenta años. Una gran pérdida para el cine, pues en su inevitablemente breve filmografía apuntaba maneras de grandísimo director, con ideas y un mundo propio, que sabía atrapar en sus películas, superando las dificultades de tener que realizar su trabajo limitado por las paredes de un régimen autoritario de corte comunista.
César Ballester entrega un libro muy sólido. Sabe contextualizar, presentando el panorama de una Polonia entregada a la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial, y la dificultad de hacer cine dentro de los estrechos parámetros del realismo socialista. Pero, afortunados polacos, surgió la llamada Escuela Polaca, un grupo de inquietos y variopintos cineastas, muchos de ellos estudiantes de cine en Lodz.
Tras pintar el panorama en que se desenvuelve Munk, el autor se centra en su carrera, primero con trabajos de corte documental, más o menos al servicio del régimen, pero donde ya destaca su personalidad. Y luego con sus brillantes trabajos de ficción.
Ballester sabe destacar los rasgos sobresalientes del cine de Munk. Uno de ellos, consiste en que prima en sus historias las tribulaciones del individuo, frente al peso del colectivo, tan presente por la ideología comunista, pero también por el nacionalismo romántico polaco. En tal sentido es audaz Un hombre en la vía, donde sabe entregar una historia compleja sobre un maquinista de tren del viejo régimen, y su relación con diversas gentes del partido comunista.
Y trata el tema típico de la Escuela Polaca, el trauma de la guerra, con un sentido del humor muy particular, bastante tragicómico, en Heroica y Mala suerte, filmes que cuestionan la noción de heroísmo, que al entender de Munk debería ser revisada. También presta atención Ballester a La pasajera (único film de Munk editado en DVD en España), trabajo inacabado del cineasta, que habla de los horrores de Auschwitz, y de la libertad y responsabilidad que siempre conservan las personas, ya sean prisioneras o carceleras.
