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El mundo invisible de Hayao Miyazaki

Es el nombre por excelencia de la animación japonesa. Hayao Miyazaki nos ha regalado un buen puñado de imaginativas historias en cine y televisión, pero hasta la fecha no había un estudio riguroso sobre el gran maestro nipón. Laura Montero viene a colmar al fin esa laguna.

El mundo invisible de Hayao Miyazaki

Aunque el anime japonés tiene una abundante distribución en España, sobre todo en televisión y DVD y Blu-ray, este cine y el manga suelen estar confinados al ghetto de los incondicionales de estos modos de narrar historias. La clara excepción a la regla, a la hora de llegar a un público amplio, también en salas de cine, se llama Hayao Miyazaki (Tokio, 1941). El maestro nipón participó activamente en las popularísimas series Heidi y Marco, y dos de sus largometrajes, La princesa Mononoke (1997) y El viaje de Chihiro (2001), han tenido una enorme repercusión, incluido el Oscar para el segundo.

Laura Montero ha dedicado varios años a la investigación del trabajo de Hayao Miyazaki, y lo menos que se puede decir de “El mundo invisible de Hayao Miyazaki” es que se trata de un libro exhaustivo, riguroso y muy bien documentado. Además está perfectamente ilustrado, de modo que lo que se dice en el texto viene corroborado por las imágenes que lo acompañan.

No se conforma la autora con ofrecer un atinado perfil biográfico de Hayao Miyazaki, abordando su carrera y apuntando incluso el problema de quién tomará el relevo en los estudios Ghibli ahora que ya el director supera los 70 años, sino que da un repaso muy didáctico y útil a la historia del anime japonés. Ello permite conocer sus variantes, y por qué Miyazaki ha logrado conectar con el gran público, con historias de maduración, donde está presente la preocupación ecológica, el gusto por el “arte de volar” –maravillosa Porco Rosso–, y su crítica a la deshumanización de la sociedad.

Montero se enfrenta con coraje a la dificultad de adentrarse en el mundo oriental, concretamente el japonés, lleno de claves y costumbres que en Occidente se ignoran o se trivializan. De modo que ofrece al lector elementos para un mejor juicio, ya sea sobre distintas épocas históricas, géneros como el teatro No, y personajes como deidades y espíritus, los marebito o invitados inesperados, o conceptos como los desvanecimientos inesperados y las metamorfosis. Títulos como Mi vecino Totoro o Nausicäa del Valle del Viento, adaptación de su propio manga, pueden entenderse mejor con este baño de cultura nipona.

No se dejan de mencionar las influencias occidentales –con un puesto de excepción para Antoine de Saint-Exupéry– y curiosidades como el nombre Ghibli tomado de un viento del Sahara y de un avión italiano de la Segunda Guerra Mundial, o la exposición que reunió a Miyazaki con Jean Giraud “Moebius”.

Aborda la autora los trabajos tempranos y menos conocidos de Miyazaki, y ciertos cortos que sólo se pueden visionar en el Museo Ghibli. Y en el repaso de sus películas, estudia sus personajes y el encaje en modelos teóricos de viaje del héroe, Campbell, Vogler y compañía, que pueden ser útiles para estudiantes a cambio de no tomar con demasiada rigidez una herramienta que puede llevar al encorsetamiento.

Se lee con mucho gusto el completo trabajo de Montero, aunque quizá habría ganado en amenidad con un tono menos académico y formal en algunos pasajes, ello sin restar el deseable rigor científico.

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