Las cifras de recaudación de "Star Wars: The Mandalorian and Grogu" no pintan especialmente bien para la galaxia muy, muy lejana.
La película —el regreso de Star Wars al cine tras siete años, con Pedro Pascal como Din Djarin acompañado de Grogu— habría recaudado unos 102 millones de dólares en Norteamérica durante el fin de semana largo de Memorial Day y alrededor de 165 millones internacionales. El problema es el contexto: se sitúa incluso por debajo de Solo: Una historia de Star Wars, que ya en su día fue considerado un tropiezo comercial para la saga.
En términos industriales, no es un desastre automático porque el presupuesto sería relativamente contenido (unos 165 millones), lo que podría permitir rentabilidad si el recorrido en salas aguanta. Pero el titular simbólico es otro: es el peor estreno moderno de Star Wars en cines bajo la era Disney, lo que alimenta la narrativa de “fatiga” de la franquicia, muy desgastada tras años de expansión en streaming.
Esa expansión en Disney+ —con títulos como The Mandalorian, Obi-Wan Kenobi o El libro de Boba Fett— ha mantenido la marca viva, pero también ha fragmentado el evento cinematográfico que antes era Star Wars. Ésa es, en parte, la lectura que muchos analistas están haciendo: demasiado universo, poco “evento”.
De cara al futuro, el siguiente gran movimiento es Star Wars: Starfighter, con Ryan Gosling al frente, previsto para 2027. Ahí se verá si la saga recupera músculo de taquilla o si este bache es algo más estructural que coyuntural.
En resumen: no es un fracaso rotundo, pero sí un aviso claro de que Star Wars ya no convierte automáticamente cada estreno en un acontecimiento masivo.
