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¿Más humanos que los humanos?

Festival de cine de San Sebastián 2016, día 20 de septiembre: de gigantes, monstruos y una tortuga roja

Y la luz brilla en las tinieblas. Parece que los encargados de programar la sección oficial competitiva también tienen su corazoncito, y tras la degradación de los protagonistas de títulos previos, llega “El gigante” sueco que nos conmueve.

Festival de cine de San Sebastián 2016, día 20 de septiembre: de gigantes, monstruos y una tortuga roja

La belleza está en el interior. No es monstruo ni un animal, otros que se burlan de él sí lo son. El gigante es Rikard, un chaval a punto de cumplir los 30 años, con una enfermedad que le ha producido una tremenda deformidad en la cabeza, en la sólo tiene un ojo para ver, y con un mundo interior algo inaccesible, es casi autista. Su madre está recluida en un psiquiátrico, y él vive en un centro de discapacitados. La ilusión que le permite seguir adelante es la petanca, juega en un club, y hasta podría representar a Suecia en un importante campeonato; brillar ahí sería la jugada perfecta que le volvería a reunir con su mamá. Pero no las tiene todas consigo, mucha gente le ve como a un “freak”, Jabba le dice algún desalmado; además su salud es frágil, cualquier contratiempo, como el golpe accidental de una bola de su querida petanca, puede llevarle al otro barrio, lo que en otro sería algo menor, para él puede ser fatal.

Parece que los gigantes están de moda, y con permiso del maestro Steven Spielberg, un sueco llamado Johannes Nyholm, director y guionista, entrega aquí un film que en más de un aspecto gana la partida al más convencional Mi amigo el gigante, o, como mínimo, le mantiene el pulso sin pestañear. Se trata de un bello cuento, que rebosa humanidad, donde convive bien el relato realista, que incluye bromas crueles, con la parte onírica que ocurre en la cabeza de Rikard, donde su afición a la petanca, lejos de ser un simple pasatiempo, es la tarea que como gigante debe acometer para salvar a su querida dama, que es su madre: el centro del universo, como la pequeña bola del juego, puede tener distintas ubicaciones.

Los efectos visuales del gigante son resultones, y si bien la parte de la competición es la típica del subgénero de drama deportivo, hay algunos elementos de comedia, jugando con la tradicional rivalidad de Suecia con Dinamarca, o con un campeonato simultáneo de voley playa, que funcionan bien.

Y antes del monstruo de Bayona, el colosal de Vigalondo

Colossal hathaway vigalondoLa nueva película de Nacho Vigalondo, rodada en inglés y presentada en la sección oficial fuera de concurso, venía envuelta de cierto misterio, ni la duración del film figuraba en la programación, está, como quien dice, recién hecha. Hasta donde sé, Colossal no tiene aún distribución en España. Es una serie B bien hecha, que podía ser mejor. Me explico.

Homenaje a las películas orientales de monstruos tipo Godzilla y demás familia, el hallazgo de guión, firmado también por Vigalondo, consiste en sugerir que entre las andanzas de inmensas criaturas y robots gigantescas y la realidad cotidiana existe una mayor conexión de la que solemos suponer.

El film sigue a Gloria, una joven alcohólica y sin trabajo, cuya vida en Nueva York es un desastre, su novio Tim le deja, y ella se va a la desocupada casa de su infancia en una pequeña población. Allí se reencuentra con Oscar, compañero de pupitre tiempo atrás, que le ofrece trabajo en su bar. La llegada al lugar coincide con la asombrosa aparición de un gigantesco monstruo en el centro de Seúl, que de modo descontrolado echa abajo edificios provocando numerosas víctimas. La estupefacta Gloria descubre que ella es de algún modo responsable de ese lejano caos, que desea evitar a toda costa.

Como digo, la idea tiene su gracia, pero Vigalondo tiene dificultades en definir a los personajes y sus problemas, las dificultades de pareja, el alcoholismo, traumas varios, son cuestiones poco trabajadas. Podríamos decir que Vigalondo tiene un problema antropológico, lo que puede sonar pedante al decirlo de una película sin grandísimas pretensiones, y que toma riesgos como combinar catastrofismo fantástico y drama, pero pienso que cualquier película gana mucho cuando se cuida la consistencia de la “fauna” humana que llena sus fotogramas. No basta la agradable presencia de actores como Anne Hathaway y Jason Sudeikis.

Juguetes rotos, tal como son

AsYouAre Foto pelicula As You Are, “tal como sois”, es una primera película del estadounidense Miles Joris-Peyrafitte. Está rodada con oficio, con su aire “indie” y un reparto que hace lo que se le pide, lo que no impide una sensación reiterativa en el asentamiento argumental. Estructurada en torno a un interrogatorio policial, sabemos que algo ha ocurrido en un bosque, se ha escuchado un tiro, tal vez alguien ha muerto. De modo que en el desfilar de varias personas ante una cámara de vídeo, se despliega la trama.

Todo transcurre en un contexto de familias desestructuradas, donde con fragmentos de dos de ellas –un padre divorciado y su hijo Mark, una madre divorciada y su hijo Jack– se intenta componer una nueva. Y al principio parece que la cosa funciona, porque Karen y Tom, los padres, se quieren, y los chicos, estudiantes de instituto se llevan bien y se convierten en amigos inseparables. A los dos chicos se suma Sarah, en la que ambos podrían estar interesados.

La película de Joris-Peyrfitte, más allá de su intriga y de las relaciones entre los personajes, o de cuestiones colaterales como el descontrol de armas en Estados Unidos, está encaminada sobre todo a vender una idea, la denuncia de un ambiente familiar y social opresivo que impediría decidir la propia identidad y amar a quien te dé la gana, sea del sexo opuesto o no. Y esto acaba notándose demasiado en la relativa sorpresa del último tramo de la película, decididamente insatisfactorio.

Ghibli hace las maletas

tortuga roja festival san sebastianNo deja de sorprender que Ghibli, estudio japonés especializado en anime, donde maestros como Hayao Miyazaki e Isao Takahata han sacado adelante sus grandes películas, haya decidido respaldar a un director holandés, Michael Dudok De Wit, en su primera coproducción con otros países, Francia y Bélgica.

La tortuga roja es una joya sin paliativos, un poema audiovisual sin diálogos que subyuga desde el primer momento con su trama, sus imágenes, su música. La historia de un náufrago, su supervivencia en una isla, la lucha contra los elementos, y el encuentro inesperado con una tortuga roja que le permite formar una familia, es sencillamente arrebatadora. Belleza en estado puro, uno se pregunta dónde ha estado escondido el tal Dudok De Wit, que previamente tenía en su haber cinco cortos, y que no es un chaval precisamente, este cineasta nacido en 1953 firma aquí su primer largometraje. Encantadores los cangrejitos, unos personajes muy ghiblianos, aunque digamos que el cineasta tiene su personalidad, no mimetiza para nada la animación nipona, lo que no impide que se detecte un mismo espíritu, un amor por la pudorosa delicadeza que tiene encanto.

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