Esto se acaba. La sección oficial agota sus cartuchos, tres películas disparadas hoy cierran una competición donde ningún título descolla de forma abrumadora. Pólvora un tanto mojada en el caso de la muy esperada adaptación de una novela de Philip Roth.
No he leído “American Pastoral”, la novela de Philip Roth, de modo que debe juzgar Pastoral americana por lo oigo y veo, la película entregada por Ewan McGregor, protagonista y director debutante. Y con pesar lo digo, esta obra no me apasiona: algo se ha debido perder en el camino si hemos de aceptar que el Pulitzer ganado por Roth era merecido.
La narración la vertebra Nathan Zuckerman, escritor ya sexagenario, que acude a una reunión de antiguos alumnos del instituto. Allí, mientras admira la foto de Seymour Levov, el sueco, alguien muy popular en sus años mozos, le saluda su hermano Jerry, que era de su curso, y que le da la triste noticia de su muerte. Lo que sirve para contarle a Zuckerman, que estuvo fuero de Estados Unidos en los 60, el drama personal del sueco. Cómo a pesar de representar a primera vista el sueño americano hecho realidad –de origen judío, heredó la fábrica de piel de su padre en Newark, y se casó con Dawn, toda una belleza y de gran personalidad–, lo suyo se convirtió en pesadilla. A pesar de su nombre, Merry, su única hija, tartamuda, protesta por todo, no entiende el mundo injusto en que vive y se relaciona con grupos violentos en el contexto de la lucha por los derechos civiles. Su conexión con un atentado terrorista, dinamitará metafóricamente a la familia.
No funciona la película de McGregor. Tal vez simultanear protagonismo y dirección le ha pesado demasiado, pues su personaje de padre preocupado y crecientemente desgarrado se encuentra envarado todo el tiempo, decididamente incómodo. Quizá el guión de John Romano no ha logrado la necesaria suavidad narrativa, o tal vez algo se ha quedado en la mesa de montaje en una película con problemas, pero el hecho es que hay saltos demasiado abruptos, apariciones repentinas que no acabamos de digerir, cambios en los personajes donde la gradualidad brilla por su ausencia. El recurso a las casualidades acaba de rematar la faena.
Nada hay peor en una película que suscitar la incredulidad del espectador, y las escenas con la psicoanalista o con una activista, amiga de Merry, rozan el ridículo. No deseo destripar ni detallar mucho más, sólo añadiré que el resto de actores poco pueden para componer unos personajes consistentes.
Un desencuentro amoroso
Tú y lo tuyo es una película lenta, muy del coreano Hong Sang-soo. O sea, complejidad dentro de la sencillez, con escenas largas donde la cámara apenas se mueve y los personajes, que suelen moverse en el ámbito artístico –editorial, cinematográfico, pictórico– hablan y hablan. Al protagonista Young-soo le llegan comentarios de amigos que aseguran que su novia Min-jung pasa las noches bebiendo, y en compañía de otros hombres. Él siempre le ha otorgado su confianza, pero los indicios parecen cada vez más claros. De modo que discuten, y ella le deja.
El director y guionista juega a sembrar dudas, cuando vemos a Min-jung con otros hombres que dicen reconocerla, ella asegura ser otra persona, de modo que el espectador incrédulo empieza a rascarse la cabeza y preguntarse si de verdad será una hermana gemela, o alguien que se le parece, si estará loca, o qué... Y así transcurre la cosa, como un juego que quizá también sea una fabulilla sobre las veleidades del amor, el sufrimiento que conlleva, y las bases sobre las que debería asentarse.
Y cerramos el concurso encolerizados
Hace diez años el japonés Lee Sang-il entregó una amable película, Hula Girls, pero se ve que una década da para mucho, y la que trae bajo el brazo a San Sebastián habla de Cólera, las acciones más oscuras de las que es capaz el hombre, aunque con la idea de señalar que de la podredumbre pueden asomar vestigios de humanidad.
El film relata con poderío visual la búsqueda de un sanguinario asesino, que mató a un matrimonio a su casa, escribió en una de las paredes con sangre la palabra “cólera” y tras darse una ducha ahí mismo se fue a su casa. El caso causa sensación, porque protagoniza un reality televisivo de colaboración ciudadana,: ahí se ofrecen detalles sobre el sospechoso buscado por la policía, del que existe un retrato robot. Al tiempo, seguimos la pista a tres outsiders, que podrían ser, o no, el asesino: un taciturno gay al que un ejecutivo conoció en un lugar de contactos, y que se ha llevado a vivir a su casa; el empleado de una pequeña empresa ligada a la pesca, que está saliendo con la hija del dueño, recién rescatada de la prostitución; y un mochilero, que ha recalado en una isla, y que hace amistad con una pareja de adolescentes.
Sang-il, director y guionista, crea una estructura y unos personajes medianamente sólidos, no pierde el rumbo en medio de lo que pretende, a no ser por algunos momentos excesivos e innecesariamente explícitos, sobre todo al mostrar el sexo homosexual, la violación de una jovencita, y algún otro estallido de colérica violencia. Probablemente de las tres historias de los sospechosos, la que mejor funciona es la de padre, hija y novio, con un magnífico Ken Watanabe encarnando al progenitor.
Y más cine japonés
Hirokazu Koreeda nunca defrauda. Después de la tormenta es una joya más de su preciosa filmografía. Presente entre las perlas del festival, habla con delicadeza de una saga familiar, la que protagonizan un matrimonio roto con un hijo de unos diez años, la madre de él, la hermana con dos hijos. Si alguien tiene más peso, ése es el progenitor divorciado, escritor que en su día ganó un premio, que ejerce de detective privado en casos de infidelidad, una forma de ganar dinero y documentarse para una novela, y que tiene el vicio del juego. Querría recuperar a su mujer, y de algún modo trama que los tres acaben en casa de su madre, y queden atrapados y obligados a pasar la noche por la tormenta que se avecina. Maestro en humanidad, Koreeda teje su historia con pasmosa naturalidad, y los personajes, a pesar de sus debilidades, se hacen querer, porque su lado bueno pugna siempre con la inclinación egoísta.
También se ha podido ver un anime en la sección oficial, Tu nombre, de Makoto Shinai, aunque a diferencia del año pasado, donde El niño y la bestia competía, aquí no se da el caso. Es una historia simpática y romántica, aunque no memorable. Hay algún destello de ingenio, en una trama de corte mágico demasiado alambicada, en que un chico y una chica, Taki y Mitsuha, ven cómo algunos días se intercambian sus cuerpos, de modo que viven la vida del otro; el problema es que cuando vuelve a su yo normal, no saben lo que ocurrió en su ausencia, aunque arbitrarán un sistema de comunicación mínimo con mensajes. Las vidas de ambos se enriquecen, aunque trágico suceso va a marcar sus vidas, trauma que podría ser superado por el amor.
¿Y cómo será el reparto de premios?
Difícil decirlo, pues ninguna película resulta indiscutible. Pero como es necesario hacer un pronóstico y mostrar algunas preferencia, me mojaré señalando que La reconquista de Jonás Trueba debería llevarse la Concha de Oro. Para mejor director, estaría bien que se premiara a Alberto Rodríguez, tiene mucho mérito no convertir El hombre de las mil caras en algo trivial; pero sería también una opción muy razonable Lee Sang-il por Cólera.
Si el jurado decide usar la prerrogativa de conceder un Premio Especial, pienso que la cinta argentina El invierno lo merece sobradamente. En ese apartado también podrían encajar El gigante. La fotografía de Luo Pan en Yo no soy madame Bovary podría ser reconocida, así como el guión de Cólera.
¿Mejor actor? No desentonaría un ex aequo para Antonio de la Torre y Roberto Álamo por Que Dios nos perdone, o Ken Watanabe por Cólera. La mejor actriz debería ser Florence Pugh, no me gusta especialmente Lady Macbeth, pero ella hace un gran trabajo.
