El hecho de que “Torrente presidente” se haya convertido en un fenómeno de masas por su parodia de la situación política actual en España debería ser motivo de que los representantes de los principales partidos políticos hubieran acudido a las salas para opinar sobre ella.
Pero aquí llega la pregunta del millón —y nunca mejor dicho, viendo la espectacular recaudación—: ¿han visto nuestros políticos Torrente presidente… o están practicando el noble arte de hacerse los suecos mientras el público se parte de risa? Desde luego, parecen, como siempre, alejados del interés de la mayoría de los ciudadanos, que han acudido masivamente a ver el film, pues nadie la comenta como espectador claramente aludido.
El único dirigente de un partido mayoritario que ha confesado haber entrado a ver Torrente Presidente ha sido Santiago Abascal, líder de Vox, que en el film se convierte en Jacobo Carrascal, de Nox. A la salida, OK Diario le preguntó su opinión, y el político la calificó como “una película entretenida y divertida”, destacando que hace falta reírse en el contexto actual. Considera que “ofrece una caricatura interesante de la política” y admite que, aunque siempre gusta más cuando se satiriza a otros, también sabe reírse de sí mismo.
Sobre la comparación entre ficción y realidad, opinó que en este caso “la ficción supera a la realidad”, y ahí reside parte de su gracia. Evitó comentar escenas concretas para no hacer spoilers, aunque bromeó sobre ello. Finalmente, dijo que recomendaría la película a simpatizantes de Vox, aunque reconoce que “no a todos les gustará igual”, y aseguró que él personalmente se rió mucho, como ya le ocurría con entregas anteriores de la saga.
Por su parte, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha optado por la prudencia simpática. En una aparición en el programa televisivo Espejo Público el 24 de marzo afirmó que “Las de Santiago Segura, Torrente y Padre no hay más que uno, las tengo que ver en casa porque mi hijo creo que se ha visto casi todas”. Después aseguró que “es un éxito de taquilla y es una buena sátira a la política actual”. A continuación, Susana Griso, presentadora del espacio, le preguntó con simpatía si su hijo veía las de Pedro Almodóvar y Alberto Núñez Feijóo respondió que no, que su hijo “ve las de Torrente”. Resultado, una buena guasa en la red social X con comentarios tipo “Su hijo tiene 9 años, Feijoo no le deja ver una de Torrente ni harto de whisky”. Por otra parte, demostró que no estar muy puesto en cine, al confundir en un momento dado a Pedro Almodóvar con Alejandro Amenábar.
En cuanto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no existen imágenes, declaraciones ni filtraciones tipo “salió del cine y dijo…”, o “acudió con Begoña Gómez a...”. Y eso que el precedente existe: cuando le interesa el mensaje cultural o industrial, el presidente sí ha hecho ese tipo de gestos públicos con otras películas, por ejemplo El cautivo, de Alejandro Amenábar, o El 47. Pero con Torrente Presidente, silencio administrativo. quizá porque tiene miedo a verse bajo el espejo deformante del esperpento, ya que en el film aparece como Pedro Vilches, encarnado por Bertín Osborne, en lo que podría ser uno de esos Tik Toks a los que se ha aficionado últimamente.
¿Y el ministro de Transportes más parlanchín o bocazas, Óscar Puente? Tres cuartos de lo mismo: ni selfie en el cine, ni tuit ingenioso, ni “hilo” explicando por qué Torrente es en realidad una metáfora del sistema ferroviario. Lo cual es casi sorprendente, porque si alguien parece hecho para comentar Torrente en redes, es él.
Resulta además curioso que Yolanda Díaz, la lideresa de Sumar, tras acudir a los Feroz y a los Oscar, no haya tenido una palabra sobre Torrente y Restar, es posible que el film no le haya parecido lo suficientemente glamuroso.
Torrente como arma arrojadiza
Aunque en definitiva pocos políticos han acudido a las salas a ver el film, quizá porque no les gusta verse en pantalla satirizados, en los últimos días, el nombre de Torrente se ha convertido en una especie de adjetivo político homologado. Por ejemplo, Pilar Alegría, ex ministra de Educación del PSOE, llamó a Jorge Azcón, presidente de Aragón, “Jorge Torrente”, rematando con “El que quiere ser presidente”, después de que éste la comparase físicamente con María Jesús Montero. En definitiva, un circo que supera a la propia película.
En esta polémica también entró Gabriel Rufián, portavoz en el congreso de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). “¿Qué pasa, que es George Clooney hablando de según quién?”, comentó el político. “¿No tienen ningún comentario acerca de esa burrada? ¿Qué es esto, Torrente presidente 2 con Azcón de protagonista o esto ahora de qué va?”.
Por otro lado, José Luis Martínez-Almeida (PP), alcalde de Madrid, usó el personaje como comparación al hablar de José Luis Ábalos, ex ministro de Fomento, procesado por el llamado Caso Koldo —importante procedimiento de corrupción que investiga presuntas irregularidades en contratos públicos durante la pandemia y en adjudicaciones posteriores—, y preguntó si Reyes Maroto, diputada del PSOE y ex ministra de Industria, no había visto “el tono de Torrente que tiene José Luis Ábalos en directo”. Lo dijo en el Pleno de Cibeles el 24 de marzo de 2026. Curiosa coincidencia: José Luis Ábalos nació en Torrente (Valencia).
Pablo Echenique, ex dirigente y portavoz en el Congreso de Podemos, que ha abandonado la política para retomar su plaza en el CSIC, se mostraba dolido, con cierto sentido del humor, por no aparecer en la cinta, donde le parodia Brianeitor. “Oye, Santiago Segura, me ha dolido un poco que hayas llamado a Vito Quiles para hacer de sí mismo como acosador fascista en Torrente Presidente, pero no me hayas llamado a mí para hacer de mí mismo. Por otro lado, te agradezco que me hayas puesto mucho más pelo del que tengo”.
Curiosamente, en 2018, Pablo Echenique ya dijo sobre Santiago Abascal: “es un poco como Torrente, que da risa pero también da miedo, si uno se lo imagina gobernando”. A raíz de eso, Santiago Segura respondió que estaba escribiendo Torrente presidente pero lo había dejado “para no dar ideas”. Puede que ahí germinara la semilla del film.
En definitiva, un curioso consenso transversal: todos usan a Torrente, pero siempre para hablar de otro, y sin aclarar si han visto la película. Así que el propósito de la enmienda es dudoso: nadie se reconoce a sí mismo en Torrente; siempre es el otro quien huele a puro y a soborno. Al final, Torrente presidente no es solo una comedia. Es un espejo deformante que la política española usa como arma, pero rara vez como autocrítica. A juzgar por el entusiasmo con el que lo invocan, quizá lo conocen demasiado bien.
