El Festival de Cannes ha consumido sus últimas municiones con la presentación de la película de Isabel Coixet Mapa de los sonidos de Tokio, rodada en Japón, y Visage, de Tsai Ming-Liang, que puede calificarse de “ovni cinematográfico”, rodada en París. Como se ve, los directores viajan, atraídos por el exotismo o simplemente por oportunidades ofrecidas por la mundialización.
Isabel Coixet deseaba hacer esta película en Japón, concretamente en Tokio, sin cortar sus relaciones con Cataluña puesto que el protagonista masculino no es otro que Sergi López. Es cierto que el productor Jaume Roures encontraba el proyecto, en principio, sorprendente, puesto que el personaje femenino compartía su trabajo nocturno en el mercado de pescado de Tokio con su otro oficio de asesino a sueldo. Con esta película Isabel Coixet continúa una carrera internacional, con rodajes en inglés, ya iniciada en Mi vida sin mí, pero sobre todo en La vida secreta de las palabras, que le abría las puertas del mercado mundial.
El tema de Mapa de los sonidos de Tokio puede contarse en pocas palabras. David (Sergi López) es un español que tiene una tienda de vinos españoles en Tokio. Ha tenido una aventura amorosa con la hija de un gran industrial, que ha terminado con el suicidio de la joven, del que nunca sabremos la causa. El padre de la víctima, que considera a David como la causa del drama, decide eliminarle. Para ello recurre a un “profesional” decidido a ejecutar el “contrato”. Se trata de una mujer, Ryu (Rinko Kikuchi), muchacha solitaria y de aire frágil, que hace compatible su dos “profesiones”. A propósito de la cuestión de los sonidos, Isabel Coixet en su rueda de prensa ha insistido en la importancia que tiene en su película la banda sonora. “Si en mis otras películas, ha dicho, había grandes monólogos de cuatro o cinco paginas, dichos por un actor, aquí he querido dar un relieve particular a los sonidos que forman parte integrante de la atmósfera de la película.
Después de ver la película se tiene la neta impresión de que rodar en Tokio es lo que ha interesado verdaderamente a Isabel Coixet. En la rueda de prensa ha insistido también en el amor particular que tiene por el Japón y también en la importancia que tiene para ella poner en contacto culturas diferentes. La película tiene así una parte documental y también el deseo de captar todas aquellas cosas que pueden ser consideradas como insólitas para un turista de paso. Todo ello hace que los personajes y la historia sean más bien un pretexto que debía por otra parte justificar la coproducción. No cabe duda de que hay un buen trabajo de actores, con la mezcla de lenguas -japonés, inglés y catalán- y que la actriz Rinko Kikuchi, como sus colegas japoneses, realizan un excelente trabajo. El tema de los asesinos a sueldo es también uno de los temas clásicos del cine oriental. Isabel Coixet se aventura, y en este terreno sus resultados son discutibles, en un par de escenas eróticas, que pretenden situarse en la línea de cierto cine erótico japonés. Nada añaden a la historia y solo aparecen como un tanto comercial para ciertos países. En fin, como todo el cine de Isabel Coixet, Mapa de los sonidos de Tokio testimonia un excelente trabajo cinematográfico, incluso si los temas abordados tienen una dimensión artificial.
Ming-Liang en los arcanos del Louvre
Parece, y el hecho sorprende, que la iniciativa de Visages, de Tsai Ming-Liang, corresponde al Museo del Louvre. El director, venido de Taiwán, asegura su entusiasmo ante la idea de que uno de los más importantes museos del mundo le abriera sus puertas. Si leemos lo que se ha escrito sobre la película podemos descubrir sin dificultad la intención del director. De todos los cuadros contemplados le llamaban especialmente la atención los dedicados a la muerte de San Juan Bautista después de que el Rey Herodes accediera a la petición de Salomé, inspirada por su madre, de ofrecerle su cabeza. Desgraciadamente, de esta idea solo tenemos noticias vagas en el último cuarto de hora de la película, donde se pronuncia por primera vez el nombre de Salomé. ¿Para qué han servido las dos horas precedentes? En realidad para muy poco, para mostrar una sucesión de secuencias inexplicadas e inexplicables. Laetitia Casta, que va a interpretar Salomé, se afana en cubrir las ventanas de cintas adhesivas negras hasta quedar en la oscuridad, una cena de gala, pero sin otros participantes reúne a Jeanne Moreau, Nathalie Baye y Fanny Ardant, que se preguntan quiénes son los anfitriones, el actor Lee Kang Cheng tiene un encuentro homosexual en un bosque, etc., etc. ¿Y el Louvre? Sólo veremos de él las galerías de servicios subterráneas y la imagen furtiva de una Galería de Pintura. La otra clave para comprender algo de estas 2 horas y 18 minutos de proyección es François Truffaut. Tsai Ming-Liang es un admirador incondicional del autor de Los cuatrocientos golpes, por ello figuran en su película Fanny Ardant y Jean-Pierre Léaud. Y también un ciervo que desaparece en medio de la película y que es encontrado, con gran satisfacción del público en la escena final. En suma, una película que es como una caricatura del “cine de autor” y que repite ideas del cine “underground” de hace cuarenta años.
