En el cuarto día del Festival de Venecia se han presentado películas de cierto interés, entre las cuales destaca Après mai, que refresca el mayo del 68.
No es que el público esperara que Olivier Assayas diera el campanazo. Por un lado, el tema del 68 está muy, pero que muy manido, engrandecido por una intelectualidad muy vacía que a menudo a mitificado aquella época. Por otro, Assayas no es un director de los muy esperados. Es eficiente y ha ofrecido en su carrera películas interesantes, como Finales de agosto, principios de septiembre, o la más reciente Carlos, pero el cineasta no goza del prestigio de otras estrellas tras la cámara. Ahora, sin embargo, ha dejado a todo el mundo un gran sabor de boca y se sitúa como una de las películas favoritas.
La trama de Après mai, se centra en Gilles, un joven estudiante, que redirecciona su actitud rebelde hacia el arte, primero con la pintura y después dando los primeros pasos en el mundo del cine. En realidad es una obra muy autobiográfica. "Creo muchísimo en la juventud como fuente de inspiración, como verdad íntima a la que es necesaria enfrentarse constantemente y durante toda la vida", ha declarado Assayas. No por casualidad este director ya trató este tema en su película L'eau froide en 1994. Dieciocho años después rescata a los mismos personajes, Christine y Gilles, para retomar la historia. Según The Hollywood Reporter, si la primera película llamaba la atención por su falta de espíritu político, este nuevo film “rebosa de efervescencia revolucionaria, pero tratada desde una reflexiva indiferencia”. Sin embargo, no se trata de un film distante sino de “una obra maravillosamente manufacturada que es una aguda evocación de esa época”. El crítico Carlos Boyero habla en El País de “retrato veraz de las secuelas del mayo del 68, mientras que para Luis Martínez, de El Mundo, “Al final queda la sensación de asistir a un viaje completamente nuevo y de hacerlo por un paisaje que se creía perdido para siempre”.
Por su parte, un director del que se esperaba algo más es Takeshi Kitano. Sin embargo, el cineasta nipón vuelve a repetir el mismo “ritual de sangre y fuego”, al decir de Martínez en su película Outrage Beyond. Y es que en su anterior film, Outrage, hacía exactamente lo mismo, por lo que el nuevo film ha sido recibido sin pena ni gloria. Según Boyero, la película no es más que “violencia, griterío y diálogos repetitivos”.
También violenta, pero de otro estilo completamente diferente es Pieta, el regreso al drama truculento de Kim Ki-duk. El director coreano ha generado una gran controversia al ofrecer en su película una historia que casi hay que “ver con ojos cerrados”, según The Hollywood Reporter. El director de La isla (2000) vuelve por sus fueros con una historia de degradación máxima. Un usurero hace firmar seguros por los que recibe dinero si los clientes quedan incapacitados para el trabajo. Y cuando no le pagan se dedica a hacerles las mayores atrocidades: cortarles las manos como si fueran chuletas, aplastarles en máquinas, etc. Según la prestigiosa publicación norteamericana “aunque lo peor de las escenas tiene lugar fuera de campo, las mutilaciones tienen tal realismo que resultan imposibles de ver”. Se comprende que las reacciones en el festival hayan sido muy contradictorias.
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