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Zona friki

El niño que pudo ser Batman, y las películas en las que nos hubiera gustado vivir (o morir)

Unos 12.000 voluntarios de San Francisco se movilizaron recientemente para cumplir el sueño de Miles, un niño enfermo de cáncer,

El niño que pudo ser Batman, y las películas en las que nos hubiera gustado vivir (o morir)

Unos 12.000 voluntarios de San Francisco se movilizaron recientemente para cumplir el sueño de Miles, un niño enfermo de cáncer, como podéis leer en nuestra estupenda sección de cotilleo, La Cosa Rosa. Al chaval le pusieron el uniforme de Batman, y los demás se reconvirtieron en la ciudadanía de Gothan City, transformando la ciudad en el entorno del hombre murciélago. Hasta el alcalde se apuntó al evento. Incluso tengo que decir que me ha parecido genial Ben Affleck, cuando ha dicho que ni Christian Bale, ni George Clooney, el niño sí que ha sido el mejor Batman de todos los tiempos.

¿Quién no ha querido poder meterse dentro de su película favorita? Cuando yo era pequeño recuerdo que quería vivir en la serie Los Fraguel, pues se pasaban el día cantando, sin dar un palo al agua, sólo trabajaban media hora a la semana y por gusto. También me hacía mucha ilusión residir en el interior de la saga de La guerra de las galaxias, viviendo aventuras todo el día.

Pero cuando uno va madurando se da cuenta de que no, de que Star Wars está muy bien para disfrutar en el cine, pero no para estar en su interior. O sea, te puedes transportar con el poder de la fuerza tu sable láser y posiblemente también el mando a distancia de la tele, sin necesidad de levantarte del sillón, pero debe ser muy estresante, todo el día corriendo delante de los blancos, y pegándose con Darth Vader.

Así las cosas, puestos a elegir, me quedaría con una de esas comedias musicales con Fred Astaire y Ginger Rogers, donde te pasarías las horas entre risas y bailoteos.

Recuerdo que la primera vez que visité Gijón, consulté las páginas amarillas (que entonces eran en papel, amarillo, qué tiempos) y miré la sección de hoteles de la ciudad. Como venían por orden alfabético, acabé llamando al Asturias. Una vez allí, resultó ser dónde José Luis Garci rodó Volver a empezar.

Pensaréis que menudo tostón, vivir unos días en el interior de un film de Garci. Pues resulta que es un chollazo, imaginadlo, no pasa absolutamente nada digno de mención, paseas plácidamente por la playa, y hasta te viene todo el rato a la cabeza el adagio de Albinoni, ése que el emblemático cineasta se empeñaba en repetir machaconamente durante todo el metraje.

¿Y para morir? Ése es otro cantar. Desde luego, todo menos en la saga de Saw, o en la serie Juego de tronos, donde la gente tiene la costumbre de palmarla de forma horrible. Creo que lo tengo claro. Me encantaría morirme en una película oriental, donde sí que saben diñarla, con una serenidad. Justo antes de escribir estas líneas, acabo de visionar un estupendo film chino, que llegará pronto a las carteleras, titulado Una vida sencilla, protagonizado por el gran Andy Lau (Juego sucio). Quizás no le apetezca ir a verla de entrada al grueso de los espectadores (yo lo comprendo) porque va de una criada a punto de abandonar este mundo. Es una pena que se perdieran un film que sin embargo destila a veces un genial sentido del humor (os lo aseguro) e invita a aceptar como parte de la vida las despedidas (Despedidas, otro film oriental estupendo para morirse en él).

Por cierto, debe ser una de las últimas películas, o la última, en cuyo cartel aparece la opinión del crítico Roger Ebert. Fue afortunado de que el que pudo ser perfectamente su último pase de prensa, transmitiera tanta paz en torno a la muerte.

Una vida sencilla

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