Recordaréis la actuación de Lola Flores en la Gran Manzana, que dio lugar a la reseña de The New York Times: “No canta. No baila. Pero... ¡no se la pierda!”. Se podría decir que la Muestra SyFy ha heredado el espíritu de la Faraona. Da igual la calidad de las películas que ponen. De hecho hemos visto alguna tremenda. pero... ¡te lo pasas como los indios!
De hecho, el programador, Dani Pérez, se toma con buen sentido del humor que le abucheen todos los años en la inauguración del evento, y hasta pide más muestras de desprecio, quizás porque sabe que los friquis somos unos cínicos que en el fondo le adoramos, aunque sólo sea por levantarnos del sofá todos los años. Tuvo su gracia el hombre recordándonos que el cine es un reciento cerrado, así que si no vamos a salir del mismo en todo el fin de semana, al menos que vayamos a ducharnos. Y nos comentó que entre las cintas escogidas este año destaca... ¡un western vampírico iraní en blanco y negro! ¿Venganza contra la platea?
Por su parte, la espontánea Leticia Dolera este año se ha bajado del escenario para besuquear a un friqui que posiblemente todavía pensará que está soñando. Éste había tenido la gallardía de vociferar que su película [Rec] 3, ¡es la mejor de la saga! Se merece también por lo menos que le haga padre de sus hijos. La presentadora habitual apostó por el amor friqui resolviendo el drama de una pareja rota, porque ella se había quedado sin entrada para las sesiones. Invitó a la chica a cualquier peli a cambio de que le diera a su novio un apasionado beso de amor ante la concurrencia.
¿Y el cine? Hemos tenido de todo. El título más potente, con el que se abrió la muestra el jueves, Chappie, decepciona. Que sí, que el surafricano Neil Blomkamp rueda muy bien en su estilo cercano al documental, donde los elementos fantásticos, en este caso alienígenas, están integrados con una naturalidad asombrosa. Pero si el robot protagonista no sabe si decantarse por el bien o el mal, el realizador también parece haber sufrido una crisis de identidad, pues no sabe hacia dónde llevar la peli, si hacia la reflexión sobre el paso del tiempo, la muerte y la trascendencia o el humor barriobajero. Y cuando ya se estanca del todo mete con calzador el climax-enfrentamiento final y a casa. Una pena.
Comencé el viernes con una experiencia inenarrable. Lo que me habían vendido como una cinta de peleas de katanas, Tokyo Tribe, de Sion Sono, resultó ser una especie de musical con raperos cantando y discutiendo sobre el tamaño de sus penes (literal), donde además no pasaba nada. Me dijeron que era mejor el manga original pero creo que voy a pasar.
Por suerte, el veterano Joe Dante resucitó la muestra con Burying the ex, rodada sin un duro, con planificación televisiva y un guión de manual. Pero entrañable en sus sentidos y continuos homenajes al cine fantástico, y con una historia muy friqui con la que más de uno se sintió identificado, sobre un pusilánime fan del género incapaz de romper con su dominante novia, que vuelve de la tumba para impedir que se vaya con una guapa que además... ¡le comprende! Emotivo aplauso de la concurrencia con la aparición en pantalla (como es habitual en el cine del realizador) de Dick Miller (tiene 86 años, confieso que temía que no fuera a salir porque no sabía si estaba vivo).
Finalmente, ¡un peliculón! Sí, la muestra Syfy también puede proyectar buen cine, no sólo Canino hace unos años, como recuerda habitualmente Leticia Dolera, provocando la hilaridad (que conste que aquí he descubierto algún título realmente memorable, por ejemplo Déjame entrar). Este año me quito el sombrero con Lo que hacemos en las sombras, premio del público (merecido) en Sitges, el film definitivo sobre las dificultades para compartir piso de varios vampiros, muy diferentes, pues uno es el Vlad el Empalador de Francis Ford Coppola, otro el Nosferatu de Murnau, el nuevo chupasangres que intenta ligar apelando a Crepúsculo, uno que se queja de la mala prensa que tienen los nazis y los vampiros, lo que supone un problema cuando eres... ¡un vampiro nazi! Tributos al cine a mansalva y memorables momentos como la reunión de inquilinos donde alguno se queja de qué dirán las visitas porque nunca fregan los platos. “¡Pero si sólo traemos gente para morderla y matarla!”, se queja otro; el diálogo sobre las vírgenes, la cena con spaghetti, los hombres lobo... Tendré que verla otra vez porque a veces mi propia risa no me dejaba escuchar los diálogos. Impagable.
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