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Peter Greenaway, el hombre que quiso ser Eisenstein

Peter Greenaway, el hombre que quiso ser Eisenstein

He tenido ocasión de visionar el mismo día dos pelis muy diferentes pero con muchos elementos en común. Ambas homenajean a sendas figuras del cine mudo, introduciendo licencias y elementos inventados.

Se estrena ahora en cines Eisenstein en Guanajuato, donde Peter Greenaway pone su apabullante potencia visual, e impresionante sentido del ritmo al servicio de la reconstrucción del idilio gay que mantuvo el autor de El acorazado Potenkim con su guía, durante su viaje a la  localidad mexicana a la que alude el título. Estupendo, salvo porque  Sergei M. Eisenstein, que se sepa, ni fue homosexual, ni viajó jamás a Guanajuato.

A su admiradísimo Eisentein, el veterano realizador galés le retrata como una especie de loco, que defeca en presencia de su asistenta, o corretea desnudo bajo la lluvia con su amante. Greenaway se recrea mucho en los genitales del actor principal, y en las entrevistas se atreve a asegurar que existe una duda razonable sobre si a su admiradísimo Eisenstein le iban los maromos, apoyándose en una carta con un par de frases ambiguas.

el hombre que quiso ser SegundoAsustado, y aburrido por un film que no va a ninguna parte (me van a retirar la  condición de cinéfilo, pero confieso que ya digerí mal El cocinero, el ladrón, su mujer, y su amante, y la madre que los parió), contemplo El hombre que quiso ser Segundo, primer largometraje de Ramón Alós, que rinde tributo a Segundo de Chomón, pionero del cine fantástico. Una pena la limitada difusión en cines que tuvo este falso documental.

Adoro el género desde que impartía clases de historia del cine, cuando muchos alumnos me comentaban que lo que yo contaba era mentira, pues todo lo que yo atribuía a David W. Griffith en realidad lo descubrió antes un neozelandés. “Ha visto usted La verdadera historia del cine, de Peter Jackson”, respondía yo. “Pues no se crea todo lo que le vea”. Y para que estuvieran atentos y no aceptaran como pazguatos todo lo que yo dijera me inventaba alguna figura del cine, para pillarles en el examen.

Ramón Alós se apunta un tanto, inventándose que poco antes de Segundo nació Primo, su hermano gemelo, porque su relato tiene puntos que hasta ‘hacen dudar’ a los iniciados. ¿Cómo fue  posible que el realizador de Teruel le vendiera su máquina de colorear  a los hermanos Pathé, que arruinaron a su adoradísimo Georges Méliès? Pues porque fue una pequeña traición de Primo, según el  film. ¡Genial!

Su licencia artística no tiene pretensión de veracidad. Y se nota un  gran amor y conocimiento de la figura de Segundo de Chomón, cuya obra  ayuda a divulgar. ¡Ahí están las imágenes del Hotel eléctrico! Ay,  desde luego esto es otra cosa.

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