Hace unos años los homosexuales empezaron a convertirse en presencia habitual en las películas y series de televisión. Títulos como Philadelphia, Mejor… imposible o Friends, que llegaban al gran público, fueron responsables en gran medida de su creciente aceptación social.
Parece que 2015 va a ser el año definitivo de los transexuales y los transgéneros, tantas producciones abordan el tema. Curiosamente en un artículo donde el New York Times analiza la cuestión, se considera que el debate está en si los transexuales debieran ser interpretados por actores transexuales. Al igual que ha habido protestas de que Emma Stone interpreta a un personaje de origen asiático en Aloha, hay quien piensa que un transexual debería interpretarlo un transexual. O sea que Eddie Redmayne no debería protagonizar La chica danesa, aunque se me ocurre que por la misma regla de tres, el oscarizado actor de La teoría del todo nunca debiera hacer sido Stephen Hawking, el papel debería haberlo interpretado algún astrofísico con ELA de esos que tanto abundan...
De todos modos, centrar la discusión en quién puede interpretar qué me parece algo cercano a la necedad, se supone que los actores deberían poder afrontar cualquier papel dentro de sus capacidades y de la aplicación del cada vez más raro sentido común. Poner límites porque determinados colectivos protesten no lleva a ninguna parte, algunos protestan con ocasión y, muchas veces, sin ella, qué más da.
Dicho esto, lo que detecto es una fuerte presión del lobby LGBT por ocupar espacios en la sociedad y lograr reconocimiento, dentro de una de esas importantes guerras de la cultura, la cuestión de la llamada ideología de género. Que lo que suena marginal pase a ser moneda corriente. Y la ficción audiovisual debe jugar su papel. Tras el hito del matrimonio homosexual, parece que ahora se está poniendo el acento en el transgénero. Todo dentro de una mentalidad en que se transmite la idea de que lo importante es la libertad para decidir la propia identidad sexual, y donde a la familia estable de un padre, una madre, los hijos, paradójicamente, empieza a concedérsele un carácter marginal. Y con una atmósfera en que cualquier comentario que no siga la corriente "cool" debe hacerse con pies de plomo, no vaya uno a ser arrastrado por un huracán que ríete (con perdón) del Katrina.
En tal sentido resulta justamente transparente el propósito de una serie como Transparent, premiada con 2 Globos de Oro. Su protagonista, encarnado por Jeffrey Tambor, que al fin asume su identidad como mujer aunque biológicamente era un hombre, resulta mucho más auténtico que sus tres hijos “normales”, pero con una vida caótica de promiscuidad, engaños, adicciones e inmadurez, al final lo que manda es el sálvese quien pueda, que cada uno haga lo que quiera.
La meta, por supuesto, es el maistreaming, llegar al gran público una vez más. Y el caso de Caitlyn Jenner, anteriormente William Bruce Jenner, medallista de oro en decatlón en las olimpiadas de Montreal, ha hecho parte del trabajo de preperar el terreno, su repercusión mediática ha sido espectacular.
Pronto llegará a los cines About Ray, con un reparto que incluye a la actriz de 17 años Elle Fanning, más a Naomi Watts y Susan Sarandon, sobre –son palabras de la sinopsis oficial proporcionada por la distribuidora– “un adolescente transgénero que no puede seguir su vida atrapado en un cuerpo de chica y decide someterse a una operación de cambio de sexo”. Y como decía antes, el también oscarizado Tom Hooper ha presentado en Venecia La chica danesa, que aborda el que pasa por ser el primer caso real de un/una transexual.
