IMG-LOGO
Blog de Hildy

Todo ha cambiado, en el mundo y en el cine, para que nada siga igual

¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el sentido del cine? ¿Cómo se han hecho y visto las películas hasta ahora, y qué nos espera?

Durante el confinamiento por la pandemia del Covid-19, muchos nos hemos hecho estas preguntas y otras más, pues lo que se dice del cine bien podría trasladarse al sentido de la existencia, nada menos. Pero toca pisar tierra cinematográfica, y no irme por los cerros de Úbeda. Los que me siguen habitualmente han podido leer mi serial El cine del futuro, con seis entregas, donde hacía algunas consideraciones al respecto. Ahora, ya transitando lo que los horteras de turno han llamado “nueva normalidad”, persiste una enorme incertidumbre, que sirve para constatar lo que digo en el titular parafraseando y torciendo el original de “El gatopardo”, pues parece que todo ha cambiado y nada va a ser como antes.

Si nos ponemos en plan pesimista, se diría que el coronavirus ha venido a dar la puntilla a un animal, el cine, ya herido mortalmente en muchos sentidos. No nos engañemos, las salas de cine solo se llenaban, y hasta cierto punto, los fines de semana, en determinados horarios, y con los títulos más comerciales, y los infantiles y familiares. Títulos más serios podían atraer en salas selectas, pero ya el mismísimo Steven Spielberg había explicado que le había costado hacer Lincoln y eso que era Spielberg. Muchos títulos los ruedan ya las plataformas de streaming para estrenarlos ahí, y su paso por salas era pura anécdota, como bien saben Martin Scorsese y El irlandés. El cine en salas está destinado a ser espectáculo de feria, pantallas gigantes que no caben en tu propia casa.

Ahora han reabierto muchas salas de cine tras el cierre obligado por la pandemia. Y... hay miedo, mucho miedo. La gente no acude a ver películas, aunque se adopten medidas higiénicas y de seguridad por todo lo alto. No apetece ver una peli con mascarilla, y hacer lo que se pueda para deglutir palomitas. Faltan además grandes estrenos, los títulos gordos se retrasan una y otra vez, el caso emblemático de Tenet, nadie quiere arriesgarse a quemar una película, con un estreno en falso, que se lo digan a los pobres de Disney con Onward. Y a propósito de quemar, qué mala pata, lo del incendio en un edificio conlindante a los nuevos Cines Embajadores en Madrid, que han tenido que retrasar su apertura una semana, ánimo, Miguel Ángel Pérez y compañía.

No se airean demasiado las cifras de recaudación en taquilla proporcionadas por ComScore, muy exiguas. Ni en sus mejores sueños habrían imaginado los responsables de Zapatos Rojos y los Siete Trolls que su película sería la más taquillera el pasado fin de semana. Cierto que apenas han arramblado con 105.000 euros, lo que suponiendo 8 euros por entrada, supone algo más de 13.000 espectadores. Muchas salas, viendo que no van a tener estrenos de grandísima entidad durante bastante tiempo, se dedican al reestreno, con títulos como Cinema Paradiso, Apocalypse Now y El laberinto del fauno, pero excepto algunos muy cinéfilos que se animarán, el resto se dirán “ya la he visto”, o “la puedo ver en mi casa”.

De todos modos, la cosa está muy rara, el mundo se ha vuelto loco, loco, loco, ya antes del Covid. Estamos en el año en que Hollywood y los Oscar premiaron a una película, Parásitos, que nada tenía que ver con ellos, hablada en coreano. La Academia invita a formar parte de sus filas a gente de todos los “backgrounds”, la diversidad cultural al poder, el #MeToo ha cedido el paso al #BlackLivesMatter, ello en un momento en que muchas certezas parecen caer, y nadie parece saber lo que quiere rodar, lo que quiere ver o lo que quiere premiar.

Lo que el viento se llevó se vuelve políticamente incorrecta, y muchas películas podrían ser objeto de condena, al tiempo que caen estatuas por doquier. Y hoy Halle Berry protagoniza una noticia surrealista, en que la chica se mostraba muy contenta por hacer un papel transgénero, pero ha tenido que renunciar a él porque le acusan de no conocer bien el cotarro y liarse con los pronombres. Realmente kafkiano. Aunque tampoco estaba mal lo de la peli de Michael Bay sobre el coronavirus, que los sindicatos piden boicotear porque no se cumplen las normas de seguridad en el rodaje.

Sí, hay miedo a rodar, con mascarilla o sin, mejor pelis animadas, o con efectos especiales, pues no se pueden reunir grupos grandes, y menos en espacios cerrados.

¿Nos quedaremos sin stock de películas rodadas para estrenar? Bueno, quizá sea el momento de revisar clásicos. ¡Pero si hay tantas películas y series que no hemos visto! Ayer mismo me dije, oye, tantas bandas sonoras que tiene Ennio Morricone, q.e.p.d., y sí, hay muchas películas que no he visto. De modo que en FlixOlé encontré La fuerza del silencio y me dije, bueno, quizá esto sea mejor que los telefilmes como churros que vienen rodando algunas plataformas de streaming, aunque sea con presupuestos millonarios y estrellas de postín. No me equivocaba...

Lo último del mundo del cine