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Blog de Hildy El juego de las comparaciones

Moreno y Verhoeven: dos Pablos muy diferentes abordan la religión en "Claret" y "Benedetta"

La casualidad ha querido que en viernes consecutivos, el 24 de septiembre y el 1 de octubre, lleguen a las pantallas de cine dos películas sobre personajes cristianos auténticos, Antonio María Claret, sacerdote, y Benedetta Carlini, monja.

Los enfoques de Claret y Benedetta no pueden sin embargo estar más alejados. Aquí va mi personal juego de comparaciones no odiosas entre uno y otro film.

Rigor histórico

- Pablo Moreno explica que “el mundo conoce el Claret que sus enemigos dibujaron, un personaje caricaturesco, deformado a través de una serie de biografías y obras apócrifas. Es decir, que después de la muerte de Claret, su figura sufrió una brutal campaña de desinformación que adulteró durante décadas la verdad de su ser y su obra. Azorín en los años 30 del siglo pasado descubrió el engaño, y gracias a él, yo pude resolver la forma en la que mostrar Claret al mundo.”

En efecto Moreno usa el artificio de la indagación de Azorín, que no era especialmente creyente, para dar a conocer la trayectoria del personaje, primero empresario textil, luego sacerdote y obispo, que evita la trampa en la que caen otros clérigos de entrar en política durante las guerras carlistas. Claret habla en Cuba de la dignidad de todo ser humano frente a la realidad de la esclavitud, y aunque no busca ni desea el encargo de ser confesor de la reina Isabel II, lo acepta y trata de ejercerlo lo mejor posible, sorteando las intrigas cortesanas.

En la película vemos a Claret rezando con frecuencia y preocupado por los demás, no es alguien que impone autoritariamente su modo de ver las cosas, y soportan con paciencia y sin arrogancia las asechanzas de sus enemigos.

- Paul Verhoeven asegura que el libreto escrito con David Birke “ha dado con el equilibrio perfecto entre la religión, la sexualidad y las conspiraciones políticas de la Iglesia”. Sin embargo no vemos en la película a ningún personaje sinceramente piadoso y coherente con su fe cristiana, todos son seres depravados. La abadesa Felicita solo admite a las novicias que aportan dinero a su convento, sin estudiar con rigor la idoneidad de las candidatas. Bartolomea ingresa en la comunidad huyendo de las relaciones incestuosas a que le obligan su padre y hermanos. Y Benedetta presiona a su familia para que la dote económicamente y sea aceptada. Aunque al principio se muestra a una Benedetta con piedad mariana, luego el director concibe la aberrante idea de que una imagen de la Virgen se convierta en instrumento fálico para los juegos eróticos de ella y la hermana Dorotea, que disparatadamente comparten celda sin que nadie diga nada.

El rigor histórico de Verhoeven es bastante cuestionable, aunque parta del libro de Judith C. Brown, una historiadora especializada en el Renacimiento, lo maneja a su gusto. Se excusa el cineasta afirmando que “en la vida siempre hay diferentes formas de ver las cosas y todos tenemos nuestra verdad”. Y también que “no quería decirle al público si Benedetta es una mística o una impostora”, aunque asegura que “los más seguro es que fuera ambas”. Es totalmente inventado el intento de quemar en la hoguera a Benedetta, como si de una nueva Juana de Arco se tratara, o el destino del nuncio que lleva su proceso, que contrae la peste negra y termina linchado por una multitud furiosa, no deja de ser uno de los excesos violentos que tanto le gustan.

Escándalo

- Durante toda su carrera como cineasta, ha acompañado a Paul Verhoeven el escándalo, sus películas son bien conocidas por sus imágenes muy gráficas de sexo y violencia. Tal enferniza insistencia sería digna de estudio por parte de alguien experto en el equilibrio mental. Quien creyera que por basarse en una historia real Benedetta sería un film más contenido andaba muy equivocado. Por supuesto la relación lésbica de Benedetta con Dorotea se prestaba a las escenas escandalosas, pero Verhoeven va más allá en su actitud provocativa, en la que ni siquiera se puede hablar de evolución. Asegura que “lo que me atrajo fue la audacia y la singularidad de la historia y el choque entre el cristianismo y la sexualidad lésbica”.

El holandés mezcla sexo y religión, y con escasa sensibilidad hacia el público creyente ha querido incluir escenas de las supuestas visiones de la protagonista, en la que aparece Jesús, algunas con un comportamiento violento y vengativo, otra en la Cruz sexualmente provocadora. Asegura Verhoeven que “siempre he tenido mucha curiosidad por Jesucristo, incluso escribí un libro sobre él. La película muestra mi interés por la religión, así como mis dudas sobre sus distintas realidades.”

- En las antípodas se mueve el apasionado pero sereno Pablo Moreno, desde su óptica cristiana. Pensemos por ejemplo en el tratamiento de la violencia. Los castigos a los esclavos que se incluyen en Claret no se recrean en ningún momento en la violencia. Las guerras carlistas, o el intento de asesinato que sufre el luego declarado santo podían haber dado pie a excesos que aquí brillan por su ausencia.

Lo mismo cabría decir en relación al sexo, por ejemplo en el modo de proceder los terratenientes esclavistas en Cuba con sus concubinas negras, las prohibiciones de matrimonios mixtos o los comentarios sobre la “vida alegre” de Isabel II. Quizá otro cineasta, otro Pablo, habría sido bastante más gráfico a la hora de abordar estas cuestiones. Moreno no las elude, pero las trata con consciente sobriedad.

Espiritualidad

- Poco esfuerzo hay por entender y mostrar la espiritualidad en el caso de Paul Verhoeven. Excepto cuando Benedetta es niña y reza a la Virgen con sencillez –aunque no falta extravagancias, como la caída de la imagen que casi la aplasta o la cagada de pájaro– todo es raro y excesivo. Hasta su “amiga” le puede dar un pellizco de monja en los rezos, como si tal cosa. Las visiones supuestamente místicas no se encuadran en la tradición cristianas, sino que son raras y provocativas. Y por momentos el director muestra a la protagonista como si estuviera poseída por el diablo. Tampoco es muy espiritual la jerarquía, ya sea la abadesa Felicita que se mueve por celos y por dinero, o el nuncio que ni siquiera disimula con las criadas a las que deja encintas.

- Pablo Moreno muestra a un Claret que reza y al que mueve la caridad y el servicio al prójimo. En los momentos de “noches oscuras” desgrana las cuentas de su rosario. Ante las intrigas políticas por su defensa de los derechos de los esclavos o su función de confesor de la reina, no responde con odio y procura no dejarse abatir por las contradicciones como las calumnias que se propagan contra él.

Presupuesto

- Es evidente que Paul Verhoeven ha contado con un presupuesto holgado, que algunos estiman en torno a 8 millones de euros. Director acostumbrado a rodar en Hollywood, en Europa ha dispuesto igualmente siempre de los medios que necesitaba para hacer sus películas y Benedetta no es la excepción, como se advierte en la reconstrucción de la época, efectos visuales, localizaciones, vestuario, etc. Además tiene acceso a actores franceses de primer nivel como son Virginie Efira, Charlotte Rampling y Lambert Wilson,.

- Pablo Moreno, desde los orígenes, ha tenido que apretarse el cinturón, aunque con buenos resultados en su presupuesto limitado, caso de Un Dios prohibido. Algo más de margen de maniobra ha tenido con Claret, aunque ha tenido que apañarse con poco más de medio millón de euros, en el mejor de los casos. El director explica que “la gran dificultad a la que me he enfrentado, ha sido al tamaño de la producción, es una historia de viajes, con decenas de lugares distintos, con cientos de personas, con un presupuesto muy ajustado, pero con un gran equipo, un grupo humano de profesionales que han ofrecido lo mejor de si mismos, y este ha sido el gran milagro de Claret, una película realizada con cariño, con localizaciones espectaculares, con grandes interpretaciones, un bonito arte y una fotografía brillante, un proyecto que merece la pena.” De todos modos no puede permitirse actores de gran tirón comercial, la más conocida del reparto es Assumpta Serna.

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