El pasado miércoles Paramount lanzaba la tetralogía de Indiana Jones en glorioso Blu-ray, con todas las películas remasterizadas,
El pasado miércoles Paramount lanzaba la tetralogía de Indiana Jones en glorioso Blu-ray, con todas las películas remasterizadas, asegurando la máxima calidad de imagen y sonido. El resultado es ciertamente espectacular. Se nos ofrecen además 7 horas de contenidos extra, lo que seguro que hará las delicias de los fans acérrimos, aunque yo confieso con sencillez que tanta información me apabulla. ¿Soy capaz de dedicar 7 horas de mi tiempo a contemplar tanto documental y entrevista, sin duda interesantes y llenos de curiosa información? Ya me gustaría, pero el tiempo es un bien escaso, y en esta vida hay que ser selectivo. Aunque se trate de un gran trabajo de Steven Spielberg y George Lucas, entre otros.
Así que de entrada tengo una iluminación. ¿Por qué no ver la escena de apertura de las cuatro películas y hacer una comparativa? La verdad es que los arranques de las películas de Indiana Jones son sencillamente fantásticos, te abren el apetito, y casi te obligan a seguir hasta el final, aunque te hubieras propuesto ver sólo dichos arranques, tanta energía desprenden.
Una de las cosas simpáticas del inicio de los cuatro filmes, es cómo el logo de la montaña de Paramount se funde con un elemento del paisaje de las películas, ya sea un monte de Sudamérica o de las Rocosas, un grabado en un gong, o incluso un pequeño montículo levantado por un topo.
Desde luego, para mí, el mejor arranque de una película de Indy es el de la primera película, En busca del arca perdida. Se trata de la presentación del personaje, tiene el sabor añejo de las películas de aventuras, y las trampas para llegar hasta el idolillo, con la compañía de Alfred Molina, y luego la piedra rodante, simplemente me subyugan, me elevan, el conjunto es una verdadera gozada.
Lo más parecido a un musical que ha hecho Steven Spielberg hasta la fecha es el primer tramo en Shanghai de Indiana Jones y el templo maldito, los tres primeros minutos, con esos coros de bailarinas rodeando a Kate Capshaw son fabulosos. Y luego ese duelo en la mesa, con la huida enlazando suavemente con la partitura del número musical, y el hallazgo de que estábamos nada menos que en el club Obin Wan, todo ello tiene un particular encanto.
Una audacia del arranque de Indiana Jones y la última cruzada consiste en prescindir de Harrison Ford en beneficio de su versión juvenil, el malogrado River Phoenix. En este caso Spielberg se aproxima al western, con Indy de boy scout, y presenta cómo nace su vocación aventurera y arqueóloga, más los elementos que configuran su imagen, el látigo y el sombrero. En el tren circense todo acontece a un ritmo vertiginoso, aquí, como en el resto de filmes, uno palpa cómo Spielberg se ha beneficiado felizmente de dos grandes colaboradores, el compositor John Williams y el montador Michael Khan.
Resulta curioso ver el inicio de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, después de haber visionado el de la última cruzada, porque uno constata el inexorable paso del tiempo aún más si cabe. Harrison Ford ha envejecido –tenía 66 años cuando hizo la película– y se nota, pero encima el contraste con el eternamente joven Phoenix resalta la diferencia. La apertura de este film dura casi el doble que el de las otras tres películas, algo más de 20 minutos. También es espectacular, aunque me cansan un poquito las cabriolas en ese almacén militar donde vemos, buena idea, almacenada y olvidada el Arca de la Alianza. Por el contrario la idea de la explosión nuclear es original, aunque lo de Indy encerrado en el frigorífico pueda ser excesivo, incluso para un héroe de sus características, que lo aguanta todo.
