En el cine nacional, Luis Tosar ha demostrado ser capaz de bordar personajes afables (Flores de otro mundo), maltratadores execrables pero humanos (Te doy mis ojos), adictos al trabajo (La flaqueza del bolchevique), o parados con pocas esperanzas (Los lunes al sol). Con Cargo, un thriller hispano-sueco-británico, inició una carrera internacional que ahora continúa con Corrupción en Miami, de Michael Mann, uno de los cineastas actuales más interesantes de Hollywood. Ciertamente le han dado un breve papel de narcotraficante estereotipado, pero podría ser el comienzo de una gran amistad con el cine yanqui.
¿Conocía la serie Corrupción en Miami antes de que le ofrecieran el papel?
Era un auténtico fan. Yo tenía entonces quince años, y ni siquiera soñaba con que rodaría la versión cinematográfica de la serie algún día. Nos encantaba a todos los chicos, e incluso iba a las tiendas de ropa a comprarme una chaqueta blanca, como la de Sonny Crockett. Después, he seguido la carrera de algún actor gracias a la serie. Por ejemplo, Benicio del Toro hizo su primer papel en Corrupción en Miami y después, cuando le vi en el cine, me acordaba de él.
Entonces, fue un sueño hecho realidad que le ofrecieran el papel.
Michael Mann quería un actor latino para encarnar a Montoya, un narcotraficante colombiano. En el Festival de Sundance estuvo viendo Te doy mis ojos, y le pareció que yo podría dar el perfil. Me llamó para hacer una entrevista por videoconferencia cuando estaba rodando Cargo, y llevaba una barba muy larga. Él pensó que la barba me daba pinta de malo, y que ésa era la imagen ideal para su personaje.
Yo tardé en aceptar el papel. Por un lado, tenía curiosidad por trabajar en una superproducción de Hollywood. Además, Michael Mann es un director de prestigio. Pero por otro lado, me imponía cierto respeto. Además, no tenía muy claro quién soy yo, qué tipo de actor soy y qué tipo de papeles debía aceptar. Era un papel de cuatro escenas. Entonces hablé con Javier Bardem, que había trabajado con Mann en Collateral, y me dio un consejo muy claro: hazlo. Dijo que Mann era un profesional muy cuidadoso y concienzudo, que adora a los actores y que le gusta experimentar. Además, me dijo que se iba a preocupar mucho por mí, lo que se ha cumplido.
¿Cómo fue el trabajo con Michael Mann?
Es todo un espectáculo ver trabajar a Mann, porque se implica mucho. Lleva la cámara al hombro y él mismo rueda tomas. Era un tipo que tenía muy claro lo que quería. Me dijo que no quería a un macarra que viene de la calle, sino a un tipo que procede de una familia de terratenientes, sobrio y refinado. Le basta un chasquido para que muera un hombre. No tiene por qué ensuciarse las manos, porque para eso ya tiene otras personas que lo harán por él.
En cualquier caso, es difícil expresar todo eso, en tan pocas tomas.
Parece ser que en Hollywood se trabajan mucho los detalles. Yo estuve mucho tiempo hablando con Michael Mann sobre mi personaje. Teníamos muy claro cómo había sido su pasado, y por qué tomaba cada una de sus decisiones. Además, me pusieron en contacto con asesores de la película, entre ellos un policía del FBI que había estado en contacto con narcotraficantes como Montoya. También teníamos a un agente de la DEA que pasó cinco años infiltrado en un grupo de narcotraficantes. Hollywood es una fábrica de imágenes, donde todo está muy organizado y le echan muchas horas. Se trabaja más que aquí, donde a veces parece que nos tomamos el cine un poco a pachanga.
¿Se sintió sólo en el rodaje?
Cuando llegué, ya llevaban tiempo rodando. No coincidí demasiado con Colin Farrell y Jamie Foxx. En general el ambiente fue muy profesional y relajado. Estuve mucho tiempo solo en el hotel, pero eso también me pasa en España, cuando ruedo en sitios donde no conozco a nadie.
¿Tuvo problemas para rodar en inglés?
Para hacer de Montoya, con todo lo que tenía que decir perfectamente calculado, no tuve ningún problema. Sí que es cierto que me habría resultado difícil tener que hacer una improvisación, porque mi vocabulario es muy limitado.
Por la serie no sólo ha pasado el citado Benicio del Toro, sino también actores que entonces eran desconocidos, como Bruce Willis y la mismísima Julia Roberts. ¿Cree que para usted puede suponer el inicio de una carrera en Hollywood?
Ojalá me traiga la misma suerte que a ellos. En cualquier caso, no me he planteado irme a trabajar a Hollywood. Tendría que ver qué papeles me ofrecen. Además, ir a vivir allí me supondría cambiar radicalmente de vida, algo que de momento no estoy dispuesto a hacer. Ya me costó mucho esfuerzo en su momento venir a vivir a Madrid. En otro momento, igual puedo hacerlo.
De todas sus películas, ¿hay algún personaje que se mantenga vivo en su memoria?
No, porque prefiero olvidarme de ellos. No vuelvo a ver siquiera ninguna de mis películas, porque no quiero quedarme estancado, sino ir hacia delante.
Usted se considera un actor comprometido. Se movió mucho cuando las protestas del Nunca Mais por el accidente del Prestige. ¿Cree que ha actuado bien el gobierno de Zapatero en relación con los incendios de este verano en Galicia?
Es cierto que el gobierno no ha hecho nada para evitarlo. Creo que es una buena oportunidad para que Zapatero haga algo, de cara al futuro. De todas formas, también tenemos mucha responsabilidad los gallegos, que no nos hemos preocupado hasta que teníamos el incendio al lado de nuestra casa. Y también la Unión Europea, que nos ha hecho renunciar a nuestra forma de vida rural, por lo que ya no nos preocupamos de nuestros bosques. En la Unión Europea, si nadie defiende a Galicia, no hay ganadería, no hay pesca ni nada. Nos recortaron la pesca, nos pusieron una cuota láctea y no nos han dado nada a cambio.
