Pocas veces un periodista tiene la ocasión de mantener un encuentro con uno de los grandes del cine de las últimas décadas. David Cronenberg es un autor personalísimo con una carrera tan coherente como interesante. El realizador canadiense visitó Madrid para promocionar Un método peligroso, drama de época sobre la relación entre Sigmund Freud, su discípulo Carl Jung, y Sabina Spielrein, paciente rusa de este último.
A pesar de todo, aterra encontrarse con el creador de muchas de las imágenes más inquietantes jamás vistas en una pantalla. ¿Qué pasará por la mente de alguien capaz de imaginar las cabezas que explotan en Scanners o las secuencias de sexo sobre coches en marcha de Crash (1996)? Me lo encuentro de súbito paseando entre una entrevista y otra cuando voy a su encuentro. Aparece sonriente, con cara de no haber matado nunca a una mosca por si ésta resulta ser Jeff Goldblum transformado. Y para mi sorpresa me da la mano con jovialidad.