Vuelve el dominio aplastante del cine europeo en la sección oficial, la segunda de las películas danesas a concurso, cortesía de Susanne Bier, más las apuestas de Austria y Alemania, el arquetipo mujeriego al que se le buscan todas las vueltas, y el día después de salir sin rostro del infierno de los campos nazis de exterminio.
La danesa Susanne Bier se ha labrado una sólida filmografía, cuyo mejor título es sin duda En un mundo mejor. Siempre pinta situaciones extremas, ella misma confiesa que le gusta llevar a los personajes al límite, les hace sufrir y pone ante ellos dilemas morales nada fáciles, que obligan a tratar de buscar las respuestas correctas. Pero, y esto es importante, en todas sus historias aletea la esperanza, ella misma me cuenta en una entrevista que a la hora de hacer un film necesita imperiosamente ese asidero; y pienso que lo mismo les ocurre a la mayoría de los espectadores, entre los que me cuento. La segunda oportunidad, la película que lleva a concurso a San Sebastián no es la excepción a esta regla, aunque pienso que Bier fuerza un tanto las cosas argumentalmente: las piezas acaban encajando al final, pero durante gran parte del metraje el comportamiento de uno de los personajes resulta altamente chocante.
Enseguida la directora, con su guionista habitual, Anders Thomas Jensen, nos muestra a dos matrimonios con un bebé de pocos meses, el único rasgo que comparten. Pues Andreas es un policía muy enamorado de su mujer, Anne, mientras que Tristan y Sanne son una pareja de yonkis. La repentina muerte de Alexander, el bebé de Andreas, y la reacción extemporánea de Anne, empujan al policía a un siniestro plan: el intercambio del niño muerto por Sofus, el hijo de los drogatas, esperando que éstos no se den cuenta y se pueda achacar el óbito a su negligencia. La razonada sinrazón le dice a Andreas que el bebé estará mejor con ellos, pero sólo ha encendido una mecha que pone en marcha nuevas acciones de los otros: el alcohólico compañero policía de Andreas, las madres –cada una a su manera sabe que tal o cual bebé no es el suyo–, el padre yonki que asegura que Sofus ha sido secuestrado para no tener que asumir su supuesta muerte.
El planteamiento es muy interesante, porque Bier plantea que la redención de las personas puede adoptar caminos no previstos, que los juicios precipitados llevan a conclusiones erróneas, y que todos, por muy rectos que nos podamos creer, somos capaces de las mayores torpezas, forma parte de la condición humana, igual que la esperanzadora de la rectificación, borrón y cuenta nueva. Como digo, el film es interesante, Nikolaj Coster-Waldau aguanta meritoriamente el protagonismo, casi siempre seguimos su punto de vista,pero algo dificulta la entera consistencia del conjunto, en cualquier caso se agradece que Bier asuma riesgos y desafíos para provocar noblemente al espectador.
Variaciones sobre un seductor universal
El austríaco Michael Sturminger da una vuelta de tuerca al mito del mujeriego Giacomo Casanova, variaciones sobre el tema pensadas para el escenario teatral, y también para el cine. Mezclar realidad y ficción, John Malkovich y compañía representando Casanova Variations en la Ópera de Lisboa, con fragmentos teatralizados y operísticos, más las reacciones del público, es una idea ambiciosa y que da mucho juego. El director se apropia de las memorias del famoso seductor, más pasajes de las obras de Mozart y Da Ponte, y maneja todo ese material con libertad total, a partir de la idea de un Casanova envejecido, al que acude a ver una escritora, Elisa von der Recke, visita que despierta una vez más su irrefrenable pasión por el sexo femenino.
Estamos ante un film hecho con entusiasmo por Sturminger, muy vitalista, pero también algo desequilibrado. El juego de las representaciones diversas en que consiste el film, incluidos actores de cine e intérpretes operísticos, presenta buenas ideas, como la de la espectadora médico que acude a atender a Malkovich al escenario, no sabemos a ciencia cierta si es el actor o su personaje quien acaba de sufrir un paro cardíaco; al actor, desde luego, le gusta hacer de sí mismo en el cine, como ya probó en Cómo ser John Malkovich. Pero también da pie a zafios anacronismos, o a plantear una idea tan en boga como la de la construcción de los géneros, hombre, mujer, castrati, o la de las transgresiones morales extremas, como el incesto. En cualquier caso, y más allá del mejunje de ideas de una Europa cada vez más desnortada, la mezcla de tonos, al principio dosificada con cierta sabiduría, acaba dando demasiado peso a la parte actuada, sólo para recuperar en simbiosis imperfecta lo operístico al final, Malkovich cantando suavemente –no es un tenor, obviamente– en dueto con Florian Boesch.
Mientras no tengamos rostro
Christian Petzold tiene a sus espaldas muchos años de oficio, pero la agradable sorpresa Barbara le colocó en el grupo de “directores a tener en cuenta”. Tras mostrar las heridas de la guerra fría en ese film, en Phoenix toca otro capítulo delicado de la historia reciente alemana, el nazismo, con los mismos actores, Nina Hoss y Ronald Zehrfeld. Parte Petzold de una buena idea, la de una mujer judía llamada Nelly, superviviente de los campos de exterminio, con el rostro desfigurado. Sometida a una operación, presentará una nueva cara con la que no le puede reconocer su esposo ario Johnny, del que existen serias sospechas de que la delató. La amiga que la ha ayudado, piensa que Nelly debería irse de él e iniciar una nueva vida en Israel, pero no es tan fácil arreglar así las cuentas con el pasado.
La de Petzold es sin duda una inteligente historia de amor, bien articulada hasta su desenlace, emociona la perseverancia de Nelly en creer que Johnny aún la ama, o que podría recuperarle de algún modo. Al modo de Carta de una desconocida, la maravillosa película de Max Ophüls basada en la novela de Stefan Zweig, nos encontramos con un hombre egoísta, que no parece lamentar la probable muerte de su mujer, su “tesoro” consiste en la herencia que podría obtener de ella, no en la entrega completa e incondicional de su amor. La idea de Johnny de ejercer de Pigmalión, para que pueda hacerse pasar por Nelly antes sus parientes, y así acceder a su dinero, da juego para desarrollar la nueva relación.
