In memoriam
Tenía 82 años
Fallece James Caan, Sonny Corleone en "El padrino"
Le van los prototipos de macho alfa, mujeriegos, como Sonny Corleone, hijo mayor de “El Padrino”, que le valió una nominación al Oscar. Pero a lo largo de los años James Caan ha demostrado versatilidad en personajes variopintos, como el soldado reconvertido en ganadero de “Llega un jinete libre y salvaje”, o el escritor secuestrado de “Misery”. Cuando estaba en la cumbre, desapareció por un problema personal. El actor ha fallecido a los 82 años de edad. La noticia se ha difundido a través de su cuenta de Twitter con un escueto comunicado en el que puede leerse: "Con gran tristeza les informamos del fallecimiento de Jimmy en la noche del 6 de julio. La familia agradece el amor y las más sinceras condolencias y le pide que continúe respetando su privacidad durante este momento difícil".
Nacido el 26 de marzo de 1940 en el peligroso barrio neoyorquino del Bronx, donde tenía que ganarse la supervivencia a golpes, James Edmund Caan pertenece a una familia de judíos que tuvieron que huir de la Alemania de Hitler. Deportista desde muy joven, jugó al fútbol americano en la Universidad Estatal de Michigan, antes de graduarse en la escuela de actores Neighborhood Playhouse, donde tuvo como mentor a Sandfor Meisner, que había formado a Steve McQueen y Gregory Peck.
Tras pulirse en series a mansalva, debutó en la gran pantalla como maleante que intenta desvalijar la casa de Olivia de Havilland mientras está encerrada en el ascensor en Una mujer atrapada. Terminó de consagrarse cuando interpretó a Mississippi, muchacho al que salva la vida John Wayne en El Dorado. Durante el rodaje estuvo a punto de golpear al legendario actor, cuando descubrió que le hacía trampas jugando al ajedrez. “Era como un niño de 12 años”, rememora. Por suerte, logró detenerle Robert Mitchum. Aún así, recuerda al protagonista del film con admiración. “Los estudios creaban antes a las estrellas, vendían personalidades y la gente iba a verlas”.
Su pasado como deportista fue determinante para que le reclutara el director más decisivo de su carrera. Francis Ford Coppola le convirtió en el futbolista sonado de Llueve sobre mi corazón, recogido por una embarazada cuando hace autostop. Sin duda aguantaba el tipo frente a unos inmensos Shirley Knight y Robert Duvall, lo que animó al realizador italoamericano a darle después –de nuevo junto a Duvall– el rol del impulsivo Santino, conocido como “Sonny”, en El padrino. El hijo mayor del capo mafioso Vito Corleone, llamado a ser su sucesor, le propició una candidatura al Oscar, merecida por secuencias como aquélla en la que golpea a su cuñado. “Lo único malo es que me encasillaron. Todos los directores de casting son igual de malos. Si no había ocho personas muertas en la página 11 ni me enviaban el guión”, explicó. “Siempre se excusaban argumentando que sólo hago películas de la mafia. ¡He rodado dos, de un total de 60!”.
Se reunió otra vez con el ‘consigliere’ de los Corleone, Robert Duvall, en Los aristócratas del crimen, donde bordaron a dos asesinos a sueldo de la CIA. Demostró que sabía cantar y bailar, junto a Barbra Streisand, en el musical Funny Lady. Tras el éxito de la futurista Rollerball, y dos brillantes composiciones en Llega un jinete libre y salvaje, de Alan J. Pakula, y Ladrón, de Michael Mann, James Caan llevaba camino de convertirse en una superestrella. Pero dio pie a titulares turbulentos al involucrarse en asuntos oscuros, y se incrementaron sus problemas con las drogas. La muerte por problemas con la cocaína de su hermana, sumió al actor en una fuerte depresión. Todo ello le apartó de su trabajo entre 1982 y 1987.
Sólo Coppola fue capaz de convercerle de que regresara, para interpretar a un sargento que entrena a los jóvenes que van a ir a la guerra de Vietnam, en Jardines de piedra. Por desgracia, el realizador –también desmotivado, por el fallecimiento de su hijo durante el rodaje– no estuvo a la altura de otras ocasiones. Tras dar vida a un policía emparejado con un alienígena en Alien Nation, y al abogado que defiende a los criminales de Dick Tracy, encarnó al mejor personaje de este segundo tramo de su carrera en Misery, adaptación de la novela de Stephen King, donde da vida a un escritor de best-sellers retenido por una admiradora de sus novelas, enfermera perturbada. Su compañera de reparto, Kathy Bates, optó al premio de la Academia. “Fue un rodaje muy duro”, confesó el intérprete. “Me gusta estar siempre en movimiento y tuve que pasarme todo el tiempo en la cama, repitiendo escenas. Además, cuando hicimos aquélla en la que mi personaje se arrastra para escapar, el director de fotografía, Barry Sonnenfeld, escupió en el suelo y me dijo ‘hasta aquí puedes llegar’. Nunca me habían marcado los límites de esta forma”.
Divorciado en 1966 de Dee Jay Mathis, madre de su primer retoño, el actor no ha tenido mucha suerte en el terreno sentimental. Apenas estuvo unido dos años a Sheila Ryan, con la que tuvo a su hijo Scott, que ha seguido sus pasos como actor, por ejemplo en la saga de Ocean’s Eleven. También ha sido padre con Ingrid Hahek, y dos veces con Linda Stokes, de la que se separó en 2005. Hombre de carácter, ha sido uno de los pocos en confesar que sus ideas políticas se apartan bastante de lo habitual en su profesión. “Soy ultraconservador en el maldito Hollywood”, declaró en una entrevista. Piensa que durante sus años de ausencia, la industria del cine había cambiado para peor. “La mayoría de los jefes de estudios de ahora no saben nada de películas, sólo entienden que si consigues a Adam Sandler como protagonista, tienes garantizado ganar 150 millones de dólares”.
Volvió a pertenecer a la mafia, como padre de Nicole Kidman, en Dogville. Puesto que en los últimos tiempos sólo le ofrecían filmes menores, en los que se autoparodia, como Elf, Mickey Ojos Azules y Eraser, James Caan se refugió en la televisión, cuando las series empezaban a ponerse de moda. Interpretó a Ed Deline, ex agente de la CIA reconvertido en gerente de un casino, en la reconocida serie Las Vegas. Desde que ésta acabara ha sido recluido a trabajos menores, como el presidente de Superagente 86, aunque rueda a buen ritmo, tres o cuatro títulos al año, casi siempre pésimos, de distribución limitada. Sigue culpando a los de arriba. “De todos los productores de ahora respeto a muy pocos. Por ejemplo a Harvey Weinstein”, comentó antes de que este cayera en desgracia. “El tipo hace filmes. Ése es su negocio. No se dedica a ir a estúpidas juntas de accionistas a hablar de cuántos culos va a sentar en las butacas”. Desde luego, no tenía pelos en la lengua.
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