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"El mundo, un escenario. Shakespeare: El guionista invisible", de Jordi Balló y Xavier Pérez

El mundo, un escenario. Shakespeare: El guionista invisible (Jordi Balló y Xavier Pérez, Anagrama, Colección Argumentos, 243 págs)

"El mundo, un escenario. Shakespeare: El guionista invisible", de Jordi Balló y Xavier Pérez

A la hora de ir articulando sus procedimientos y herramientas, la narración audiovisual –en el cine y la televisión–, ha recibido inevitablemente influencias de las distintas formas de expresión artística. También, como es natural, de la literatura, la novela y el teatro. Uno de los primeros en plasmarlo en papel, negro sobre blanco, fue el pionero ruso Sergei M. Eisenstein, que en su ensayo de 1944 “Dickens, Griffith y el filme de hoy”, incluido en el libro editado por Rialp “Teoría y técnica cinematográficas”, señala la huella de las formas narrativas del Charles Dickens en el director de El nacimiento de una nación.

Cuando estamos a punto de conmemorar el cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare, resulta muy oportuna la publicación de un libro como el que nos ocupa, donde los profesores Jordi Balló y Xavier Pérez exponen a la luz con muchos ejemplos clarividentes la deuda que los cineastas tienen con el bardo inglés. No se quedan en la “boutade” de que si el autor viviera ahora, sería guionista y creador televisivo, sino que fundamentan la realidad de que su benéfica sombra en la ficción audiovisual es afortunadamente alargada y llega hasta nuestros días.

No se trata aquí de hacer una recopilación de las muchísimas obras de Shakespeare que han sido trasladadas a la pantalla, muchas con singular fortuna. Ni siquiera de subrayar, como hicieron Balló y Pérez en otro memorable libro, “La semilla inmortal”, el uso recurrente de modelos primigenios, historias universales que, con diversas variaciones, se repiten una y otra vez a lo largo de los siglos a la hora de articular tramas. La idea es –nada más, pero nada menos–, mostrar cómo algunos mecanismos narrativos y argucias para montar las historias continúan vigentes en el cine y la televisión, dotándoles de formidable vigor.

De este modo los autores dividen su libro en diez capítulos, en que desbrozan modos de hacer como el de la premisa clásica del guionista de entrar en una escena lo más tarde posible, y salir de ella cuanto antes, lo que puede suceder en obras como “Macbeth”, donde la profecía de las brujas ya presupone la ambición del protagonista y los acontecimientos en el campo de batalla, y también en el cine, ya sea en la saga James Bond –las películas siguen la convención de arrancar con una escena de acción en la que poco importa cómo se ha llegado hasta esa encrucijada–, o en una película como La red social, que empieza con una pareja en plena discusión, a punto de romper, sin mostrarnos los antecedentes de esa situación.

Recursos como las historias corales, con múltiples personajes, el personaje “bigger than life”, el deseo mimético y la repetición de situaciones típica del eterno retorno son ejemplificadas con películas y series de televisión, de los que puede encontrarse siempre un antecedente shakespeareano. Por supuesto los autores no pretenden limitar las influencias de los cineastas, conscientes por su parte o no, a Shakespeare, y no dejan de mencionar el teatro griego, al mentado Dickens, a Balzack o Tolstoi. Pero su foco se centra en el gran autor británico, con su fuerza indiscutible en temas, personajes y modos de hacer.

De modo que también se hace hincapié en los monólogos, que podrían parecer anticinematográficos, pero que en tantas películas son un contrapunto poderoso, muy oportuna resulta la cita del discurso entre tinieblas del coronel Kurtz en Apocalypse Now. Además se mencionan los intercambios dialógicos rebosantes de ingenio, que encuentran su prolongación en la “screwball comedy” o en sitcoms como The Big Bang Theory. La importancia de la naturaleza casi como un personaje más también se menciona. Atrevido resulta el planteamiento acerca de las escenas obscenas, el hiperrealismo de cierto cine moderno, que muestra escenas de tortura bastante gráficas, tendría su precedente en Shakespeare, por el hecho de aludir a ellas, aunque cuesta imaginar que la representación isabelina tuviera la crudeza de ciertos filmes actuales.

Finalmente se menciona la representación en la representación, los juegos de muñecas rusas, el cine dentro del cine, la representación dentro de la representación, que tendría en Hamlet montando su particular obra de teatro para que se traicionen los asesinos de su padre, un punto de partida para recorrer diversos modos en que el cine teoriza sobre su propia función representativa.

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