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"Crisis de valores en el cine posmoderno", de Gérard Imbert

Crisis de valores en el cine posmoderno (Más allá de los límites) (Gérard Imbert, Cátedra, colección Signo e Imagen, 555 págs)

Ambicioso ensayo acerca de los derroteros por los que transita el cine de la última década, desde 2010 a la actualidad, en el laberinto de la posmodernidad en que nos encontramos. Para tratar de ofrecer una “foto” lo más completa posible del panorama atisbado y de difícil aprehensión, maneja referencias a más de 800 de películas, con presencia dominante del cine autoral, aunque no faltan las menciones a títulos más populares o citas puntuales de series televisivas. Estructurado en siete densos capítulos y una conclusión final, donde abundan los ejemplos fílmicos concretos de lo detectado, resulta esencial leer la introducción, que ofrece un valioso resumen del contexto social y cultural, reflejado en las películas, y al que contribuyen las propias películas. Puede discutirse si centrarse en el cine de autor puede dar una foto "desenfocada", pues quizá otros títulos menos valiosos artísticamente hablando pueden reflejar mejor la realidad social. En cualquier caso resulta incuestionable la influencia de tales autores, al menos en el mundo intelectual y artístico que configura la cultura, y cuya influencia acaba contagiando a las películas populares.

Gérard Imbert constata la crisis profunda de valores de la sociedad actual, se nota en “la representación de lo que he llamado referentes fuertes (sexo, violencia, muerte), con una tendencia muy clara a una mayor frontalidad en el tratamiento de estos temas y un situarse más allá de lo que habitualmente se había visto en el cine, desembocando a menudo en el horror en sus múltiples expresiones”. Sí, se trata de un verdadero horror vacui, que el autor denomina “horror frío”, hay una “mirada cruda” que se nota en este hiperrealismo, que conduce al autor a interrogarse acerca de “si emerge una nueva forma de obscenidad, si es provocación –como a veces se percibe desde una postura moral– o, al contrario, indagación en temas y nociones que la modernidad había descartado, ocultado o enmascarado.”

La posmodernidad lo cuestiona todo, duda acerca de la posibilidad de alcanzar la verdad, e incluso, simplemente de que la haya. Hasta el punto de que el método científico parecería ser para el hombre posmoderno el único capaz de proporcionar verdadero conocimiento. La frustración viene de la imposibilidad de su uso en los campos de la filosofía, y más concretamente de la ética, lo que ha generado enorme desconcierto y una gran frustración, de difícil canalización, como demuestra el cine de Lars von Trier, Michael Haneke, David Cronenberg o Kim Ki-Duk. De modo que a pesar de un anhelo de valores, estos son “volátiles”, y por tanto, “cuestionables, relativos y mutables”.

Con este panorama, Imbert indaga con un discurso muy elaborado en el gusto actual del cine por las situaciones posapocalípticas, que dan pasos a muchos “pos” y “neos”, lo que da idea de la dificultad de definir el pensamiento líquido en que nos encontramos, neoexistencialismo, poshumanismo, son algunas de las “neoexpresiones”, podríamos decir con sorna, con las que nos topamos. Encerrados en el yo, hay una exaltación narcisista del propio cuerpo, y las relaciones de pareja entran en crisis. También nos adentramos en el terreno de las paradojas, con una sobresaturación de sexo y las incursiones en lugares desconocidos, prostitución, sadomasoquismo, etcétera. Citar ejemplos en estas breves líneas parece impropio, pero quizá la trilogía Paraíso del austríaco Ulrich Seidl puede dar una idea de a qué alude el autor.

Aunque en un libro tan voluminoso hay espacio para todo, quizá en el in crescendo que va de los finales posapocalípticos a la verdad y la mentira, pasando por el cuerpo, el mal-estar, la pareja, la decadencia del héroe y el horror frío, se echa en falta un tratamiento más detallado de la situación de la familia, la relación padres-hijos, su estabilidad, los lazos que van más alla de la sangre, del que puede ser representativo el último film de Hirokazu Koreeda, Un asunto de familia. Ciertamente la familia está en crisis, pero de eso se trataba, de hablar de “crisis de valores”. Lo misma cabe decir de la búsqueda de Dios y la trascendencia, las menciones a la fe y la religión se encuentran cuando se mencionan El Club, Ida y el horror, pero habría valido la pena ahondar en el tema, interrogarse acerca de si se está cumpliendo la famosa cita apócrifa de André Malraux, “el siglo XXI será religioso o no será”, que resumía su comentario profético de que “el problema capital de fin de siglo será el problema religioso, bajo una forma tan diferente a lo que conocemos, como lo fue en su momento el cristianismo respecto a las religiones antiguas”.

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