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Libros

"Como desees", de Cary Elwes

"Como desees. Historias inconcebibles del rodaje de 'La princesa prometida'" (Cary Elwes, con Joe Layden, y prólogo de Rob Reiner, Ático de los Libros, 261 págs)

Delicioso libro acerca de cómo se rodó La princesa prometida, una película que tres décadas después de su estreno conserva todo su encanto. Lo firma uno de sus actores protagonistas, Cary Elwes, que saltó a la fama a los 24 años gracias a su papel de Westley, lo mismo que le ocurrió a su compañera de reparto, Robin Wright, de 19 años, maravillosa como la princesa Buttercup. Además de contar con un prólogo del director Rob Reiner, todo el texto está salpicado de recuadros con declaraciones de muchos de los actores, como Wright, Mandy Patinkin, Billy Crystal, Wallace Shawn , Chris Sarandon y Christopher Guest, además del guionista William Goldman, que adaptó su propia novela, de la que estaba orgullosísimo, y que muchos consideraban imposible de ser trasladada a la pantalla.

Al posible prejuicio de considerar que dedicar un libro completo al rodaje de La princesa prometida resulta excesivo no hay mejor respuesta que el propio texto de Elwes, que explica de modo muy entretenido los desafíos de la filmación. La abundancia de anécdotas hará las delicias de los muchos fans de la película, y de los amantes del cine en general. Porque queda bien plasmado, por ejemplo, una situación como la del nerviosismo de un actor ante su primer papel importante; y el relato de sus lesiones, sobre todo la primera, fruto de su imprudencia, resulta cautivador, por la relación de confianza con el director, Reiner le invita a no tener miedo a decirle la verdad, si se hace daño, su salud es más importante que una película.

Además de recordar las frases memorables que el público repite una y otra vez –“como desees”, “Hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”, etcétera, etcétera– explica la química establecida con Wright y su torpeza en el primer encuentro, al constatar que hacía honor a la descripción de Goldman como “la mujer más hermosa que había existido en cien años, a ella parecía no importarle”; o los nervios del guionista en el plató, unos extraños ruidos detectados por el técnico de sonido en el rodaje de una escena encontraron su explicación en las oraciones que mascullaba en voz baja para que todo saliera bien.

Elwes se explaya contando el riguroso entrenamiento que él y Patinkin recibieron para poder interpretar “el mayor duelo de espadas de la época moderna”, de dos especialistas como Peter Diamond y Bob Anderson, que habían trabajado nada menos que con Errol Flynn y Burt Lancaster, y en la trilogía original de La guerra de las galaxias. También recoge el sabio consejo de Reiner, no actuar para hacer reír, para eso bastan las frases concebidas por el guionista. Y acaba transmitiendo al lector su contagioso entusiasmo.

Lo que no es difícil porque el libro está hecho, como la película –es la explicación que da Elwes a su éxito y su vigencia– con el corazón. Transmite así sus buenas vibraciones, y sus anécdotas impactan, porque nunca sabes hasta dónde puedes llegar con una película. Son botón de muestra de ello la frase del oficial destacado en Irak para provocar la sonrisa en sus hombres –“Divertíos asaltando el castillo”– o el comentario de un santo, Juan Pablo II, en una audiencia tras decir que había visto La princesa prometida, “muy buena película, muy divertida”.

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