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Biografía

Robin Wright

Robin Wright

54 años

Robin Wright

Nació el 08 de Abril de 1966 en Dallas, Texas, EE.UU.

La princesa prometida

13 Abril 2010

Se la recuerda sobre todo por sus papeles de La princesa prometida y Forrest Gump, así como por su relación con Sean Penn. Pero la carrera de esta espectacular belleza rubia texana ha dado mucho más de sí.

Nacida el 8 de abril de 1966, en Dallas (Texas), Robin Virginia Wright era hija de Fred, ejecutivo de una empresa farmacéutica, y su esposa, Gayle, alto cargo de una empresa de cosméticos. Cuando estaba en el instituto decidió iniciar una carrera como modelo, y posteriormente se convirtió en actriz.

Además de interpretar dos episodios de la serie The Yellow Rose, Robin Wright fue contratada para interpretar un personaje en la serie diaria Santa Barbara, para la que llegó a rodar 391 episodios. Su personaje, Kelly Capwell Perkins, hermana de un chico asesinado cuyo novio es acusado del crimen, le dio una gran popularidad, sobre todo en Estados Unidos. En el set conoció a Dane Witherspoon –uno de sus compañeros de reparto–, con el que se casó en 1986, pero no tardaron en divorciarse.

Antes de dejar la serie, Robin Wright debutó en el cine con Hollywood Vice Squad, y fue la princesa Buttercup, en La princesa prometida, de Rob Reiner, brillante homenaje a los cuentos infantiles, basada en la novela de William Goldman. Buttercup encandilaba a Westley, su mozo de caballerizas, que a todos sus encargos le contesta “Como desees”, palabras que en realidad para él significan “te quiero”.

Encontró el amor de nuevo en la vida real cuando rodaba El clan de los irlandeses, pues fue conquistada por Sean Penn. Ambos acabaron casándose en 1996,y tuvieron dos hijos, aunque su relación ha sido tan tumultuosa como anunciaba la célebre escena del film en la que ella le empuja y le dice “No quiero tener nada que ver contigo. ¡No te acerques a mí! ¿Crees que puedes venir a mí cuando se te pase por las pelotas y hurgar dentro de mí y manejarme? ¡Pues no! Te conozco de antes. Eres un embustero de mierda”. Ese momento cinematográfico resultó ser profético.

Ambos han intervenido juntos en las películas Hurlyburly y Atrapada entre dos hombres, donde también discutían en la pantalla y en Algo pasa en Hollywood y Loved. En Cruzando la oscuridad y El juramento, Penn dirigía a su esposa. “Amo a mi mujer. Ella me hace estar mucho más tranquilo, porque si voy a la cárcel no podré estar con ella. Cuando estaba casado con Madonna, ir a la cárcel era la manera más fácil de librarme de ella”, comentó Penn.

En 2007, Sean Penn y Robin Wright Penn hicieron público su divorcio, pero seguían juntos, y ella aparecía junto a Penn en actos públicos como los Oscar de 2009, cuando él ganó la estatuilla al mejor actor. Poco después anunciaron su separación definitiva, pero...

Robin Wright pudo ser una estrella sin parangón, aunque desde que fue madre en 1991, decidió dedicar más tiempo a sus hijos que al cine. Aún así, protagonizó Toys, con Robin Williams, y poco después interpretó uno de sus papeles más recordados, el de Jenny, el eterno amor del protagonista de Forrest Gump. Fue la esposa de Bruce Willis, en El protegido, una mujer en busca del hombre que había escrito unas sentidas palabras, en Mensaje en una botella, madre adoptiva conservadora en La flor del mal, esposa infiel en El detective cantante, una mujer embarazada que se reencuentra con un amor del pasado en Nueve vidas, y esposa de un congresista en La sombra del poder

Filmografía
House of Cards (6ª temporada)

2018 | House of Cards | Serie TV

Decepcionante última temporada de House of Cards, que tuvo que enfrentarse al desafío de prescindir de su actor principal, Kevin Spacey, por los escándalos sexuales de los que ha sido acusado, cuando ya se había iniciado su producción. Esto obligó a una reescritura completa de lo previsto y al retraso en su lanzamiento. La presión que debieron sentir los guionistas puede imaginarse, estar a la altura de las anteriores temporadas desprovistos de su principal arma, el formidable actor. La ausencia del personaje que justifica toda el entramado, el carismático y maquiavélico Frank Underwood, acaba pesando demasiado, no deja de estar presente como un fantasma, y el recurso a jugar con esta idea, la de una especie de no-muerto que se resiste a descansar en paz en su tumba, de sombra muy, muy alargada, no acaba de funcionar. No está Spacey-Underwood, y hablar de él todo el tiempo sólo complica las cosas, aumentando la añoranza, el espectador le echa de menos aunque no quiera. Frank Underwood ha muerto. Con su prestigio por los suelos, no ha sido enterrado en Arlington sino en su Georgia natal, ironías de la vida, junto a la tumba de su padre al que tanto odiaba. ¿Por causas naturales? No está claro, aunque la versión oficial asegura que murió pacíficamente en la cama que compartía en la Casa Blanca con su esposa, la presidenta Claire Underwood. Se escuchan ruidos extraños en la residencia presidencial. ¿Será un fantasma? No, un pajarito se había colado y quedado emparedado, pero Claire lo encuentra y deja volar. La ambiciosa viuda trata de hacerse respetar, pero demasiadas personas poderosas a su alrededor piensan que es una marioneta que pueden manejar a su antojo. Destacan a este respecto el vicepresidente Mark Usher y los hermanos Shepherd, Bill y Annette. Por otro lado el fiel Doug Stamper, siempre una especie de perrito faldero de Frank, desearía el indulto presidencial al que también aspiraba el ex presidente, y está ingresado en un centro psiquiátrico sometiéndose a sesiones de terapia. Es triste ser testigo de la decadencia de la serie, que aquí deviene en intrigas palaciegas que parecen una caricatura de los Borgia, nada queda de la grandeza shakespereana de los comienzos con una lady Macbeth de opereta, simulando una depresión; la impresión es que Beau Willimon se ha quitado de en medio del desaguisado, aunque siga figurando en los créditos como creador. Claire toma el testigo de Frank para dirigirse al espectador y desafiarle, echándole a la cara su pragmático cinismo, pero no es lo mismo, y se abusa del recurso. Tenemos a muchas mujeres con poder, tratando de encarnar el sueño feminista, pero sin garra ninguna, ya sea Annette, como una antigua amiga de la universidad de Claire y ahora rival, pobre recién llegada al naufragio Diane Lane, o a Jane, la mujer turbia a la que ya daba vida Patricia Clarkson, que comparte algunas escenas sonrojantes con el presidente ruso, negociando condiciones ventajosas para su presencia en Siria, aprovechando su presencia en el sepelio por la antigua secretaria de estado; aunque las más altas cotas del ridículo se alcanzan cuando asoma un gabinete para tiempos del #MeToo, a cuya causa el cinismo hace un flaco favor. Un personaje que da pena el el de Seth, que trabaja para los Shepherd como ridículo correveidile. Y la cuestión del aborto o una cuestión de paternidad, en fin, todo resulta, con perdón de "embarazoso" culebrón. A Robin Wright hay que reconocerle coraje por intentar sostener a su personaje, interpretándolo hasta el final, e incluso echando el telón del último episodio, que dirige, aunque no basta. Ahora sí, descansen en paz de una vez Frank Underwood y compañeros, y pasemos a otra cosa.

3/10
House of Cards (5ª temporada)

2017 | House of Cards | Serie TV

Continúan las intrigas políticas de Frank y Claire Underwood para copar el poder en Washington, cada vez más parecidos al referente shakespereano del matrimonio Macbeth. Están muy próximas las elecciones presidenciales en que Frank debería revalidar un cargo que consiguió desde el bando demócrata en circunstancias más que dudosas, y con su esposa Claire como compañera de ticket aspirante a ocupar la vicepresidencia y no limitarse a ser la primera dama. Pero el republicano Will Conway, que tiene un pasado de héroe de guerra y es mucho más joven y padre de familia, es un poderoso rival. Además pesa el modo en que el presidente Underwood gestionó una crisis de secuestro en que un ciudadano americano fue decapitado a manos yihadistas. Decidido a conservar el mandato presidencial al precio que sea, Frank juega a la guerra sucia, además de manejar la carta del miedo para limitar el poder de los gobernadores, y ahuyentar de las urnas a los votantes m´s conservadores. La quinta temporada de House of Cards, que ha desarrollado antes con brillantez Beau Willimon, ahora desmarcado para acometer nuevos proyectos, mantiene de la mano de Melissa James Gibson y Frank Pugliese el nivel de las predecesoras, pero con una intención de elevar el nivel de intrigas y manipulación del matrimonio protagonista y su equipo, azuzada por el fenómeno "presidente Trump", que de alguna manera confirma aquello de que la realidad siempre supera a la ficción. De modo que siguen las intrigas en la sombra, mostrando el contraste entre un presidente que ya peina muchas canas, es de otra generación, y un adversario que usa hábilmente las nuevas tecnologías –su sesión de preguntas directas con el público durante horas via internet–, y que podría tener un punto flaco que no acaba de aflorar. En esta nueva entrega se prueba que hay capacidad sobrada para mostrar el modo en que actúan unas mentes retorcidas, que en algún caso, Doug Stamper, podrían estar tocando fondo. También la idea "marca de fábrica" de que Frank (el gran Kevin Spacey) se dirija directamente al espectador tiene nuevos momentos de originalidad, como en la reunión con los gobernadores, o con la que gente que se manifiesta a las puertas de la Casa Blanca, lo que tiene su mérito, la fórmula siempre apuntaba al riesgo de convertirse en lastre, Nombrar al reparto habitual y decir lo bien que lo hace cada uno, incluida con Robin Wright repitiendo como directora de un par de capítulos, se antoja un ejercicio innecesario. Sí conviene señalar alguna incorporación de relumbrón, como la de Patricia Clarkson.

7/10
Wonder Woman

2017 | Wonder Woman

Traslación a la pantalla de Wonder Woman, el personaje de cómic creado por William M. Marston, a quien ya pudimos ver en Batman v Superman: El amanecer de la justicia, donde se congregaban unos cuantos superhéroes, pero que aquí deviene en protagonista absoluta. Por sus orígenes en la mitología griega, podríamos decir que es el equivalente de DC Comics a Thor, de la factoría Marvel, que se inspira en la mitología nórdica. Aunque aquí con el añadido elemento femenino y feminista, que convenientemente amplificado por el aparato de marketing de Warner, ha logrado una resonancia mediática y en la opinión pública sencillamente impresionante. Lo que tiene sentido, pues es una película sólida, en que la heroína desprende magnetismo y encanto –no es la Catwoman de Halle Berry, de triste memoria–, y en que la batuta de la dirección la maneja una mujer, Patty Jenkins, quien realmente no había vuelto a llamar la atención desde que filmara en 2003 Monster. La llegada a las manos de Diana Prince, en la actualidad, de una foto tomada durante la Primera Guerra Mundial, despierta los recuerdos de su infancia, cuando vivía en una isla rodeada de valientes guerreras, las amazonas, en paz y armonía, aunque siguiendo un severo entrenamiento para el combate, el dios de la guerra Ares, podía surgir en cualquier momento, insatisfecho por la decisión de Zeus de crear a los hombres. La ingenuidad de Diane comenzará a despertar al mundo real, cuando llega a la isla un hombre, el piloto estadounidense Steve Trevor, después de que su avión haya sido derribado. Tras él vienen pisándole los talones los alemanes. Y es que fuera de la isla el mundo está en guerra. Y Diane decidirá afrontar su destino, que piensa que no es otro que localizar a Ares y terminar de una vez para siempre con el horror de las masacres bélicas, dándole muerte con la espada matadioses. Pero puede que las cosas sean más complicadas de lo que se imagina. Lo primero que cabe destacar es un guión bien pergeñado por el televisivo Allan Heinberg, donde han aportado ideas también Jason Fuchs y Zack Snyder, y que bebe de los clásicos de aventuras, con cita expresa y obligada a Edgar Rice Burroughs. Es cierto que algunas escenas de lucha archetípicas, donde no faltan los rayos y centellas en el tramo final, pueden resultar cansinas, pero en general el ritmo es agilísimo, y se combina bien la acción, el drama, la denuncia del horror bélico, el suspense y la comedia romántica. Y los efectos son resultones, si se exceptúa el entorno de la isla donde la creación digital se nota en exceso, y se acepta que el relato mitológico puede tener ese aspecto cruce entre el videojuego y los títulos de crédito de la primera temporada de The Leftovers, sería una opción estética legítima. La trama viene atravesada por conceptos universales que cualquier espectador acepta con agrado, el amor que remueve todos los obstáculos, la necesidad de creer, el lado oscuro del ser humano junto a las grandes obras que es capaz de realizar, incluido el sacrificio.  A la vez se sabe insertar con inteligencia el mensaje feminista, al ser Diana una especie de "extraterrestre" en la sociedad en la que de pronto aterriza, el Londres de la Primera Guerra Mundial para empezar a entonarse, ella puede afirmar su independencia y personalidad en un mundo dominado por los varones, sin que suene a cliché metido con calzador. Y en fin, aunque con medida que desea no espantar a determinados espectadores, pero con clara intención, se muestra la extrañeza de Diana cuando Steve le explica las normas que definen el matrimonio, mientras ella afirma, en su erudición, que la mujer no necesita al hombre para el placer, sólo para la procreación. El reparto está muy bien escogido. Gal Gadot soporta bien el peso protagónico, da el tipo de mujer hermosa, madura y con acendrada personalidad, pero todavía con poco mundo, su visión maniquea del mundo va a ser puesta a prueba. Hay química con Chris Pine, el espía americano. Y luego hay toda una pléyade de secundarios, que funcionan bien: las amazonas Robin Wright y Connie Nielsen, la villana hispana Elena Anaya, y su jefe, el oficial alemán encarnado por Danny Huston, más el alto mando británico David Thewlis, la probable sufragista Lucy Davis, y el grupo de compañeros mercenarios de buen corazón y multiétnico que incluye a Saïd Taghmaoui, Ewen Bremner y Eugene Brave Rock.

6/10
Blade Runner 2049

2017 | Blade Runner 2049

A pesar de que en su estreno allá por 1982 Blade Runner no obtuvo una gran acogida por parte del público, poco a poco fue haciéndose un hueco entre las mejores películas de ciencia ficción. Con el paso del tiempo pronto se convirtió en una obra de culto y su influencia en el cine posterior se hizo patente en numerosas películas. Décadas después son millones los aficionados que han disfrutado de la historia concebida originalmente por Philip K. Dick, en donde los humanos nacidos de una mujer compartían su vida en la megalópolis de Los Ángeles con otros hombres y mujeres creados artificialmente y denominados replicantes, considerados de segunda categoría. Tal escisión entre la población daba lugar a un enfrentamiento entre ambas partes en el curso de la cual los replicantes demostraban tener los mismos amores, anhelos y miedos que sus creadores. En Blade Runner 2049 han pasado ya treinta años de aquellos acontecimientos y la situación social no parece haber cambiado demasiado. Los Ángeles sigue siendo una megaurbe insalubre, casi siempre sumida en la bruma, la lluvia o la noche, en donde conviven todo tipo de dialectos y la vida hipermasificada se hace casi irrespirable. Tras un apagón generalizado tras el cual todos los archivos de la Tyrell Corporation se perdieron, ahora campea por la ciudad una actualizada versión de replicantes, los Nexus 8, creados por una nueva y sofisticada corporación biotecnológica heredera de la anterior, la Wallace Corporation, liderada por el enigmático Nandier Wallace. Uno de esos Nexus 8 es el Blade Runner KB36-3.7, llamado simplemente “K”, cuyo objetivo es “retirar” a replicantes fuera de control. Una misterioso hallazgo le pondrá sobre la pista de Rick Deckard, antiguo Blade Runner. Vaya por delante que no hacía ninguna falta resucitar el universo creado por Ridley Scott y compañía. Pero, en fin, una vez que la inevitable maquinaria empresarial de Hollywood se empeñó en traer de vuelta a los replicantes, los productores –entre ellos el propio Scott– han procurado no estropear la obra maestra original, de modo que vuelven a jugar con los mismos elementos que fascinaron en los años 80. Visto el resultado la decisión de contratar al prestigioso Denis Villeneuve (fan confeso del primer film) como máximo responsable es un gran acierto, pues alguien como él podía retomar con precaución el “mood” original y ofrecerlo en los tiempos actuales sin pisotear la identidad de la historia. Y eso es lo que ha hecho. Como ya dejó patente en películas como La llegada, Villeneuve da fe de una potencia expresiva pocas veces igualada en pantalla. Cuenta su historia con imágenes subyugantes (¡esa larga secuencia en la ciudad devastada por la radiación!), con un sonido ambiente atronador y envolvente que te deja pegado a la butaca y, por supuesto, con una puesta en escena de sabor añejo, que emocionará a los amantes del original de Ridley Scott. Ante la rotundidad formal de la película el espectador quedará como hipnotizado durante muchos, muchos minutos. Cada plano está sumamente estudiado, trabajado hasta la perfección, tanto los exteriores como las localizaciones que definen a los personajes (la casa de K, la Wallace Corporation, la vivienda en la ciudad fantasma), en donde una de las constantes del universo Blade Runner –la convivencia entre lo nuevo y lo viejo, lo actual y lo clásico– se sublima, con múltiples homenajes al film ambientado en 2019. Pero toda esa desbordante imaginería visual tiene también una contrapartida no tan deseada: una cierta falta de dinamismo. La solemnidad y preciosismo de las imágenes deja un poco de lado el ritmo y también el guión es confuso en algunos tramos. Si antaño algunos achacaron cierta pesadez al film original, hay que avisar de que en este caso las cosas pueden ponerse aún más difíciles para aquellos que esperen una película de acción, persecuciones y emociones al uso. Los fans, sin embargo, probablemente quedarán satisfechos, aun cuando serán inevitables desiguales comparaciones que no es cuestión de ponerse a enumerar aquí. Fiel a su procedencia, la identidad de Blade Runner 2049 tiene también su punto fuerte en las eternas preguntas que importan a todo ser humano. ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Tengo alma?, implícitas o explícitas en el guión de Hampton Fancher y Michael Green, mientras que la búsqueda del amor y el anhelo por ser deseado genera aquí fuertes y extremas referencias a la realidad virtual y la inteligencia artificial, cuerpos y sexualidad digitales que quieren llenar el vacío emocional del replicante. Porque las emociones no son el punto fuerte del protagonista, compuesto por un sólido Ryan Gosling cuya carismática presencia en pantalla es ideal para componer a tipos lacónicos al estilo Drive, galanes que no mueven un músculo de la cara, pero a quien en este film se le echa en falta quizá un poco más de la expresiva humanidad que se le demanda en momentos clave. Aunque para eso ya está Harrison Ford.

7/10
House of Cards (4ª temporada)

2016 | House of Cards | Serie TV

Cuarta temporada de esta serie de lucha por el poder a toda costa, que alcanza su momento más álgido. Porque ciertamente y gracias a sus intrigas el vicepresidente Frank Underwood ha accedido a la presidencia de los Estados Unidos, tras implicar en un escándalo al anterior mandatario, pero al precio de la ruptura con su esposa y nueva primera dama, Claire, aunque la opinión pública no sea aún consciente de ello. De modo que en campaña para su reelección, donde la situación política con la crisis del petróleo y los roces con Rusia no ayudan demasiado, se suman las piedras que le va poniendo en el camino su propia mujer, que siguiendo sus propias aspiraciones políticas pretende presentarse al Congreso en Texas; decisión que coincide con la noticia de que su madre, con la que apenas se habla, padece un cáncer bastante avanzado. Beau Willimon vuelve a demostrar destreza para desarrollar las posibilidades que ofrece el lado más oscuro de la Casa Blanca. Aquí la novedad es que lo que había sido un frente unido, Francis y Claire, se ha quebrado, con lo que la lucha por el poder en su vertiente más maquiavélica, es también una pelea entre ellos, las desavenencias conyugales y políticas se confunden, es todo lo mismo. A esto se suman nuevos personajes –la madre enferma, amargada e intrigante, encarnada por Ellen Burstyn; o la jefa de campaña de Claire, Neve Campbell–, subtramas bien pensadas como la crisis rusa, y puntos de giro inesperados que no deberíamos desvelar, pero que complican la vida, nunca mejor dicho, al presidente. La trama atrapa, y aunque se presta humanidad a los personajes, de nuevo la apuesta es convertir a todos en ambiciosos y resentidos ávidos de poder y venganza, cada uno a su modo, nadie resulta medianamente positivo o atractivo, sólo cabe admirar el ingenio de unos y otros a la hora de urdir artimañas para conservar lo logrado, tapar escándalos o alcanzar ciertas metas, ya sea el comandante en jefe Kevin Spacey –que en esta temporada habla menos al espectador–, la primera dama Robin Wright –que vuelve a dirigir varios episodios–, o el astuto jefe de gabinete Michael Kelly, por citar a los principales.

7/10
Everest

2015 | Everest

Mayo de 1996. Dos guías profesionales preparan sendas expediciones comerciales, en las que llevarán a la cima del Everest a adinerados individuos. Rob Hall, de Adventure Consultants, garantiza el éxito a cualquier tipo de cliente, independientemente de su experiencia, pues ha ejercido su labor durante años sin ninguna víctima mortal. Su rival, Scott Fisher, de Mountain Madness, sólo lleva consigo a gente preparada. Ambos grupos logran coronar su objetivo, pero entonces se desata una inesperada y violenta tormenta... El islandés Baltasar Kormákur, responsable de la excelente 101 Reikiavik, ha dirigido en Hollywood títulos como Contraband y 2 Guns. En Everest reconstruye trágicos sucesos reales, que pusieron en solfa el lucrativo negocio de los viajes de recreo al punto más elevado de la Tierra. El realizador logra sacarle mucho partido a un guión inteligente, escrito a cuatro manos por Simon Beaufoy, con experiencia en este tipo de historias por 127 horas, y nada menos que William Nicholson, autor de la obra original y el libreto de Tierras de penumbra. Son conscientes de que no deben apartarse del esquema del típico retrato de lucha del hombre contra la naturaleza, por lo que se limitan a dar pinceladas de los personajes. Pero logran darles cierta dimensión humana, y que se entiendan las dos maneras de entender su profesión de los protagonistas. También contribuye al dramatismo de Everest el reparto, que tiene en su cima a Jake Gyllenhaal (Fisher) y Jason Clarke (Hall), éste último el que logra la mayor emotividad, en sus conversaciones telefónicas con su esposa, encarnada por una breve pero eficaz Keira Knightley. También sorprende otro matrimonio de ficción, formado por Josh Brolin y Robin Wright. No desentonan grandes intérpretes como Emily Watson, Sam Worthington y John Hawkes. En suma, cuando llegan las deseadas y vistosas secuencias de escalada que el público ha ido a ver no se tiene la sensación de estar contemplando el típico blockbuster vacío. Estamos ante una de esas películas de las que se sale alabando la fotografía, gran labor de Salvatore Totino. Los planos aéreos ponen los pelos de punta por sí mismos, por lo que no necesitarían del 3D con el que se exhibe Everest.

6/10
House of Cards (3ª temporada)

2015 | House of Cards | Serie TV

Tercera temporada de la cínica serie, con Francis Underwood al fin de presidente de los Estados Unidos, aunque de auténtica carambola, tras forzar la dimisión del presidente. Su ambición todavía no está colmada, pues sólo dispone de 18 meses como inquilino de la Casa Blanca, y en su partido no son muy partidarios de que sea candidato para un segundo mandato. Mientras Claire no se conforma con ser simple Primera Dama, y se postula como embajadora de su país ante Naciones Unidas. Y aunque Francis no renuncia a presentarse a las elecciones presidenciales, utiliza su supuesto abandono para buscar apoyos para su programa Trabajo para América, que busca crear un millón de puestos de trabajo, financiados a base de recortes sociales. Entretanto Doug Stamper, que siempre hizo trabajos sucios para Francis, se siente ninguneado tras haber estado cerca de la muerte y haber necesitado rehabilitación, hasta el punto de que podría ofrecer sus servicios a una inesperada candidata a la presidencia. Beau Willimon sigue desarrollando con habilidad esta serie de planteamientos maquiavélicos, en que los principales personajes buscan sólo su propio interés, sin pensar excesivamente en servir al ciudadano, a no ser que tal actitud le reporte votos u otros beneficios tangibles. Por supuesto que en o más alto del escalafón cínico se se encuentra Francis Underwood, de nuevo un Kevin Spacey que se diría más grueso y satisfecho que nunca, que habla a cámara y por tanto al espectador con increíble desparpajo y naturalidad para pavonsearse de sus lamentables puntos de vista. Ya en el arranque de la serie, una visita al cementerio donde está enterrado su padre, supuestamente sentimental, y que le lleva a orinar ante su tumba, da idea de que para este hombre no hay nada sagrado, lo que se corrobora en otro capítulo, en una escena en una iglesia, donde su actitud blasfema tiene un inesperado contrapunto en el crucifijo que se viene abajo y está a punto de aplastarlo, lo que proporciona un momento de titubeo al repulsivo personaje, antes de que se rehaga con unos de sus sarcásticos comentarios. La serie tiene gancho y atrapa, con sus luchas de poder y crisis políticas –Oriente Medio, una Rusia con un mandatario que se parece a Putin, las luchas en el congreso...– aunque en su contra tiene la realidad de una galería de personajes odiosos, con los que resulta difícil empatizar.

6/10
El hombre más buscado

2014 | A Most Wanted Man

Tras los atentados del 11-S, y siendo sabido que Muhammad Atta recaló en Hamburgo antes de perpetrar los terribles ataques, los servicios secretos de varios países, incluidos Alemania y Estados Unidos, operan discretamente para evitar que otros yihadistas planeen nuevos golpes. La llegada a la ciudad del joven checheno Issa dispara las alarmas, pues se dispone a recoger la herencia de su padre ruso, depositada en la cuenta de un banco, no se sabe bien con qué oscuros propósitos, asesorado legalmente por la joven abogada izquierdista Annabel. El veterano Günther, que vigila todos los movimientos sospechosos de los próceres islamistas desde hace tiempo, considera que Issa podría ser la persona clave que le conduzca a pescar peces más gordos, pero en la delicada operación le toca lidiar con agencias rivales que piensan que está jugando con fuego. Lograda adaptación de la homónima novela de John le Carré, que demuestra una vez más su excelente pulso para el thriller de espionaje; más allá de sus tramas más populares, ubicadas en los años de la Guerra Fría, aquí el marco del peligro de los radicales islamistas, apoyados por personas supuestamente honorables, resulta de rabiosa actualidad. Dirige Anton Corbijn, quien ya dio pruebas de manejar bien la tensión narrativa en El americano, y que aquí demuestra su habilidad para contar una historia de espías lejos de los excesos a lo James Bond, donde tenemos la rutina de vigilancia, los interrogatorios, la suave presión de hierro con los "colaboradores", las negociaciones a "cara de perro" con las otras agencias del servicio secreto. El film transmite autenticidad sin resultar nunca aburrido y siempre ligeramente desasosegante. Y en el gran reparto, con rostros desconocidos más una pléyade de secundarios cuya cara, a cualquier, suena al menos, brilla, por encima de todos, el grandísimo Philip Seymour Hoffman, magnífico en todo el metraje, también en el clímax, y que nos obliga a gritar, qué gran pérdida ha sufrido el cine con su prematura muerte.

7/10
House of Cards (2ª temporada)

2014 | House of Cards

La ambición de quien fuera congresista por Carolina del Sur, Francis Underwood, y de su esposa Claire, no parece conocer límites. Después de haber forzado la renuncia del vicepresidente para que se presente a gobernador, y ocupar así su puesto, el camino para llegar a la cúspide del poder parece bastante claro. Se trata de manejar a los que también se muestran ávidos de puestos de mando, pero que pueden ser manejados, como Jackie Sharp, que va a ocupar su puesto de líder de la mayoría del congreso, y emplear para los trabajos sucios a secuaces eficaces y leales como el ex alcohólico Doug Stamper. No faltan, por supuesto, los obstáculos, como los chicos de la prensa, o lobbies poderosos como el liderado por Raymond Tusk, amigo personal del presidente y que tiene negocios muy lucrativos con los chinos. Revelaciones como el recurso al aborto de Claire y agresiones sexuales en la cúpula del ejército van a complicar la vicepresidencia de Underwood, aunque aún más complicado lo va a tener el presidente Garrett Walker, que atraviesa una crisis matrimonial, y que se ve enredado en una complicada partida de ajedrez donde su segundo no parece ser precisamente su aliado. La segunda temporada de House of Cards, que adapta a la realidad estadounidense el libro de Michael Dobbs y la miniserie de Andrew Davies, sigue los parámetros maquiavélicos con que arrancó, su protagonista sigue siendo un perfecto cínico, que expresa sus planes sin remordimientos hablando de vez en cuando a la cámara, o sea, al espectador. Por supuesto a Underwood no le basta su vicepresidencia, y sólo en ocasiones contadas muestra una cierta correspondencia a las personas que le caen bien, como Freddie, que le sirve esas costillas que tanto le gustan en su viejo local. La trama política es sólida y despierta el interés, y hay lugar para las sorpresas, a medida que en el ambicioso camino de Underwood se acumulan los cadáveres, metafóricos o reales. La serie televisiva de Netflix es ágil, e incorpora bien elementos tecnológicos y de la actualidad. Los personajes están bien perfilados, pero pesa demasiado la carga inmoral, con planteamientos muy retorcidos –el ménage à trois del matrimonio Underwood con su guardaespaladas es de traca–, no existe alguien medianamente ejemplar e íntegro, parece que en Washington y en el mundo en general no existe la gente honrada, los políticos que simplemente quieren servir a sus ciudadanos. Una vez más el reparto es sobresaliente, con unos Kevin Spacey y Robin Wright que han tomado perfectamente la medida a Francis y Claire.

7/10
House of Cards

2013 | House of Cards | Serie TV

Recién elegido el nuevo y demócrata presidente de Estados Unidos, el congresista Francis Underwood contaba con ser nombrado secretario de estado. Pero el ingrato presidente electo ha decidido no cumplir su promesa, las circunstancias políticas obligan. No queda convencido Underwood, que a partir de ese momento orquesta su particular venganza: no sólo torpedeará a quien el presidente ha señalado como secretario de estado para colocar a una mujer en su lugar, sino que apoyará una nueva ley de educación a su gusto, y filtrará información a su gusto a una bloguera del influyente diario The Washington Tribune; y todo ello con la apariencia de ser un fiel colaborador de la Casa Blanca, a la que no guardaría rencor. Entretanto la esposa de Francis, Claire, busca el modo de sacar adelante sus proyectos medioambientales sin ánimo de lucro, contando con que los fondos que manejará no son los deseados por la falta de consideración de que ha sido víctima él. Traslación a la realidad política americana de la novela del británico Michael Dobbs, que fue convertida en serie televisiva por la BBC en la última década del siglo XX. Se trata de un ambicioso proyecto de Netflix, el portal de internet para alquiler de películas y series televisivas, que de este modo se mete de lleno en la producción, incluso con el atrevimiento de haber puesto simultáneamente a disposición de sus usuarios, los 13 episodios de que consta su primera temporada. Los dos primeros capítulos los dirige el estiloso David Fincher, en su primera incursión televisiva, y otros cineastas ligados a House of Cards responden a los prestigiosos nombres de James Foley, Joel Schumacher, Carl Franklin y Allan Coulter, entre otros. El enfoque de House of Cards es tremendamente cínico: la entrega de Francis a la política es una exclusiva mirada a su propio ombligo, no consiste en otra cosa que en sentir el vértigo del poder y salirse con la suya, siempre desde una altura clarividente que mira a los demás con desprecio, sean “lobos” o de la “manada”. Ello se subraya con la escenas en que Francis, un papel a la medida de Kevin Spacey, mira directamente a cámara para exhibir sin tapujos su desprecio a los demás, su escasa confianza en la naturaleza humana la búsqueda de su exclusivo interés. Su matrimonio con Claire –no tienen hijos– parece más una fría asociación conveniente para ambos, que algo basado mínimamente en algo parecido al amor. Y los otros congresistas, la periodista, los ciudadanos sufrientes, no son más que peones sacrificables en su particular partida política de ajedrez; y ello porque tampoco es que sean mejores que él. Está claro que la serie, desarrollada en su versión yanqui por Beau Willimon, tiene gancho y está bien rodada. Logra intrigar y los actores hacen un buen trabajo. Pero la imagen que transmite de la actividad política es algo muy parecido a una cloaca donde nadie parece pensar que está prestando un servicio a los ciudadanos. Lo que resulta altamente deprimente.

6/10
Dos madres perfectas

2013 | Two Mothers

Adaptación de la primera de las novelas cortas que componen "Las abuelas", el texto de la premio Nobel ya fallecida Doris Lessing, que se distingue por no haber tenido demasiada suerte hasta el momento con las traslaciones de sus obras a la pantalla. Dirige Dos madres perfectas la francesa Anne Fontaine, autora de varios filmes con ideas interesantes pero que no acaban de funcionar, como Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel o Nathalie X. Dos madres perfectas tiene como personajes centrales a Lil y Roz, amigas desde la infancia con sendos hijos de la misma edad. Mientras que la primera de ellas es viuda, la otra está casada con un profesor universitario al que ofrecen un buen puesto en la lejana Sidney. Cuando éste último se ausenta, ambas mujeres inician al mismo tiempo una relación, cada una con el hijo de la otra. Repite la temática habitual en la filmografía de la directora, las mujeres que desafían a la sociedad. Ésta se esfuerza con rodar con relativa elegancia una historia sórdida que plantea una doble relación semincestuosa. Además, logra que su folletinesco punto de partida no resulte tan ridículo como podía haber sido. Pero por lo demás, todo resulta fallido en Dos madres perfectas. Aunque cuenta como protagonistas con dos actrices de excepción, Naomi Watts y Robin Wright, ninguna de ellas logra que su personaje resulte mínimamente creíble, por culpa sobre todo de un guión plúmbeo, que además, dicho sea de paso, cuenta con unos diálogos demasiado explicativos, que resultan pedantes en diversas ocasiones. Peor es el trabajo que realizan los dos jóvenes que encarnan a sus retoños, James Frecheville y Xavier Samuel, de los que la directora explota su buena presencia ante las cámaras, pero que no parecen haber recibido indicaciones de ningún tipo, hasta el punto de que realizan una interpretación insulsa, a pesar de que el primero hizo un trabajo encomiable en Animal Kingdom. Curiosamente el que fuera su tío atracador en aquélla, Ben Mendelhson, encarna aquí a su padre, convirtiéndose en el único actor que se salva mínimamente en el film. La historia no acaba de resultar creíble, por la poca humanidad con la que se presentan las acciones de los personajes, algunas no del todo claras. No se comprende por qué Roz, de la que no se han observado problemas en su matrimonio, inicia el primero de los 'affaires', mientras que tampoco resulta del todo creíble la motivación de Lil, que hace lo propio en principio por venganza ante lo sucedido. Ambas mujeres se plantean únicamente su propio hedonismo, y si acaso que alguien desde fuera pudiera no entender su comportamiento, pero nada más. Por ejemplo, el hecho de que éste afecte a su relación con otras personas cercanas no parece importarles lo más mínimo.  

3/10
El congreso

2013 | The Congress

Desigual película del cineasta israelí Ari Folman (Vals con Bashir), que adapta libremente “Congreso de Futurología”, novela de uno de los autores clave de la ciencia ficción, el polaco Stanislaw Lem. Aporta una reflexión acerca de la naturaleza del oficio de los actores, el papel que las películas juegan en la vida de las personas, y más allá de todo, acerca de la existencia humana y el sentido de la vida. En un juego que trata de aproximar realidad y ficción, Robin Wright se interpreta a sí misma. Se supone que la actriz que saltó a la fama con La princesa prometida ya no goza de la popularidad de antaño: cuarentona, le ofrecen pocos papeles y éstos de muy escaso interés. Hasta que un estudio le propone que siga la estela de otros actores que venden sus derechos digitales, o sea, renuncian a actuar en el futuro, y convenientemente escaneados con todas sus expresiones posibles, están listos para ser replicados en nuevas películas gracias a los ordenadores; una idea que ya exploró en cine Andrew Niccol en S1m0ne. Aunque reacia a un acuerdo semejante, Robin, que está criando a sus hijos Sarah y  Aron, éste con una grave enfermedad, podría llegar a un acuerdo pensando en ellos. El congreso consta de dos partes bien diferenciadas, separadas por un intervalo de 20 años, el tiempo que dura el contrato que el estudio le ofrece a Robin. La primera, rodada con actores de carne y hueso, atrapa, y contiene secuencias tan intensas como aquella en que el agente de la actriz –estupendo Harvey Keitel– le logra arrancar emociones mientras ella se prepara para ser escaneada. En cambio el segundo tramo del film, realizado con técnicas de animación, resulta mucho más confuso y pesado, la acción se torna reiterativa. Folman trata de mostrarnos un mundo alternativo, al estilo Matrix, en el que algunos aceptan vivir porque reporta ciertas ventajas, aunque con el precio de renunciar a la realidad. Imágenes de una especie de gurú estilo Steve Jobs, o de unos rebeldes montando una especie de revolución, resultan algo delirantes y se dirían deudoras del anime, aunque sin la fuerza y lirismo que tantas veces consiguen los cineastas japoneses. Queda la impresión de que se podía haber logrado un film mucho más emotivo y cercano, por ejemplo la relación de la madre con su hijo no tiene toda la fuerza deseable. Y los dibujos con personajes famosos acaban cansando, cualquiera diría que Folman está jugando a los Simpson incorporando celebrities a su paisaje animado.

5/10
Rampart

2011 | Rampart

Esta película sólo puede describirse con un adjetivo: decepcionante. Más teniendo el nombre de James Ellroy, conocido autor de novela negra -una obra suya dio pie a la genial L.A. Confidential- como coguionista. Dirigida por Oren Moverman, sigue a Dave, un conflictivo policía de Los Ángeles, de métodos heterodoxos, con fama de violento y racista, y al que persiguen los escándalos. Su vida familiar es muy peculiar, pues tiene dos hijas, cada una de dos hermanas que fueron, una detrás de otra, sus esposas; y comparten la misma casa, aunque la situación no parece sostenible. Como, para la división Rampart de la policía, Dave se ha vuelto un personaje incómodo -los pleitos en los juzgados se multiplican y el acoso mediático persiste-, todo apunta a que le están tendiendo una trampa para poder deshacerse de él. El principal problema de este retrato de policía que ha tocado fondo es que la trama no avanza, todo es dar vueltas sobre lo mismo, el interés así se pierde pronto. Woody Harrelson hace uno de esos personajes alocados que le encantan, y que puede componer en un santiamén sin apenas despeinarse.

4/10
Moneyball

2011 | Moneyball

"Resulta difícil no enamorarse del béisbol", dice el personaje de Brad Pitt hacia el final del metraje de este film. Los que no estén de acuerdo con esta afirmación, que abundan más fuera de los Estados Unidos, convendrán en que Hollywood ha sido capaz a lo largo de los años de producir buenas películas sobre esta disciplina deportiva, capaces de convencer a los no apasionados de los bates que ni siquiera entienden las reglas, desde la legendaria El orgullo de los yankees hasta títulos como El mejor o Campo de sueños. Moneyball se centra en la hazaña real de Billy Beane, manager de los Athletics de Oakland, equipo condenado al fracaso porque su presupuesto está a años luz de los grandes clubes, en un sistema injusto donde el poder económico lo marca todo. Con ayuda de Peter Brand, un joven licenciado en Economía por Yale, pone en marcha un sistema innovador para fichar a jugadores infravalorados por su comportamiento, su estética, o prejuicios variopintos, pero que anotan muchas más carreras que otros que cobran un dinero exorbitante. Gracias a eso el equipo va a sorprender bastante a los aficionados y periodistas... Estamos ante un film más difícil de lo que parece a simple vista. Por un lado, se basa en un libro de Michael Lewis, "Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game", que no es una novela, y que si bien documenta al milímetro la gesta de Beane, es más un estudio con muchos datos sobre el mercado del béisbol. Además, la historia real no se presta a priori a rodar un título convencional sobre este deporte, pues no va sobre un jugador o un entrenador, que es lo típico, sino básicamente sobre la persona que realiza los fichajes. Así las cosas, era todo un reto para dos de los pesos pesados de los guiones de la actualidad, Steven Zaillian y Aaron Sorkin –de nuevo emparejados tras Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres–, que junto con el debutante Stan Chervin, han logrado una justa nominación al Oscar al guión adaptado. Su trabajo es modélico, sobre todo porque se centran en explicar bastante bien para el público de toda condición en qué consistían básicamente las maniobras del manager de los Athletics, y además logran dar emoción a las negociaciones. No muestran ningún partido de continuo hasta que llega el momento decisivo, ya que el personaje real tenía la norma de no ver jugar a su equipo. En esencia, se ciñen al esquema del cine deportivo sobre superación personal (equipo en crisis remonta a base de trabajo), al tiempo que le dan un aire de bastante frescura. Bennett Miller, director que llevaba seis años de inactividad desde que dio la campanada con Truman Capote, aprovecha un buen guión en torno a la importancia del elemento humano, frente a la frialdad de los métodos científicos, y hace gala de una puesta en escena clásica que funciona a la perfección. El film, técnicamente impecable, ha logrado otras cinco candidaturas indiscutibles en las categorías de película, edición, mezcla de sonido, actor (Brad Pitt) y secundario (Jonah Hill). En su línea, Pitt resulta bastante creíble como el personaje central, un tipo con gran capacidad de riesgo que consagra su vida a su trabajo excepto por los ratos que pasa con su pequeña hija. Sorprende más, por ser su primer papel realmente serio, Jonah Hill, ideal para encarnar a un friqui prodigio de los números. Quizás están un tanto desaprovechados Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, por su reducida presencia.

7/10
Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres

2011 | The Girl With the Dragon Tattoo

El periodista Mikael Blomkvist acaba de ser condenado por difamación, debido a las afirmaciones vertidas en la revista Millennium acerca de un poderoso empresario. Parece el momento ideal para desaparecer del mapa, y la ocasión la pintan calva cuando un magnate jubilado, Henrik Vanger, convencido de su honestidad, rastreada por la joven investigadora Lisbeth Salander, le encarga que indague, en la solitaria isla Hedeby donde reside, el caso que le ha obsesionado durante décadas: la misteriosa desaparición y más que probable asesinato de su sobrina Harriet, el día en que se celebraba un popular desfile. Ello supone volver al pasado y rebuscar en el sucio pasado de la familia Vanger, tarea en que terminará ayudándole la asocial y rarita Lisbeth, cuya tutela corresponde al estado por sucesos acaecidos tiempo atrás, y a la que ha tocado llevar una vida donde los abusos y vejaciones eran moneda corriente. La versión americana del primer volumen de la conocida trilogía de novelas Millennium, de las que es autor el malogrado Stieg Larsson, que no llegó a conocer con vida el enorme éxito de sus novelas, no digamos de su traslación al cine y la televisión. Sin atender a ningún pudor mantiene, si no aumenta, la enorme carga de morbo sexual y violencia presentes en la novela original y en la película sueca servida por Niels Arden Oplev. En lo que claramente mejora es en la estructura del inteligente guión de Steven Zaillian, donde las piezas argumentales casan mucho mejor, además de que existe una mejor definición de personajes, se humanizan Blomkvist y Salander, del primero se apunta aquí una vida familiar rota, y de ella se perfila mejor la relación con el primer tutor y las ilusiones que se hace en la relación con el periodista. Incluso los elusivos miembros del clan Vanger tienen algo parecido a la tridimensionalidad. De modo que el reparto lo tiene en tal sentido más fácil –Daniel Craig, Rooney Mara, Stellan Skarsgård, Christopher Plummer...- que los originales Michael Nyqvist, Noomi Rapace y compañía, que debían llenar agujeros de guión con sus interpretaciones. Además la película se beneficia claramente del talento visual de su director, David Fincher, por ejemplo en todas las escenas que muestran el avance en las pesquisas de Blomkvist y Salander, y también en la creación de atmósferas, la isla bajo la nieve, el viento que sopla en la casa de Martin, un sobrino de Henrik, en lo alto de una colina, o un pasaje tan breve como la escena del metro en que a Lisbeth le birlan el ordenador portátil. Así las cosas, los defectos del film son los mismos que los de la obra de Larsson, que se enmarca en la moda del “noir” nórdico, del que también es muy representativo Henning Mankell y su Kurt Wallander, que también pasó de la versión sueca a la angloparlante con Kenneth Branagh de protagonista. La idea es mostrar los excesos de la opulenta sociedad occidental, donde han acontecido y acontecen todo tipo de depravaciones; el problema es la falta de referentes morales nítidos, ya que ante los crímenes horrorosos a los que se enfrentan los protagonistas –y de los que Lisbeth es víctima directa–, parece que vale cualquier respuesta, por salvaje que sea. Y eso que a tal respecto la película de Fincher y Zaillian se permite alguna licencia para suavizar actitudes y no convertir a Salander en la Terminator que podía verse en la versión fílmica de Oplev. Algunas truculencias y pasajes –las actitud del segundo tutor, la persecución en moto...– obligan a algo parecido a la suspensión de la incredulidad del espectador, aunque muchos espectadores –y lectores– pensarán que eso es parte del juego en que consisten película –y libro.

6/10
La conspiración

2010 | The Conspirator

Tras una guerra civil traumática que ha desangrado a los Estados Unidos, el país sufre una auténtica conmoción por el asesinato de su presidente, Abraham Lincoln, cuando asistía a una representación teatral. Una serie de personas son detenidas bajo la acusación de conspirar para acabar con las vidad del presidente, vicepresidente y secretario de estado. La única mujer inculpada en un juicio ante un tribunal militar es la cuarentona Mary Surratt, que regentaba la casa de huéspedes donde se reunieron los otros acusados con el actor John Wilkes Booth, el autor material del magnicidio. Se encargará a regañadientes de su defensa el joven abogado Frederick Aiken, héroe de guerra en el bando de la Unión, quien poco a poco se involucra más a fondo en el caso, convencido de la inocencia de su cliente, pero también de que hay algo más en juego, el derecho de todo ciudadano a un juicio justo, por encima de afanes de venganza o de apaciguar a cualquier precio al pueblo. Vibrante cine histórico encuadrable también en el atractivo subgénero del drama judicial, dirigido con estupendo clasicismo por Robert Redford, a quien le gustan las historias basadas en hechos reales, piénsese en sus film Quiz Show (El dilema). El cuidado guión de Gregory Bernstein y James D. Salomon sale airoso de lo que se dirían sus metas principales: describir un ambiente de posguerra aún crispado, donde todavía saltan chispas entre vencedores y vencidos, las heridas aún tardarán en ser restañadas, hay todavía mucho odio, rencor, miedo y prejucios acumulados; pintar el “viaje del héroe” acometido por un joven abogado, que sabrá hacer suyo un caso por el que no sentía ninguna atracción, aun a costa de ganarse el desprecio de “los suyos”; y atrapar el dilema de una madre, Mary Surratt, que nunca sacrificará a su hijo, en busca y captura como sospechoso de formar parte de la misma conspiración, aunque desarrolla una especie de relación materna inesperada con su abogado. El film tiene la virtud de tener muy bien trenzadas las distintas subtramas, de saber crear intriga acerca de cuál será el veredicto, de ser emotivo respetando al mismo tiempo al espectador sin baratos trucos sensibleros. Es hermosa la paleta de colores apagados, una adecuada fotografía de Newton Thomas Sigel adecuada al luctuoso contexto histórico en que se sitúa la historia. Y el reparto está fantástico, tanto los actores principales, James McAvoy y Robin Wright, como otros más secundarios -Tom Wilkinson, Evan Rachel Wood, Kevin Kline, Danny Huston-, pero decisivos para armar esta sólida película. Se trata de la primera producción de The American Film Company, una compañía que tiene el loable propósito de abordar cine histórico, porque al decir de uno de sus responsables “la realidad supera la ficción no solo porque es más sorprendente sino también más interesante”.

7/10
La vida privada de Pippa Lee

2009 | The Private Lives of Pippa Lee

Pippa se ha trasladado a vivir con Herb, su marido, a una zona residencial donde domina la gente mayor. El propio Herb, editor, es ya un anciano, que saca bastantes años a su esposa. Mujer complaciente, Pippa trata de agradar siempre a las personas de su entorno. Pero no siempre ha sido así. Mientras somos testigos de su evolución en la actualidad, sucesivos flash-backs nos la muestran primero niña con su neurótica madre, influencia mayor que la del padre, pastor de una iglesia cristiana. Y siguen esas "vidas privadas", que incluyen la estancia, siendo una jovencita, en casa de su tía lesbiana Kate, con la curiosa influencia de la compañera fotógrafa de piso, de gustos sadomasoquistas, o la entrada en su existencia de Herb, en una época en que se atiborraba a pastillas. Rebecca Miller, guionista, directora y autora de la novela "Las vidas privadas de Pippa Lee" –por uno de esos caprichos incomprensibles, la distribuidora española ha singularizado "las vidas privadas"– entrega una historia que gira alrededor de Pippa Lee, con elementos tragicómicos de gran patetismo, que recuerdan a las películas de Noah Baumbach (Una historia de Brooklyn, Margot y la boda), por citar ejemplos recientes en que se describen familias desestructuradas y personajes egocéntricos, y al mismo tiempo con buena cabeza. El hecho de que la protagonista sea sonámbula se convierte en metáfora de tantos "ejemplares" humanos que andan por la vida con los ojos cerrados, sin vivir la vida plenamente. Miller maneja bien la compleja estructura argumental, pero lo que nos entrega resulta bastante deprimente. Pinta gracias a un atinado reparto –estupendos Robin Wright Penn y Alan Arkin– una variada galería de personajes, donde llama la atención el desequilibrio dominante, se echa en falta alguien medianamente normal. Los momentos fuertes, sobre todo la muerte, sirven para el acercamiento catártico, pero queda la duda al espectador de si tal efecto tendrá su prolongación en el tiempo.

6/10
New York, I Love You

2009 | New York, I Love You

Película homenaje a la ciudad de Nueva York, concebida por el mismo artífice de Paris, je t'aime, el productor Emmanuel Benbihy. Consta de once segmentos, dirigidos por diez directores distintos, y el gran logro con respecto al precedente –pues se conserva la idea de una buena 'plantilla' de actores y directores– es una maravillosa unidad, podría llegar uno a creer que la película completa ha contado con una sola persona dirigiendo, en la línea de películas corales como Magnolia. Puede cambiar el momento del día -mañana, noche-, el marco geográfico, los personajes, pero hay un algo, el alma podríamos decir, que da prodigiosas vida y cohesión al conjunto. Lo que no quita para que haya pasajes sencillamente memorables, frente a otros más ligeros, a veces pequeñas bromas, pero siempre insertadas con inteligencia.   Entre las pequeñas historias sobresalen tres: la de Shekhar Kapur, de aire mágico, sobre una anciana cantante de ópera dispuesta a suicidarse en el hotel que se alojó antaño, con maravillosas interpretaciones de Shia LaBeouf, Julie Christie y John Hurt; la de Fatih Akin sobre un pintor, Ugur Yücel, fascinado con una joven oriental, Shi Qi; y la de Joshua Marston, con soberbios trabajos de Eli Wallach y Cloris Lechman, que dan vida a un matrimonio cascarrabias pero profundamente enamorados tras más de 60 años casados. Pero tienen también interés por supuesto las de Jiang Wen –un juego entre ladrones, Andy García y Hayden Christensen–, Mira Nair –la relación entre una judía a punto de casarse, Natalie Portman, y el hindú propietario de una tienda compuesto por Irffan Khan–, Shunji Iwai –la singular relación telefónica entre un compositor de bandas sonoras de anime, Orlando Bloom, y su productora, Christina Ricci–, Yvan Attal –que tiene dos historias, la de dos curiosos intentos de ligue, Ethan Hawke con Maggie Q, y Chris Cooper con Robin Wright Penn–, Brett Ratner –el baile de graduación de una chica en silla de ruedas, que involucra a James Caan, Anton Yelchin y Olivia Thirlby–, Allen Hugues –dos amantes ocasionales, Drea de Mateo y Bradley Cooper, van a reencontrarse– y Natalie Portman –un tipo, Carlos Acosta, pasea por Central Park con una niña–. El motivo amoroso está presente en las tramas, hay sorpresas y giros ingeniosos, y llama la atención como se inserta el tema de la sexualidad omnipresente en la sociedad actual, pues en muchas, aunque haya algún apunte grosero, hay una cierta crítica indirecta a este hecho. Resulta muy inteligente además el uso de un personaje con una cámara de vídeo, cuya presencia cobra sentido al final del film de un modo muy original y bello, broche perfecto a una gran película.

7/10
Cuento de Navidad

2009 | A Christmas Carol

Londres del siglo XIX. Scrooge es un viejo avaro, con un corazón de piedra, incapaz de realizar un acto de bondad, ya sea con su fiel empleado Bob Cratchit o con su sobrino Fred. Incapaz de compadecerse ante las necesidades de los demás, tampoco sabe disfrutar de la vida. Especialmente odia la Navidad, le parece absurdo que en esa época del año la gente se deje guiar por sentimientos caritativos, olvidando rencores y demostrando amor. Siete años después de morir su socio, se le aparece su espectro atrapado por unas cadenas que señalan su estado de condenación. Y le anuncia la próxima visita de los fantamas de las navidades pasadas, presente y futuras, lo que supondrá un auténtico examen de conciencia de lo que ha sido su vida hasta entonces, y de lo que podría llegar a ser. Existen versiones del clásico "Cuento de Navidad" de Charles Dickens para aburrir, con actores reales, animadas, mudas... Con Barbie, los Teleñecos, Mickey Mouse... Lo primero que viene a la cabeza es la pregunta '¿otra más, de verdad hace falta?'. Pues bien la respuesta es, 'Bienvenido sea este maravilloso e imaginativo film de Robert Zemeckis'. Uno se da cuenta de que hay historias inmortales –piénsese en el caso de William Shakespeare–, que pueden ser contadas mil y una veces, y nunca cansan, basta que haya un poco de talento en el narrador de turno. Si encima dicho narrador se toma la cosa en serio, y cuida el aspecto visual de un modo nunca visto hasta la fecha, pues vamos, sólo queda decir '¡chapeau!' Zemeckis, autor también del guión, logra mostrar la vigencia del cuento, sus valores universales y su fondo cristiano, que hablan del tiempo limitado de que disponemos los seres humanos en este mundo, y de la necesidad de aprovecharlo para hacer el bien y ocuparse de los demás. Y lo consigue sin caer en el empalago de otras aproximaciones, incluyendo pasajes bastante terroríficos, y dosificando los momentos de acción, humor y lágrimas, o el de aquellos que apelan directamente al corazón. Los actores, que han sido filmados con sensores para luego trabajar las imágenes en la animación fotorrealista ya utilizada por el director en Polar Express y Beowulf, están muy bien, de modo especial Jim Carrey que no sólo compone un Scrooge contenido en sus diversas edades, sino que pone voz a otros personajes como los fantasmas de las navidades. Zemeckis siempre ha demostrado una gran capacidad para usar los efectos especiales y el 3D sin caer en la rutina, no hay más que repasar su filmografía. Aquí vuelve a probar su pericia en el magnífico diseño visual, con las cadenas del primer espíritu, en el diseño de los tres fantasmas, especialmente el aterrador y silencioso de las navidades futuras, en los vuelos fantásticos, incluida la imagen que homenajea al barón Munchäusen, en las carreras por la nieve. Resulta además un acierto la incorporación de momentos de acción -como el deslizarse sobre la nieve– que no distraen de la narración principal.

7/10
La sombra del poder

2009 | State of Play

A la redacción del Washington Globe llegan para ser cubiertas dos historias en apariencia inconexas, ocurridas en la ciudad capitolina. Por un lado, la muerte de un ladrón de poca monta y las heridas casi mortales de un repartidor de pizzas, a manos de un tirador profesional. Por otro, la muerte de Sonia Baker, investigadora para el congresista Stephen Collins, arrollada en el metro. Este último suceso tiene diversas connotaciones: Stephen tenía una relación extramarital con la difunta, quien estaba reuniendo pruebas en su investigación de la principal empresa privada contratista del Ministerio de Defensa; y el periodista del Globe Cal McAffrey es el mejor amigo de Stephen y de su esposa Anne. McAffrey se ocupa del primer caso, pero echará una mano a la novata Della Frye, que se ocupa del escándalo político. Adaptación de la miniserie de la BBC creada en 2003 por Paul Abbott, ha contado con un curtido equipo de guionistas, especialistas en intrigas con visos de gran conspiración: Matthew Michael Carnahan (La sombra del reino), Tony Gilroy (Michael Clayton) y Billy Ray (El espía); a lo que se suma un director al que le gustan las tramas políticas, Kevin Macdonald (El último rey de Escocia). El resultado es un entretenimiento de gran calidad, con una madeja argumental lo suficientemente enrevesada para captar la atención, y lo suficientemente inteligible para que el espectador no se pierda. El film se esfuerza en rendir un sincero homenaje a lo mejor de la profesión periodística, que trata de desvelar la verdad por muy escandalosa que resulte, lo que la emparenta con títulos como Todos los hombres del presidente, un referente claro. Así, Cal es un reportero de la vieja escuela, que busca los hechos, contrasta la información, maneja bien las fuentes; su fobia a las nuevas tecnologías –tiene un ordenador antediluviano– es una pose frente a las facilidades blogueras, capaces de decir inmediatamente cualquier cosa de modo irresponsable, sin la preocupación de la verdad que contengan o el daño que puedan hacer, y la presión aumentada por la primicia. Funciona bien el contraste con la novata –que potencialmente representa el peligro de decadencia de la profesión–, el equipo de apoyo de Cal, y la figura de la editora, donde se diría que la composición de Helen Mirren homenajea a Katharine Graham, mítica figura del Washington Post. Hay inteligencia en el modo en que se imbrica la intriga política y la investigación periodística, con lo estrictamente personal, que afecta a Stephen y Cal, una amistad puesta a prueba por dos complicados triángulos amorosos, y por el telón de fondo de un grupo paramilitar de aviesas intenciones, y por los tejemanejes de los politicastros, que en vez de servir al público, sirven a su propio interés. E incluso hay espacio para la sorpresa. Aunque puede haber pasajes discutibles –el interrogatorio en el motel, por ejemplo–, en general se dota a la narración de una densidad adecuada, con tiempo para que los personajes se nos aparezcan como de carne y hueso, principalmente los compuestos por Russell Crowe (extraordinario, como siempre), Ben Affleck (correcto) y Robin Wright Penn (estupenda en su breve pero intenso papel). Hay además buenos pasajes de acción e intriga, donde se logra sorprender, algo no tan sencillo cuando un espectador hastiado de efectos especiales, cree haberlo visto ya todo: sin parafernalia digital, funcionan bien por su suspense la escena del hospital y la del garaje subterráneo.

6/10
Algo pasa en Hollywood

2008 | What Just Happened

Barry Levinson reclutó a Robert De Niro en 1997, para convertirle en uno de los protagonistas de La cortina de humo, ácida disección del mundo de la política, sobre un cineasta contratado por el presidente estadounidense para inventar una inexistente guerra con Albania. De nuevo un hombre de cine es el protagonista de esta nueva colaboración del actor con Levinson, un film de tono sarcástico muy similar. En este caso el personaje de De Niro se basa en un personaje real, Art Linson, reputado productor de Hollywood, cuya mano está detrás de títulos tan memorables como Hacia rutas salvajes, Heat y Los intocables de Eliot Ness. El guión de Linson,se inspira en sus propias memorias para seguir a Ben, productor de Hollywood que se la juega con su nuevo trabajo, que protagoniza el mismísimo Sean Penn, y que ha obtenido malos resultados en las pruebas con público por culpa de una secuencia en que un perro muere acribillado, lo que genera auténtica repulsión. El director del film, un “genio” bastante descontrolado e inestable, se niega a cortar la escena, a pesar de las exigencias de Lou, la jefa de los estudios. Ben tiene que lidiar con este problema, al tiempo que trata de recuperar a su esposa, de la que se acaba de separar, e intenta que el popular Bruce Willis se afeite la barba que se acaba de dejar, pues en caso contrario no darán luz verde a la película que va a rodar con él. La película remite a otros títulos de cine dentro del cine como la magistral El juego de Hollywood, de Robert Altman o la injustamente olvidada Gente de Sunset Boulevard, también protagonizada por De Niro. Aporta detalles poco conocidos por los espectadores, como lo crueles que pueden ser los espectadores que opinan en los pases de evaluación, o las presiones a las que se ve sometido un productor, una especie de “apagafuegos”, que tiene que conciliar intereses muy dispares. El protagonista da pie a De Niro a realizar un gran trabajo. Le acompañan grandes actores, como Catherine Keener, John Turturro, Robin Wright Penn y hasta Kristen Stewart, la protagonista de Crepúsculo. Destaca el enorme sentido del humor de dos actores que se interpretan a sí mismos, Sean Penn, y sobre todo de Bruce Willis, que da una imagen suya muy alejada de la realidad. La presencia de todas estas figuras denota que el biografiado, que es el productor de este film, ha hecho muy bien su trabajo, y que además, se le tiene cariño y respeto, puesto que todos han debido renunciar a su caché habitual.

6/10
Beowulf

2007 | Beowulf

Película inspirada, bastante lejanamente, en el poema épico anglosajón homónimo, situado en la Dinamarca del siglo VI, y que con sus 3.182 líneas es uno de los más importantes en inglés antiguo: no hay seguridad a la hora de datarlo, pero parece que se escribió entre el siglo VIII y el XI. La historia transcurre en Escandinavia, donde el rey Hrothgar ve amenazado su reino por las salvajes escabechinas que organiza una increíble criatura que responde al nombre de Grendel. Por suerte acude en su ayuda Beowulf, un valiente guerrero, acompañado de sus hombres. El combate será bestial, e incluso una vez finalizado, queda el reto de enfrentarse a la madre del "bicho". Como trama argumental, la cosa resulta bastante simple. Se trata de la misma épica que se quiso explotar en 300, muy grandilocuente, pero vacua, y donde las referencias literarias son mera excusa para ofrecer acción, mucha y bien rodada acción. Tenemos héroes muy valientes, dispuestos a arrostrar mil y un peligros, aunque sin ideales de entidad que los muevan. A cambio se nos ofrece una filosofía a lo Nietsche en versión barata, por la que se quiere contraponer la grandeza y valentía de los héroes paganos de antaño con los incipientes mártires cristianos, que se conformarían dócilmente con su muerte. Hay, sí, mucha violencia gore, con la sangre salpicando, claro está, algo que no sorprende si se tiene en cuenta que Robert Zemeckis dispone del guionista Roger Avary, un amiguete de Quentin Tarantino al que "le va la marcha". Y llama la atención un curioso culto al cuerpo, donde se juega a mostrar generosamente la anatomía de los protagonistas, pero sin traspasar ciertas fronteras escudados en que son "dibujos", a ver si cuela ante el censor de turno (coló en Estados Unidos parcialmente, pues le atizaron la calificación PG-13, de menores de 13 años acompañados, "por sus secuencias de violencia, algún material sexual y desnudos"). Esta película pasará a los anales de la historia del cine por ser el primer título estrenado de modo masivo en 3D, o sea, en tres dimensiones, en un nuevo intento de volver a convertir la experiencia de ver una película en sala en algo irrepetible, no comparable a visionarla en el salón de casa o en el ordenador. En Estados Unidos ha llegado en este formato a 800 salas, pero en otros países la oferta tridimensional es bastante menor (en España se puede ver en 6 salas). Sin duda que la filmación por el sistema de "motion capture" (se filma a los actores con uno sensores, y luego se les anima digitalmente en escenarios espectaculares) ha mejorado bastante desde Polar Express, también de Robert Zemeckis (el cineasta siempre ha sido un pionero en el uso de los efectos especiales, piénsese en Regreso al futuro, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y Forrest Gump), y que se aprovecha el efecto 3D al máximo. Pero también es cierto que si se piensa bien, tampoco ha habido pasos que se puedan calificar de "revolucionarios" en lo tridimensional, seguimos con las gafitas de los años 50 más o menos mejoradas.

5/10
Hounddog

2007 | Hounddog

Film ambientado en un estado sureño de los Estados Unidos durante la década de los 60. Ahí vive Lewellen, una jovencita de doce años que malvive bajo la desaprensión de su violento padre y su abuela alcohólica, mientras pasa los días obsesionada con Elvis Presley. La película, escrita y dirigida por Deborah Kampmeier (Virgin), se presentó en el Festival de Sundance y obtuvo severas críticas llenas de polémica, debido a que incluía una dura escena de violación a la protagonista, encarnada con una profesionalidad inmensa por Dakota Fanning. El resto del reparto es de campanillas y destaca la presencia de la también joven actriz Isabelle Fuhrman (La huérfana). El título del film responde al de una famosa canción de Elvis.

5/10
Breaking and Entering

2006 | Breaking and Entering

Will (Jude Law) lo tiene aparentemente todo para ser feliz. Pero no lo es. Arquitecto imaginativo, tiene una novia preciosa e inteligente (Robin Wright Penn). Eso sí, la hija de ella, nacida de una relación previa, es hiperactiva y nerviosa, la convivencia con ella es difícil… Pero sobre todo domina una vida rutinaria y de pocos alicientes, donde la pareja se muestra distante, y la profesión se convierte en particular refugio. Este frágil estado de cosas se va a quebrar cuando la nave-estudio que Will comparte con un socio es asaltada de noche por una sofisticada banda de ladrones de origen bosnio, que utiliza las habilidades de saltimbanqui de dos jóvenes para introducirse por el techo y desconectar la alarma en un ‘visto y no visto’. El disgusto por el robo de ordenadores y demás equipamiento no para aquí, pues la banda repite sus incursiones, motivo por el cual Will establece un puesto de vigilancia nocturno en su propio automóvil; una ‘aventura’ que le procurará nuevas emociones. Desde conocer a una prostituta (Vera Farmiga) que ejerce en la zona, a la identificación de uno de los jóvenes, buen tipo en el fondo, hijo de una sufrida y trabajadora madre, Amira (Juliette Binoche), que se desvive por sacar adelante a su hijo. Tan valiosa es la mujer, que Will, en vez de denunciar al chico, propicia el encuentro ‘casual’ con ella, que arregla trajes y vestidos en su propio domicilio.Anthony Minghella (El paciente inglés) escribe y dirige un drama con más de un punto de interés, acerca de la vida corriente de tantas personas, que se diría no es vida hasta que determinadas ‘rupturas’ obligan a mirarse dentro de uno mismo. Al tiempo ofrece una reflexión acerca de las dificultades de integración de los inmigrantes, no siempre bien aceptados (fácilmente son sospechosos de actividades delictivas) y con empleos precarios que facilitan el recorrido delictivo. Lo permite esa relación entre Will y Amira, que Minghella construye pacientemente, mostrando antes sus respectivos entornos e intereses. De tal modo que cuando Will ‘se lanza’ a conquistarla a ella con movimientos casi de adolescente peterpanesco, la reacción de Amira se comprende, es la propia de una madre que hará lo que sea por su hijo. Se agradece el esfuerzo de definición de personajes, un regalo para los actores; e incluso el de la prostituta, que se diría fuera de lugar, se entiende como pieza que resuena más tarde en Amira, puesta en una posición que le obliga, en cierta manera, a seguir sus pasos. También hay una apuesta por la capacidad de perdonar y pasar página, aunque a este respecto chirría alguna escena torpe (el personaje de Robin Wright Penn, estallando y apeándose del coche), incluida para justificar su inesperada magnanimidad en el juzgado.

6/10
Nueve vidas

2005 | Nine Lives

Película coral, rodada en vídeo digital, lo que supone grano en la imagen, pero libertad de cámara. El film recoge fragmentos de vida en torno a varias mujeres: una presidiaria hispana que sufre mucho por la separación de su hija; una mujer casada que se reencuentra con el romántico amor de sus años mozos; una joven negra, que acude al domicilio de su padre tras una larga ausencia; una mujer infelizmente casada que hace una confesión brutal; una fémina que acude al velatorio de la segunda esposa de su ex marido; una adolescente con las alas cortadas, que cuida de su padre paralítico, y su madre, que concierta una cita con un tipo en un motel; una mujer con cáncer de mama; y una madre que va de picnic con su hijita a un lugar muy singular, el cementerio. Rodrigo García (Cosas que diría con sólo mirarla), cineasta colombiano afincado en EE.UU., sabe entregar nueve pequeñas miniaturas, y construir en cada una de ellas, en un breve lapso de tiempo, una situación emocionalmente intensa. Esa capacidad de síntesis, respaldada por un reparto realmente impresionante, resulta asombrosa. Como suele ocurrir en este tipo de filmes, la unidad se fuerza un poquito, y algunas historias apasionan más que otras. En realidad la película es lo más parecido a un libro que reúne varios relatos cortos, de nexo común mínimo.

7/10
Empire Falls

2005 | Empire Falls | Serie TV

Empire Falls es un pueblo de Estados Unidos del medio Oeste dominado por la rica cacique Francine Whiting, una dama con el corazón de hielo. A modo de culebrón, seguimos la vida de sus habitantes, gente de clase alta y gente de clase media baja, las relaciones entre ellos, los problemas familiares, el pasado y el incierto porvenir, son la base del argumento de esta miniserie llena de rostros conocidos y grandes actores de Hollywood.El eje central de la trama lo da Miles, el personaje de Ed Harris, que lleva 25 años regentando un restaurante, propiedad de Francine. Su esposa Janine le he pedido el divorcio, para casarse con Walt, un tipo mayor que ella, que regenta un gimnasio. Tick, la hija de Miles y Janine, es una adolescente sensible, con habilidad para la pintura. Rompió con un novio insoportable, y se muestra atenta con el rarito John, objeto de las burlas de los compañeros de clase. Hay más subtramas, hilos narrativos propiciados por distintos personajes -el poli resentido, el padre de Miles...-, pero sobre todo pesan sucesos del pasado que conciernen a los padres de Miles, secretos sepultados por el tiempo, que implicaron una relación inapropiada, ya que implicaba a uno de los pesos pesados de la clase alta de Empire Falls, y a una mujer de condición más modesta. Dirige Fred Schepisi (Seis grados de separación, El genio del amor), basándose en una novela de Richard Russo. Este autor parece haber tenido una especial relación con Paul Newman, ya que el actor que aquí, además de tener un pequeño papel, es productor ejecutivo, intervino en el film que adaptaba otra novela de Russo, Ni un pelo de tonto, además de en Al caer el sol, cuyo guión firmaba el escritor. El papel de villana sin fisuras es para la esposa de Newman, Joanne Woodward, estupenda en el trabajo con el que ha cerrado su carrera de actriz.

6/10
Una casa en el fin del mundo

2004 | A Home at the End of the World

Bobby (Colin Farrell) es un chico sensible y extraño, educado liberalmente desde su infancia, con una tragedia que pesa sobre él. Un día en el instituto conoce a Jonathan y se hacen íntimos. Cuando Bobby pierde a su madre, la familia de Jonathan le recibe como a su propio hijo, sobre todo su encantadora madre Alice. Pero el tiempo hace que los amigos se separen. Años después se reencuentran. Michael Mayer tropieza en su debut tras las cámaras con esta historia basada en una novela de Michael Cunningham, autor de la obra que dio lugar a Las horas. Aquí el guión también gira en torno a la homosexualidad, pero lo que en la película de Daldry resultaba creíble, aquí carece de alma. Asistimos a unas relaciones sentimentales casi infantiles, prolongadas en el tiempo sin casi progresión. Colin Farrell está fuera de lugar, y, quizá, lo mejor sea la presencia de Sissy Spacek (grandísima actriz), aunque las reacciones de su personaje sean inverosímiles.

4/10
Virgin

2003 | Virgin

Jessie es una joven rebelde que desafía constantemente a su religiosa familia, devota de la Iglesia Baptista. Cuando descubre que se ha quedado embarazada, y puesto que no recuerda haber mantenido relaciones sexuales con ningún hombre, Jessie llega a la conclusión de que su estado se debe a la intervención divina. Podría haber dado lugar a un interesante drama sobre la religión y la familia, pero el guión trata estos asuntos muy a la ligera. Además, los actores no resultan convincentes, salvo en el caso de Robin Wright Penn, tan brillante como es habitual. El presupuesto parece insuficiente.

4/10
El detective cantante

2003 | The Singing Detective

Aquejado de psoriasis, enfermedad de origen mental que ha dejado su cuerpo prácticamente desfigurado, con horribles manchas, Dan Dart, un escritor de novela negra, ingresa en un hospital. Para olvidar su estado de depresión rememora mentalmente las escenas de su primer libro, El detective cantante, pero pronto estos recuerdos se convierten en alucinaciones. Le ayudará a superar la enfermedad el doctor Gibbon, un carismático psiquiatra. Personajes y situaciones de cine negro, secuencias oníricas y hasta números musicales. No cabe duda de que estamos ante una producción singular e inclasificable, especialmente indicada para los amantes de la originalidad. Se trata de una adaptación de la teleserie homónima producida por BBC y escrita por el dramaturgo británico Dennis Potter en los 80. Potter dejó terminado el guión cinematográfico antes de morir en 1994. En una brillante interpretación, que incluye secuencias en las que aparece transformado por el maquillaje, Robert Downey Jr. encabeza un reparto de primera. También resulta casi irreconocible Mel Gibson, que ejerce de productor, y se ha reservado el papel del psiquiatra.

4/10
La flor del mal

2002 | White Oleander

El mundo de la adolescencia es un tema recurrente en el cine, pero hay muchos modos de abordarlo. Aquí Peter Kosminsky radicaliza su visión al mostrar el desconcierto de una joven cuando carece de referentes adultos equilibrados. Eso es tanto como poner a su personaje contra la espada y la pared: el desarrollo normal es imposible. Astrid Magnusson es una joven adolescente que adora a su madre, pero ésta es más mala que la tos y ha educado a su hija poniendola en contra del mundo. La joven, ya de por sí aislada, acabará por quedarse sola cuando su madre vaya a parar a la cárcel por asesinato. Las autoridades colocarán entonces a Astrid en diferentes hogares de acogida, pero, a pesar de que ella intenta abrirse paso en el corazón de los demás, a su alrededor todas las personas parecen situarse al borde del abismo. Si hay algo en lo que esta película destaca sobre las demás es en el magnífico trabajo del reparto. Kosminsky da el do de pecho con una dirección de actrices cuidadosa hasta en el mínimo gesto. La protagonista, encarnada por Alison Lohman, está sobria y creíble, igual que celosa y desequilibrada Robin Wright Penn en su patético personaje. Sin embargo, brillan aún más las interpretaciones de la débil y deprimida Renée Zellweger y de la posesiva madre de la protagonista, encarnada por Michelle Pfeiffer con tal perfección que hasta acaba por dar miedo.

5/10
El juramento

2001 | The Pledge

Jubilarse puede suponer para muchos un difícil trance. Jerry Black, detective de la policía, no es una excepción. Y cuando le llega el turno, se agarra como a un clavo ardiendo a un caso espeluznante. El de una niña de ocho años, violada y asesinada, a cuya madre jura dar con el culpable. Aunque un tarado que luego se suicida reconoce ser el criminal, Jerry sigue con la mosca tras la oreja. Así que emprende una investigación obsesiva por su cuenta y riesgo. Sean Penn no sólo es un actor maravilloso en Pena de muerte, Acordes y desacuerdos y La delgada línea roja. También, en la línea de John Cassavetes, ha hecho sus pinitos como director, y antes de ahora sirvió las interesantes Extraño vínculo de sangre y Cruzando la oscuridad. Aquí repite con el actor Jack Nicholson, que hace una composición asombrosa de un complejo policía de raza, con olfato a la hora de investigar: el secreto de Nicholson reside en el dominio del misterioso arte del matiz. El film adapta una novela del suizo Friedrich Dürrenmatt, que inspiró la maravillosa El cebo de Ladislao Vajda.

5/10
Cómo matar al perro de tu vecino

2000 | How to Kill Your Neighbor's Dog

Peter McGowan es un tímido dramaturgo que atraviesa una etapa de bloqueo creativo. Además, aunque él y su mujer desean tener un hijo, ella no logra quedarse embarazada. Su suegra empieza a mostrar síntomas de demencia senil. Y por las noches, no puede dormir, pues el perro de su vecino ladra toda la noche. Ante esta situación, trama un plan para matar al animal. Kenneth Branagh protagoniza en esta ocasión una comedia, un género que no suele frecuentar.

3/10
El protegido

2000 | Unbreakable

David es el único superviviente de un trágico accidente de tren. Lo que cabe calificar de milagroso, quizá lo sea, por qué no. ¿Tiene David un don, como los superhéroes de los cómics? ¿Es Elijah el “profeta” que le ha reconocido tras vislumbrar varias “señales”? Son interrogantes que asaltan a un David sumido en una profunda crisis personal. Sobre él planean la posible separación de su mujer, y la mirada perpleja de su hijo adolescente, que necesita el apoyo sólido de un padre, creer en él. Tras El sexto sentido el director M. Night Shyamalan nos conduce a otra historia de ribetes sobrenaturales, repleta de sorpresas. Contar lo normal entreverado con lo extraordinario, ése es el don como narrador de Shyamalan. Eduardo Serra, el director de la fotografía, asegura que Shyamalan le subrayó que “la película habla sobre todo de personas, de la relación entre un hombre, una mujer, y su hijo”. Se nos puede mostrar algo tan peculiar como un presunto chiflado (estupendo Samuel L. Jackson), empeñado en que David (un no menos estupendo Bruce Willis) es un superhéroe. Puede estar sembrado el film de momentos inquietantes (¡qué gran creador de atmósferas es Shyamalan!), como los del accidente, la caída por la escalera del metro, la irrupción en la casa asaltada por un criminal, la caída a la piscina. Pero todo ello está atravesado por una corriente eléctrica de normalidad que humaniza la historia, hasta hacer creíble lo increíble. ¿Quién no conoce una familia con problemas? O mejor aún, ¿quién no ha pasado personalmente por alguna dificultad? Shyamalan aborda el tema de la comunicación de uno con los suyos de un modo atractivo. Por ser algo que a cualquier espectador atañe, en mayor o menor medida, la cuestión podía abordarse de modo anodino, sin conseguir despertar el interés. Al unirla el director con un tema más amplio –David tratando de encontrar su sitio en el mundo, de conocerse tal y como es–, lo ordinario pasa a convertirse en algo extraordinario, que merece la pena ser observado.

8/10
Mensaje en una botella

1999 | Message in a Bottle

Theresa es una joven y ambiciosa periodista. Un día encuentra casualmente en la playa una vieja botella, que contiene una carta de amor de un desconocido viudo, a su mujer recién fallecida. La historia ocupa la primera plana del Chicago Tribune, y Theresa, tras varias pesquisas, descubre la identidad del viudo: se trata de Garret, un constructor de barcos. Cómo no, surgirá el flechazo, pero... ¿será capaz Garret de volver a amar a otra mujer? El film tiene bastantes puntos a su favor. El trepidante comienzo, con delirio en el mundo de la prensa, recuerda al Frank Capra como Vive como quieras. El legendario Paul Newman tiene un papel secundario pero jugoso. Kevin Costner y Robin Wright Penn componen una creíble pareja. La creciente historia de amor es pesadita a ratos, pero la música y las canciones románticas, o la formidable fotografía de Caleb Deschanel, hacen más llevaderos esos momentos.

4/10
Hurlyburly

1998 | Hurlyburly

Cuatro amigos que trabajan en la industria del cine comparten apartamento: Eddie (Sean Penn) y Mickey (Kevin Spacey) son directores de reparto, Phil (Chazz Palminteri) es un actor en paro, y Artie (Garry Shandling) se dedica a la producción. Trabajar cuesta: la presión es enorme y las oportunidades no tan buenas como uno quisiera. Además las lenguas pueden herir y hacer decir más cosas de las que uno quisiera; y las relaciones con las mujeres –Darlene (Robin Wright Penn), la bailarina Bonnie (Meg Ryan), la lolita aspirante a actriz Donna (Anna Paquin)– no son fáciles. "Hurlyburly" es una palabra que significa algo así como "tumulto" o "follón". Y es que los personajes de esta película viven una acelerada existencia, autodestructiva y un tanto amargada. El film, duro y desgarrado, de humor muy vitriólico, se basa en una obra de teatro de estudiados diálogos; y presenta momentos muy intensos, en que los actores pueden lucirse a gusto. El reparto es para quedarse sin respiración; uno de los intérpretes, Sean Penn, se llevó un premio en el Festival de Venecia por su actuación.

6/10
Loved

1997 | Loved

Hedda mantuvo una relación con un hombre que tenía a sus espaldas una larga lista de violencia doméstica. Aunque hace un esfuerzo por confiar en él, éste acaba sometiéndola a brutales maltratos. Tras una pelea, entre ambos, él cae por la ventana. Pero Hedda no se olvida de él, y sufre un gran trauma que está a punto de conducirla al suicidio. El terrible drama de los maltratos sirve como desencadenante de esta convencional intriga de desarrollo previsible. Está protagonizada por pesos pesados que logran hacer creíbles a sus personajes.

4/10
Atrapada entre dos hombres

1997 | She's So Lovely

Maureen está muy enamorada de su marido Eddie, pese a sus claros desequilibrios mentales, que le llevan con frecuencia a la violencia; eso sí, nunca contra ella. De resultas del arrebato contra un vecino que, bebido, quiso propasarse con Maureen, Eddie es recluido en un psiquiátrico, con el consentimiento de su esposa. 10 años después sale a la calle, cuando ella ha formado un hogar con otro hombre y dos niñas, una de Eddie, que no conoce a su padre. Tras Volver a vivir, Nick Cassavetes recupera un guión de su padre John, prueba palpable de que su carrera trata de seguir la misma senda. Sin embargo hay diferencias estilísticas. John Cassavetes evitaba la afectación en sus films mediante la frescura que proporciona una cierta improvisación. Su hijo se ata más a la historia que cuenta, lo que pesa en el abrupto salto temporal: cambio de ambientes marginales al de una casa de clase acomodada, transformación de los personajes... Sobre todo el de Maureen, que no visitó nunca a su marido, y del que hemos de creer, sin embargo, que ha mantenido siempre su amor. La historia, que por la representación de una situación familiar compleja recuerda a La buena estrella del fallecido Ricardo Franco, tiene fuerza, el hálito de unos seres complejos, cotidianos, cuyo amor es real. Se mueven no sólo por pulsiones sexuales, sino por el afecto a la persona entera, con sus virtudes, que se aprecian, y con sus defectos, que se buscan erradicar. Otros interesantes temas en segundo plano vienen de la amistad con los dueños de un bar, o de la profesionalidad sin rutinas en el difícil mundo de la psiquiatría. El reparto resulta acertadísimo; y es de justicia resaltar el gran trabajo de Sean Penn, justamente recompensado en Cannes.

6/10
Moll Flanders. El coraje de una mujer

1996 | Moll Flanders

Moll Flanders (Robin Wright Penn) es una mujer con una mentalidad adelantada a su tiempo, lo no resulta tolerable en la sociedad del siglo XVIII. Su vida ha estado marcada por la tragedia, y no le ha sido fácil seguir adelante. Todo lo ha conseguido a base de coraje y de su increíble fuerza de voluntad. Ahora debe emprender la aventura más arriesgada de su vida, en la que la nobleza de su espíritu y su fe en sí misma son sus más cercanos aliados. Contará con la ayuda de un misterioso aliado, que sólo le revelará su identidad al final, interpretado por Morgan Freeman. Basada en una de las mejores novelas del escritor y aventurero Daniel Defoe, autor entre otras de Robinson Crusoe. Una emocionante película en la que destaca la soberbia interpretación de Robin Wright Penn, que ya sedujo a los espectadores en su papel de novia de Tom Hanks en Forrest Gump. La estética de la película resulta muy atractiva. La dramática historia que narra nunca cierra la puerta de la esperanza.

4/10
Cruzando la oscuridad

1995 | The Crossing Guard

John Booth deja la cárcel tras cumplir condena por el atropello y muerte de una niña cuando estaba borracho. Está arrepentido, decidido a iniciar una nueva vida... aunque le reconcome el sentido de culpa. Freddy Gale, el padre de la chiquilla, ha esperado la salida de John de la prisión para matarle. Nunca superó la tragedia, y su matrimonio se vino abajo. Ahora sólo le queda un posible consuelo: la venganza. Producción de los hermanos Harvey y Bob Weinstein a través de Miramax. Ambos apostaron por una historia de Sean Penn atractiva, que explora bien en la transformación de dos hombres por un trágico suceso, en la necesidad del perdón y de la superación de las equivocaciones. Es magnífico el clímax del film. Jack Nicholson y David Morse ofrecen un maravilloso y medido recital interpretativo. La canción de Bruce Springteen que da título a la película es hermosa. Los principales reparos del film proceden de su erotismo, innecesario, al describir la degradación de un Freddy que frecuenta clubs de striptease.

6/10
Forrest Gump

1994 | Forrest Gump

Forrest Gump (Tom Hanks) es una persona con un coeficiente intelectual bajo. Es sincero, honesto y muy infantil. Vive bajo la excesiva protección de su madre, que fue abandonada por su padre. Ella quiere que Forrest sea normal, como el resto de los niños. Pero Forrest es especial. Debido a una desviación en su columna, tuvieron que ponerle un armazón. El tremendo esfuerzo con que le costaba andar, le fortaleció las piernas, y así se convierte en un corredor rapidísimo e infatigable. A su paso por el instituto, se convierte en la estrella del equipo de rugby. Luego irá a la guerra de Vietnam, hará grandes amigos y se convertirá en un héroe sin saberlo. Gracias a ello, volverá a ver al amor de su vida, una dulce y algo atolondrada chica que él conoció en su infancia, interpretada por Robin Wright Penn, y que ahora se ha convertido en una pacifista radical. Sin duda, la película más exitosa de 1994, ganadora de 6 Oscar. Una emotiva y originalísima visión de la historia de Estados Unidos desde mediados de siglo. Su acierto es ofrecer el punto de vista de un personaje tan ingenuo y bondadoso que es imposible no cogerle cariño. Un guión muy inteligente, que se combina con escenas espectaculares, siempre bajo el humor infantil de Forrest. Tom Hanks ganó con merecimiento el Oscar al mejor actor. También obtuvo el de mejor película y el de mejor director. Conmovedora y muy entretenida.

7/10
Toys

1992 | Toys

Un fabricante de juguetes lega el negocio a su hermano general. El hombre tiene la disparatada idea de aprovechar la fábrica para producir armas muy particulares. Pero su sensible sobrino Leslie (el gran Robin Williams) impedirá esos criminales propósitos. Barry Levinson entrega una película decididamente diferente, con estupenda música y una dirección artística de quitarse el sombrero. A la vez lanza un mensaje sobre los juguetes bélicos y la adicción a los videojuegos, sobre el cual debería tomar nota algún que otro padre.

6/10
Playboys

1992 | The Playboys

Años 50. Tara Maguire se queda embarazada sin estar casada y da a luz a un precioso bebé. El suceso escandaliza la pequeña población irlandesa en la que vive. Tras la llegada de una compañía teatral al lugar, Tara se enamora de Tom Casey, uno de los actores. El británico Gillies MacKinnon (Un golpe del destino) dirige este intrascendente drama, que cuenta con buenos actores, como Albert Finney, que encarna al jefe de policía.

4/10
El clan de los irlandeses

1990 | State Of Grace

Cuando Terry Noonan vuelve a su barrio natal, la neoyorquina “Cocina del Infierno”, sus viejos amigos tratan de enredarle en la mafia irlandesa. Buen film de gangsters de Phil Joanau.

6/10
Denial

1990 | Denial

Tres parejas jóvenes se reúnen para una cena en un elegante barrio de Los Ángeles. Les acompaña un chico soltero, el único de los amigos que no se ha casado, que inicia una conversación sobre la conveniencia del matrimonio, que en su opinión sólo tiene consecuencias negativas. Todos los demás se sienten ofendidos y deciden rebatir sus argumentos. Fallido drama romántico. A pesar de que el punto de partida podría haber dado lugar a un interesante film sobre el matrimonio, el guión cae en todos los tópicos imaginables, por lo que poco pueden hacer los excelentes actores para mejorarlo.

4/10
La princesa prometida

1987 | The Princess Bride

Un niño se encuentra enfermo en su casa y su abuelo le cuenta un cuento. El cuento hermoso de una princesa, un caballero, un rey malo, un gigante... Una joven y guapa Robin Wright es la bella princesita Buttercup, que suspira por el amor del apuesto Westley (Cary Elwes) Humor y maravillosas y trepidantes aventuras gracias al prodigioso guión de William Goldman. Destacan los divertidos personajes secundarios, como el español Íñigo Montoya o el gigante Fezzik. Dirige Rob Reiner, que había triunfado el año anterior con Cuenta conmigo. Fábula indispensable para niños y grandes.

7/10
Hollywood Vice Squad

1986 | Hollywood Vice Squad

Una madre acude a Hollywood en busca de su hija, que ha desaparecido sin apenas dejar rastro. Encuentra indicios de que trabaja en la industria de la pornografía, y decide acudir a la policía para que la ayuden a encontrarla. Convencional cinta que mezcla thriller con comedia, dirigida por la mediocre Penelope Spheeris (Rústicos en dinerolandia). Supuso el primer largometraje de cine de la actriz Robin Wright Penn, que justo a continuación protagonizó La princesa prometida.

4/10
Santa Barbara

1984 | Santa Barbara | Serie TV

La vida cotidiana de las gentes adineradas que viven en Santa Barbara, ciudad residencial situada a unos pocos kilómetros al norte de Los Ángeles, en California. Creada por Bridget y Jerome Dobson, la serie se centra sobre todo en la pareja formada por Mason y Kelly, y se caracteriza por un elegante aire de culebrón, con intrigas y romances, y con una puesta en escena de gran presupuesto, rica en localizaciones exteriores. La serie estuvo en antena desde 1984 hasta 1993 y constó de más de 2.000 episodios, que se dice pronto. Recuerda a otras series de gente bien que vinieron después, como Sensación de vivir y O.C. En ella puede verse a la actriz Robin Wright, en uno de sus primeros papeles como actriz. 

5/10
House of Cards (6ª temporada)

2018 | House of Cards | Serie TV

Decepcionante última temporada de House of Cards, que tuvo que enfrentarse al desafío de prescindir de su actor principal, Kevin Spacey, por los escándalos sexuales de los que ha sido acusado, cuando ya se había iniciado su producción. Esto obligó a una reescritura completa de lo previsto y al retraso en su lanzamiento. La presión que debieron sentir los guionistas puede imaginarse, estar a la altura de las anteriores temporadas desprovistos de su principal arma, el formidable actor. La ausencia del personaje que justifica toda el entramado, el carismático y maquiavélico Frank Underwood, acaba pesando demasiado, no deja de estar presente como un fantasma, y el recurso a jugar con esta idea, la de una especie de no-muerto que se resiste a descansar en paz en su tumba, de sombra muy, muy alargada, no acaba de funcionar. No está Spacey-Underwood, y hablar de él todo el tiempo sólo complica las cosas, aumentando la añoranza, el espectador le echa de menos aunque no quiera. Frank Underwood ha muerto. Con su prestigio por los suelos, no ha sido enterrado en Arlington sino en su Georgia natal, ironías de la vida, junto a la tumba de su padre al que tanto odiaba. ¿Por causas naturales? No está claro, aunque la versión oficial asegura que murió pacíficamente en la cama que compartía en la Casa Blanca con su esposa, la presidenta Claire Underwood. Se escuchan ruidos extraños en la residencia presidencial. ¿Será un fantasma? No, un pajarito se había colado y quedado emparedado, pero Claire lo encuentra y deja volar. La ambiciosa viuda trata de hacerse respetar, pero demasiadas personas poderosas a su alrededor piensan que es una marioneta que pueden manejar a su antojo. Destacan a este respecto el vicepresidente Mark Usher y los hermanos Shepherd, Bill y Annette. Por otro lado el fiel Doug Stamper, siempre una especie de perrito faldero de Frank, desearía el indulto presidencial al que también aspiraba el ex presidente, y está ingresado en un centro psiquiátrico sometiéndose a sesiones de terapia. Es triste ser testigo de la decadencia de la serie, que aquí deviene en intrigas palaciegas que parecen una caricatura de los Borgia, nada queda de la grandeza shakespereana de los comienzos con una lady Macbeth de opereta, simulando una depresión; la impresión es que Beau Willimon se ha quitado de en medio del desaguisado, aunque siga figurando en los créditos como creador. Claire toma el testigo de Frank para dirigirse al espectador y desafiarle, echándole a la cara su pragmático cinismo, pero no es lo mismo, y se abusa del recurso. Tenemos a muchas mujeres con poder, tratando de encarnar el sueño feminista, pero sin garra ninguna, ya sea Annette, como una antigua amiga de la universidad de Claire y ahora rival, pobre recién llegada al naufragio Diane Lane, o a Jane, la mujer turbia a la que ya daba vida Patricia Clarkson, que comparte algunas escenas sonrojantes con el presidente ruso, negociando condiciones ventajosas para su presencia en Siria, aprovechando su presencia en el sepelio por la antigua secretaria de estado; aunque las más altas cotas del ridículo se alcanzan cuando asoma un gabinete para tiempos del #MeToo, a cuya causa el cinismo hace un flaco favor. Un personaje que da pena el el de Seth, que trabaja para los Shepherd como ridículo correveidile. Y la cuestión del aborto o una cuestión de paternidad, en fin, todo resulta, con perdón de "embarazoso" culebrón. A Robin Wright hay que reconocerle coraje por intentar sostener a su personaje, interpretándolo hasta el final, e incluso echando el telón del último episodio, que dirige, aunque no basta. Ahora sí, descansen en paz de una vez Frank Underwood y compañeros, y pasemos a otra cosa.

3/10
House of Cards (5ª temporada)

2017 | House of Cards | Serie TV

Continúan las intrigas políticas de Frank y Claire Underwood para copar el poder en Washington, cada vez más parecidos al referente shakespereano del matrimonio Macbeth. Están muy próximas las elecciones presidenciales en que Frank debería revalidar un cargo que consiguió desde el bando demócrata en circunstancias más que dudosas, y con su esposa Claire como compañera de ticket aspirante a ocupar la vicepresidencia y no limitarse a ser la primera dama. Pero el republicano Will Conway, que tiene un pasado de héroe de guerra y es mucho más joven y padre de familia, es un poderoso rival. Además pesa el modo en que el presidente Underwood gestionó una crisis de secuestro en que un ciudadano americano fue decapitado a manos yihadistas. Decidido a conservar el mandato presidencial al precio que sea, Frank juega a la guerra sucia, además de manejar la carta del miedo para limitar el poder de los gobernadores, y ahuyentar de las urnas a los votantes m´s conservadores. La quinta temporada de House of Cards, que ha desarrollado antes con brillantez Beau Willimon, ahora desmarcado para acometer nuevos proyectos, mantiene de la mano de Melissa James Gibson y Frank Pugliese el nivel de las predecesoras, pero con una intención de elevar el nivel de intrigas y manipulación del matrimonio protagonista y su equipo, azuzada por el fenómeno "presidente Trump", que de alguna manera confirma aquello de que la realidad siempre supera a la ficción. De modo que siguen las intrigas en la sombra, mostrando el contraste entre un presidente que ya peina muchas canas, es de otra generación, y un adversario que usa hábilmente las nuevas tecnologías –su sesión de preguntas directas con el público durante horas via internet–, y que podría tener un punto flaco que no acaba de aflorar. En esta nueva entrega se prueba que hay capacidad sobrada para mostrar el modo en que actúan unas mentes retorcidas, que en algún caso, Doug Stamper, podrían estar tocando fondo. También la idea "marca de fábrica" de que Frank (el gran Kevin Spacey) se dirija directamente al espectador tiene nuevos momentos de originalidad, como en la reunión con los gobernadores, o con la que gente que se manifiesta a las puertas de la Casa Blanca, lo que tiene su mérito, la fórmula siempre apuntaba al riesgo de convertirse en lastre, Nombrar al reparto habitual y decir lo bien que lo hace cada uno, incluida con Robin Wright repitiendo como directora de un par de capítulos, se antoja un ejercicio innecesario. Sí conviene señalar alguna incorporación de relumbrón, como la de Patricia Clarkson.

7/10
The Dark of Night

2017 | The Dark of Night

Corto con sofisticada fotografía en blanco y negro y aire retro, dirigido por la actriz Robin Wright, ella escogió el guión de una incubadora de proyectos propiciada por su ayudante Nini Le Huynh. Se trata de un divertimento no demasiado ingenioso, atravesado en sus escasos diez minutos por una escabechina de crímenes violentos. Todo transcurre en una noche en que una mujer entra en un solitario bar, donde un individuo maltrata a la camarera. Se establece entre ésta y la recién llegada una complicidad que va a durar poco, y no sólo porque estemos en un corto.

4/10
House of Cards (4ª temporada)

2016 | House of Cards | Serie TV

Cuarta temporada de esta serie de lucha por el poder a toda costa, que alcanza su momento más álgido. Porque ciertamente y gracias a sus intrigas el vicepresidente Frank Underwood ha accedido a la presidencia de los Estados Unidos, tras implicar en un escándalo al anterior mandatario, pero al precio de la ruptura con su esposa y nueva primera dama, Claire, aunque la opinión pública no sea aún consciente de ello. De modo que en campaña para su reelección, donde la situación política con la crisis del petróleo y los roces con Rusia no ayudan demasiado, se suman las piedras que le va poniendo en el camino su propia mujer, que siguiendo sus propias aspiraciones políticas pretende presentarse al Congreso en Texas; decisión que coincide con la noticia de que su madre, con la que apenas se habla, padece un cáncer bastante avanzado. Beau Willimon vuelve a demostrar destreza para desarrollar las posibilidades que ofrece el lado más oscuro de la Casa Blanca. Aquí la novedad es que lo que había sido un frente unido, Francis y Claire, se ha quebrado, con lo que la lucha por el poder en su vertiente más maquiavélica, es también una pelea entre ellos, las desavenencias conyugales y políticas se confunden, es todo lo mismo. A esto se suman nuevos personajes –la madre enferma, amargada e intrigante, encarnada por Ellen Burstyn; o la jefa de campaña de Claire, Neve Campbell–, subtramas bien pensadas como la crisis rusa, y puntos de giro inesperados que no deberíamos desvelar, pero que complican la vida, nunca mejor dicho, al presidente. La trama atrapa, y aunque se presta humanidad a los personajes, de nuevo la apuesta es convertir a todos en ambiciosos y resentidos ávidos de poder y venganza, cada uno a su modo, nadie resulta medianamente positivo o atractivo, sólo cabe admirar el ingenio de unos y otros a la hora de urdir artimañas para conservar lo logrado, tapar escándalos o alcanzar ciertas metas, ya sea el comandante en jefe Kevin Spacey –que en esta temporada habla menos al espectador–, la primera dama Robin Wright –que vuelve a dirigir varios episodios–, o el astuto jefe de gabinete Michael Kelly, por citar a los principales.

7/10
House of Cards (3ª temporada)

2015 | House of Cards | Serie TV

Tercera temporada de la cínica serie, con Francis Underwood al fin de presidente de los Estados Unidos, aunque de auténtica carambola, tras forzar la dimisión del presidente. Su ambición todavía no está colmada, pues sólo dispone de 18 meses como inquilino de la Casa Blanca, y en su partido no son muy partidarios de que sea candidato para un segundo mandato. Mientras Claire no se conforma con ser simple Primera Dama, y se postula como embajadora de su país ante Naciones Unidas. Y aunque Francis no renuncia a presentarse a las elecciones presidenciales, utiliza su supuesto abandono para buscar apoyos para su programa Trabajo para América, que busca crear un millón de puestos de trabajo, financiados a base de recortes sociales. Entretanto Doug Stamper, que siempre hizo trabajos sucios para Francis, se siente ninguneado tras haber estado cerca de la muerte y haber necesitado rehabilitación, hasta el punto de que podría ofrecer sus servicios a una inesperada candidata a la presidencia. Beau Willimon sigue desarrollando con habilidad esta serie de planteamientos maquiavélicos, en que los principales personajes buscan sólo su propio interés, sin pensar excesivamente en servir al ciudadano, a no ser que tal actitud le reporte votos u otros beneficios tangibles. Por supuesto que en o más alto del escalafón cínico se se encuentra Francis Underwood, de nuevo un Kevin Spacey que se diría más grueso y satisfecho que nunca, que habla a cámara y por tanto al espectador con increíble desparpajo y naturalidad para pavonsearse de sus lamentables puntos de vista. Ya en el arranque de la serie, una visita al cementerio donde está enterrado su padre, supuestamente sentimental, y que le lleva a orinar ante su tumba, da idea de que para este hombre no hay nada sagrado, lo que se corrobora en otro capítulo, en una escena en una iglesia, donde su actitud blasfema tiene un inesperado contrapunto en el crucifijo que se viene abajo y está a punto de aplastarlo, lo que proporciona un momento de titubeo al repulsivo personaje, antes de que se rehaga con unos de sus sarcásticos comentarios. La serie tiene gancho y atrapa, con sus luchas de poder y crisis políticas –Oriente Medio, una Rusia con un mandatario que se parece a Putin, las luchas en el congreso...– aunque en su contra tiene la realidad de una galería de personajes odiosos, con los que resulta difícil empatizar.

6/10
House of Cards (2ª temporada)

2014 | House of Cards

La ambición de quien fuera congresista por Carolina del Sur, Francis Underwood, y de su esposa Claire, no parece conocer límites. Después de haber forzado la renuncia del vicepresidente para que se presente a gobernador, y ocupar así su puesto, el camino para llegar a la cúspide del poder parece bastante claro. Se trata de manejar a los que también se muestran ávidos de puestos de mando, pero que pueden ser manejados, como Jackie Sharp, que va a ocupar su puesto de líder de la mayoría del congreso, y emplear para los trabajos sucios a secuaces eficaces y leales como el ex alcohólico Doug Stamper. No faltan, por supuesto, los obstáculos, como los chicos de la prensa, o lobbies poderosos como el liderado por Raymond Tusk, amigo personal del presidente y que tiene negocios muy lucrativos con los chinos. Revelaciones como el recurso al aborto de Claire y agresiones sexuales en la cúpula del ejército van a complicar la vicepresidencia de Underwood, aunque aún más complicado lo va a tener el presidente Garrett Walker, que atraviesa una crisis matrimonial, y que se ve enredado en una complicada partida de ajedrez donde su segundo no parece ser precisamente su aliado. La segunda temporada de House of Cards, que adapta a la realidad estadounidense el libro de Michael Dobbs y la miniserie de Andrew Davies, sigue los parámetros maquiavélicos con que arrancó, su protagonista sigue siendo un perfecto cínico, que expresa sus planes sin remordimientos hablando de vez en cuando a la cámara, o sea, al espectador. Por supuesto a Underwood no le basta su vicepresidencia, y sólo en ocasiones contadas muestra una cierta correspondencia a las personas que le caen bien, como Freddie, que le sirve esas costillas que tanto le gustan en su viejo local. La trama política es sólida y despierta el interés, y hay lugar para las sorpresas, a medida que en el ambicioso camino de Underwood se acumulan los cadáveres, metafóricos o reales. La serie televisiva de Netflix es ágil, e incorpora bien elementos tecnológicos y de la actualidad. Los personajes están bien perfilados, pero pesa demasiado la carga inmoral, con planteamientos muy retorcidos –el ménage à trois del matrimonio Underwood con su guardaespaladas es de traca–, no existe alguien medianamente ejemplar e íntegro, parece que en Washington y en el mundo en general no existe la gente honrada, los políticos que simplemente quieren servir a sus ciudadanos. Una vez más el reparto es sobresaliente, con unos Kevin Spacey y Robin Wright que han tomado perfectamente la medida a Francis y Claire.

7/10

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