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Libros

"Deborah", de José Luis Garci

Deborah (José Luis Garci, Notorius Ediciones, 149 págs)

Como es bien sabido, José Luis Garci no es sólo un gran director de cine, sino un magnífico divulgador del Séptimo Arte, y un tertuliano de excepción, a quien da gusto escuchar en la radio o en la televisión. Porque lo suyo no es cinefilia al uso, sino un sabio conocimiento sustentado en una amplia cultura y en una visión del hombre bien determinadas. Por ello, cuando habla de cine con un profesional del celuloide, Garci no anda muy lejos de los objetivos logrados por otros ilustres colegas metidos a reporteros o entrevistadores, me refiero por supuesto a François Truffaut y a Peter Bogdanovich.

Este libro-entrevista-conversación que ve ahora la luz, maravillosamente editado por Notorius, llega a las librería muy oportunamente, cuando acabamos de conmemorar el centenario de Deborah Kerr. Y aunque parte de los textos que laocomponen eran conocidos –el número 2 de la tristemente desaparecida revista “Nickel Odeon” recogía gran parte de la entrevista con la actriz–, no eran de fácil acceso en la actualidad, por lo que solo cabe el aplauso ante “Deborah”, que además está muy bien ilustrado con hermosas fotografías de la no menos hermosa intérprete, a toda página.

Traspasa inevitablemente un tono nostálgico las páginas de este libro, la añoranza de un Hollywood irrepetible. La estructura es muy sencilla: un breve prólogo escrito recientemente, y unas rápidas semblanzas de Deborah Kerr, y de su segundo marido, el escritor y guionista Peter Viertel, con quien estuvo 47 años, hasta su muerte. Y entonces viene la larga entrevista “de fin de siglo” con Kerr, que incluye el repaso a toda au filmografía, ante la presencia casi todo el rato muda de Viertel.

Garci asoma como entrevistador buen conocedor de lo que habla, y que siente una admiración declarada por la actriz, no deja de decir los Oscar que merecía y que no se llevó, al tiempo que levemente azorado afirma que para nada pretende ser adulador. Y ella se va soltando, describiendo su experiencia en Inglaterra y Hollywood, con la década dorada de los 50, y demuestra no ser simplemente alguien con talento capaz de decir bien sus textos componiendo a la perfección sus personajes, sino que se nota que es una persona culta, conocedora de la literatura, y que sabe hablar en positivo, alabando lo bueno de los artistas con los que trabajó, y empleando la mesura si una película está menos lograda, o si un director no era demasiado brillante.

¿Cuál es el papel favorito de Deborah de entre los que ha interpretado? ¿Hacemos “spoiler” o lo dejamos en “suspense”? No es cuestión de recoger aquí lo que opina sobre esto o aquello, pero si conviene subrayar que estamos ante a alguien que ha trabajado con los grandes, y la podemos recordar doblemente institutriz en El rey y yo y Suspense, doblemente monja en Narciso negro y Sólo el cielo lo sabe, doblemente dirigida por Fred Zinnemann en De aquí a la eternidad y Tres vidas errantes, o protagonizando la segunda versión de Leo McCarey de la apasionadamente romántica Tú y yo. Si le preguntamos, “quo vadis?” a Deborah, podría contestar sin falsas modestias al estrellato, el de sus admirados Gable y Cooper, “gente arrolladora, con miradas distintas de las del resto de los mortales”.

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