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"El estándar de Hollywood", de Christopher Riley

El estándar de Hollywood. La guía completa y autorizada de formato y estilo de guión (Christopher Riley, Rialp / Libros de cine, 320 páginas)

"El estándar de Hollywood", de Christopher Riley

No basta haber escrito el mejor guión del mundo, para que éste acabe convertido en una película o en una serie. Antes debe ser leído en el estudio o productora de turno, y resulta fundamental para ello que el analista que tiene sobre la mesa un montón de libretos pendientes de revisión, le dedique parte de su precioso tiempo. Lo que muchos guionistas novatos ignoran es que no basta tener una idea genial, sino que han de saber plasmarla con perfecta claridad sobre el papel, y ello de acuerdo con unos estándares de presentación ampliamente aceptados en la industria. Una razón para que un guión sea descartado y termine directamente en el cesto de los papeles, sin que sea leída una sola de sus líneas a veces, es que no se ajusta a la presentación esperada; hay muchos originales que revisar y si ni siquiera se sigue regla tan elemental, ello será motivo suficiente para decirse uno para sus adentros, “fuera, ¡el siguiente!”.

Christopher Riley es un respetado guionista y analista de guiones, con amplísima experiencia en Hollywood, que sabe perfectamente la pinta que debe tener un libreto. Es obvio que el talento y la creatividad para imaginar una historia es algo personal, algunos los tienen en grado máximo, otros en absoluto, y en medio hay un amplio rango. Pero lo que el autor de esta útil y práctica guía señala con acierto es que está al alcance de todos la entrega de algo legible. O sea con la presentación y numeración correcta de las escenas, las indicaciones sobre si algo transcurre de noche o de día, en exteriores o dentro de un edificio, usando mayúsculas o minúsculas según sea el caso, o las abreviaturas habituales. Con la guarda de márgenes, el interlineado y el tipo y tamaño de letra que se espera, los encabezamientos de plano, la introducción de personajes e indicaciones sobre ellos, los diálogos... Recuerda además que, por supuesto, existen programas informáticos que dan formato automático a los guiones, facilitando la tarea, pero desde luego nunca sustituyendo al autor, que debe saber cuándo el software se equivoca, y sí, esto es así, muchas veces se equivoca.

No se puede incluir una verborrea absurda en un guión, o dar indicaciones que son decisiones técnicas más propias del director, y que el guionista debería ahorrarse; dentro de los muchos errores posibles Riley ofrece enseguida los que considera “mortales” porque tumbarán la consideración del guión sin remedio. En realidad, señala el autor con sabiduría, lo que debe entregarse es un guión muy visual, que enganche al lector porque proporciona imágenes muy claras de cómo debe ser la película, casi la sensación tiene que ser, mientras se lee, de estar “viendo” la película.

Los ejemplos acerca de cómo presentar cada tipo de plano, los saltos temporales, los montajes de plano, y hasta, bienvenidos a la modernidad, los mensajes de texto de los teléfonos móviles, los correos electrónicos o las escenas de conversación por zoom, son abundantes. Además se mencionan películas recientes que pueden ser modélicas, también en la ruptura de reglas conscientemente o con estilo propio, resultan muy ilustrativas las referencias a La forma del agua de Guillermo del Toro, Jojo Rabbit de Taika Waititi, La balada de Buster Scruggs de los hermanos Coen, Lady Bird de Greta Gerwig, 127 horas de Danny Boyle o la serie Breaking Bad de Vince Gilligan.

La ventaja de que ahora llegue la edición en español de este libro, es que en Estados Unidos el libro lleva tres ediciones, por lo que ha podido beneficiarse del “feedback” de sus lectores profesionales, y ser enriquecido con lo que ellos mismos demandaban y echaban en falta. Como señala Riley, no pretende tener todas las respuestas a la presentación ideal de guiones, pero sí ofrecer pautas, directrices consagradas que conviene conocer y seguir. Como dice el guionista Antwone Fisher en la presentación, escribir es arte y es ciencia, él creía tener lo primero y anduvo buscando mucho tiempo lo segundo, y encontrándolo sobradamente en “El estándar de Hollywood”.

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