El 26 de abril se cumplen 30 años de uno de los mayores desastres medioambientales de la historia, el trágico accidente de la central nuclear de Chernóbil, entonces situada en la Unión Soviética y ahora en Ucrania. La explosión del hidrógeno acumulado en el reactor causó la muerte inmediata de 31 personas, la evacuación súbita de toda la ciudad, y una alarma internacional justificada ya que se detectó radiación en al menos trece países. El accidente nuclear más grande de la historia, silenciado por el gobierno comunista, liberó una cantidad de radiación equivalente a 400 bombas de Hiroshima.
Como cabía esperar, el cine le ha sacado tajada al terrible suceso. El mismísimo John McClane (Bruce Willis) visitó Chernóbil con su hijo Jack (Jai Courtney), evitando la contaminación nuclear con sus chaquetas de cuero, para enfrentarse a mafiosos rusos en La jungla: Un buen día para morir, quinta entrega de la saga, y posiblemente la peor (con enorme diferencia). La escena final, en este terrible lugar, no oculta con su espectacularidad, la falta absoluta de fondo e ideas.
El desastre dio lugar también a un film de terror de serie B titulado Atrapados en Chernóbil, producido por Oren Peli, que había dado la campanada con Paranormal Activity. Tenía como protagonistas a jóvenes veinteañeros de vacaciones que al pasar por Kiev, contratan los servicios de Uri, especializado en "turismo extremo", que les ofrece llevarles a Prípiat, la ciudad que quedó abandonada tras el estallido de uno de los reactores de la cercana central nuclear de Chernóbil.
En Transformers: el lado oscuro de la Luna, tercera entrega de la saga robótica, dirigida como las anteriores por Michael Bay, Optimus Prime, líder de los autobots (la facción buena) viaja a la zona de la tragedia para investigar supuesta tecnología extraterrestre, con el fin de ayudar al ejército de Estados Unidos.
En una de sus joyas más surrealistas e indescriptibles, El rey Lear, Jean-Luc Godard imaginaba que tras el accidente de Chernóbil se habían perdido todas las obras artísticas, por lo que un descendiente de William Shakespeare buscaba los textos de su antepasado.
Otros desastres en plantas nucleares del cine
El Séptimo Arte ha retratado también otros incidentes similares al ocurrido en la ciudad ucraniana. Unos años antes de que ocurriera, Michael Douglas y Jane Fonda horrorizaban a las plateas, con El síndrome de China. Interpretaban a una reportera y su cámara, que cuando realizaban un reportaje rutinario en una central nuclear descubrían que había ocurrido un accidente que ponía en peligro la ciudad de Los Ángeles. En su momento, el film fue calificado de poco creíble (¡mira que poner en solfa la seguridad de este tipo de centrales!), pero por desgracia hoy nadie duda de su realismo.
La temática nuclear sirvió para que la gran Meryl Streep lograra una de sus 19 candidaturas al Oscar (contando las tres en las que se ha alzado como ganadora). Fue por Silkwood, donde encarnaba a un personaje real, Karen Silkwood, que murió en extrañas circunstancias mientras investigaba deficiencias en la planta de combustible nuclear en la que trabajaba.
Existen por otro lado un gran número de filmes que hablan del terror nuclear por su utilización militar, como El día después, La hora final, Teléfono rojo (Volamos hacia Moscú), Cuando el viento sopla, Lluvia negra, La jetée, o por el terrorismo, como Pánico nuclear. También se han visto las consecuencias de la bomba en títulos como Los niños de Hiroshima e Hiroshima, mon amour.
En el subgénero nuclear, se lleva la palma en cuanto a bizarría el film español La hora incógnita, del homenajeado por la Academia en la última edición de los Goya Mariano Ozores. El film muestra a las pocas personas que se han quedado en una ciudad después de que la mayoría hayan huido, porque queda poco para que impacte una bomba atómica.
