La cosa avanza en Cannes a buen paso, ya se han podido ver cuatro películas a concurso, de cineastas habituales en la competición, aunque ninguno ha levantado pasiones incondicionales.
El británico Ken Loach sigue en su línea de cine social, aunque esta vez con una trama que nos retrotrae a películas como Ladybird, Ladybird, pues I, Daniel Blake, cuenta las tribulaciones de un viudo con una dolencia cardíaca, que se las ve y se las desea para que el sistema sanitario le conceda las prestaciones a las que tiene derecho. Sin duda que en la falta de humanidad en determinados escalafones administrativos muchos espectadores pueden verse reflejados, aunque tal vez sería injusto generalizar demasiado. Sea como fuere, el riesgo de convertirnos en seres fríos e insensibles es una realidad de la que el cineasta varias veces premiado en Cannes sabe advertirnos.
Bruno Dumont es otro cineasta habitual del festival, que ya obtuvo premio con un film llamado La humanidad. Con Ma loute vuelve a abordar la condición humana, pero con una trama grotesca, que sigue a dos familias, una de la alta burguesía, la otra de condición humilde, ambas aficionadas a la antropofagia. Excesiva, lo mejor es Fabrice Luchini, un actor que tiene su gracia.
Aunque La muerte del Sr. Lazarescu fue un gran título, que puso en el punto de mira del cinéfilo el pujante cine rumano, Cristi Puiu logra agotar con sus tres horas de Sieranevada, sobre una reunión familiar con motivo del aniversario de la muerte del patriarca. Los convocados hablan de todo, y se supone que eso compone una interesante radiografía social, pero quizá no todos los espectadores, ni siquiera una pequeña gran parte, lo vea tan interesante.
Pero para director sobrevalorado, el francés Alain Guiraudie: algunos aplaudían con las orejas cuando vieron El desconocido del lago, por su supuesta audacia al tratar la homosexualidad, y ahora con Rester vertical ya no sorprende a nadie abundando en las relaciones sexuales, en esta ocasión a varias bandas.
Resulta curioso, o tal vez no tanto, pero al final las películas que llaman la atención son las glamourosas, aunque no compitan: a ver quién es el guapo que no se para a ver a Jodie Foster dirigiendo a un estupendo George Clooney como presentador televisivo, acompañado de una Julia Roberts secundaria pero estupenda, a cuento de un caso en vivo y en directo, de un tipo muy cabreado por ser víctima de la crisis financiera. De eso y más habla con brío Money Monster, terapia perfecta para luego afrontar el visionado de filmes muy, muy "heavies".
