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"La doctora de Brest", pistoletazo de salida al festival

Festival de cine de San Sebastián 2016, día 16 de septiembre: una dosis de medicina fílmica para la inauguración

¿El cine como medicina, capaz de curar los males que aquejan a una sociedad enferma? Pregunten a “La doctora de Brest”, la película que inaugura la 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián, y también su sección oficial a concurso.

Festival de cine de San Sebastián 2016, día 16 de septiembre: una dosis de medicina fílmica para la inauguración

Esta noche tendrá lugar la gala oficial de inauguración de la 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián, pero las películas no aguardan y el público y la prensa hacía ya cola desde las nueve de la mañana para asistir a la proyección de La doctora de Brest, la película que abre la competición en la sección oficial. Por tanto, y mientras cae una lluvia persistente, queda para dentro de unas horas la alfombra roja y la velada concebida por Patxi Barco y que será presentada por tres actrices, Emma Suárez, Cayetana Guillén Cuervo y Mireia Gabilondo.

Además de recordar los contenidos de las distintas secciones, se entregará el premio de la Fipresci, la Federación Internacional de Críticos, que este año ha recaído en una interesante cinta alemana, Toni Erdmann, que cuenta la relación nada convencional entre una mujer, alta ejecutiva, y su padre, que la hace lo imposible para mantener vivo un trato cada vez más distante. Dirige una mujer, Maren Ade.

Medicina francesa recetada por Emmanuelle Bercot

El certamen arranca pegado a la realidad, pues La doctora de Brest parte de unos hechos acaecidos en Francia en 2007 y sacados a la luz por la neumóloga Irène Frachon, quien relacionó la muerte de varios pacientes que padecían dolencias cardíacas con Mediator, un fármaco que se solía recetar a diabéticos, y que era recetado a muchos pacientes para perder peso.

Emmanuelle Bercot, actriz que tiene también una amplia trayectoria tras la cámara como guionista y directora, acomete este film con rigor documental, con modos clásicos, a ratos algo convencionales, pero que funcionan la mayor parte del tiempo. Y sigue una estructura típica, donde la protagonista se movería al estilo David, luchando contra un gigantesco e invencible Goliat, que estaría conformado por un todopoderoso laboratorio farmacéutico, arropado por el mundo académico y regulatorio. Éstos no atenderían las razones de esta provinciana chica de Brest, una pequeña población de la Bretaña, a pesar del rigor del equipo que va reuniendo poco a poco pruebas sobre los problemas de Mediator.

Protagoniza la correcta película una actriz con carácter que va a más, desde que llamó la atención como primera ministra danesa en la serie Borgen. Sidse Babett Knudsen sabe imprimir una fuerte personalidad a su Irène, mujer resolutiva e impaciente, pero humana, que necesita el apoyo de su familia, su esposo y sus cuatro hijos, y el de muchos profesionales –el médico investigador buena persona pero más débil, los otros médicos, la mujer del comité, el Papá Noel de la Seguridad Social, el editor, la periodista...– para no cejar en lo que considera una tarea irrenunciable, ponerse del lado de los pacientes y denunciar los abusos.

Declaración de amor al cine de Bertrand Tavernier

tavernierInaugura la sección Zabaltegi una película de más de tres horas, pero que se pasa en un suspiro. Y es que Las películas de mi vida, de Bertrand Tavernier, cuyo título original es mucho más certero, Voyage à travers le cinéma français, o sea, "viaje a través del cine francés", es una personal declaración de amor del cineasta galo, un recorrido sentimental autobiográfico de las películas de su país que le han marcado y le empujaron a la cinefilia y a la cinematografía. Como decía el director al presentar su film, el cine y su recuerdo rejuvenece, y él espera que haberlo hecho, le prolongue la vida. Además, citando el epitafio de la tumba de Michael Powell, aseguraba que se reconocía en él: "Profesión: amateur. Aficiones: Hacer películas".

Por esas coincidencias que tiene la vida, su documental comienza con el primer recuerdo fílmico de la infancia de Tavernier, que corresponde a Jacques Becker, al que el festival dedica una retrospectiva de su filmografía: una persecución de motos a un automóvil, perteneciente a Dernier atout. De nadie se aprende a valorar más una película que de alguien que hace cine, y a través de la nostalgia de los cines de barrio nos habla de Jean Gabin, Marcel Carné, Jean Renoir, Jean-Pierre Melville, Claude Sautet, Jean Vigo... pero también de autores de bandas sonoras como Maurice Jaubert, o del director maldito al que ayudó a pagar su entierro, Edmond T. Gréville. Cómo se agradece la mirada penetrante de Tavernier, y qué ganas dan de ver las películas que cita.

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