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El cine chino asoma la patita con un drama conmovedor

El festival toma carrerilla, cuando escribo estas líneas sólo está pendiente la proyección de una de las películas a concurso. Hoy tocaba la última cinta española de la competición, el documental de creación de Isaki Lacuesta “Entre dos aguas”, y un sólido drama chino sobre el valor de la vida de un recién nacido, “Baby”.

También hubo tiempo para anticipar, dentro de la sección oficial, aunque fuera de concurso, la miniserie televisiva de Movistar+ Gigantes. De trama familiar gangsteril, conviene decir que los Guerrero no son los Corleone, que José Coronado no es Marlon Brando, y que Enrique Urbizu no es Francis Ford Coppola. Pero que si hace abstracción de las odiosas comparaciones padrinescas, y de algún que otro cliché, hablamos de una producción vistosa, con empaque, rodada con estilo y ritmo, que se sigue bien.

El tiempo pasará

Isaki Lacuesta acomete un nuevo documental de creación, de alto calado dramático en su naturalismo, que recupera a personajes de La leyenda del tiempo, rodada doce años atrás. Y no sería un disparate que Entre dos aguas tuviera premio, aunque visto lo visto, que el mejor cine a concurso está siendo el español, se corre el riesgo de un “concharés” nacional que no quedaría muy bien cara al exterior.

entredosaguasAsí que volvemos a saber de dos hermanos gitanos de San Fernando, Isra y Cheíto, ahora adultos, y que se reencuentran cuando el primero sale de prisión, y el otro regresa de una misión en la Armada, donde sirve en un barco en la cocina. Ambos son padres de familia, con niños. Y se nos describe su entrañable fraternidad, y los esfuerzos por llevar una vida familiar normal, lo que no resulta nada fácil, especialmente en el caso de Isra. Pues al regresar a casa, su esposa no le recibe precisamente con los brazos abiertos, no quiere acogerle hasta que tenga un trabajo y demuestre que puede cuidar de ellos. La dignificación que supone un empleo cuesta conseguirla en una zona de alta tasa de paro, donde delinquir con el tráfico de drogas para obtener dinero rápido supone una tentación demasiado fuerte.

La narración, con guión de Lacuesta, Fran Araújo e Isa Campo es morosa, se toma las cosas con calma, de modo que deviene en documento antropológico no apto para paladares impacientes. Se logra captar en cualquier caso la idea a que se alude en el título, de la existencia de quien nada entre dos aguas, la que corresponde a tratar de llevar una vida normal y feliz, como una persona honrada, y la de la aventura y el trapicheo, impelida por el deseo de libertad y de depender de uno mismo. Al atraparse un retazo de vida, a veces con un hiperrealismo innecesario –el parto inicial, las escenas de alcoba–, puede uno imaginarse que la historia se muestra inconclusa, como la vida misma, aquello “continuará”, los protagonistas seguirán tomando sus decisiones, en medio de los inevitables condicionamientos sociales. Es de suponer que algunas escenas se habrán rodado varias veces, están escenificadas, aunque se ciñan a la realidad. Los protagonistas se muestran naturales, y sorprende que a pesar de su deje y jerga peculiares se les entienda bien, verdaderamente vocalizan, o eso parece.

Dejadle vivir

Baby es un valiosa película china, escrita y dirigida por Liu Jie, que cuenta con el padrinazgo en la producción ejecutiva del veterano Hou Hsiao-Hsien. Late en todo el metraje de este duro drama la férrea política de control de natalidad, que ha tenido efectos en la defensa, o no, de la vida, ya no decimos del no-nacido, sino del recién nacido, especialmente si tiene alguna tara o enfermedad. Y también se nos habla de los ancianos, tradicionalmente venerables, pero que corren el riesgo de ser considerados poco menos que prescindibles o aparcables.

baby2Jiang Meng vive en Nanjing, y acaba de alcanzar la mayoría de edad. Sus padres biológicos la abandonaron al nacer por la enfermedad que padecía, pero encontró una familia de acogida, que recibía un subsidio para su manutención. Muerto el padre de acogida, la que ha sido para ella una verdadera madre es ya mayor, y al haber alcanzado Jiang la mayoría de edad cesa la ayuda estatal. Burocracias surrealistas impiden que pueda ser adoptada, el destino que espera a la anciana es una residencia, sino consigue su hija de acogida un trabajo bien pagado. Logrará uno de limpiadora en un hospital infantil. Allí se implicará personalmente en el caso de una niña recién nacida con una obstrucción intestinal de difícil curación, donde el padre ha tomado la decisión de que no se apliquen tratamientos, de modo que el bebé morirá irremediablemente.

Jie logra implicar emocionalmente al espectador, haciendo que se identifique con la protagonista, terca en hacer lo que su conciencia le indica que es lo correcto, lo que supone complicarse la vida, incluso arriesgándose a terminar en la cárcel. De desarrollo narrativo impecable, con el justo punto de suspense, tiene personajes secundarios entrañables como el amigo sordomudo de Jie, que también se crió en un hogar de acogida. Presenta el film su punto pesimista, o realista, si se quiere, a veces los obstáculos pueden ser casi insuperables, gigantes o molinos de viento, tanto da, y toca ser pragmáticos y aceptar las circunstancias, el marco en que se desarrolla la existencia, no somos omnipotentes. La joven Yang Mi, presente prácticamente en cada fotograma, hace un trabajo perfecto.

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