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Reportajes

Comienza la edición 67 del Festival de Cine

Día 20: Un cine de muerte con Susan Sarandon inaugura la competición en San Sebastián

Ya es oficial. Ha comenzado la 67 edición del Festival de Cine de San Sebastián. La presentación de la gala de inauguración estuvo a cargo de las actrices Cayetana Guillén Cuervo y Loreto Mauleón, con la dirección de Borja Crespo. Subieron al escenario para presentar distintas secciones los Javis, Leticia Dolera y Paul Urkijo, el presidente del jurado oficial Neil Jordan, el director de la cinta inaugural, el británico Roger Michell, y uno de sus actores, el australiano Sam Neill. También estaban ahí, de riguroso smoking, el director del certamen, José Luis Rebordinos, y el cineasta en competición Alejandro Amenábar.

La muerte, que lucha con la vida, se erige en protagonista de las primeras películas del festival. Panorama tétrico y no excesivamente optimista. Tampoco memorable, ni excesivamente original. No en balde, el título de inauguración, que forma parte de la competición, Blackbird, sobre el suicidio asistido, es el remake rodado en inglés de otro que compitió hace unos años también en San Sebastián, el danés Corazón silencioso. Mientras que en la mexicana Mano de obra, la muerte accidental de un obrero es el detonante para que un grupo de personas de humilde condición intente mejorar sus condiciones de vida.

Adiós a la vida

Roger Michell es un cineasta británico que ha rodado títulos interesantes, sobre todo la popular Notting Hill, con Julia Roberts y Hugh Grant, aunque también tienen su punto Mi prima Rachel o Le Week-End. Aquí en Blackbird, con el concurso del guionista de Corazón silencioso, Christian Thorpe, traslada la trama de ese film a Estados Unidos, que es en esencia la misma. Una mujer con una enfermedad degenerativa ha decidido quitarse la vida, con ayuda de su esposo médico. Y antes de hacerlo convoca a sus seres queridos: su mejor amiga, las dos hijas de personalidad muy diferente, una hiperresponsable, casada y con un hijo que quiere ser actor, la otra con novia –el lesbianismo es una de las leves variantes con respecto al original–. La idea es compartir un fin de semana de despedida, que debe ser emotivo y entrañable, ocasión para limar asperezas, aunque terminarán tirándose los trastos a la cabeza, el necesario momento catártico para que las aguas vuelvan a su cauce y puedan todos, es un decir, descansar en paz.

blackbirdEl cuadro que se nos ofrece es como el que pudo verse cinco años atrás. Personajes incapaces de encontrar sentido a la enfermedad, el sufrimiento y el dolor. El suicidio o muerte digna como salida, aunque no deja de llamar la atención la distinción entre suicidios “buenos” –los decididos con cálculo y sin pasión por los que su salud decae– y los “malos” –aquellos a que empuja la desesperación, porque no se sabe vivir–. Distinción bastante artificial, pero que cabe cuando no existen las consideraciones morales, el sentido del bien y del mal, y sólo cuenta la libertad individual de elección, actuar sin coacción sería la máxima expresión a que puede aspirar la devaluada consideración de la dignidad de la persona, mientras que a los demás sólo les toca respetar la decisión del otro. El clima relativista en que se inserta la trama tiene un ejemplar botón de muestra en la disparatada idea de celebrar la Navidad fuera de temporada, y por supuesto, sin alusión alguna al acontecimiento que da sentido a esa fiesta.

La película tiene un aire decididamente teatral, y lo más destacable es sin duda el capítulo interpretativo. Del reparto la más destacable es Kate Winslet, que compone muy bien a su a priori antipático personaje, pero lo cierto es que todos los demás –Sam Neill, Rainn Wilson, Bex Taylor-Klaus, Susan Sarandon, Mia Wasikowska, Lindsay Duncan, Anson Boon– parecen sentirse cómodos en la piel de sus respectivos personajes.

Okupas

De corte muy distinto es la modesta película mexicana Mano de obra. El detonante de la trama es la muerte en una obra de Claudio, hermano de Francisco, ambos trabajan en la construcción de un casoplón. Lejos de preocuparse del difunto y su viuda embarazada, los peritos dictaminan que se encontraba ebrio, por lo que el constructor rehusa hacerse cargo de la pertinente indemnización, dando largas al asunto. La indignación por la injusticia conduce a Francisco a la acción, “okupando” la casa en obras, pero pronto queda claro que el plan trazado escapa a su control, la nueva situación no es tan fácil de gestionar.

ManodeobraNo es gran cosa la película de David Zonana, que pretende denunciar la insensibilidad de las personas con capital, aunque aquellos que tienen poco tampoco demuestran tener un código moral superior. El conjunto deja mal sabor de boca, no es fácil identificarse con el protagonista, porque pronto se desdibujan sus motivaciones quedando un conjunto bastante insulso.

El mejor cine social y político se pudo ver en la proyección del último trabajo del galardonado con el Premio Donostia Costa-Gavras. Comportarse como adultos describe la misión imposible del tándem Alexis Tsipras-Yanis Varoufakis, ganadores de las elecciones griegas, por desembarazarse de las condiciones draconianas impuestas por Europa para gestionar la crisis. El cineasta griego especialista en cine político sabe mantener un ritmo envidiable a la narración, sin que decaiga el interés por las vueltas y revueltas de unas negociaciones kafkianas.

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