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Sokurov presenta su candidatura a la Palma de Oro en Cannes

El Festival de Cannes defiende el cine de autor, pero ello no le impide tener una debilidad: los grandes actores americanos. Ello explica la presencia en la misma jornada de obras como Alexandra del ruso Sokourov, cuya proyección estaba separada por sólo media hora de la de Ocean’s 13, de Steven Soderbergh. La primera película figura en la competición, mientras que la segunda se presenta fuera de concurso. La jornada ha terminado con la presentación del cineasta surcoreano Lee Chang-Dong.

Sokurov presenta su candidatura a la Palma de Oro en Cannes

“Ocean’s 13”, de Steven Soderbergh

El caso de Soderbergh podría dar para el tema de una tesis sobre la oposición arbitraria entre el cine de autor y el cine de diversión. Ganador hace 18 años de la Palma de Oro por su primera película, Sexo, mentiras y cintas de vídeo, Soderbergh era el perfecto ejemplo de representante del cine independiente americano. Después el cine –y el mundo- han evolucionado y Soderbergh ha probado su maestría en los géneros más diversos, aunque también ha errado el tiro con sus películas de ensayo. Pero ¿cómo no descubrirse ante un autor que puede realizar el mismo año (2000) Traffic y Erin Brockovich? En cuanto a la serie iniciada con Ocean's Eleven, comenzada en 2001, su enorme éxito popular reclamaba una continuación, que tuvo lugar en 2004, y de la que la actual película es el tercer episodio. Además, todo comenzó en realidad con lo que era el “remake” de una película de Lewis Milestone de 1960.

Todo se organiza en torno al personaje de Danny Ocean (George Clooney), jefe de una banda de ladrones de altos vuelos que reunía un conjunto de grandes actores: Brad Pitt, Matt Damon, Andy Garcia, Ellen Barkin, Elliott Gould, Don Cheadle, etc. La simpatía de cada robo estaba asegurada por el carácter poco recomendable de la víctima, en el primero se trataba además para Danny de recuperar el amor de su mujer. Esta vez, el origen de la operación no es ni el gusto por la proeza, que existe siempre, ni el deseo de ganar millones de dólares, sino la fidelidad en la amistad. En “malo” de esta historia es Willy Bank (Al Pacino), que se ha permitido estafar al amigo y mentor de Danny, Reuben Tishkoff (Elliott Gould), enviándole además al hospital víctima de un infarto. Todos los amigos de Reuben se movilizan para crear el mayor número posible de dificultades a Bank el día de la inauguración de su casino, con la idea de birlarle también una millonaria partida de diamantes.

Sería demasiada pretensión decir que el espectador medio comprenderá todos los mecanismos supersofisticados de la operación, que se desarrolla en dos tiempos: alterar el funcionamiento de todas las tablas de juego, para al final agenciarse los diamantes. La cosa no es muy verosímil, pero la importancia de este detalle es relativa con tal de que los amigos de Danny Ocean prueben su amistad. De todas maneras, para Cannes lo importante no ha sido tanto la película, como avivar el entusiasmo de los “festivaliers” con la presencia de una verdadera constelación de estrellas de Hollywood.

“Secret Sunshine”, de Lee Chang-Dong

Poco conocido en Europa, Lee Chang-dong ha estado alejado en los últimos años de la creación cinematográfica pues fue nombrado en 2002 Ministro de Cultura de Corea del sur. Ahora, compite por primea vez en Cannes con la película “Miryang” explotada en inglés a nivel internacional con el titulo de Secret Sunshine. Miryang es el nombre de la ciudad donde transcurre la acción y a donde llega un día una joven viuda, Shin-ae (Jeon Do-yeon), acompañada de su hijo. Pero su hijo desaparece y su cadáver y su asesino no tardan en ser descubiertos. Esta tragedia sume a Shin-ae en una angustia comprensible, de la que no logra sacarla la inclinación amorosa de Kim Jong-Chag (Son Kang-ho), el mecánico del pueblo. Shin-ae también es solicitada por un grupo religioso protestante que trata de reconfortarla, pero la actitud de la joven viuda se hace cada vez mas extraña. Es evidente que el autor de la película no desea dar una conclusión clara de los hechos que presenta. Esta postura ha sido en Cannes objeto de numerosos comentarios, por la ambivalencia de las intenciones, que podrían ir desde una posición antirreligiosa, hasta una actitud espiritual de aceptación sin decantarse por una práctica concreta.

“Alexandra”, de Alexander Sokurov

Alexander Sokurov sigue siendo una de las figuras más  importantes del cine ruso. Su obra es exigente y su trabajo sumamente original. En general sus películas obtienen una financiación internacional, como en el caso de Alexandra, producida por Rusia, Francia y Alemania. Sokurov es un visitante habitual de Cannes desde 1999, cuando presentó Molokk, su película sobre Hitler, a la que seguió en 2001 Taurus (sobre los últimos dias de Lenin). La trilogía de personalidades se terminó con El Sol, en 2004, consagrada al Emperador Hiro Hito y a la capitulación del Japón en la Segunda Guerra Mundial. En fin, otras películas de Sokurov han venido a Cannes, como la famosa El arca rusa, película sobre el Hermitage, el gran Palacio-Museo de San Petersburgo, rodada en un solo plano.

Desde el comienzo del Festival esperábamos una obra capaz de producir una gran ovación. Por fin esta ovación, unánime y prolongada, se ha producido al final de la proyección de Alexandra, en la gran sala Lumière, que reúne a críticos y público general. Nadie dudaba al final de la proyección que la película se iba a convertir en un seria candidata a la Palma de Oro.

La historia puede resumirse en dos líneas. Alexandra Nikolaevna ha obtenido el permiso de visitar a su nieto, uno de los mejores oficiales de su unidad, que se encuentra estacionada en Tchetchenia. Va a pasar así un par de días en un mundo de militares que viven en condiciones difíciles. La guerra ha terminado, pero no las acciones aisladas, y por ello los soldados rusos viven al margen de la población. Alexandra se aventura en el pueblo cercano al campamento, donde encuentra una acogida amistosa, en especial por parte una mujer de su edad con la que siente una gran solidaridad. Sokourov sostiene el carácter universal de su historia. Aunque encarnada en un problema ruso, el director afirma que su personaje podría ser perfectamente el de una abuela americana que visita a su nieto en Irak o el de una inglesa que realiza el mismo tipo de vista en Afganistán.

Es a través de las imágenes y de los diálogos que se va dibujando el personaje de Alexandra, interpretado por la figura legendaria de la ópera rusa, la soprano Galina Vishnenskaya, que es la viuda de Mstislav Rostropovitch, con el que estaba casada desde 1955. La actriz consigue dar una gran densidad humana al personaje, que no se confunde con la imagen sentimental de la abuela. Se trata de una mujer de carácter recio, pero que al mismo tiempo transmite, sin el menor discurso didáctico, todas las ideas de Sokurov sobre el horror de la guerra y sobre la necesidad de amor y de la comprensión entre los pueblos. 

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