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Reportajes

San Sebastián 2010, día 18: triple ración de cine a concurso

Sin anestesia y apenas sin avisar, el Festival nos ha “regalado” con tres películas en competición de tono muy distinto, debe ser eso de que presumen de que hay 14 miradas a concurso. En cualquier caso, lo de que esto dure un día menos, conduce a la concentración de películas, provocando el consiguiente agotamiento del cronista.

San Sebastián 2010, día 18: triple ración de cine a concurso

Y esto no ha hecho más que empezar. Tiemblo cuando veo en el programa que mañana está prevista la proyección de un film de... ¡256 minutos! No parece una errata, esa es la duración que se atribuye a Misterios de Lisboa de Raoul Ruiz. En fin, si me da un síncope, que quede claro que habré caído “en acto de servicio”

Un cómic de España

Llega a la competición la primera de las cuatro películas españolas que aspiran a la Concha de Oro. Es un decir, porque no parece que El gran Vázquez tenga muchas opciones a ese premio o a cualquier otro. Y es que de entrada, no es una película clásica de festival, se trata de un correctito producto comercial, en la línea de La gran aventura de Mortadelo y Filemón de Javier Fesser, que cuenta en tono comiquero las andanzas del creador de historietas Manuel Vázquez en la editorial Bruguera. La simpatía es mi primer sentimiento ante el film, no en vano consumí en mi infancia casi todos los tebeos semanales de Bruguera, donde se publicaba la obra de Vázquez. De modo que en Pulgarcito, Tiovivo, Dindán, DDT, Mortadelo, etcétera me empapé de las páginas que poblaban las hermanas Gilda, Anacleto, la abuelita Paz y compañía, incluido el propio dibujante, siempre perseguido por sus acreedores en Tío Vázquez. Contaba con la ventaja de que al ser historietas concluyentes, sin continuidad, y no contarse entre mis favoritas, no me pesa el miedo a que una película con actores se haya “cargado” la hipotética obra de arte sin paliativos del original.

La película que dirige Óscar Aibar sigue a Vázquez en la Barcelona de los años 60, y quiere entroncar con cierta tradición picaresca española, las triquiñuelas del protagonista para contentar a sus jefes que le exigen historietas a destajo, su éxito con las mujeres, sus engaños en tiendas y hoteles para lograr buenos servicios sin pagar una peseta. Hay alguna broma graciosa, pero cuando llega el drama en forma de cárcel para el protagonista, el hecho es que no sufrimos con el personaje, ni tampoco estamos anhelando la venganza que sí persigue Vázquez.

Santiago Segura no es un actor, parece que se limite a estar. Da el tipo del personaje, muchos dirían que es la elección natural. Pienso sin embargo que dar el tipo no basta. Segura tiene un talento natural para encarnar al caradura simpático, pero el dibujante al que da vida exigía una composición más interiorizada, y por ello la bigamia de Vázquez, y su estancia entre rejas, no afectan al espectador, se quedan en anécdota que se mira con indiferencia desde fuera.

Las dos caras de Corea

Ayer la sección Zabaltegi se estrenó con una estupenda película de Corea, Poesía, que aunque de tono deprimente, desprendía un innegable vigor en cada uno de sus fotogramas, allí aleteaba la sensibilidad de un gran cineasta, Lee Changdong. No extraña que su guión sobre una mujer sexagenaria que ve sacudidos sus cimientos vitales fuera premiado en Cannes.

Muy diferente es la película coreana a concurso I Saw the Devil, y me pregunto si los programadores del Festival no nos ofrecieron Poesía para despistarnos un poco, y romper luego el saque después con este brutal y sádico thriller con asesino en serie de por medio. El guión es lo de menos, sigue un esquema bastante simplón: un ‘serial killer’ elige a la víctima equivocada, la hija del jefe de policía y esposa de un agente secreto, que organiza una retorcida venganza. Tenemos que creernos que el cadáver de la mujer aparece casualmente gracias a unos niños, y que el marido “cabreado” es capaz de localizar al asesino en un santiamén. Luego viene su plan, consistente en someterle a mil y una torturas, para luego liberarlo y volver a empezar, pues ha hecho tragar al asesino un localizador sin que el otro lo sepa.

En fin, se trata de una película de género, cuya selección no deja de llamar la atención. Puede considerarse un ejercicio de estilo del director Kim Jee-Woon, que sabe mantener la atención, pero no estaría justificado que por esta razón le cayera algún premio. La cosa no deja de ser una “tarantinada” en el peor sentido del término, donde al protagonista poco parece importarle dejar su camino sembrado de cadáveres inocentes para castigar al hombre que mató a su esposa.

Con miedo a la vida

Película menor, minimalista, es la tercera en liza, la alemana Colours in the Dark, de la debutante Sophie Heldman. Si algo la sostiene es su reparto, sobre todo la pareja protagonista, Bruno Ganz y Senta Berger, actores gloriosos, capaces de arrastrar un rostro anodino y sufriente gran parte del metraje, e iluminarlo inesperadamente en la escena de la fiesta de graduación, todo un ejemplo de saber hacer. El film fija su atención en un matrimonio mayor en crisis. Los tres hijos ya no viven en casa, y la vida anodina de Anita y Fred se altera cuando ella se entera de que su marido se ha preparado a sus espaldas un apartamento, necesita, le explicará, un espacio para estar solo. Unas semanas antes a él le habían diagnosticado un cáncer de próstata, aunque los médicos pronostican una evolución lenta de la enfermedad. La directora narra con corrección su historia, pero sin especiales hallazgos, y el desenlace sabe a tramposo, una forma de colgar el cartel “the end”.

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