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Jordi Mollà

Empezó a llamar la atención con Jamón, jamón , que consagró a Javier Bardem y a Penélope Cruz , hoy considerados grandes estrellas internacionales.

Jordi Mollà

Empezó a llamar la atención con Jamón, jamón, que consagró a Javier Bardem y a Penélope Cruz, hoy considerados grandes estrellas internacionales. Jordi Mollà no ha conseguido todavía ser igual de famoso. Pero poco a poco se abre un hueco en Hollywood. En Elizabeth. La edad dorada, compone un Felipe II tan particular que dará que hablar.

¿Cómo fue escogido para este papel?

Me llamaron para concertar una entrevista con Shekhar Kapur, que quería conocerme. Quedé con él para tomar un café. Y lo cierto es que tuvimos una conexión muy buena, pero hablamos de todo, excepto de la película. Es un director muy particular, que habla de simbolismos y de asuntos místicos. Es un tipo integrado en el sistema, aunque parece que está completamente fuera. Me recuerda a Terrence Malick, pero los directores de cine de Hollywood no suelen ser así.

Cuando terminamos la reunión, me preguntaron qué me había ofrecido. Pero la verdad es que no me había hablado de ningún papel. Me llamó mucho después para hacer de Felipe II.

¿Cómo es Shekhar Kapur como director?

Es un hombre muy reflexivo, cercano al misticismo. Estuve hablando mucho con él, y noté que tenía un carácter cercano al de los españoles. Pienso que en el fondo es como un español. De hecho, cuando ha venido aquí para promocionar la película, ha estado viendo un espectáculo de flamenco. Es un director muy próximo. Fue actor y sabe lo que hay que decirle en cada momento a los actores.

Ha interpretado a Felipe II de forma muy peculiar, con una forma de andar muy estrambótica y un acento extraño. ¿Cree que los espectadores, sobre todo los españoles, se esperan este Felipe II?

Shekhar Kapur me dijo que mi personaje era como un murciélago y yo he intentado imitar los movimientos de este animal, que parece siniestro, pero también vulnerable. No se parece nada a ningún rey, porque me gustan los contrastes. Intenté apartarme de los estereotipos relativos a los hombres poderosos. Mi personaje es exactamente lo contrario de lo que uno imagina cuando piensa en un rey: demacrado, con mirada perdida, voz aguda y pasos de insecto. De hecho, el vestuario estaba concebido para alguien que se moviera de forma recta, pero yo me movía al estilo sibilino, me sentía mejor arrastrándome. Tiene una capa que parece que va a salir volando, y luego unos pantalones de pitillo, que me hacen las piernas muy delgadas, así que de forma natural preferiría reptar. Me dejo llevar por la intuición, y la improvisación y me imaginé a mi personaje así.

Pero no es nada riguroso a nivel histórico.

Es que no me interesaba nada imitar al auténtico Felipe II. Podría haberme leído 70 libros de historia, como he hecho con otros personajes y copiarle al milímetro. Pero yo prefería componer mi propia creación.

Normalmente, los actores se fijan en las pinturas de la época. Pero es un método erróneo, porque en una pintura aparece la imagen del personaje posando, y ofreciendo la imagen que él quiere dar. Además, ha pactado antes con el pintor cómo debe ser el cuadro. No es como si fuera una foto espontánea. Así que algunas interpretaciones parecen tan artificiosas como si estuvieran posando para una pintura.

No sé si mi retrato del personaje es riguroso a nivel histórico. No conozco el tema. Otros actores lo son, como por ejemplo Geoffrey Rush, pero yo no pretendía saber nada.

¿Y cómo va a ser recibido este Felipe II por el público español?

Sinceramente no lo sé, pero me gustaría que fueran al cine a ver mi trabajo y luego hablaran. Luego, que debatan en el bar si mi personaje era muy malvado o no lo era. Yo creo que mi país es especialmente tolerante. El español es muy suyo, pero no le importa que se mantenga posiciones enfrentadas a la suya.

¿Qué le ha parecido a usted esta película una vez terminada?

Me gustó muchísimo, porque me parece muy emocional. Es muy difícil mantener el equilibrio, porque los productores querían una película épica y vistosa, para seducir al público. El director, sin embargo, no quería que fuera demasiado ligera, y pretendía reflexionar sobre la condición humana. Cuando los productore s escuchaban lo de la condición humana, se asustaban...

¿Qué diferencia encuentras entre rodar en España y rodar en Hollywood?

Para empezar, yo estaba rodando cerca de casa, y de repente me vi inmerso en el rodaje de Blow. Tenía mucho miedo, aunque con la ayuda de Ted Demme y Johnny Depp conseguí superarlo. En principio, mi trabajo es el mismo. No cambia nada. Se ensaya mucho y luego se interpreta delante de las cámaras. Creo que las mayores diferencias vienen fuera del rodaje. De repente aparecen figuras que no sabía que existían como el publicista, que me acompaña a todas partes, para hacer de asistente, y cobra una pasta. La parafernalia que rodea a los rodajes es muy especial. Si en España te dicen que te ha llamado un director, es que te va a mandar el guión y vas a rodar la película. Todo es más de andar por casa. En Hollywood no. Te llaman y preguntan tu disponibilidad, pero eso no quiere decir que vayas a hacer la película. Dos días después me hacen una prueba, y entonces le pregunto a mi agente si me van a coger, pero él me dice que no, que eso no significa nada. Es más complejo.

Yo he tenido la suerte de trabajar mucho en España, donde soy Jordi Mollà, toda una celebridad y allí, donde dicen que soy uno que salía en Blow. Así que uno aprende a no convertirse en un creído aquí, ni a sentirse una mediocridad allí. Aprendes a valorarte en tu justa medida.

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