El 5º Festival de Cine Italiano que se celebra estos días en Madrid sigue avanzando a buen ritmo. En su programación hemos podido ver los últimos trabajos de cineastas venerables ya consagrados, junto al de algún que otro debutante.
Marco Bellocchio cuenta 73 años y Giuliano Montaldo 82, pero no les impide seguir haciendo cine, y es que la necesidad de expresarse y contar historias a través de películas parece en su caso demasiado fuerte. Lo mismo que ocurre con los hermanos Taviani, también octogenarios, de cuyo César debe morir dábamos cuenta hace unos días.
En Bella addormentata, Bellocchio aborda un tema ciertamente espinoso, el de la eutanasia o también llamada inapropiadamente muerte digna. El cineasta desarrolla su película a través de varias historias, que giran alrededor de un caso auténtico, el de Eluana Englaro, una mujer en coma que tras casi 20 años le retiraron la alimentación e hidratación para causarle la muerte, después del recibir un permiso judicial. Pintar tan grave dilema moral podía haber dado para mucho, más en el contexto social italiano, pero a Bellocchio se le nota demasiado su postura pro eutanasia, e indaga poco en el drama de las familias con algún familiar gravemente incapacitado. Los problemas de conciencia del senador interpretado por Toni Servillo no son tales, más bien se diría que es justificar hoy una acción del pasado. Por otro lado, el catolicismo en una de las historia se presenta de modo quizá no irrespetuodo, pero decididamente sí con tintes grotescos.
La crisis económica es el tema de El industrial, la última película de Giuliano Montaldo. El cineasta es sólido al contar los problemas del protagonista Nicola con su fábrica en Turín, que se vería abocado a cerrar si no logra pronto financiación. Pero el modo de combinar esta tema con las dificultades conyugales no acaba de estar bien engrasado, y el tratamiento estético de colores desvaídos resulta demasiado cansino.
Por otro lado, hemos visto un debut en el guión y la dirección, el del actor Luigi Lo Cascio en La ciudad ideal. Arriesga el primerizo Lo Cascio con una historia de tintes kafkianos, que sigue a un maniático ecologista –encarnado por el propio Lo Cascio– atrapado en un proceso judicial tras un atropello que nadie parece tener demasiado claro. El cineasta no es Kafka, lo que significa que agota un poco su surrealista propuesta, pero se agradece el intento de ofrecer algo diferente, el no discurrir por caminos demasiado trillados.
