Hasta el día 6 de septiembre no parto a Venecia, donde espero dar mis impresiones directas sobre el cine proyectado allí. Entretanto ofrezco estas crónicas desde la distancia, donde elaboro un resumen de lo ocurrido cada día a partir de lo leído en diferentes medios.
El cine de Steven Soderbergh no es un cine convencional. El propio cineasta no es nada convencional, de modo que si dice que va a dejar de hacer películas -como dice, a pesar de tener varios proyectos en marcha-, tal declaración hay que recibirla con prevención. Y si hace una película sobre un virus que puede poner en peligro la existencia en nuestra vieja amada la Tierra tal y como la conocemos, podemos tener la seguridad de que no será una película catastrofista al uso. Y eso parecen subrayar todos los comentaristas de Venecia tras ver Contagio. La película juega con el suspense y la angustia, tiene un reparto coral lleno de rostros conocidos -Matt Damon, la omnipresente Kate Winslet, Gwyneth Paltrow, Laurence Fishburne, Marion Cotillard, Jude Law...-, hay muertos a granel. Y sin embargo nos dicen que es distinta, que no se parece por ejemplo a Estallido de Wolfgang Petersen, que es honesta y diferente. Bueno, habrá que verlo, aunque pienso que no será “tan” otra cosa como se dice.
Hay gente a la que le chifla la película Canino, del griego Giorgos Lanthimos, que incluso fue nominada al Oscar a la mejor película extranjero. No me cuento entre ellos, a mí me pareció aburrida a la par que altamente desagradable por lo malsano de la propuesta. En Venecia ha presentado Alps, que tiene pinta de presentar una factura semejante, con trama inicialmente poco inteligible, sobre gente que simula ser otra gente que ha muerto, con seguramente algún oscuro y oculto propósito.
Finalmente Marjane Satrapi, la autora del curioso film animado Persépolis, presentaba Poulet aux prunes, también con parte animada, pero ésta no ocupa todo el metraje, hay espacio para actores de carne y hueso. Dicen que es poética también, pero menos. La verdad es que cuando alguien sorprende con una primera película, las cosas se le ponen algo cuesta arriba en sus siguientes propuestas, y algo de eso parece haberle pasado a Satrapi con su historia de amor de un violinista en el Teherán de los años 50.
