IMG-LOGO

Biografía

Jude Law

Jude Law

47 años

Jude Law

Nació el 29 de Diciembre de 1972 en Lewisham, Londres, Reino Unido

El hombre intenso

01 Septiembre 2004

Casi toca la gloria con Cold Mountain, pero el Oscar se resistió. Pese a todo, la estatuilla dorada sobrevuela el futuro de este actor de enorme potencia interpretativa.

“No quiero hacer nada que no me apasione”. Estas palabras de Jude Law pueden explicar por qué todos los papeles que interpreta son tan intensos. Debe de elegirlos con lupa y parece que no es impedimento que se trate de un rol secundario. Ocurre, eso sí, que cuando él se mete en faena, lo secundario pasa inexorablemente a un lugar principal, como dejó claro en su primera película americana, Gattaca, su rampa de lanzamiento de la noche a la mañana. Desde entonces, todos sus personajes tienen un magnetismo extraño, inquietante, acentuado siempre por un rostro que parece esconder pasiones inestables y una mirada azul demasiado directa, que te incomoda y te deja mal cuerpo. No sé.

David Jude Law –según él, lo de Jude se debe a la canción de los Beatles– nació en el sudeste de Londres el 29 de diciembre de 1972. Es hijo de profesores retirados, Peter y Maggie, propietarios de una compañía teatral. Esa influencia familiar se hizo notar muy pronto. A los doce años, comenzó a actuar en el National Youth Music Theatre y cinco años después dejó los estudios para dedicarse exclusivamente a actuar. En 1990 consiguió un papel en la serie televisiva británica Families, pero el teatro siguió siendo en ese tiempo su primera ocupación. En 1992 logra su mayor éxito sobre las tablas con “Indiscretions”, su debut en Broadway junto a Kathleen Turner. Law se llevó el Theatre World Award y una nominación al Tony.

Su primera aparición en la gran pantalla tuvo lugar en Shopping (1994), un thriller de ciencia ficción dirigido por Paul W.S. Anderson. En esa película conoció a la actriz Sadie Frost, con quien repetiría equipo más tarde en otras cuatro películas, entre ellas Bent (1997) y Love, Honor and Obey (2000). Pero la relación fue mucho más allá de la pantalla y se casaron en 1997. Además, junto a sus amigos Ewan McGregor, Jonny Lee Miller fundaron su propia productora, Natural Nylon. Law y Frost han tenido tres hijos desde entonces, aunque lamentablemente se divorciaron en el 2003, cuando –cómo no– el actor era ya una gran estrella. Antes, Law destacó en el papel de Bossie en la película Wilde (1997), su última producción británica, antes de interpretar al deprimido Jerome de Gattaca, su debut americano junto a Ethan Hawke y Uma Thurman. Enseguida grandes directores requirieron sus servicios: Clint Eastwood (Medianoche en el jardín del bien y del mal, 1997), David Cronenberg (ExistenZ, 1999), Anthony Minghella (El talento de Mr. Ripley, 1999). Su papel del apuesto Dickie Greenleaf en la adaptación de la novela de Patricia Highsmith supuso su consagración definitiva –nominación al Oscar incluida– y convenció a los estudios de su capacidad para sostener papeles de categoría.

Desde ese momento, Law, al parecer un tipo sencillo y amable –con algunas rarezas como ser vegetariano o guardar la ropa que vestían algunos de sus personajes en el momento de su muerte– ha podido hacer realidad sus palabras: “Sólo quiero hacer el tipo de películas que me gustaría ir a ver, aquéllas en las que aprendes algo nuevo, en las que trabajas con gente que te puede enseñar y a la que yo puedo ofrecer algo”. Dicho y hecho: en el 2001 rechazó trabajar en Desde el infierno para protagonizar la bélica Enemigo a las puertas, la película más cara de la historia del cine europeo, todo un éxito dirigido por Jean-Jacques Annaud. Luego hizo realidad su sueño de trabajar con Spielberg, al convertirse en el robótico Gigoló Joe de Inteligencia Artificial (2001), papel que le valió una nominación al Globo de Oro. Al año siguiente amargó la vida a Tom Hanks en la fantástica Camino a la perdición, en uno de sus papeles más oscuros y desagradables. Lo último que hemos visto de él ha sido la épica y romántica Cold Mountain, su segundo trabajo con Minghella. Por ella Law cobró 10 millones de dólares y ha revalorizado su caché con la segunda nominación al Oscar. No está mal. En este momento el actor tiene en post producción cuatro películas, entre las que destacan la comedia Alfie, remake de la protagonizada por Michael Caine en 1966, y The Aviator, dirigida por Martin Scorsese, en donde interpreta al actor Errol Flynn. Pero antes le veremos en la futurista Sky Captain and the World of Tomorrow, junto a Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, cuyo estreno está previsto en septiembre en Estados Unidos.

Filmografía
The Nest

2020 | The Nest

Rory (Jude Law) es un ambicioso empresario que se muda con su mujer (Carrie Coon) y sus hijos norteamericanos a una casa de campo en Inglaterra, su país natal, para explorar nuevas oportunidades de negocio. Pero allí, Rory se sentirá amenazado por una presión social y económica que pondrá en peligro a su familia.

El tercer día

2020 | The Third Day | Serie TV

La historia contada en los tres primeros episodios, "Verano", sigue a Sam, un hombre que se siente atraído por una misteriosa isla en la costa británica donde se encuentra con un grupo de isleños dedicados a preservar sus tradiciones a cualquier precio. "Verano" se desarrolla en los últimos tres episodios y sigue a Helen, una extraña de fuerte carácter que llega a la isla buscando respuestas, pero cuya llegada precipita una batalla frenética para decidir su destino.

Capitana Marvel

2019 | Captain Marvel

Karell, valiosa combatiente del ejército de los Kree, raza alienígena enfrentada a los skrull, seres que pueden cambiar de forma. Tras recibir entrenamiento por parte de Yon-Rogg, líder de su escuadrón, acaba en una escaramuza que no acaba bien, y como consecuencia se estrella en la Tierra, perseguida por el enemigo. En nuestro planeta encontrará pistas que le ayuden a esclarecer los fogonazos que le sobrevienen de un pasado que no recuerda, y recibirá la ayuda de un humano, Nick Furia, agente de la organización SHIELD, que no entiende muy bien qué está pasando. Puesto que Elektra, de 2005, fracasó en las taquillas, más por falta de calidad que por ninguna otra razón, han tenido que pasar catorce años para que otra superheroína de Marvel tenga su propio largometraje en solitario. A rebufo del éxito de Wonder Woman, de la competencia, DC, llegan a la pantalla las peripecias del personaje, creado por el guionista Roy Thomas y el artista Gene Colan, en 1968. Supone la primera cinta de la casa que tiene al frente a una mujer, Anna Boden, que la ha codirigido y coescrito con su pareja profesional, Ryan Fleck, con quien por ejemplo había elaborado el guión del film de profesor desorientado Half Nelson, dirigida por el segundo. Geneva Robertson-Dworet (Tomb Raider) ha retocado su libreto para darle agilidad y algo de humor. Se consigue imprimir algo de frescura a lo que no deja de ser una convencional historia del género, sobre todo porque no se muestra cronológicamente el origen de la protagonista, el espectador descubre su origen al mismo tiempo que ella, que sufre de amnesia. También se ha incluido algún giro eficaz, y se le da un aire nostálgico al relato, que transcurre en los 90, con referencias a elementos de entonces como los videoclubs, cibercafés, canciones de Nirvana, etc. Por supuesto, los sofisticados efectos especiales de rigor garantizan la suficiente espectacularidad. Tiene de fondo un mensaje positivo, que ensalza el valor de la perseverancia, lo importante sería seguir adelante, levantándose después de cada caída. Su principal acierto reside en que no carga las tintas en el discurso feminista, se limita a presentar a una mujer independiente, a la que Brie Larson dota sin despeinarse de cierta humanidad, estando a su altura Samuel L. Jackson, como la versión rejuvenecida de Nick Furia, presentado con más humor del habitual, aunque parte de las carcajadas las desata Goose, el gato. Se disculpa que el ritmo sea un poco irregular, y que le falte algo de tensión, porque la Capitana Marvel resulta tan poderosa que no parece que sus adversarios estén a la altura, ni que tenga un tendón de Aquiles.

6/10
The New Pope

2019 | The New Pope | Serie TV

Más de lo mismo. The New Pope confirma lo que ya se intuía en The Young Pope. Que el creador de ambas series papales, el italiano Paolo Sorrentino, tiene entre manos una única idea, que estira innecesariamente como un chicle, y que daba como máximo para una película. Una película que ya filmó años atrás con más modestia y talento un compatriota suyo, Nanni Moretti, con el título de Habemus Papam. El papa estadounidense Pío XIII, Lenny Belardo en la vida civil, está en coma, y no parece que vaya a salir de este estado. Lo que preocupa al todopoderoso secretario de estado, el cardenal Angelo Voiello, que piensa que el pontífice se está convirtiendo en objeto de idolatría, mientras no se afrontan problemas acuciantes, como el fundamentalismo islámico o los escándalos sexuales. Urge elegir un nuevo papa, y nadie mejor que él para acceder al puesto. Pero se encuentra con la oposición en el cónclave de otro papa latino con su misma cara, y al final es escogido alguien que se espera que sea un hombre de paja, pero que con el nombre de Francisco II, empieza a tomar medidas como la de regalar objetos valiosos a los pobres y acoger refugiados en el Vaticano. Comienza una nueva intriga para colocar en la sede papal al británico sir John Brannox, admirador del cardenal Newman, y que acabará accediendo a la sede papal con el nombre de Juan Pablo III. Con The New Pope, Paolo Sorrentino acaba hundiéndose en las aguas de las más inane vacuidad. Se suceden las escenas de corte surrealista e irreverente, con impostado tono envarado y solemne, subiendo el tono erótico de las relaciones de monjas y curas, empujados por la pasión y el tirón sensual. A veces uno tiene la sensación de que el creador y director de la serie se limita a hilar una colección de chistes tontos –la huelga de las monjas y su encierro en la capilla Sixtina, los padres de Brannox en silla de ruedas y con respirador, el fantasma de Pío XIII pululando por ahí, los monjes franciscanos asaltando los desvanes del Vaticano...–, mientras da rienda suelta a su vocación de esteta, con escenarios suntuosos y vistosas vestiduras eclesiásticas. En The Young Pope aún colaba la idea de que, entre bromas y veras, Sorrentino hablaba de la angustia existencial del ser humano, que se agarra como a un clavo ardiendo a un sistema de creencias, a la fe cristiana. Aquí la mirada a la fe está vacía de contenido, el italiano no tiene ni idea ni quién es Jesús, ni de qué va eso de rezar. Y por supuesto, el papel de obispos, cardenales y pape se ve como simple ejercicio de poder, nunca como verdadero servicio a los fieles, grandes ausentes de esta propuesta. Incluso los actores parecen moverse con desconcierto irónico en sus interpretaciones, especialmente John Malkovich y Cécile de France, esta última luciendo con frecuencia una sonrisita que vale más que mil palabras.

4/10
El ritmo de la venganza

2019 | The Rhythm Section

Tras la muerte de toda su familia en accidente de avión, Stephanie se ha dejado ir y abandonada a la prostitución está sumida en un agujero negro. Un día un cliente le dice que el avión siniestrado no explotó por casualidad: fue un atentado terrorista y los resposnables siguen tan campantes por la ciudad. La mujer tardará tiempo en asumir tal noticia. Hasta que decide vengarse y para ello contactará con un ex agente del MI6. La norteamericana Reed Morano, directora de algunos capítulos de El cuento de la criada o de películas singulares como ¿Estamos solos?, es la responsable de este thriller de acción y espionaje cuyos planteamientos corren a la par al de otras películas con puntos similares, entre ellas Gorrión rojo, Matar o morir o Anna. Se trata de mostrar cómo una mujer que ha sufrido una situación traumática decide transformarse en una vengadora contundente y decidida. El ámbito en que lo hace varía; puede ser dentro de una organización de espionaje en el marco de la guerra fría, actuar por su cuenta o, como en caso de El ritmo de la venganza, a raíz de una trama de terrorismo internacional. Dentro de lo que cabe, en este caso la evolución de la protagonista, Stephanie, es más verosímil que en otros, pues aquí nunca deja de ser alguien vulnerable y llevar a término sus planes no será nunca fácil. En este sentido cobra importancia la primera parte del film, el entrenamiento propiamente dicho (competente Jude Law) y la concienciación de la operación que ha decidido llevar a cabo. Pero, lamentablemente, más tarde la película no está a la altura. La culpa la tiene el inconsistente guión, que ni siquiera dibuja un desarrollo comprensible, sino que introduce varios personajes de los apenas se sabe nada y que sólo sirven para desconcertar. Y la protagonista parece tener una varita mágica. Falla, pues, lo más importante. Lo mejor que se puede decir de El ritmo de la venganza es que es medianamente entretenida y que ofrece algunos momentos de acción muy realistas, peleas crudas o una espectacular persecución automovilística rodada con gran pericia. También se salva la composición de Blake Lively, quien transmite estupendamente al principio una desoladora desorientación para ir cogiendo soltura hacia el final, aunque nunca deje de ser ella misma. Pese a estar ambientada en Londres, Escocia, Madrid, Tánger, Nueva York y Marsella, el rodaje tuvo lugar en su mayor parte en España (Madrid, Cádiz, Almería) y se agradece también que no se meta la pata burdamente con cuestiones, digamos, culturales.

5/10
Vox Lux

2018 | Vox Lux

Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald

2018 | Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald

Segunda entrega de la saga mágica que transcurre en el mismo universo que las andanzas de Harry Potter, aunque años atrás, y que J.K. Rowling ha escrito directamente para el cine, responsabilizándose ella misma en solitario del guión. El malvado mago Grindelwald –un Johnny Depp transfigurado en una especie de Hitler albino que controla muy bien su carácter– logra escapar de la custodia de las autoridades que le tenían prisionero y se oculta en París, donde pretende convocar a todos los seres mágicos pura sangre, que deberían dominar por encima de la gente sin poderes. Por motivos de ser fiel a un pacto, Albus Dumbledore –en su versión joven le da vida un atinado Jude Law– no se enfrenta directamente a él. En cambio, Newt Scamander, pertrechado de su maleta donde caben todo tipo de animales fantásticos, y que no acaba de decidirse a tomar partido, marcha a la capital de Francia clandestinamente, sobre todo para encontrarse con Tina, una aurora a la que ama secretamente. Le ayuda en la peripecia el no-mago Jacob Kowalski, enamorado de Queenie, Allí descubren que Grindelwald trata de reclutar para su causa a Credence, un huérfano que carga con una crisis de identidad que podría ser explotada con fines malévolos. Tras la agradable sorpresa que supuso Animales fantásticos y dónde encontrarlos, las expectativas eran altas, parecía que Rowling había logrado crear una nueva saga tan potente como la que le dio justa fama. Pero esta segunda entrega, que vuelve a dirigir David Yates –está previsto que se ocupa de otras tres entregas, nada menos–, resulta bastante plúmbea, parece que todo se confía a la parafernalia de los efectos visuales, ciertamente asombrosos a ratos, pero también cansinos en otros, recuerdan demasiado a los creados para el desarrollo de videojuegos. En lo relativo a la narración, hay una subtrama acerca de nuevos personajes y sus misteriosos orígenes, que interesa poco, ya que no se dedica el tiempo necesario para desarrollarlos de modo que puedan interesar mínimamente al espectador. Mientras que los bandos que se forman entre los magos y los prejuicios de poderes, tienen un parecido demasiado obvio y poco ocurrente con los prolegómenos de la situación y la persecución racial que derivó en la Segunda Guerra Mundial, el apellido Kowalski no suena demasiado ario, para entendernos. Claramente existe una añoranza de Potter y Hogwarts, hasta el punto de que se introducen algunos flash-backs juveniles, para poder ver a Newt Scamander y compañía en los años mozos en que practicaban sus primeros hechizos, por ejemplo enfrentándose a su mayor temor. Pero esto y algunos apuntes de humor no bastan, existe una descompensación, con muchos personajes que en su sosería se convierten en meros comparsas, véase a Jacob, que en la primera entrega era un personaje ocurrente y divertido. En fin, entretendrá a los espectadores entregados, que son bastantes, pero resulta claro que la saga ha perdido fuelle en esta segunda entrega, e incluso a Eddie Redmayne se le ve despistado componiendo a su personaje, por ejemplo en la relación con su hermano.

5/10
Día de lluvia en Nueva York

2018 | A Rainy Day in New York

Gatsby (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning) son novios, estudiantes en una pequeña universidad. Ella proviene de Tucson, Arizona, mientras que él es un niño bien de Nueva York. Ambos harán un viaje relámpago a Manhattan con motivo de una entrevista que Ashleigh ha concertado con un prestigioso director de cine y que publicará en el periódico de la universidad. Aunque la cita iba a durar tan sólo una hora, las cosas se complican y cada uno acabará pasando el día por su cuenta. Tras dar rienda suelta a su pesimismo en Wonder Wheel el gran Woody Allen regresa a su faceta más ligera y menos molesta para las mentes poco cínicas, una de esas fruslerías románticas que tanto le gustan al genio de Nueva York y que acostumbra a intercalar en medio de sus dramas y de otras películas humorísticas que destilan mayor acidez. Por supuesto, eso no significa que abandone su particular toque crítico y que desborde talento con sus continuos diálogos y sus divertidas réplicas, tan mordaces y agudas, en ocasiones tan picantes, a veces tan desternillantes. Vuelve el cineasta a tocar el mundo de los artistas y más concretamente el del cine, temas que inundan su filmografía, en ocasiones de modo más directo como en Desmontando a Harry, Un final Made in Hollywood o Café Society. Aquí, el pretexto –la jovencita reportera que espera realizar su primera entrevista de éxito– le sirve a Allen para poner a los cineastas –un director, un guionista, un actor– a caer de un burro, personas inseguras que lejos de la pantalla dan bastante pena y resultan vulgares, aunque deslumbren con su fama a incautas universitarias del medio oeste. Por contra se situaría el lado más reflexivo e inconformista de Gatsby, neoyorquino pintoresco (como dice su novia), un tipo desconcertado con la vida que le ha tocado vivir y que descubrirá que no es oro todo lo que reluce en las clases altas y forradas de dinero, incluida su propia familia. Un poco de maldad no podía faltar. La puesta en escena de Día de lluvia en Nueva York es inconfundiblemente alleniana, estampas idílicas de impecable fotografía, escenas completamente definidas, con gusto clásico por la cámara fija o con movimientos elegantes y sutiles que siguen a los personajes (magnífica la escena inicial) mientras escuchamos ese sempiterno sonido de las techas del piano, sobre todo en este caso los saltarines acordes jazzísticos de Erroll Garner. Pero especialmente estamos aquí ante el Woody Allen de los diálogos continuos, llenos de humor, de las conversaciones y flirteos rápidos, con personajes que hablan y hablan y hablan, con continuas citas a autores, directores, pintores, cine clásico, etc., todo un compendio cultural. El variado reparto está muy ajustado, con grandes nombres que apenas tienen unas líneas de guión y otros más jovencitos que hacen un trabajo espléndido (impresionante en verdad Elle Fanning) y que sirven para demostrar una vez más la maestría de Woody Allen como director de actores. Y por supuesto destila el conjunto una querencia y romanticismo por Nueva York que se echaba de menos. Para Allen un día en la Gran Manzana puede cambiarte la vida.

6/10
Rey Arturo: la leyenda de Excalibur

2017 | King Arthur: Legend of the Sword

Nueva revisión fílmica del mito artúrico, a cargo del británico Guy Ritchie, que ya abordó con aires modernos en dos películas otra reverenciada figura de la cultura de su país, la del detective Sherlock Holmes. Por supuesto, su aportación tiene que ver con su personal estilo, o sea, convierte al rey Arturo y sus compañeros en gente muy, muy de la calle –en línea con sus títulos mejores, Cerdos y diamantes y RocknRolla–, y filma una acción muy dinámica, en la que importan muchos las peleas a puño limpio, aunque por supuesto no faltan, exigencias del guión, las de espadas. La acción arranca en torno a Camelot, cuando con malas artes, o sea, traicionándole y arrebatándole la vida, Vortigern arrebata la corona a su hermano Uther, y se autoproclama rey. Pero sobrevive a Uther su hijito Arthur, que es criado en Londinum –o sea, Londres– por unas compasivas prostitutas. El chaval se convierte en un buen mozo, ignorante de que él es el legítimo heredero del reino de Britania. Pero la prueba por la que deben pasar todos los adultos a instancias de Vortigern –ver si son capaces de arrancar de la piedra la mítica espada Excalibur–, desvelará su identidad, y aunque se resiste a a ser la figura inspiradora que el pueblo sojuzgado necesita, los magos y otros luchadores natos como Bill el Escurridizo, le situarán ante su deber, y le prestarán toda su ayuda. La película entregada por Ritchie, con un guión donde han dejado su huella también Joby Harold, David Dobkin y Lionel Wigram, resulta en general entretenida, aunque sean un lastre algunos momentos de acción con explosiones y rayos, que acaban resultando cansinos, qué difícil es plasmar la magia con gracia en la pantalla. Pero en general las peleas funcionan, y la idea de dar al relato un aire "para el pueblo" está bien, con la buena y repetida fórmula de contar y anticipar cómo discurrirá (o no) la acción que viene a continuación. Quizá Charlie Hunnam sea un poco monolítico como protagonista, pero cumple con su cometido. Mientras que Jude Law repite con convicción el aire arrogante que ya aportó a su Pío XIII en la serie The Young Pope, con el mentón levantado y unos andares que encajan a la perfección con el malvado Vortigern.

5/10
The Young Pope

2016 | The Young Pope | Serie TV

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno. La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente. Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

6/10
El editor de libros

2016 | Genius

Año 1929, Nueva York. Dos hombres muy diferentes, casi opuestos; Maxwell Perkins, editor de Charles Scribner's Sons, sosegado, trabajador constante, generoso, de costumbres grises y rutinarias, casado y padre de cinco hijas; y Thomas Wolfe, aspirante a escritor, compulsivo, en diálogo constante y nervioso, actividad exterior agotadora, malvive en un discreto piso con una mujer que ha abandonado a su familia. Maxwell decide publicar el primer libro de Wolfe, pero antes habrán de poner en marcha un laborioso trabajo de corrección, de pulimentación, de simplificación. La razón es que el manuscrito tiene miles de páginas. Es muy difícil hacer una película en torno a la literatura, al mundo interior y creativo que hay detrás de un autor. Sin ser la séptima maravilla del mundo esta película de corte muy clásico cuenta de manera sencilla, bella y nada ampulosa el mundo de la edición tal y como era allá por los años 30 del siglo XX. Para ello el gran guionista John Logan (Gladiator, La invención de Hugo, Skyfall) se ha basado en el libro de A. Scott Berg, que narra la historia real acaecida entre los personajes. Así, logra ofrecer luz clara acerca del talento de Thomas Wolfe (1900-1938), prestigioso escritor norteamericano fallecido prematuramente, y la clave quizá es precisamente que se aleja de “argumentos literarios” para centrar el guión en su editor, Maxwell Perkins, lo que por otra parte supone un precioso homenaje a esas personas anónimas que con su trabajo callado y constante logran que millones de personas disfruten de las historias ajenas, a la vez que lidian constantemente con ese genio tan complicado –"Genius" es el título original del film–, a menudo egocéntrico y displicente, que es el caprichoso carácter del autor de éxito. Al final, El editor de libros –y no deja de ser curioso que el título castellano se refiera al otro personaje– acaba siendo una película muy humana, sencilla, sí, pero nada discursiva o pesarosa, porque en realidad trata de la amistad de dos hombres muy diversos, capaces de compenetrarse, de escucharse y de entenderse más allá de las páginas impresas. Aparte de la modélica aunque algo efectista corrección del primer capítulo, algunas otras escenas son memorables, como en la que Wolfe enseña a Maxwell a apreciar la improvisación del jazz, a abrirse a la frescura de la vida más allá de su monotonía enlatada o, como contrapartida, cuando Maxwell le explica que el oficio de escritor no tiene nada de frívolo, pues contar historias forma parte de la identidad humana. Detrás de El editor de libros se sitúa el hasta ahora desconocido Michael Grandage, que debuta en la dirección tras haber trabajado como actor secundario en diversas series de televisión y películas como La locura del rey Jorge. Su trabajo es notable y consigue transmitir una soñadora atmósfera del Nueva York de la Depresión gracias a un cuidadoso tratamiento de la luz y la tonalidad grisácea, ocre o azulada, que impregna la ciudad y sus alrededores. Esa fotografía de Ben Davis es un rasgo del film que le aporta mucha personalidad y también un punto de nostalgia por esa época donde las noticias de última hora se buscaban en periódicos y los despachos eran polvorientos y lúgubres, llenos de manuscritos, máquinas de escribir Underwood y papelajos que podían esconder verdaderas joyas literarias. Y con el reparto Grandage ha hecho a su vez un magnífico trabajo. Colin Firth y Jude Law están magníficos, si bien es cierto que llega más la seguridad y protección casi paternal del editor que la personalidad de Wolfe en la piel de Law, que puede resultar algo exagerada y cargante. Memorable está Nicole Kidman como amante sufriente de Wolfe; en un par de brillantes escenas la actriz parece haber recuperado su magnetismo. Pero a este trío principal hay que sumar otros trabajos perfectamente acoplados, naturales en la trama, como el de Laura Linney, como la paciente y cariñosa esposa de Maxwell o las apariciones puntuales de Guy Pearce (Scott Fitzgerald) o Dominic West (Hemingway), ambos espléndidos.

7/10
Espías

2015 | Spy

El agente con licencia para matar de la CIA Bradley Fine sale airoso de cualquier tipo de misión, por imposible que ésta sea. Pero tiene truco, pues la inteligente analista Susan Cooper le echa una mano desde la sala de control, avisándole de todo lo que tiene que hacer, enviándole fuego de apoyo desde un satélite, etc. Cuando eliminan a Fine, Susan tendrá que llevar a cabo el trabajo de campo a pesar de sus problemas de sobrepeso. Aunque ya era un rostro popular, sobre todo por algunas series televisivas (se recuerda su encantadora Sookie de Las chicas Gilmore), Melissa McCarthy se consagró tras lograr una candidatura al Oscar a la mejor secundaria por La boda de mi mejor amiga, que también compitió en la categoría de mejor guión. La actriz repitió con el artífice del film, Paul Feig, en Cuerpos especiales, que seguía los esquemas architípicos del cine policíaco, en clave de humor. En Espías la pareja no se ha calentado mucho la cabeza, pues repite la fórmula repasando los tópicos de los filmes de James Bond y similares. Desde luego, la comedia americana no está en su mejor momento, y Espías no se libra de seguir los patrones habituales, con groserías a mansalva, mucho gag escatológico y frases malsonantes. El guión, que a diferencia de los anteriores esta vez es obra del propio Feig, no es gran cosa y en su parodia del espionaje no llega ni a la suela de los zapatos de Kingsman. Servicio secreto, estrenada poco antes. Pero independientemente de la calidad de Espías, McCarthy logra hacer reír. No importa la situación a la que se enfrente, que siempre logra darle gracia a sus réplicas, y consigue empatizar con la platea. Está además bien secundada por Jude Law, como el héroe de acción perfecto, y un sorprendente Jason Statham, que a través de sus zafios diálogos demuestra una enorme capacidad para reírse de sí mismo. Ha funcionado tan bien en taquilla que parece que McCarthy y Feig tienen cuerda para rato. Nada más terminar el rodaje de este film, vuelven a la carga con la versión femenina de Los Cazafantasmas.

5/10
El Gran Hotel Budapest

2014 | The Grand Budapest Hotel

Imaginativo juego de muñecas rusas a cargo del inclasificable y ocurrente Wes Anderson, que dice haberse inspirado en la obra del genial escritor Stefan Zweig, aunque igual podría afirmar que sus personajes de bigotes son deudores de Hergé y su álbum de Tintín “El cetro de Ottokar”, ya puestos. Una joven en la actualidad se siente profundamente conmovida por la novela “El Gran Hotel Budapest”; un autor, unos años antes, confiesa haber escuchado su historia en dicho hotel sito en una montaña solitaria, de labios del señor Mustafá; y Mustafá recuerda su época de botones del hotel, cuando era Zero, a las órdenes del señor Gustave, dueño del establecimiento y todo un caballero, cuando descubrió el amor y se vio sumergido en una vertiginosa aventura conspiratoria de crímenes a cuento de una herencia. Anderson entrega una narración aventurera de enorme dinamismo, con sugerentes toques surrealistas, en la época del desmembramiento del imperio austrohúngaro previa a la Segunda Guerra Mundial, aunque aludiendo siempre a países ficticios. Y a la hora de apostar por lo grotesco, se permite algún detalle gore o tosco, jugando así al contraste con los modales impecables del señor Gustave. Como hiciera ya en Moonrise Kingdom, el cineasta texano apuesta en El Gran Hotel Budapest por una visión romántica, con una paleta de colores pastel muy estudiada, y acudiendo a encuadres atrevidos y al uso de grandes angulares. En su cuidado guión hay espacio para una idealizada historia de amor, y una bonita relación patrón-subalterno de tipo casi paternofilial, que no paternalista. Destaca además un reparto coral de divertidos personajes estrambóticos, y riesgos como el de un formato de pantalla casi cuadrado, y efectos de miniaturas apenas disimulados, que dan al conjunto un adecuado aire naïf.

8/10
Black Sea

2014 | Black Sea

Cinta de aventuras que se adscribe al subgénero de thriller con en las profundidades del mar abordo de un submarino. Sigue la expedición comandada por Robinson, que tiene bajo sus órdenes a una tripulación compuesta por anglosajones y rusos, que tratan de dar con el paradero de un U-Boat alemán hundido durante la Segunda Guerra Mundial, que transportaba un cargamento de lingotes de oro rusos, parte del acuerdo de cooperación entre Hitler y Stalin. Están financiados clandestinamente por un inversor privado, al margen de la empresa que despidió a Robinson, y de los países en litigio por los fondos marinos, Rusia y Georgia. Kevin Macdonald sabe crear la deseada atmósfera claustrofóbica, y el modo en que la avaricia y el instinto de superviviencia dictan las acciones de los distintos personajes. Quizá éstos son algo toscos y monolíticos, pero la trama se sigue con interés. En el reparto tiene el protagonismo Jude Law, que compone al típico capitán que impone su autoridad de un modo que no convence a todos.

5/10
Dom Hemingway

2013 | Dom Hemingway

Dom Hemingway es un criminal, ladrón experto, que sale de la cárcel después de diez años. Es un tipo violento, arrogante, y lo primero que hace es propinarle una soberana paliza al pobre tipejo que se casó con su ex mujer… Como Dom no ha cantado acerca de su jefe, acudirá a recibir su recompensa, y también intentará reconciliarse con su hija. Pero su comportamiento es tan descerebrado y enérgico que destroza todo lo que toca... Esta película es una gamberrada. El director Richard Shepard (La sombra del cazador, Matador) ha creado un impactante protagonista –el tal Dom Hemingway, rey del exabrupto– que es un monumento al exceso: sus prioridades son únicamente el dinero, el alcohol, el sexo, las drogas, la violencia, la juerga, etc. Con semejante pedigrí resulta desde luego todo un personaje. Lo malo es que Shepard se detiene sólo en eso, mientras que la mínima historia no es más que un ligero marco para ese retrato y parece importarle un rábano (la levísima y tópica trama de su hija tiene el peso de una pluma), de modo que confía todo el film al innegable carisma interpretativo de un desinhibido Jude Law, convertido aquí en una auténtica metralleta de disparar procacidades malsonantes y de ofrecer ademanes soeces desagradables. Una perpetua verborrea propia de las cloacas que dura de principio a fin. Dicho lo cual, el envoltorio es lo que hace que Dom Hemingway se mantenga en pie. Porque visualmente la película es atractiva y se nota en ella la influencia de otros dos directores muy potentes formalmente. Por un lado, el Londres de Shepard recuerda al de Guy Ritchie en sus mejores películas (Lock & Stock, Snatch. Cerdos y diamantes), a la vez que toma de él un ritmo narrativo un poco desquiciado. La otra referencia es claramente Quentin Tarantino, con la introducción de secuencias en capítulos, los colores estridentes y el montaje caprichoso –como en el accidente– o esas escenas de humor negro tan característico, que a veces tiene que ver con peregrinas historias que cuentan los personajes: la cuestión del gato, la mano del manco o ese divertido y macabro momento en que el capo se pone a narrar lo que le hizo a su mejor amigo mientras su interlocutor comienza a tragar saliva.

4/10
360. Juego de destinos

2012 | 360

La vida interconectada. Viena, Bratislava, París, Londres, Denver. La trayectoria de múltiples personajes en la sociedad global más desarrollada. Afectados por el amor y el desamor, el compromiso y la infidelidad; las oportunidades, la libertad, la toma de decisiones, el pasar página, el deseo de cambiar. Existencias circulares, donde tienen un peso decisivo las ideas que se tienen sobre el matrimonio, y las creencias religiosas. El brasileño Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El jardinero fiel) maneja en 360. Cruce de destinos un guión de Peter Morgan (La reina, The Damned United) que sigue el planteamiento de filmes corales -de esos en los que Robert Altman demostró ser un maestro-, inspirado en “La ronda” de Arthur Schnitzler, que ya dio pie a una obra maestra de Max Ophüls. Uno de los grandes méritos de la película es la suavidad con lo que se pasa de unos a otros personajes y sus circunstancias, no tiene uno la sensación de que sus cuitas estén artificialmente trenzadas. Los actores, grandísimo reparto, logran además componer bien a sus personajes, con apenas unos pocos trazos proporcionados por el guión de Morgan. Meirelles y Morgan evitan juzgar en 360. Cruce de destinos. En tal sentido, y aunque los temas abordados sean graves, el tono es ligero, el sentido moral pesa poco, asoma un poquito el cinismo, así es la vida y tal. Ya sean las hermanas eslovacas, una recién introducida a la prostitución, la otra testigo muda de su decisión; el esposo que ve frustrado el uso de sus servicios; la modelo que rompe su relación con un fotógrafo, que ve también que su novia le ha dejado; el padre que no ha encajado la desaparición de su hija; el agresor sexual en libertad condicional; el matón de un gángster ruso, y su esposa enamorada un dentista musulmán. Estos personajes parecen como “fichas” del gran “tablero” del mundo, y vistos en perspectiva tal vez se pierde la importancia primordial de cada uno, que no deja de ser único e irrepetible, como lo son sus libres decisiones.

6/10
Efectos secundarios

2012 | Side Effects

El broker Martin, condenado por estafa, acaba de salir de prisión. Le aguarda su deprimida esposa Emily, que perdió al bebé que esperaba, y no acaba de levantar cabeza. Tras una tentativa de suicidio se cruza en su camino el doctor Banks, quien acaba prescribiéndole un fármaco experimental. Aunque empieza a sentirse mejor, unos inesperados efectos secundarios dan pie a una sangrienta tragedia. Steven Soderbergh es un director prolífico y que aborda todo tipo de historias, desde las historias de robos sofisticados –la trilogía de Ocean's Eleven– hasta la ciencia ficción sesuda de Solaris, pasando por el problema de las drogas en Traffic o el biopic del Che en dos entregas. Aquí entrega un thriller diferente, que aunque en sus últimos giros resulta algo rocambolesco, logra el objetivo de entretener generando desasosiego. Y perfectamente imbricada, incluye una reflexión sobre la responsabilidad de laboratorios y médicos al lanzar al mercado nuevas medicinas, y el modo en que se imparte justicia en algunos casos. Del atractivo reparto destacan Rooney Mara, la enferma, y Jude Law, el doctor cuya vida va a ser puesta patas arriba.

6/10
Anna Karenina

2012 | Anna Karenina

La Rusia de bien avanzado el siglo XIX. Anna Karenina está casada con un ministro del emperador y tiene un niño, parece el ejemplo perfecto de esposa, que hasta logra el perdón de su cuñada Dolly para Oblonsky, un hermano demasiado aficionado a las infidelidades conyugales. Pero su existencia sin tacha se ve puesta a prueba cuando conoce al hijo de una condesa, el apuesto Vronsky, pues en vez de favorecer su relación con Kitty, hermana de Dolly, acaba sumergida en una seria relación con él, que va más allá de la simple aventura, y desafía las reglas aceptadas de conducta social. Curiosamente esto podría favorecer las pretensiones amorosas de Levin, el mejor amigo de Oblonsky, sobre Kitty. Maravillosa adaptación de la inmortal obra de Leo Tolstoi “Anna Karenina”, que ha conocido múltiples traslaciones a la cine, la más conocida la de Clarence Brown con Greta Garbo como protagonista. La que nos ocupa cuenta con un solidísimo guión del dramaturgo Tom Stoppard –que además de firmar los guiones de Brazil y El imperio del sol llevó al cine su propia obra de teatro Rosencrantz y Guildenstern han muerto–, en el que privilegia todas las tramas que tratan el tema del amor en sus distintas vertientes y con sus diversos dilemas morales, con atención primordial por supuesto a la relación adúltera de Anna Karenina, y siempre fiel al espíritu de Tolstoi. Lo que implica una crítica a las existencias postizas e hipócritas, ante las que pugna el deseo de vivir en plenitud un amor real y verdaderamente sentido, con espacio para la pasión y la ilusión, pero con el precio impagable de incumplir los compromisos adquiridos. Por supuesto, lo que hace de “Anna Karenina” una obra universal es su indudable complejidad y su mirada honesta y nada complaciente, donde la conciencia tiene un espacio, como lo tienen los deberes ya asumidos –conyugales y maternales–, que no se pueden simplemente ignorar. El perdón, la comprensión, el deseo, los remordimientos, el saberse en la presencia de Dios, forman parte de Anna y alrededores ofreciendo una poliédrica e interesantísima panorámica del ser humano, donde Oblonsky es un interesante contrapunto a la protagonista, como Levin lo sería del excesivamente rígido Karenin. Resulta obligado en Anna Karenina mencionar la audaz puesta en escena de Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación), que trabaja por tercera vez con su musa Keira Knightley, además de repetir con gran parte de su equipo técnico, además de los productores el director de fotografía Seamus McGarvey, el compositor Dario Marinelli, la directora artística Sarah Greenwood, la diseñadora de vestuario Jacqueline Durran y la montadora Melanie Ann Oliver. Wright concibe su historia como una metáfora del gran teatro del mundo, e invita al espectador a moverse entre sus bambalinas. De modo que muchas escenas transcurren en escenarios teatrales –asombrosa, a este respecto, resulta la carrera de caballos–, produciéndose a veces maravillosas transiciones a escenarios naturales, un efecto que para asombro de propios y extraños, no transmite artificiosidad. Como en otras de sus películas, especialmente Expiación, Wright juega con una feliz fusión de la partitura musical con otros sonidos justificados por las escenas, y ello funciona maravillosamente. Y resulta cuando menos elegante en las escenas donde se da rienda suelta a la pasión. El reparto es espléndido, todos los personajes parecen vivos y comprendemos su comportamiento, sus razones y sinrazones, Stoppard y Wright, de acuerdo con Tolstoi, nos invitan a no juzgarles y mucho menos a condenarles. Knightley hace justicia a Anna Karenina, compone bien un personaje muy difícil, y Jude Law humaniza a su duro marido.

8/10
La invención de Hugo

2011 | Hugo Cabret

París, tras la Primera Guerra Mundial. El pequeño Hugo Cabret, que ha heredado de su padre el gusto por los inventos, se ha quedado huérfano. Y tras desaparecer su viejo tío borrachín, que se ocupaba del mantenimiento del reloj de la estación de tren, vive solo en la torre, junto a la complicada maquinaria que ayuda a marcar las horas, sin que nadie lo sepa. Toda su ilusión es poner en marcha un autómata que andaba reparando su padre, y que cree que le ayudará a dar un sentido a su vida. Le ayudará Isabelle, que siempre ha deseado vivir una ventura, y se encuentra bajo la tutela de sus padrinos Georges y Jeanne. El viejo Georges regenta una tienda de juguetes mecánicos, de la que de vez en cuando Hugo birla piezas, y está amargado por algún suceso indeterminado del pasado. Imaginativa adaptación de un libro infantil de Brian Selznick -pariente del mítico productor David O. Selznick-, con guión de John Logan, que ya había colaborado con Martin Scorsese en El aviador. Por fin el director italoamericano entrega una película infantil disfrutable por pequeños y grandes –no nos parece que el “ladrillo” Kundun entre en las categorías de “infantil” y “disfrutable”–, su historia de un huérfano al que intenta capturar el lisiado y cuadriculado inspector de la estación, que trata de resolver un enigma atravesando mil aventuras en compañía de una amiga, con la moraleja de encontrar el propio sitio en el mundo, arreglando lo que está roto, está perfectamente servida. Nunca es ñoña y desprende emociones genuinas, tiene magia y el encanto de un relato de Charles Dickens. Además Scorsese asume con La invención de Hugo el reto de rodar una película en 3D, y lo hace con brillantez, sacando todo el partido al formato, de modo que la deslumbrante imaginería –maravilloso diseño de producción de Dante Ferretti– luce en todo su esplendor, el apartado visual del que es responsable el director de fotografía Robert Richardson resulta deslumbrante, y la música de Howard Shore acompaña muy bien. El cineasta se suma al selecto grupo de colegas –James Cameron, Wim Wenders, Werner Herzog...– que sí saben utilizar la tridimensionalidad en sus historias, lo suyo no es la simple excusa de otros para que la productora haga más “caja”. Destaca el partido que se saca al tren que quiere salirse de la pantalla, guiño a los Lumière, pero también en los planos picados y contrapicados, e incluso en algunos primeros planos, y ello de un modo nada artificial, justificado por lo que se está contando. El ritmo es muy dinámico, no en balde colabora por enésima vez con Scorsese en el capítulo de montaje Thelma Schoonmaker Scorsese es un estudioso del cine, que ha publicado libros y hecho documentales para llamar la atención sobre los grandes maestros del Séptimo Arte, desconocidos con demasiada frecuencia por el gran público. Ahora suma a tal faceta este film que rescata a grandes genios del cine mudo del olvido, ahí está presente como personaje el gran mago y pionero del cine francés, Georges Méliès, a cuyos logros se rinde homenaje, pero también, aparte de los mentados hermanos Lumière, Harold Lloyd, Charles Chaplin, etc. Una magnífica pedagogía de los orígenes del cine, en forma de entrañable película familiar. Acierta el director en el reparto de La invención de Hugo. Los chavales protagonistas resultan encantadores, mientras que Ben Kingsley, que ya hizo a un eficaz Faggins en el Oliver Twist (2005) de Roman Polanski, encaja muy bien como el cascarrabias Georges. No es cuestión de hacer aquí el repaso completo de los actores secundarios, pero merece la pena destacar las composiciones de Sacha Baron Cohen y Emily Mortimer, su delicada historia de amor da pie a un par de escenas memorables. Puestos a poner un “pero” al film, podemos decir que el secreto del estado de decaimiento de Georges no encuentra una explicación plenamente satisfactoria, uno esperaba algo de más calado. Pero en fin, como decía Billy Wilder, “nadie es perfecto”.

8/10
Sherlock Holmes: Juego de sombras

2011 | Sherlock Holmes: A Game of Shadows

Sherlock Holmes se diría que anda algo celoso ante los inminentes planes de boda de su buen amigo, el doctor Watson, sus compartidas aventuras podrían no ser lo mismo ante la nueva etapa conyugal. Sea como fuere, el caso es que ambos se van a ver envueltos, en lucha contra el villano profesor Moriarty, en una conspiración de proporciones insospechadas, donde las acciones descontroladas de los anarquistas quieren ser aprovechadas para imponer un nuevo orden mundial. Como ya ocurría en Sherlock Holmes, Guy Ritchie retoma las andanzas del archicélebre detective reconvirtiéndolas en un gran espectáculo visual modernillo de aventuras, con un amplio lienzo que le hace visitar varios países europeos, y con la excusa argumental –urdida por el matrimonio de guionistas de Michele Mulroney y Kieran Mulroney–, que alude a anarquistas, terrorismo y totalitarismos, cuestiones que puede comprender bien el espectador actual. A ello se añade la mente maléfica de Moriarty, un malo que no parece de este mundo, y que podría conectar de alguna forma con el Joker versión Christopher Nolan en El caballero oscuro. En tal sentido, todo el duelo final con Holmes, su particular partida de ajedrez, resulta verdaderamente brillante, lo mejor de la cinta. Una película entretenida, pero irregular, que requiere cierta complicidad. El ritmo trepidante con que se sirve la historia, con escenas al ralentí tipo Matrix donde Richie parece sentirse muy a gusto, a veces resulta adecuado, pero otras tantas llega a ser demasiado apabullante, aturde en exceso. Por suerte Ritchie y su equipo de guionistas saben jugar las bazas de la intriga y del sentido del humor con buen tino, aprovechando el buen hacer de Robert Downey Jr. y Jude Law, y también introduciendo al hermano mayor de Sherlock, un divertido Stephen Fry. Jared Harris como Moriarty es correcto, y menos fortuna tiene Noomi Rapace, con su gitana hermana de un anarquista, personaje demasiado esquemático.

6/10
Contagio

2011 | Contagion

Beth vuelve de un viaje de negocios en Hong Kong. Llega con tos y una buena jaqueca, que atribuye al jet lag. Pero enferma gravemente y muere, en apariencia de una meningitis. Ante el estupor de su marido Mitch, su hijo también fallece. No son casos únicos. Una epidemia de dimensión mundial empieza a hacer estragos por todas partes, lo que obliga a los científicos a competir en un carrera contra el reloj para dar con una vacuna que detenga un virus tan letal como lo fue en el pasado la gripe española. Y hay reacciones de todo tipo, desde el bloguero que denuncia un complot del gobierno y la industria farmacéutica, al abandono que padecen determinados países menos favorecidos, o a la tentación de alertar del peligro a los más allegados en vez de pensar en el bien común. Segunda colaboración del guionista Scott Z. Burns con Steven Soderbergh tras ¡El soplón!. La película, por su abundancia de personajes secundarios -¡qué gran reparto!-, de los que se muestran sus reacciones ante una situación extrema, se encuadra dentro del subgénero catastrofista, pero hay que reconocer que Soderbergh sabe inyectarle cualidades especiales. Juega mucho el director con un ritmo endiablado, donde partitura musical y sonidos múltiples extraños contribuyen a una atmósfera desasosegante e incómoda muy adecuada. Sin duda que el desarrollo de una carrera fílmica que se mueve entre lo más o menos experimental y lo comercial, le ha ayudado a lograr aquí el perfecto “mix” que configura un film diferente que atrapa. Acierta Soderbergh en no bombardearnos con una sobredosis de momentos límite. Sabe reflejar bien las reacciones globales, mostrar el despliegue mediático y preventivo, o los efectos del virus, pero con medida. Y se fija en la humanidad de los personajes, quizá incidiendo sobre todo en la debilidad, en cómo se sobrepone el instinto de supervivencia a otras actitudes más heroicas. Por supuesto, los científicos, cada uno a su modo, hace un gran trabajo, incluso con el riesgo de la propia vida, y hasta existe el siempre difícil camino de la rectificación, pero se echan en falta más reacciones generosas -apenas vislumbramos a una monjita asistiendo a un enfermo-, frente a la elemental de velar por los tuyos, o la decididamente egoísta de buscar sacar tajada de una situación de pánico.

7/10
Repo Men

2010 | Repo Men

Primer largometraje como director de Miguel Sapochnik, hasta ahora cortometrajista y realizador de videoclips. Adapta la novela “The Repossession Mambo” de Eric Garcia, que tiene muchos puntos en común con el film Repo! The Genetic Opera, un musical con un punto de partida muy similar, aunque al parecer es todo fruto de la casualidad, y no existe ninguna conexión entre ambos trabajos. Remy y Jake son recuperadores que trabajan para The Union, empresa especializada en fabricar y colocar órganos humanos que han incrementado la esperanza de vida de las personas. El problema es que la compañía no tiene piedad con aquellos que se retrasan en sus pagos. Remy y Jack son los encargados de lidiar con estos "morosos" portadores de órganos de una forma brutal e indiscriminada. Tras un accidente en acto de servicio, Remy está a punto de morir. Para salvarle, le implantan uno de los corazones artificiales que él mismo suele recuperar, y que le quitarán si no hace frente a las letras. Podría haber dado lugar a un film futurista que reflexionase sobre lo que puede ocurrir si se perpetúa algún problema del presente, como la selección genética, en la línea de la muy superior Gattaca, por poner un ejemplo. En este caso se critica la ambición desmedida en el ámbito empresarial-tecnológico. Cuenta el film con dos grandes actores principales, Jude Law y Forest Whitaker, que salen airosos con aparente sencillez de dos personajes que sufren una evolución total. Lo malo es que el debutante realizador no da con el tono. Intenta imitar el dramatismo de Blade Runner en algunos momentos y en otras ocasiones el suspense de Minority Report, pero se queda muy lejos de sus modelos originales. Que abuse del humor negro y de la violencia explícita no ayuda a que el espectador se pueda tomar la trama en serio. Aunque los efectos especiales están bien hechos, y las secuencias de acción funcionan, carecen por completo de originalidad.

4/10
El imaginario del Doctor Parnassus

2009 | The Imaginarium of Doctor Parnassus

El doctor Parnassus presenta en Londres su espectáculo de feria, que consiste en un espejo mágico que traslada a quien lo desee a otra dimensión, en la que se hacen realidad sus deseos. Parnassus viaja con su hija Valentina, que según asegura él va a cumplir 12 años, aunque en realidad se aproxima a los 16. El padre sabe que está a punto de pasar a ser propiedad de Mr. Nick –en realidad el mismísimo demonio–, con el que hizo un pacto años atrás. A cambio de la juventud y la inmortalidad, Parnassus le dará sus hijos a Mr. Nick en cuanto éstos lleguen a los 16. Cuando Mr. Nick se presenta a por la chica, Parnassus hace una apuesta con él. Para poder ganar y quedarse con su hija contará con la ayuda de Tony, un tipo que se esconde de unos rusos que le persiguen. Al visionario director Terry Gilliam no le acompaña la suerte. Tras los problemas que dieron al traste con el rodaje de The Man Who Killed Don Quijote, en este film tuvo que afrontar la inesperada muerte del protagonista, Heath Ledger, que acababa de interpretar al Joker en El caballero oscuro. Finalmente optó por mantener las secuencias que llegó a rodar Ledger y sustituirle cada vez que su personaje, Tony, se adentra en el espejo y se transporta a otro mundo. Se prestaron a ello los actores Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law, que donaron el salario a la hija de Ledger. Parece que llegó a rodar con Ledger las suficientes imágenes como para que los cambios de actor no sean demasiado bruscos, por lo que la jugada no le ha salido del todo mal. Destaca el carismático Johnny Depp, aunque su breve intervención sabe a poco. Como es habitual en su filmografía, Gilliam ofrece imágenes deslumbrantes y sugerentes. Visualmente apabullante, y rica en referencias a clásicos del género fantástico como “Alicia a través del espejo” o “Fausto”, es cierto que esta fábula fantástica se excede en surrealismo, y le falta describir mejor a los personajes y lograr hacerlos atractivos. Esto aleja al film del gran público, y reduce su alcance a los apasionados de Gilliam y a quienes busquen un tipo de cine diferente. Pero es muy superior a la fallida Tideland, el anterior trabajo de Gilliam, y  por momentos recuerda a la potencia visual de Brazil y los mejores trabajos del ex Monty Python. Sugiere una reflexión sobre el escapismo, la fantasía y también la responsabilidad personal, pues los personajes acaban recogiendo lo que ellos mismos han cosechado. También tienen su interés sus críticas al cinismo en el mundo de las organizaciones benéficas, pues el personaje de Ledger aspira a ser reconocido como un abnegado filántropo únicamente por la gloria que esto le proporciona, no porque tenga ningún interés en ayudar a los demás.

6/10
Sherlock Holmes

2009 | Sherlock Holmes

Sherlock Holmes, legendario personaje creado por el novelista Sir Arthur Conan Doyle, ha conocido muchísimas adaptaciones literarias. Es además un personaje que se presta a variaciones y experimentos. Por ejemplo, Billy Wilder presentaba al personaje como un hombre menos inteligente de lo que se suponía, y que ha logrado triunfar a causa del azar, en La vida privada de Sherlock Holmes. Por su parte, Asesinato por decreto mezclaba al personaje con el caso real de Jack el destripador. En Elemental, doctor Freud, Sigmund Freud somete a Sherlock a psicoanálisis para curarle de su adicción a la cocaína. Y El secreto de la pirámide mostraba la juventud del personaje. Ahora, el británico Guy Ritchie, conocido por películas como Cerdos y diamantes, propone una nueva visión del personaje, con Joel Silver (Arma Letal, Jungla de cristal) como productor. En realidad, su visión de Sherlock en esencia se parece a las novelas de Conan Doyle, salvo porque añade muchísima acción y algunos golpes de humor –marcas de fábrica de las producciones de Silver–, y porque los personajes son un poco distintos a lo habitual. Esta vez, Sherlock Holmes está muy preocupado porque su fiel amigo y ayudante, el doctor Watson, está a punto de dejarle, para casarse con Mary, una niñera de la que se ha enamorado, que provoca los recelos del detective. Antes, Watson le ayuda en el extraño caso de Lord Blackwood, un asesino en serie que practica rituales de magia negra. Blackwood parece tener poderes sobrenaturales, pues los propios Holmes y Watson han sido testigos de su ejecución. Sin embargo, se diría que ha regresado de la tumba, continuando con sus fechorías. Guy Ritchie filma su obra más espectacular, con secuencias realmente impresionantes, como la persecución en unos astilleros, o la pelea sobre el Puente de Londres. La reconstrucción de la Inglaterra victoriana es de las más logradas que se hayan visto en la pantalla. El ritmo es dinámico, y los giros de guión dosifican muy bien la intriga hasta el final. El tono es propio del cine de aventuras, con una épica partitura de un inspirado Hans Zimmer, en la línea de su trabajo conjunto con James Newton Howard para El caballero oscuro. Acierta Ritchie al renunciar a su estilo habitual inspirado en Tarantino, salvo en algún momento aislado, como un combate de lucha en el que muestra antes lo que está pensando Sherlock Holmes sobre la táctica a seguir, y luego se puede ver lo que hace el personaje. Tampoco se excede con los gags cómicos, pues aunque incluye muchas risas, éstas no dañan la tensión dramática. Robert Downey Jr. compone muy bien a un particular Sherlock Holmes, tan sagaz como se presupone, pero que también es un experto en combate cuerpo a cuerpo. Tiene por otro lado muchos defectos, pues es por ejemplo desastrado y extremadamente celoso en todo lo referente a su mejor amigo. Jude Law (Watson) es justamente lo contrario, un pulcro ex militar. Quizás el actor que más destaca es Mark Strong, que brillaba en RocknRolla, y que aquí encarna a un inquietante villano.

6/10
La huella

2007 | Sleuth

Revisitación de la obra de teatro de Anthony Shaffer, que ya llevó al cine Joseph L. Mankiewicz (La huella (1972) ), elevándola a la categoría de obra maestra. Ahora el Premio Nobel de Literatura Harold Pinter es quien firma el guión (en el film citado lo hacía el autor de la obra original) y Kenneth Branagh quien maneja la cámara. Curiosamente repite uno de los actores de la película de 1972, Michael Caine, sólo que ahora él asume el papel que en su día hizo Laurence Olivier, siendo sustituido en su rol por Jude Law. El film cuenta el encuentro Andrew y Milo en la casa de campo del primero. Milo, actor en paro, chófer ocasional y peluquero, es el amante de la mujer de Andrew, y ha accedido a reunirse pensando en que van a negociar el divorcio de ella. En cambio se encuentra con un marido resentido, que le hace una propuesta insólita: el robo de un valioso collar, para así poder mantener a una dama demasiado acostumbrada al lujo. Algo huele a chamusquina, y la relación entre los dos hombres se va a convertir en un intercambio de humillaciones mutuas. Las comparaciones son odiosas, así que intentaremos evitarlas, los autores son libres de revisitar tramas poderosas, y la que nos ocupa lo es. Lo que está claro es que asistimos a dos interpretaciones portentosas, Caine y Law están soberbios, merece la pena verles en acción. Se pierde un poco el dinamismo de las continuas "vueltas de tortilla" del original, quizá con un deseo de ofrecer un estudio de personajes más sosegado. El situar la trama en 2007 permite más despliegue tecnológico, se juega con las cámaras de seguridad y los teléfonos móviles. Por lo demás hay un elegante y moderno diseño del interior de la casa que da mucho juego, y un planteamiento de la puesta en escena original, como si los antagonistas estuvieran disputando un partido de tenis. La variante homosexual en uno de los juegos de humillación no quita ni pone nada, pero el aspecto visual y sonoro -gran partitura de Patrick Doyle, habitual de Branagh- tiene su aquel.

6/10
My Blueberry Nights

2007 | My Blueberry Nights

Maravilloso film del director Wong Kar Wai, quien había puesto muy alto el listón tras sus anteriores trabajos, las películas que conforman su díptico Deseando amar (In the Mood for Love) y 2046. Tres años después de cerrar la historia de amor imposible entre el escritor Chow y la bella Su Li-Zhen, narrada con una sensibilidad poco común, el cineasta hongkonés entrega su primera producción norteamericana, en lo referente a las localizaciones de rodaje y al reparto artístico, que reúne a unos cuantos actores de renombre internacional. Pero si la cosa es novedosa en esos aspectos, en otros –en el principal– el trabajo de Kar Wai permanece inalterable, pues vuelve a hablarnos de amor: de su insaciable búsqueda por parte del ser humano, de las dificultades para retenerlo, del dolor de la pérdida, de su recuerdo... Romanticismo en estado puro. El guión narra tres historias que se articulan en torno a un personaje principal: Elizabeth. Ésta, una joven veinteañera, llega desolada un noche a una cafetería de Nueva York. Su novio la ha abandonado por otra mujer, y ella lleva consigo las llaves de un piso al que ya no está invitada... La chica regresará otras noches al local, y allí el dueño, Jeremy, le hará compañía y le contará que hay muchas otras llaves extraviadas allí, cada una con su pequeña historia de amor... Al fin, para salir de su tristeza, Elizabeth se lanza a un viaje en solitario por Estados Unidos, un itinerario sin destino fijo que acabará llevándola hasta Memphis (Tennessee) y Las Vegas (Nevada). Y en esos lugares conocerá a hombres y mujeres que sufren, ríen y viven sus propias historias de amor y buscan, como todos, la felicidad. Estamos ante una película extraordinaria. Sin paliativos. Es muy reconfortante que la mirada de Wong Kar Wai siga siendo la de un joven cuando habla del amor, la de un joven experimentado eso sí, nada pueril, pero también la de un hombre lleno de esperanza y sin pizca de cinismo, la de alguien que aún cree de verdad que el corazón de las personas está hecho para amar, para darse y para recibir amor, por muy mezquinos que sean los sentimientos que podamos albergar. Hay una ternura grandiosa cuando el cineasta habla de sus personajes, comprende sus anhelos y así los quiere, y después logra el milagro de que el espectador sienta exactamente lo mismo por ellos. Y esta vez, en la mirada de Kar Wai hay menos amargura que otras veces y sí un amplio panorama lleno de esperanza. Gran parte del mérito final de esta peculiar "road movie" está en el fantástico reparto. Sorprende increíblemente el debut de la cantante Norah Jones, que interpreta admirablemente a la bondadosa y tierna protagonista. Pero todos están perfectos, con atención especial para la pareja formada por David Strathairn y Rachel Weisz. Pero Kar Wai sigue fiel a su mirada y a esas constantes antes mencionadas: el recuerdo amoroso –“vine para recordar lo que sentí entonces”–, el paso del tiempo, externo e interno... Se permite incluso el capricho de introducir un par de veces los acordes de "Yumeji's Theme", la música compuesta por Shigeru Umebayashi e inmortalizada en Deseando amar… También demuestra el cineasta oriental, autor de todos sus guiones, que sigue siendo un consumado escritor… “Esto sabe verdaderamente horrible, ¿pero acaso la gente bebe por el sabor? Ponme otra”, dice un atormentado personaje tras tomar de un trago una copa de vodka. ¡Y cómo le gusta jugar a las palabras, a su significado oculto! Ya sólo el título es un buen ejemplo, entre otros muchos. Capítulo aparte merece la belleza estética de la película. Muy pocas veces se puede encontrar en una pantalla de cine una colección de imágenes tan expresivas, tan luminosas, tan perfectas. Wong Kar Wai hace magia con ellas y transforma los sentimientos en colores, con esos tonos rojos tan absorbentes, que convierten muchos de los encuadres en postales de un preciosismo fabuloso. Y, como siempre, la música –un elenco muy agradable de canciones– tiene vital importancia y la compenetración sonido-imagen es perfecta. Es posible que alguien pueda criticar este aspecto del film y también achacar a este tratamiento formal una importancia excesiva y artificial, o quizá como causa de cierta ralentización del ritmo narrativo. Podría ser, pero en todo caso sólo serían reproches mínimos en un conjunto absolutamente delicioso.

8/10
Todos los hombres del rey

2006 | All the King’s Men

Adaptación de la novela homónima de Robert Penn Warren de 1946, que ya había sido llevada al cine en 1949 por Robert Rossen en El político con excelentes resultados, entre los que se cuentan el Oscar a la mejor película. Aborda la nueva versión como director y guionista Steven Zaillian, quien ha demostrado poderío, sobre todo en el segundo campo, en títulos como En busca de Bobby Fischer y La lista de Schindler. El film describe el ascenso político de Willie Stark, desde unos primeros tiempos en que es poco menos que un paleto con buenas intenciones de mejorar las cosas, hasta su mandato como gobernador del estado sureño de Luisiana. El punto de vista narrativo, al igual que en el libro, lo aporta Jack Burden, un periodista desprovisto de armas morales, que de cronista político de un diario pasa a convertirse en el hombre que hace gran parte del trabajo sucio a Stark. Un desengaño amoroso parece haber endurecido el corazón de Burden –la amistad con los hermanos Stanton, Adam y Anne, hijos de un antiguo gobernador, se enfrió–, hasta convertirse en cínico observador de los acontecimientos. La novela de Warren es voluminosa y compleja, de modo que hay que apuntar en el haber de Zaillian un guión trazado con tiralíneas, que incluye la mayoría de las subtramas del original. Resulta, por ejemplo, un acierto, conservar el viaje nocturno para visitar al juez Irwin, que vertebra la historia. No obstante se echa en falta algún pasaje –da la impresión de que parte del metraje ha caído al editarse el largo film–, principalmente el accidente del hijo de Stark, en el que Zaillian apuntaba un interesante paralelismo con la figura de Adam. En cualquier caso, queda clara la reflexión acerca de la corrupción política y de la divisa ‘el fin justifica los medios’, tentaciones difíciles de resistir cuando se carece de asideros sólidos a los que agarrarse. El correcto film desprende cierta frialdad, se asemeja a un cuerpo inanimado. Con un excelente diseño de producción, y uno de esos repartos que quitan el hipo, no despierta sin embargo demasiadas emociones. Da la sensación de que la película habría salido ganando con unos actores menos conocidos. Uno ve a Anthony Hopkins, y no puede menos de decirse ‘Ahí está Anthony Hopkins haciendo de juez Irwin’, en vez de pensar ‘Ahí hay un juez teóricamente justo, con algún oscuro secreto en su pasado’. No digamos nada de James Gandolfini, al que uno ve y sólo se le ocurre preguntarse ‘¿Qué hace Tony Soprano por aquí, algún enjuague mafioso, tal vez?’.

6/10
The Holiday (Vacaciones)

2006 | The Holiday

Excelente comedia romántica, la mejor película hasta el momento de la directora y guionista Nancy Meyers, quien, sin prescindir del cierto “toque modernillo” que ya ofreció en Cuando menos te lo esperas, hace alarde esta vez de un definitivo gusto por los clásicos del género, imprimiendo al conjunto un incomparable aire inocente, lleno de la frescura y el encanto de las grandes comedias del cine de Hollywood de los años treinta y cuarenta, un homenaje presente a lo largo de todo el metraje. El planteamiento es tan sencillo como el de ese tipo de historias que no pasarán nunca de moda. Dos mujeres desconocidas, a ambos lados del Atlántico, se ponen en contacto casualmente y deciden intercambiar sus casas durante las vacaciones de Navidad. ¿La razón? Las dos han sufrido serios reveses amorosos y desean un cambio de aires. Una, Amanda (Cameron Díaz), llegará a una casita de cuento de hadas, ubicada en un idílico pueblecito de Surrey lleno de encanto; la otra, Iris (Kate Winslet), tomará posesión de una esplendorosa mansión en un barrio residencial de Los Ángeles. La película narra las peripecias de cada una a modo de historias paralelas, con simpáticas y estudiadas transiciones de racord, un charco, una puerta que se abre, etc. El espectador poco a poco conoce más íntimamente a los personajes y éstos acaban calando a fondo gracias a una lograda definición de caracteres, apoyada en detalles muy pequeños, pero también muy efectivos y cinematográficos. Mientras que en Inglaterra el asunto de las lágrimas entre Amanda y Graham resulta ocurrente y divertido, en Los Ángeles será la influencia del viento –“cuando sopla el Santa Ana puede pasar cualquier cosa”– o la cuestión de dominar la propia vida las claves del avance de la trama. En este sentido, hay que elogiar la magnífica composición del entrañable personaje de Arthur Abbott (verdaderamente memorable Eli Wallach), el cual ofrece a Iris la ocasión de salir de sí misma y de ese modo poder encontrarse. Por el contrario, quizá no acaba de cuajar completamente la inclusión de Miles en la vida de Iris, que, aunque ofrece momentos divertidos muy al estilo Jack Black, no resulta demasiado creíble. También llama un poco la atención que no haya ni una sola referencia religiosa tratándose de una película ambientada por entero en las fiestas de Navidad. De cualquier forma, el conjunto es muy estimable, con un guión muy sólido, que aporta momentos para el llanto y la risa, para la pasión, la emoción y la ternura. Y hay una decidida intención de hablar del amor de manera, digamos, más seria y familiar, con algunas frases y réplicas memorables –“en las películas está la protagonista y la mejor amiga. Veo que eres la protagonista, pero por alguna razón te portas como la mejor amiga”–, y todo está equilibradamente acompañado por la inspirada partitura de Hans Zimmer. Además, el trabajo de Cameron Díaz es realmente espléndido, uno de sus mejores papeles hasta la fecha.

7/10
Breaking and Entering

2006 | Breaking and Entering

Will (Jude Law) lo tiene aparentemente todo para ser feliz. Pero no lo es. Arquitecto imaginativo, tiene una novia preciosa e inteligente (Robin Wright Penn). Eso sí, la hija de ella, nacida de una relación previa, es hiperactiva y nerviosa, la convivencia con ella es difícil… Pero sobre todo domina una vida rutinaria y de pocos alicientes, donde la pareja se muestra distante, y la profesión se convierte en particular refugio. Este frágil estado de cosas se va a quebrar cuando la nave-estudio que Will comparte con un socio es asaltada de noche por una sofisticada banda de ladrones de origen bosnio, que utiliza las habilidades de saltimbanqui de dos jóvenes para introducirse por el techo y desconectar la alarma en un ‘visto y no visto’. El disgusto por el robo de ordenadores y demás equipamiento no para aquí, pues la banda repite sus incursiones, motivo por el cual Will establece un puesto de vigilancia nocturno en su propio automóvil; una ‘aventura’ que le procurará nuevas emociones. Desde conocer a una prostituta (Vera Farmiga) que ejerce en la zona, a la identificación de uno de los jóvenes, buen tipo en el fondo, hijo de una sufrida y trabajadora madre, Amira (Juliette Binoche), que se desvive por sacar adelante a su hijo. Tan valiosa es la mujer, que Will, en vez de denunciar al chico, propicia el encuentro ‘casual’ con ella, que arregla trajes y vestidos en su propio domicilio.Anthony Minghella (El paciente inglés) escribe y dirige un drama con más de un punto de interés, acerca de la vida corriente de tantas personas, que se diría no es vida hasta que determinadas ‘rupturas’ obligan a mirarse dentro de uno mismo. Al tiempo ofrece una reflexión acerca de las dificultades de integración de los inmigrantes, no siempre bien aceptados (fácilmente son sospechosos de actividades delictivas) y con empleos precarios que facilitan el recorrido delictivo. Lo permite esa relación entre Will y Amira, que Minghella construye pacientemente, mostrando antes sus respectivos entornos e intereses. De tal modo que cuando Will ‘se lanza’ a conquistarla a ella con movimientos casi de adolescente peterpanesco, la reacción de Amira se comprende, es la propia de una madre que hará lo que sea por su hijo. Se agradece el esfuerzo de definición de personajes, un regalo para los actores; e incluso el de la prostituta, que se diría fuera de lugar, se entiende como pieza que resuena más tarde en Amira, puesta en una posición que le obliga, en cierta manera, a seguir sus pasos. También hay una apuesta por la capacidad de perdonar y pasar página, aunque a este respecto chirría alguna escena torpe (el personaje de Robin Wright Penn, estallando y apeándose del coche), incluida para justificar su inesperada magnanimidad en el juzgado.

6/10
Closer

2004 | Closer

El veterano Mike Nichols lleva a la pantalla la obra de teatro de Patrick Marber, quien también se ha encargado de escribir el guión cinematográfico. Su película es un monumento –a su modo también una crítica implacable– a la vaciedad afectiva que reina en la sociedad moderna, a través de la historia de dos parejas, dos chicos y dos chicas. A vive con B, pero quiere acostarse con C, quien vive con D, quien a su vez se liará con B. ¿Comedia romántica de toda la vida? Nada de eso. Estamos ante un drama exageradamente sórdido, muy duro y pesimista, sobre la incapacidad de amar de verdad, de entregarse. Los personajes viven exclusivamente para complacer su impulso sexual, irracional y violento. Ese planteamiento, excesivamente esquemático, da lugar a situaciones increíblemente groseras, cuya obscenidad se transmite por medio de diálogos tan procaces que a veces resultan inverosímiles, y que, por supuesto, pueden molestar incluso al espectador más preparado. Nichols, director de la célebre El graduado, incide en el móvil erótico como fuente de envidias, odios y sobre todo de tristeza. El ser humano es mostrado así semejante a un pelele dominado por tres amos que se alimentan mutuamente: el egoísmo, el sexo y la mentira. Ni una pizca de alegría. Closer no escapa a su origen teatral, ya que la trama avanza a base de los innumerables diálogos y los encuadres se limitan, salvo en pocas excepciones, a recoger primeros planos. De este modo, para que la cosa funcione es necesario un reparto de altura, cosa que desde luego no falta en esta película. Los cuatro están estupendos. Natalie Portman y Clive Owen recibieron 2 Globos de Oro y sendas nominaciones al Oscar, pero Jude Law no desmerece para nada y el trabajo de Julia Roberts es absolutamente soberbio. Nadie llora como ella en pantalla.

4/10
Extrañas coincidencias

2004 | I Heart Huckabees

Albert, joven obsesionado con la ecología que intenta salvar una zona verde que va a ser edificada, acude a una pareja de ‘detectives existenciales’, para que solucionen el caos existencial en el que vive. Poco después, conoce a Tom, un bombero obsesionado por la utilización del petróleo. David O. Russell dirigió la interesante Tres reyes, en cuyo reparto figuraba el actor y director Spike Jonze. El nuevo trabajo de Russell supone un cambio absoluto de registro y parece imitar en cierta forma el tono surrealista de Jonze en películas como Adaptation. El ladrón de orquídeas, pero con secuencias más absurdas y humorísticas. Aunque cuesta encontrarle sentido al film, este tono absurdo sirve para realizar una crítica del mundo moderno, de la que se deduce que algunas de las cosas que hacemos son absurdas, y que el nihilismo que impregna la sociedad no lleva a ninguna parte. En un reparto repleto de estrellas destacan Dustin Hoffman y Lily Tomlin como excéntricos detectives y Naomi Watts, una modelo que prefiere ir vestida de pobre.

4/10
Alfie (2004)

2004 | Alfie

Alfie Elkins es un joven británico, chófer de coches de lujo en Manhattan, que dedica todo su tiempo a seducir mujeres de cualquier edad y condición. Se considera todo un especialista en el tema, que sabe exactamente qué hacer para cautivar al sexo opuesto. El especialista en adaptaciones modernas de clásicos del cine Charles Shyer (El padre de la novia, Tú a Boston y yo a California) versiona esta vez la película, basada en una obra teatral de Bill Naughton, que lanzó a la fama hace cuarenta años a Michael Caine. Le sustituye el pluriempleado Jude Law, que compone una versión metrosexual del personaje, que en el fondo sigue siendo un caradura sin escrúpulos, cobarde ante el compromiso, que amparándose en su supuesta falta de maldad no duda en dar rienda suelta a sus instintos más bajos, incluso con la novia de su mejor amigo. Y aunque el film no resiste la comparación con el original, logra dotar de cierta simpatía al personaje, a la vez que se expresa con claridad su falta de horizontes vitales.

4/10
Sky Captain y el mundo del mañana

2004 | Sky Captain And The World Of Tomorrow

Los buenos y los malos. El chico, la chica, la rival y el amigo. Y todos, dispuestos a salvar al mundo de cuantos villanos haga falta. Aventuras de toda la vida, vaya. Las típicas de los seriales, que se proyectaban en las animadas sesiones matinales de los sábados, destinadas a un público joven ávido de ser entrenido con imágenes en movimiento. Eso sí, las de este film están servidas con un ‘look’ diferente, y recurriendo a técnicas digitales usadas a una escala nunca abordada hasta la fecha. He aquí la original propuesta de Sky Captain y el mundo del mañana. El film arranca en un estilizado Nueva York, en el año 1939. Una seria amenaza se cierne sobre el mundo mundial: los científicos más prestigiosos del planeta están desapareciendo misteriosamente. A lo que poco después sigue una invasión de la Gran Manzana por parte de enormes robots, y extraños fenómenos climáticos. A la hora de enfrentarse al peligro, y desvelar el alcance de la conspiración, juega papel principal un prestigioso piloto de avión: Joseph H. Sullivan, más popularmente conocido como ‘Sky Captain’. Y éste no tiene más remedio que asociarse con un antiguo amor: la intrépida Polly Perkins, reportera del Chronicle, quien cree que tiene aquí el 'scoop' de su vida, si se pega a los talones de Sky. Porque ella tiene algo que interesa a su ex novio, y que podría conducirles hasta el misterioso Dr. Totenkopft; y si quiere su colaboración, le debe dejar estar junto a él. Como se ve, la trama se inscribe plenamente en el género de aventuras. Tenemos un ritmo trepidante, con un montón de situaciones límite, un enigma por aclarar, y unos personajes algo elementales, pero con diálogos ingeniosos, no exentos de humor. ¿El peligro de este esquema de juego? Que la parafernalia tecnológica que ha rodeado la producción del film saca al espectador un poquito de la historia. Ese mismo aspecto visual, de imágenes como desvaídas, parece que obligan al espectador a contemplar la historia un poco desde fuera. Estamos en un mundo de nebulosa, lejos de la realidad, pero tampoco completamente inmerso en la pura fantasía. Pero a cambio vemos tanto mimo en la composición de cada plano, que el resultado sólo puede ser descrito con un adjetivo: deslumbrante. Hay mucha cinefilia detrás de cada imagen, e influencias del cine negro, del expresionismo, del mundo del cómic, de las novelas conocidas como 'pulp fiction'… Los hermanos Kerry y Kevin Conran son tan forofos del mundo imaginario que han creado, que han plagado todo el film de detalles primorosos, como el zeppelín que atraca en el Empire State Building. Eso sí, se han obligado a no descuidar la historia. Como dice Kevin, “la gente puede quedarse impresionada por el solo hecho de que se haya realizado la película, pero no van a cambiar ese quedarse impresionados por entretenerse.” Algo muy sencillo da idea de lo convencidos que están los Conran de esta afirmación: aunque usan en cada fotograma el ordenador, han escogido una historia de aventuras que bien podían haber disfrutado nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos. Y al fin y al cabo, ¿no está haciendo lo mismo Peter Jackson con su nueva versión de King Kong, o con su trilogía de El Señor de los Anillos?

7/10
El aviador

2004 | The Aviator

Aunque el periplo del peso pesado del Séptimo Arte Martin Scorsese ha estado lleno de altibajos en los últimos años, el cineasta remonta el vuelo con esta biografía del fascinante y controvertido Howard Hughes. Playboy, millonario, inversor inmobiliario, productor y director cinematográfico, también fue empresario aeronáutico y gran aficionado a la aviación. El guión del consagrado John Logan (El último samurái, Gladiator) sigue los pasos del personaje durante dos décadas, arrancando a finales de los años 20, cuando ronda los 25 años de edad. Heredero de la empresa paterna, decide invertir una desorbitada suma de dinero en Ángeles del infierno. Se trata de una película de aventuras áereas para la que contrata numerosos pilotos que propician asombrosas secuencias de aviones filmadas sin efectos especiales. El film describe minuciosamente su romance con la mítica Katharine Hepburn, una actriz de fuerte personalidad, y también su aventura en la potente compañía aérea TWA. Como empresario aeronáutico, Hughes prueba sus prototipos de sofisticados aparatos, y realiza un fuerte desembolso para llevar a buen puerto la construcción del Hércules, un aparato. Pero Hughes se estrella con uno de sus aviones, y también empieza a sufrir una enfermedad degenerativa, que le lleva a convertirse en un fanático de la higiene y a recluirse sin apenas contacto con el exterior. Scorsese ha conectado con DiCaprio, actor tan italoamericano como él, con el que repite por segunda vez consecutiva, y que fue el promotor del proyecto. Pero nadie diría que se trata de una iniciativa ajena, pues Scorsese fagocita al personaje. En sus manos, Hughes se convierte en uno de sus típicos antihéroes excéntricos que tras un meteórico ascenso asimilan malamente el éxito y acaban trastocados. El esquema del film recuerda sobre todo a Toro salvaje, pero también a Uno de los nuestros y Casino. Por otro lado, la odisea del personaje para sacar adelante el Hércules, una iniciativa tan bienintencionada como megalómana, recuerdan a empresas épicas del propio Scorsese, como la de sacar adelante Gangs of New York, enfrentándose incluso a los productores del film. En este sentido viene a la memoria Tucker, un hombre y su sueño, donde Coppola hablaba de sí mismo, aprovechando la historia de un empresario real, obsesionado con construir el mejor coche el mundo (como Hughes el mejor avión del mundo). Si bien los detractores pueden argumentar que sobra algo de metraje, también es cierto que realiza una fascinante reconstrucción de la época, incluidos los años dorados de Hollywood. Y como siempre, compone más de una secuencia espectacular (sobre todo el rodaje de Ángeles del infierno) y otras intimistas, pero apasionantes, como la comida en casa de los padres de Hepburn. Maestro del cine, Scorsese integra de forma apabullante elementos fílmicos como la vistosa fotografía de Robert Richardson, responsable de Kill Bill o la música del autor de El señor de los anillos, el canadiense Howard Shore. En definitiva, un título que sin ser totalmente redondo, devuelve a su autor al Olimpo. Y aunque a Scorsese se le escapó una vez más ese Oscar que injustamente nunca le ha llegado, el film se llevó cinco de once nominaciones, convirtiéndose en la más premiada del año. La estatuilla más merecida quizás fue la que se llevó Cate Blanchett, estupenda como la irrepetible Hepburn.

7/10
Cold Mountain

2003 | Cold Mountain

La guerra de secesión americana. Inman, un soldado que combate en el bando sudista, resulta herido. En la etapa de convalecencia llega a sus manos una carta de su amada Ada, hija de un clérigo, con la que apenas mantuvo dos breves conversaciones y un beso antes de partir. En esas encendidas líneas, ella le cuenta sus penas, la muerte de su padre, su práctica inutilidad a la hora de sacar adelante su granja. Y le dirige una orden imperiosa: que deje todo lo que tiene entre manos (el ejército, por tanto) y vuelva junto a ella. Conmovido, sabedor de que ese amor a primera vista es lo que da sentido a su vida, Inman emprenderá el largo camino a casa. Adaptación de la voluminosa novela de Charles Frazier, ganadora del prestigioso National Book Award americano, que muestra cómo el amor es un motor más poderoso que las guerras a la hora de que el mundo siga dando vueltas. Anthony Minghella, director y autor del guión, sabe vertebrar bien la historia, que se inicia con Inman en el frente. Los flash-backs nos permiten conocer cómo se fraguó el delicado amor entre una tímida damisela del Sur, perfecta señorita nada práctica, y un tosco granjero, al que cuesta articular más de dos palabras seguidas. Una vez cumplido este primer objetivo, Minghella narra paralelamente las penalidades de Ada para sobrevivir en su granja y las de Inman para regresar. Ella contará con la ayuda inesperada (quizá demasiado, pues la chica llega casi como llovida del cielo) de Ruby, una moza sin demasiados modales, pero muy trabajadora y con un corazón de oro. Pero debe soportar el acoso de un bruto pretendiente, que más que a ella lo que desea son sus tierras. Mientras él, al modo de un Ulises del siglo XIX, encontrará en su camino múltiples personajes, oráculos, ciegos y cantos de sirena. Minghella pone un especial cuidado en las transiciones entre uno y otro hilo narrativo. Una buena herramienta para ello es la música: el director la usa, no sólo como un elemento que sirve para dar paz en medio del clima bélico, sino para pasar de una historia a otra; el piano de Ada y los violines del grupo del padre de Ruby, vienen para eso al pelo. El film es el clásico título concebido para arrasar en los Oscar. De hecho, obtuvo 7 nominaciones (de las cuales materializó una, la estatuilla de Renée Zellweger), pero curiosamente, no en los apartados de película y director. El diseño de producción, fotografía, música, son apabullantes, así como el reparto, sembrado de actores de primera línea. Nicole Kidman (no nominada, quizá por su premio de Las horas el año anterior) prueba que es una de las mejores estrellas que pueblan la galaxia Hollywood, creíble en su modosito personaje y en su transformación; también Jude Law (él, sí, nominado) hace creíble un personaje parco en palabras, pero en cuyo rostro es bien visible la huella de la guerra; y René saca todo su jugo a un personaje agradecido, apoyo necesario para la heroína. El resto –Atkins, Gleeson, Hoffman, Portman, Ribisi, Shuterland, Winstone…–, secundarios de lujo, cumplen sus papeles a la perfección.

7/10
Camino a la perdición

2002 | Road To Perdition

Años de la Depresión. Michael Sullivan es un matón de una banda de gángsters irlandeses. Reservado y concienzudo, sirve con lealtad a su jefe, el mafioso John Rooney, una figura casi paterna para él. De hecho Rooney ve más un hijo en él que en Connor, su auténtico vástago, un tipo débil, taimado y con complejos, una verdadera decepción. Pero Michael es un tipo triste. Hace lo que le encomiendan, pero se adivina que desea una vida mejor para sus hijos. Lo cual puede que no sea posible cuando su primogénito, un chaval llamado también Michael, se convierte en testigo de un crimen. La banda de Rooney trata de eliminarlo, lo que obliga a Michael padre a replantearse el sentido de su vida. Comienza una huida hacia delante, con la persecución implacable de Harlen, un asesino despiadado al que le encanta fotografiar a sus víctimas. Sam Mendes confiere a la historia original un aire de tragedia a lo Shakespeare. Las relaciones entre padres e hijos tienen una fuerza enorme, así como el peso del destino y el ejercicio de la libertad para intentar cambiarlo. Además, el director no firma la clásica película de gángsters. De algún modo parece como si el tiempo se hubiera detenido en su film, domina un cierto aire de irrealidad: hay planos claramente oníricos (los que abren y cierran el film, la gente leyendo el periódico en la estación…) y ambientes como de ensueño. Mendes explica que el “corazón del film” consiste en “dos padres en el camino de la mutua destrucción. Trata del legado que los padres dejan a sus hijos. Los mundos secretos donde habitan los padres.” Y una vez más –se nota que procede del mundo del teatro– demuestra ser un gran director de actores: Hanks, Newman, Law y Craig están sensacionales, así como el adolescente Tyler Hoechlin. No resulta habitual ver a Tom Hanks en la piel de un frío asesino, una difícil composición, firme candidata al Oscar. Para subrayar la ambigüedad moral del personaje, Sam Mendes optó por fotografiar al actor a cierta distancia. Y explica su decisión así: “Tom es un actor al que el público cree conocer muy bien. Y queríamos que tuvieran que hacer un esfuerzo para intentar penetrar en el mundo interior de los personajes, especialmente en el suyo. Quería arrastrarlos a un cierto nivel en el que no recibieran las señales acostumbradas. Así que escena tras escena Tom aparece parcialmente a oscuras, visto en el umbral de las puertas, sumergido en la sombra para luego volver a aparecer. Usamos siempre objetivos cortos y nos mantuvimos a cierta distancia de él.”

7/10
Enemigo a las puertas

2001 | Enemy at the Gates

Estamos en 1942, en el cruento marco de la batalla de Estalingrado. Los alemanes están a punto de conseguir la ciudad a orillas del Volga, lo que supondría la victoria definitiva en el frente del Este. Sin embargo, entre los aullidos de los obuses, va a surgir la figura de Vassili Zaitsev (Jude Law), un humilde pastor de los Urales que destacará por su increíble destreza para abatir a cuanto enemigo se le pone a tiro. El camarada Danilov (Joseph Fiennes), encargado de la propaganda y sabedor de lo importante que es tener a un héroe para levantar a las desmoralizadas tropas soviéticas, no dudará en encumbrarlo. Al mismo tiempo que surge la amistad entre ellos, también aparecen las diferencias por el amor de una joven soldado (Rachel Weisz). Del otro lado, el contraataque nazi se centrará ahora en acabar con el héroe ruso. El mayor Koenig (Ed Harris) asumirá la misión, un astuto y peligroso rival que se enfrentará a Vassili en un duelo de francotiradores de proporciones épicas. El director Jean Jacques Annaud relata con pericia una historia intimista dentro del fragor de la batalla, sin desaprovechar los elementos del género bélico, que nos hacen disfrutar de un grandioso espectáculo. Lo hace partiendo de un duelo como eje central, del enfrentamiento entre dos hombres en una guerra silenciosa que saca a la luz contrastes y extremos de aquello que representan sus respectivos bandos. Todo con un sabor agradabilísimo a western clásico. Con inteligencia y maniqueísmo asumido se pone la mira telescópica sobre lo bueno y lo malo, lo justificable y lo atroz. No hay equívocos a la hora de señalar lo absurdo de cualquier guerra o los espurios fines de cualquier signo de propaganda. Desde los polos contrarios de los francotiradores, Annaud tensa la acción dramática e introduce magistralmente, en el continuo acecho, en cada trampa, un suspense que lleva a contener el aire y, más tarde, a respirar a tumba abierta. La emoción impregna todo el film y de ella se revisten el acontecimiento histórico y las vidas entrecruzadas de sus personajes: “Hemos cogido un acontecimiento histórico e intentado comprender lo que ocurrió en el corazón de las personas que lo vivieron”, afirma el director francés. Un terreno propicio donde sacar a flote valores como la amistad y el amor, éste un poco con calzador. Luego está la fabulosa aportación técnica y artística, el equilibrio en el ritmo del film, los planos sobrecogedores y sugerentes (¡qué maravillosos ojos!) y un casting extraordinario en el que Jude Law está a la altura de las circunstancias y Ed Harris, impagable.

6/10
Inteligencia artificial

2001 | Artificial Intelligence: AI

¿Cuál es la verdadera naturaleza del amor? ¿Se pueden crear los afectos artificialmente? ¿Hasta qué punto? En un mundo futuro donde los robots desempeñan todo tipo de funciones, sólo falta un último eslabón que separa a las máquinas de los seres humanos: la capacidad de amar. Pero la poderosa empresa Cybertronics Manufacturing acaba de superar este obstáculo con la creación de David, un robot-niño de 12 años diseñado específicamente para desarrollar lazos afectivos. Henry y Mónica, cuyo matrimonio comienza a resquebrajarse debido a la enfermedad de su hijo –crionizado hasta que se encuentre remedio para su mal–, decidirán superar la situación “haciéndose con los servicios” de David. Tras las dudas iniciales, será sobre todo Mónica quien pretenda así llenar el vacío afectivo dejado por su hijo. Sin embargo, el desmedido cariño del niño-robot acabará por no ser asumido satisfactoriamente por la sociedad que le ha creado. Sin nadie a quien acudir, el pequeño David emprenderá un viaje para comprender de dónde procede. Spielberg toma un proyecto del gran Stanley Kubrick y ofrece una entrañable película sobre uno de los aspectos que más atrae a los científicos: el de la capacidad de crear inteligencia. Y lo hace contando su particular versión futurista de Pinocho, el muñeco que quería ser niño. Quizá pueda achacársele un metraje excesivo y una perspectiva demasiado sentimental, pero esta película es ya un monumento del género de la ciencia ficción. Muy bien ambientada –los escenarios de Rouge City son un buen ejemplo– y con notables efectos especiales, la historia de David atrapa sin embargo por su paradójica humanidad, un mérito que pertenece íntegramente a Haley Joel Osment, quien da vida al robot con una profundidad asombrosa. El guión de Spielberg y una buena galería de secundarios, entre los cuales brilla Jude Law con su papel de “Joe el gigoló”, ponen el resto.

6/10
El celo

1999 | Presence of Mind

Adaptación de "Otra vuelta de tuerca" de Henry James, fuente indudable del éxito de Amenábar Los otros. Cuenta la malsana relación de una institutriz con dos niños en un aislado caserón. Aunque la adaptación mejor de James es la de Jack Clayton (¡Suspense!), ésta del español Antoni Aloy tiene la fortuna de contar con una leyenda del celuloide como Lauren Bacall, y con pequeñas intervenciones de Jude Law y Harvey Keitel.

4/10
eXistenZ

1999 | eXistenZ

Allegra es una innovadora creativa de videojuegos, que acaba de diseñar algo totalmente revolucionario: eXistenZ, un juego orgánico que se descarga en el sistema nervioso de los seres humanos, hasta el punto de que les introduce en un mundo donde es difícil distinguir qué es real y qué ficción. Cuando unos fanáticos tratan de asesinar a Allegra, ella no tiene más remedio que huir con ayuda de Ted, un vigilante jurado, al mundo imaginario inventado por ella. El canadiense David Cronenberg (La mosca (1986), Scanners, Videodrome, El almuerzo desnudo) firma un film coherente con su filmografía. Ambientes futuristas extraños, escenas repulsivas (atentos a la pistola de cartílagos, o al asqueroso metaflesh), violencia, sirven para configurar un raro universo, en el que las apariencias engañan. Cronenberg asegura: "Estoy convencido de que lo que la gente hace con los ordenadores y videojuegos es tratar de acercarse cada vez más al juego y fusionarse con él". Inquietante, ¿no? Pues para contarlo, el director ha contado con Jennifer Jason Leigh y Jude Law, éste candidato al Oscar por El talento de Mr. Ripley.

6/10
El talento de Mr. Ripley

1999 | The Talented Mr. Ripley

Tom Ripley es un joven brillante, pero sin posición social. Le gusta aparentar más de lo que es. Una confusión le lleva a recibir un encarguito de un rico constructor: debe traer de vuelta a casa a su hijo Dickie, que lleva una vida de playboy en Italia junto con su novia Marge. Es el comienzo de un juego de fingimientos, donde Tom, en palabras del director Anthony Minghella, empieza a comportarse "como un niño que ha vertido jugo de tomate sobre el mantel y, en un intento por ocultar su error, vuelca una tetera, rompe un plato, araña la mesa, le pega fuego y acaba por prender la casa entera". El film recrea de modo maravilloso la Italia de los años 50, y la atmósfera de dolce vita de unos jóvenes desocupados. Desasosegadoras son las situaciones que conducen al crimen, y más de uno ha discutido la atracción homosexual entre Tom y Dickie sugerida por Minghella, que según el director está latente en la novela original de Patricia Highsmith. En cualquier caso, lo más fascinante del film es el planteamiento de que "esquivar la responsabilidad no es lo mismo que eludir la justicia. No se sale impune de nada. (...) El pacto con el diablo de Ripley consiste en preferir ser una falsa persona importante que un don nadie auténtico. (...) Se describe el precio implícito por abandonar la propia personalidad para convertirse en aquél que te gustaría ser". El film ha servido para confirmar lo buen actor que es Jude Law, candidato al Oscar por su papel. El resto está a la altura. Estupenda la música de Gabriel Yared.

6/10
La sabiduría de los cocodrilos

1998 | The Wisdom of Crocodiles

Un tipo enigmático. Eso es el personaje al que da vida Jude Law (candidato al Oscar por El talento de Mr. Ripley). Porque, ¿cómo puede ser que evite el suicidio de una joven para a continuación pegarle un mordisco como si fuese un vampiro cualquiera? El director articula una película algo salvaje y misteriosa, impregnada de una atmósfera muy especial.

4/10
La toma final

1998 | Final Cut

Ha muerto en extrañas circunstancias Jude, un famoso escritor. Tras asistir a su funeral, once amigos del difunto son invitados por la viuda a visionar una extraña película que había estado filmando Jude, y que recoge todos los trapos sucios del grupo. Comenzarán entonces los amargos reproches entre unos y otros.   Film que llega a España con seis añitos de retraso, los suficientes para que Jude Law se haya labrado una justa fama. El film tiene un ritmo inquietante, y la atmósfera es tensa. Como curiosidad, señalar que los personajes responde al nombre de pila de los actores que los interpretan.

2/10
Con los ojos del corazón

1998 | Music from Another Room

Cuando tenía 5 años, Danny ayudó a su padre a traer al mundo a una niña llamada Anna. Emocionado por los acontecimientos, decidió que cuando se hiciera mayor se casaría con ella. Así pues dispuesto a cumplir su promesa, vuelve al pueblo de Anna cuando ambos son adultos. Allí intentará conquistar su corazón, algo que no resultará del todo fácil. Un joven Jude Law está muy bien como el gran galán de esta típica película romántica que está aderezada con notas de humor en su mayor parte dadas por la peculiar familia que tiene Anna.

5/10
Bent

1997 | Bent

En pleno persecución nazi a los judíos, Max y Rudy son dos jóvenes homosexuales que viven una desenfrenada vida orgiástica en Berlín, en la que participan los propios jerifaltes del partido. Hasta que la Gestapo decide hacer limpia entre los gays, por lo que arresta a ambos amigos y los envía al campo de concentración de Dachau. En el camino, ambos son salvajemente maltratados por su condición y a Rudy le pegan una paliza que acaba con su vida. Cuando Max llega a Dachau hará amistad con Horst, un homosexual, orgulloso de serlo, por el cual empezará a sentir un gran afecto. Sean Mathias se basa en la obra teatral de Martin Sherman y rueda su particular visión del exterminio nazi centrando la historia en la tragedia que sufrió el colectivo homosexual. El resultado es una película marginal y durísima, con alta carga de violencia y sexo, protagonizada por un correcto Clive Owen y el canadiense Lothaire Bluteau. En breves apariciones aparecen Ian McKellen, Jude Law y Rachel Weisz, incluso el cantante Mick Jagger tiene un papel, interpretando a un transformista. El director Sean Mathias obtuvo en Cannes el Premio de la Juventud, entre otros galardones.

3/10
Medianoche en el jardín del bien y del mal

1997 | Midnight in the Garden of Good and Evil

John Kelso, por encargo de una revista, debe escribir un reportaje sobre una lujosa fiesta de Navidad en Mercer House. La convoca anualmente Jim Williams, millonario amante de las antigüedades. Lo que parece ser un simple reportaje de cotilleo sobre la decadente alta sociedad sureña de Savannah se troca en investigación de una muerte violenta en la que está implicado Williams. Vigésima película dirigida por Clint Eastwood. Tal bagaje de cineasta (Sin perdón, Bird) reforzado por un equipo técnico que le conoce, y mucho (guionista, director de fotografía, compositor y montador repiten con Eastwood), ayudan a crear una sólida puesta en escena. La esmerada adaptación de la novela de John Berendt, libro con vitola de calidad literaria y muy vendido, empieza dibujando ambientes sureños y personajes excéntricos. Pero pronto se convierte en un thriller judicial de elementos escandalosos, donde se hace hincapié en la ambigüedad sobre la inocencia o culpabilidad de Williams en la muerte de su amante masculino. El film critica la hipocresía de alguna gente del Sur, ávida de oír el último chisme sobre una relación homosexual, pero que se escandaliza si tal comportamiento se hace público y notorio. Choca un poco –y se supone que es un tema importante, pues a ello apela el título del film­– la inclusión de un elemento sobrenatural –una mujer negra que convoca a los espíritus a través del vudú–, quizá algo inconexo con la trama principal.

6/10
Wilde

1997 | Wilde

Oscar Wilde fue un gran escritor. Todos los que le conocieron atestiguan su ingenio en la conversación y su capacidad de escuchar. Su personalidad resulta altamente compleja. Amante marido y padre de familia, tuvo dos hijos. Era católico y encontraba un algo indefinible en su fe, de lo que no veía rastro en el anglicanismo de su entorno. Refinado esteta, extravagante en el vestir, con gusto por lo exquisito, le atraía la clase alta, a la que no pertenecía. Ya maduro, su afectividad le acercó a hombres jóvenes, uno de ellos, Lord Alfred Douglas Bosie. Su relación con él supuso un escándalo en la Inglaterra victoriana, y le llevó a la cárcel, donde escribió “De profundis”, una obra desgarradora, donde lamenta, y a la vez, añora, su pasión por el joven. Brian Gilbert ha filmado una película pulcra, bien ambientada, y hasta cierto punto fiel a los hechos. Stephen Fry, con una apariencia física que casa muy bien con Wilde, hace una magnífica interpretación. A pesar de todo, el film no acaba de satisfacer. Se echa de menos la genial facilidad de palabra del escritor, y el aleteo de su obra artística, presente sólo en leves apuntes. La dificultad de integrarlos en el relato es obvia, pero es allí donde el guionista, Julian Mitchell, debía echar el resto, y no lo hace. En cambio él y Gilbert optan por ceder el protagonismo a lo más polémico de Wilde: su homosexualidad. Ya el director actuó de modo semejante en Tom y Viv, al fijar la atención en aspectos discutidos de la vida del poeta T.S. Eliot. Así se dibuja una cierta intolerancia social, se suaviza el egoísmo de Bosie con Wilde, y se apunta un amor imposible con Robbie, un viejo amigo. Pese a que, como dice Fry, “nadie está del todo seguro de su implicación física en las relaciones”, el film es explícito en este apartado.

4/10
Gattaca

1997 | Gattaca

En los tiempos de Gattaca la genética se ha adueñado del mundo. Ahora los niños nacen tal y como sus padres los quieren: son niños a la carta. Sólo los hombres genéticamente perfectos tienen la oportunidad de conseguir los trabajos más prestigiosos. Vincent es un joven que no tiene esa suerte ya que él fue concebido de modo natural y no es perfecto. Pero eso no supondrá un problema para sus objetivos. Está dispuesto a hacer todo aquello que sea posible para poder formar parte de Gattaca y llevar a cabo su sueño: ser piloto espacial. Con unas grandes interpretaciones, entre las que destaca la de Jude Law, esta película ofrece una profunda reflexion acerca del futuro de las tecnologías y del peligro de apartarse de la naturaleza y de dar más importancia a las cualidades que a las personas. La ambientanción es tan fría como perfecta para mostrar en qué se ha convertido la tierra. Cine del bueno, con guión y dirección de Andrew Niccol, responsable también del libreto de El show de Truman.

7/10
Shopping

1994 | Shopping

Al salir de la cárcel, Billy descubre que un amigo suyo ha ocupado su lugar como cabecilla de un grupo de delincuentes juveniles. Esta cinta independiente supuso el debut del director de Resident Evil, así como del magnífico actor Jude Law.

4/10

Últimos tráilers y vídeos