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Zona friki

Carlos Pumares, monolito de los cinéfilos ochenteros

Si consultamos por la calle a cualquier persona si recuerda el nombre de un crítico de cine, citará a Carlos Boyero –manda narices– o a Carlos Pumares, presentador del ya legendario programa "Polvo de estrellas", de la desaparecida Antena 3 de radio. He tenido el honor de entregarle al segundo la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos en reconocimiento a toda su carrera. Me dedico a la crítica de cine gracias a él.

Tendríamos que haberle preparado como trofeo una estatuilla de un monolito. Si el que aparece en 2001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, enseñaba a los monos a pensar y a utilizar herramientas, Carlos Pumares fue nuestro monolito, pues nos hizo amar el cine clásico, de autores como Howard Hawks, Raoul Walsh o Michael Curtiz.

En los 80 él fue nuestro internet. Si necesitabas saber, por ejemplo, quién había dirigido Kramer contra Kramer, no podías conectarte desde el móvil para buscar el dato en Decine21 en dos minutos. Tenías que telefonear a este señor, una enciclopedia viviente, capaz de resolverte todas las dudas. Pero no resultaba sencillo. Para empezar, te tocaba esperar a que acabara el programa de deportes de José María García, que iba justo antes. Sobre la una y pico de la mañana, éste les decía a sus oyentes “vamos a terminar ya, que es la hora de irse a la cama” y se despedía, para dar paso al espacio de los cinéfilos, que como todo el mundo sabe, somos noctámbulos como los vampiros. 

el monolitoDespués tenías que pillarle de buenas, por la peculiar personalidad de Carlos Pumares. Recuerdo las llamadas:

-Sí, buenas noches, dígameeeee.

-¿Qué tal estás, Carlos?

-Mal, mal, fatal.

-¿Y eso? ¿Qué te ha pasado?

-Pues que hay hambre en el mundo, guerras, enfermedades, todo tipo de problemas. ¡Así no se puede estar bien!

Siempre repetía esas frases como un ritual. A continuación, el oyente le consultaba su opinión sobre algo.

-Pues mira, te llamaba porque me lo he pasado genial con una película que he estado viendo esta tarde, y quería saber qué te ha parecido. Se titula Rambo 3.

Este tipo de consultas desataban la furia del locutor.

-¡Espantosa! ¡Horrorosa! Rambo era mala, pero Rambo 3 es tan mala, tan mala, tan mala… ¡que hace buena la anterior! ¡Si el protagonista se carga un helicóptero tirándole una piedra!

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He transcrito tal y como la recuerdo, una llamada real. Me viene a la cabeza otra similar.

-Carlos, ¿qué te parece Batman vuelve?

-¡Que se tenía que haber quedado en su casa! –respondía a voz en grito Carlos Pumares.

Un día, un tipo le confesó en directo que no le gustaban las películas de Humphrey Bogart. Toda una osadía, pues el comentarista adoraba a los grandes del cine clásico.

–¿Y eso por qué?

–¡Porque sólo sabe dar puñetazos!

¿En qué película? –exclamó incrédulo la estrella de las ondas–. ¿En cuál da puñetazos Humphrey Bogart?

–En Casablanca.

En ese punto, Pumares entró en cólera.

-¡En Casablanca no da un solo puñetazo!

–Bueno, pues en El halcón maltés.

–¡En El halcón maltés no pega ni un solo puñetazo.

–En Cayo Largo.

¡En Cayo Largo no daba ni un solo puñetazo! Y le colgó. Puso música, y estuvo veinte minutos sin volver a hablar.

Otro señor le comentó que trabajaba en un bar.

–Carlos, a ver si te pasas un día por allí, y te invito a una cerveza.

–No bebo cerveza.

–Pues un café.

–Tampoco.

–No sé, lo que quieras, un zumito.

–“¡No quiero nada! ¡Nada! Bastante tengo con responder sus llamadas y… ¡además tengo que tomar algo con ellos!

Pero luego le preguntaron por el reparto de La Diligencia, de John Ford, y les citó a todos conforme iban sentados en el coche de caballos en cuestión. Caray, eso tiene mérito.

Después llamaba por ejemplo un tipo preguntando qué significaba el monolito. A ésos les colgaba el teléfono directamente, porque todos los días tenía que explicarlo una o dos veces. Y además, en verano siempre hacía un especial monográfico sobre el monolito. Después me he enterado de que los técnicos lo conocían como "El especial Manolito".

No ha cambiado nada. Hace unos años pasé por el Festival de Sitges. Me metí a ver una película, un poco aburrida. En medio de la proyección escucho la inconfundible voz radiofónica de Carlos Pumares, bastante enojado.

–¡Señora, apague de una maldita vez el maldito móvil!

Los espectadores se quedaron estupefactos.

Al día siguiente busco la reseña a ver qué opinaban los compañeros del largometraje en cuestión y leo lo siguiente.

Lo mejor de la película… ¡el grito de Pumares! Deberían repetirlo todos los días.

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