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"Aguas profundas", la comedia involuntaria de Ben Affleck y Ana de Armas

Adrian Lyne inventó el género de películas supuestamente escandalosas, pero porque lo decía la publicidad, no porque realmente molestaran a nadie.

Cuando llegó a España Una proposición indecente se suponía que el realizador había indignado a la población estaounidense con su propuesta –¿se acostaría usted con un señor desconocido por un millón de dólares?–, hasta el punto de que resultaba imposible dejar de retorcerse en la butaca durante la proyección, levantarse y abandonar la sala con cólera, blasfemando en arameo. Lo mismo con 9 semanas y media o Atracción fatal, cuyas tórridas secuencias de sexo en teoría implicaban un billete directo al Infierno para quien osara pagar una entrada para verlas. Si picabas, descubrías que se trataba de películas convencionales, con secuencias eróticas para llamar la atención, pero el mismo contenido antropológico que un capítulo de Mr. Bean o La que se avecina.

Coincidí con Adrian Lyne en 2002 cuando viajó a España a promocionar Infiel, subproducto en el que Diane Lane le ponía los cuernos a un elegantísimo Richard Gere con un tipo desastrado y horrible interpretado por Olivier Martinez, no se sabía muy bien por qué. Me arrepiento de haber sido demasiado duro con él, ya que le pregunté a qué venía el exceso de sexo en su cine. Respondió lo que tiene ensayado para cuando le hacen acusaciones parecidas. “Las secuencias calentorras suponen sólo un diez por ciento de mis películas, pero la gente sólo comenta eso, no el resto”. Yo le hice lo que ahora se llama un ‘zasca’, porque le dije exactamente “el 90 por ciento restante no tiene ningún interés”. Sí, quizás me excedí, porque en el fondo me resulta un personaje entrañable.

Ahora, el realizador ha estrenado en Amazon Prime Aguas profundas, desastroso thriller erótico de los suyos cuyo estreno han demorado bastante los ejecutivos de la plataforma por lo malo que es. De hecho, se aireó en la prensa que sus protagonistas, Ben Affleck y Ana de Armas, se habían liado en la vida real, pero ya se hace tiempo que se han separado, tras un año de relación, y tienen otros intereses amorosos. Se agradece que sea una de esas películas tan catastróficas que acaban resultando tronchantes. 


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Basada en una novela de Patricia Highsmith, que dio lugar a una versión mejor, con Jean-Louis Trintignant e Isabelle Adjani, el film quiere contar que las nuevas masculinidades, la corrección política y el fin del patriarcado nos puede llevar a la idiotez más absoluta (vaya novedad). Para ello nos muestra a Vic Van Allen (Ben Affleck), una especie de Forrest Gump enamorado de una ninfómana, Melinda (Ana de Armas). El tipo –más baboso que los caracoles que él mismo cuida para sustituir el amor que no recibe de su esposa– parece una especie de pánfilo, que se dedica a fregar los platos, cocinar y hacer las tareas del hogar, mientras ella se acuesta con todo aquel joven que le pasa por delante. Cuando mira desde la distancia cómo la señora tontea con diversos maromos, el tipo parece que ni se inmuta, pero después la peli muestra que la procesión va por dentro, pues en su interior se oculta un celoso patológico. Al final –atención, spoiler– resulta que liquida uno a uno a todos los amantes de su mujer, pero no se sabe bien por qué, pues ella tarda en buscarse uno nuevo menos que él en enterrar al anterior.

A través del personaje de un vecino guionista, Don (un sobreactuado Tracy Letts) que se queja de que en Hollywood tardan mucho en poner en marcha sus proyectos, el realizador parece ajustar cuentas con los ejecutivos que han tardado veinte años en dejarle rodar de nuevo. El tal Don sospecha que Affleck liquida a gente, y trata de convencer a todo el mundo de que tiene razón, pero aunque éste lleva a cabo sus asesinatos sin demasiadas precauciones, y hasta en una piscina rodeado de gente, por una serie de casualidades no consigue pillarle. Secuencias hilarantes como cuando varios personajes tratan de reanimar a un tipo que lleva veinte minutos en el fondo de la piscina, se aderezan con secuencias porno gratuitas que no se pueden tomar en serio porque De Armas y Affleck parecen estar preguntándose qué hacen ahí (nadie diría que se habían enamorado realmente en la vida real), y que se han utilizado a mansalva en la promoción del film.

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